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Arquitectura española

El Pritzker es el premio de arquitectura más importante del mundo. Desde 1979 la familia del mismo nombre, procedente de Chicago, a través de su Fundación Hyatt, ha valorado el talento y compromiso de 38 arquitectos cuya obra ha generado significativas contribuciones a la humanidad en el campo de la arquitectura.

La dimensión de este premio influye en los arquitectos del mundo entero.  La decisión de su jurado nos desvela anualmente qué está ocurriendo en el mundo de la arquitectura, los arquitectos de quienes aprender, las obras a estudiar y los caminos hacia los que dirigirnos.

Quedaron atrás los tiempos donde se valoraba la arquitectura-espectáculo proyectada desde grandes multinacionales como podían ser las representadas por Norman Foster (1999), Frank Gehry (1989), Jean Nouvel (2008) o Zaha Hadid (2004) para dar la bienvenida al mundo real; la crisis mundial nos llevó a pensar la arquitectura desde otra perspectiva; así fueron los premios otorgados a lo más social, en 2014 para Shigeru Ban y en 2016 para Alejandro Aravena.

¿Es, por tanto, la coyuntura del momento la que marca hacia dónde apunta el premio? Quiero ver que existe una estrecha relación entre lo uno y lo otro y que la alcance del Pritzker es tal que no sólo se está hablando de arquitectura cuando hablamos del mismo, sino que hay que estar atentos porque se dice mucho más.

Este año, el jurado ha decidido que el premio sea para el equipo formado por los arquitectos Ramón Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda, o lo que es lo mismo: RCR Arquitectes. Tras Rafael Moneo (1996), son la segunda, el tercer y cuarto españoles en recibir el Pritzker.  Se ha querido premiar a cada uno de ellos y a lo bueno que genera su estrecha colaboración.

Bajo mi punto de vista, ha sido muy acertado el que se haya puntualizado este aspecto, ya que la cooperación y el trabajo en equipo es la realidad de la mayoría de los estudios de arquitectura y esto nada tiene que ver con los papeles protagonistas de otros tiempos que tan distorsionada imagen han transmitido sobre nuestra profesión.

Empezaron en 1988, cuando tras finalizar sus estudios en la Escuela de Arquitectura del Vallés decidieron emprender juntos este camino. Entre los tres buscan el equilibrio y la síntesis entre ideas dispares, las confrontan “a través de procesos de deliberación intensos y complejos” tratando de cuestionarse siembre buenas preguntas que les lleven a las respuestas “más hermosas y simples”.

Según Vilalta: “La arquitectura es una disciplina que se basa en procesos tan complejos, en una síntesis tan rica de pragmatismo y creatividad, de arte y ciencia, de tantos elementos, que lleva de forma natural a la creación colectiva, a ser capaz de disolver tu ego en el resultado final, que pertenece a todos los implicados en el proceso”.

Además de esto, la segunda idea a señalar es el reconocimiento a la convivencia entre lo local y lo global.Ante la estandarización que está trayendo tanta cercanía con el exterior, aparece el miedo a perder nuestros orígenes. Un nuevo término ha venido a implantarse en nuestro vocabulario: Glocal (Ulrich Beck), o lo que es lo mismo, la suma de la globalización y la localización. Entonces… ¿Pensamos globalmente para actuar localmente o partimos de lo local para alcanzar lo global?

El jurado cree que los arquitectos premiados nos muestran de una manera “bella y poética” que, al menos en la arquitectura, no es necesario elegir sino que se puede aspirar a fundir ambas cosas: las raíces firmes del lugar y la apertura hacia el exterior.

Carmen Pigem, en la ceremonia de entrega del premio leía al poeta budista Thin Nhat Hanh: “Si eres un poeta, verás claramente una nube flotando en esta hoja de papel. …La nube es esencial para que exista el papel. Sin la nube no habrá lluvia; sin lluvia, los árboles no pueden crecer; y sin árboles no…, tampoco puede estar la hoja de papel”.

“Si nos fijamos en esta hoja de papel aún más profundo, podemos ver la luz del sol en ella. Si el sol no está allí, el bosque no puede crecer… y si seguimos mirando, podemos ver al leñador que cortó el árbol y lo llevó al molino para ser transformado en papel. Y vemos el trigo. Sabemos que el leñador no puede existir sin su pan diario, y por lo tanto el trigo que se convirtió en su pan también está en esta hoja de papel. Y el padre y la madre del leñador también están en él. Cuando miramos de esta manera, vemos que sin todas estas cosas, esta hoja de papel no puede existir”.

