ENTREVISTAS

“LAS OBRAS DE TEATRO SON UN REFLEJO DE LA EVOLUCIÓN DE LA HISTORIA DEL MUNDO”

Afable, cercano, generoso en su tiempo, magnánimo en su palabra, conversador acostumbrado a regalar su pensamiento sobre el arte y sobre el teatro en particular. Disfrutamos de una tarde inolvidable con Alonso de Santos en su casa de Madrid, que la revista Crítica comparte con sus lectores.

En manos del enemigo es el título de la última obra estrenada en Madrid este mes de noviembre en el Teatro Galileo. Alonso de Santos dice de ella que esta obra ejemplifica lo que es “uno de los misterios de la escritura: los procesos temporales del escritor”. Y confiesa también que “le apasionan las relaciones entre personajes en un entorno cerrado, su desarrollo, su culminación”. En definitiva, una obra en la que el autor y los actores que encarnan los personajes, muestran y hacer sentir los misterios de la vida y el modo cómo el entorno condiciona el proceso de la relación humana.

Conversando, Alonso de Santos nos desvela los entronques filosóficos de su trabajo de creación. Familiarizado con el modo de mirar de la razón poética, busca en autores como Ortega, María Zambrano, Grassi o el propio Kant, fundamentos para su trabajo de creación. El artista, aclara, no debe racionalizar, pero necesita pensamiento. El Logos, el Ethos y el Pathos se dan la mano en los procesos de creación, pero es el tercero el que privilegia el arte. Shakespeare pone en labios de Hamlet esa convicción: “Más cosas hay en el cielo y la tierra, Horacio, que las que se sueñan en tu filosofía”. [I.5.166-7] El Ethos se muestra en argumentos cargados de historias, de metáforas, de anécdotas  que son contadas con pasión y resuenan en el corazón de quien escucha. Un sonido que viene teñido de los colores de la emoción y abre a realidades impensadas.

Camino Cañón: ¿Qué se busca con las obras de arte?

Alonso de Santos: Las obras de ficción están hechas para provocar admiración, sin que se sepa muy bien dar razón de lo que ha sucedido. Lo expresó con precisión Cervantes en una de las andanzas de D. Quijote: “Cuando el canónigo oyó hablar al preso y al libre en semejante estilo, estuvo por hacerse la cruz, de admirado, y no podía saber lo que le había acontecido; y en la mesma admiración cayeron todos los que con él venían”. (I, cap. 47). Pero el teatro que tiene mucho de eso, tiene también algo más sensual, más carnal, tiene necesidad de comunicar al espectador y con pedagogía hacerle sencillo y comprensible lo que es humano.

El arte no es democrático y no tiene por meta educar. Exige un compromiso del que mira y no está al alcance de todas las mentes y de todas las sensibilidades. Tiene que estar al alcance de todos, pero no es para todos, no todos quieren llegar. La arquitectura y la escultura gusta a todos, la pintura es sin embargo más compleja. El teatro es a la vez expresivo y significativo. Los grandes clásicos tenían la virtud de dar ambas cosas. La música no es así, la poesía tampoco, pero el teatro sí. Y el teatro comparte esto con el cine y la novela el ser a la vez arte y entretenimiento. Un servicio del teatro fácilmente reconocible es su capacidad para evitar el aburrimiento y contribuir así a aminorar la melancolía.

C. C.: ¿Y el entronque del teatro con la historia humana, con el núcleo mismo de lo humano?

A. S.: Las obras de teatro son un reflejo de la evolución de la historia del mundo. Uno de los filósofos de la ciencia más conocidos del siglo XX, Karl Popper, repetía que la ciencia nace del mito. En el caso del teatro, el mito está siempre presente en el núcleo de la obra. Actúa en el mundo de la fantasía para dar forma a lo informe, para dar voz al silencio, para hacer humano lo inhumano, para mostrar lo que no puede ser dicho. El arte va orientado a sacar forma del caos, a hacer emerger el orden que alienta en el cosmos. Y esto lo hace con los ropajes de la cultura en cada lugar y tiempo. Las tragedias griegas o los grandes clásicos se recrean continuamente para leer y captar las claves humanas de las situaciones cambiantes. Las obras de nueva creación sacan a la luz los códigos que el mito encierra y los desvelan en problemáticas y formas que agradan a la sensibilidad de las generaciones que se van sucediendo. El teatro muestra el conflicto del vivir. Si no hay conflicto, te aburres. Los grandes argumentos esconden un debate mítico y entroncan así con la humanidad. Por eso te enganchan, porque esconden ecos míticos que están sin resolver. Muchos desearían que el vuelo de su vida fuera como el de la pa-loma kantiana en el espacio de la razón pura, un vuelo sin rozamiento, pero vivir sólo es posible en un espacio cargado de ansias y limitaciones, cargado de conflictos, de perplejidades, de asombros cuando emerge la zona del Misterio…

Cada cual da sus pequeñas soluciones, no para resolver los grandes conflictos, sino para poder vivir con ellos. Y los errores que cometemos no los comprendemos fácilmente como eslabones en una cadena de causas y efectos, porque la vida es larga. Pero en el teatro se ve el resultado de nuestras acciones inmediatamente, en el tercer acto. Antes has podido ver cómo te has dejado llevar por esas fuerzas internas como la ambición, la crueldad,…Así en el Auto Sacramental, esto se te presenta y te cuestiona, porque lo que allí es cielo o infierno, al verlo encuentras que hoy puede ser aquí: defraudadores, abusadores,…En las tragedias, la maldición por ejemplo, de acostarse con su madre o de matar al padre, hace emerger   el mito de manera confusa, porque el mito es así, sus fronteras son difusas, pero la fuerza de evocar los hondones de lo humano está ahí.

C. C.: ¿Cómo es el amor del artista por su arte?

A. S.: A los artistas, más que amar el resultado de su arte, les caracteriza el amor a sus materiales y para amarlos hay que conocerlos bien. Los autores amamos las palabras. Acariciar, trabajar las palabras es el modo de hacer emerger las palabras mágicas, llenas de vida, que arrancan efectos en quien las escucha: si están gozosos, alegría, si están sufriendo identificación, a veces consuelo…. Ama los materiales y el muro será traspasado, las palabras, que estaban detrás, aparecen cargadas de posibilidades. Las palabras crean realidad, eso es verdad, pero el arte es realizar las tareas en la tierra, en la realidad, al modo como el labrador trabaja la tierra y la fecunda. Las grandes obras están hechas así.

C. C.: ¿Hay alguna pregunta especialmente repetida en su oficio de director?

A. S.: La pregunta que más me han hecho en la vida es: “¿valgo para artista?”. La clave para encontrar la respuesta es si se da o no la facilidad, el reconocimiento de un don. Así, vale para cantar el que canta espontáneamente, para escribir, el que escribe sin parar,… Formarse para ejecutar cuesta esfuerzo. Los actores tienen que ser muy fuertes y psíquicamente un poco fríos, pues tienen que tener material dramático para mostrar los límites de la vida en un espacio-tiempo concentrado. La vida sin rutina, eso es el escenario y, la emoción siempre actuante, siempre concentrada.

Nos despedimos con ese gusto por haber compartido en su entorno familiar una tarde afable e intensa. Y nos vamos con la gratitud de quien ha encontrado la casa abierta y el pensamiento grávido mostrando su fuerza creadora, sanadora, imprevisible.

Por CAMINO CAÑÓN LOYES

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