“Supongan que intentamos regresar uno de los elementos a su origen. Supongan que regresamos la luz al sol… o si devolvemos el leñador a su madre, entonces tampoco tenemos hojas de papel. Lo cierto es que esta hoja de papel está hecha únicamente de “elementos que no son papel”… sin elementos como la mente, el leñador, la luz del sol, etc, entonces no habrá papel. Tal delgada como una hoja de papel es, contiene todo el universo en él”.

Y qué bueno sería que este significado de lo glocal se entendiera… no sólo en arquitectura.

Por último, les premian por su respeto por lo existente. Todas sus obras tienen un “fuerte sentido del lugar”. La conexión entre ellas y su entorno es consecuencia del estudio y comprensión de todo lo que les afecta: la cultura, la historia, la topografía, la geología además de la observación y experimentación con los elementos que allí encuentran como la luz y la sombra, los colores, etc.

Que el premio les fuera entregado en Japón resultó ser tremendamente especial para ellos. Japón siempre ha sido un referente y en su obra se aprecia la admiración que sienten por su cultura, su perfección y su amor por la naturaleza.

Los RCR proyectan desde Olot (Girona), su ciudad de origen, capital de la comarca de La Garrocha, donde los volcanes y bosques de hayedos dibujan el paisaje.

 

Como los japoneses, el arraigo a su tierra y el respeto a la misma les han llevado a que se acerquen de esta manera a sus proyectos, existiendo siempre un exquisito cuidado por el lugar, construyan donde construyan.

Una vez entendido el entorno, su pretensión es que la suma entre lo que había y lo que se pueda añadir sea “un nuevo todo coherente y armónico” (Pigem), “no en relación de sumisión o superioridad sino realmente de diálogo…” (Vilalta).

Obras como el Estadio de atletismo Tussols-Basil (Olot, 2000) hablan de ese respeto o el parque de Pedra Tosca (Les Preses, 2004), donde la yuxtaposición entre lo superficial y lo natural da como resultado ese “nuevo todo” tan impresionante.

Emplean materiales con armonía y homogeneidad, creando espacios de “increíble fuerza y simplicidad” que nos recuerda esa complejidad oculta de la arquitectura de Ando o SANAA (Sejima-Nishizawa). Son aceros, maderas, vidrios, o plásticos reciclados. Materiales en los que buscan su autenticidad, que envejecen a la par que su entorno, que generan energías, donde mediante una factura artesana y exigente, la tradición y la innovación conviven armónicamente como es el caso de su propio lugar de trabajo, el Laboratorio Barberí, una antigua fundición de principios del siglo XX, “apropiada e intervenida” por ellos en 2007 o las Bodegas Bell-Lloc (Palamós, 2007).

Verdad es que cuentan con proyectos de gran escala repartidos por distintos países, como el edificio residencial Muraba de Dubai, pero su arquitectura más representativa, la que se premia, está íntimamente ligada a la arquitectura del interior de Cataluña, a sus espacios y a su cultura. Donde la luz, la vegetación, la tierra o los olores están tan presentes. Y estos valores terminan convirtiéndose en universales porque se trata de una arquitectura que se siente, provocando sensaciones como las que pueda provocar la música, la pintura o la misma naturaleza. Y esto, todo el mundo lo entiende.

En su obras, Rothko, Soulages, Chillida, Oteiza o Barragán están presentes: “Una vez que has entrado en la arquitectura vas marcando un camino de intereses, más que de ídolos. Nos interesan temáticas referidas al arte, a las culturas, a temas un poco más amplios; temas que vamos encontrando en nuestro camino y que cuando nos apasionan, nos gusta entenderlos y comprenderlos. Desde ahí vamos sacando cosas, desde un punto de vista muy interior y luego nosotros hacemos nuestro propio camino” (Vilalta).

Además de todo esto, se sienten en el compromiso de difundir la arquitectura creyendo que hay que ayudar a valorarla. Piensan que las personas deberían tomar consciencia de que su vida es mejor si la calidad de los espacios que habitan es buena ya que la arquitectura está en todo: nuestros oficinas, nuestras viviendas…nuestras ciudades.

Así, desde su estudio, al que llaman “el pabellón de los sueños”, no sólo proyectan edificios. Ellos tres junto a su equipo llevan adelante el RCR Lab A, un espacio diseñado para “desarrollar investigación y transversalidad creativa” a través de talleres además de la fundación Bunka (cultura en japonés) que nace con el propósito de “apoyar la arquitectura, el paisaje, las artes y la cultura en la sociedad” a través de exhibiciones y eventos.  Para RCR Arquitectes, “la arquitectura es el arte de materializar los sueños a través de un largo viaje. Un viaje en el que persiguen que la arquitectura incluya a todo el universo… Su compromiso es el de provocar emociones en quienes habitan sus obras”.

Así que, por favor, sigan provocándolas.

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