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UN PACTO DE SOLIDARIDAD PARA ALCANZAR LOS OBJETIVOS DEL 2030

Esta vez la alerta ha sonado pronto. Los últimos encuentros educativos a nivel mundial han hecho saltar la liebre. Si  se sigue en la línea proyectada, el ambicioso objetivo 4, dedicado a la educación en la propuesta de desarrollo sostenible, dejará fuera de la escuela a los países más pobres, las poblaciones más vulnerables y necesitadas del planeta. Se clama ya por un pacto de solidaridad mundial que haga posible una educación de calidad para todos.

La educación y su financiación en el punto de mira

Lo que a estas alturas no tiene ya vuelta de hoja es la convicción de que el famoso objetivo 4 (el dedicado a la educación) tiene la clave de toda la Agenda Post-15 (1). Y va siendo muy generalizada la opinión de que los 17 objetivos de Desarrollo Sostenible podrían experimentar un gran desarrollo si se diera un considerable impulso a la educación a todos sus niveles. ¿Quién duda de que los niveles de pobreza, la salud, etc., mejorarían a nivel mundial si se elevaran los niveles de alfabetización, la calidad formativa de la escuela, etc.? Las movilizaciones a nivel mundial, en línea educativa, tanto la propuesta de Educación para Todos, que congrega a cientos de personas periódicamente como las propiciadas por el Foro Mundial de Educación, entre otras, están encontrando un punto de encuentro en el objetivo 4 de la Agenda: Asegurar una educación de calidad, equitativa e inclusiva, y promover para todos un aprendizaje a lo largo de la vida. El para todos es traducción de la famosa coletilla: to leave no one behind). UNESCO, en cuanto organismo que abarca todo el arco educativo, está haciendo una labor promotora y a la vez coordinadora de todas estas corrientes. Y se ha acordado, que bajo el auspicio de UNESCO esté siempre en activo un órgano técnico que, de modo continuado, ofrezca datos reales para facilitar los análisis. Contamos, por tanto, con el Global Education Monitoring Report (GEMR), una nueva serie, que prevé la publicación de quince informes a partir de ahora. El primero de la serie, el relativo al año 2016, lleva por título: Education for People and Planet. Creating Sustainable Futures for All (2).

Dos ideas planean a lo largo de este voluminoso Informe: hay que apostar decididamente por el objetivo 4 de la Agenda 2030, pero eso supone como condición indispensable allegar los recursos necesarios mediante pactos y alianzas entre países,  lo cual no deja de implicar nuevas inversiones por parte de todos reconvirtiendo fondos a los niveles locales, nacionales y mundiales. Y revisando cuánto dedica a educación cada país de su producto interior bruto donde se dan unos desniveles enormes.

En mayo de 2015 el Foro Mundial de Educación se reunió en Corea del Sur y desde allí se hizo un manifiesto conjunto, conocido como la Incheon Declaration, que lanzó al mundo tres mensajes muy claros:

1. Con la tendencia actual solo el 70% de los niños acabarán su enseñanza primaria en 2030, un objetivo que debería haberse logrado en 2015.

2. Hay que empeñarse con urgencia en el objetivo 4 del cual depende el avance de todos los demás.

3. Debemos cambiar nuestro modo de entender la educación pues, a partir de ahora, es la que tiene que modificar las habilidades, las actitudes y los comportamientos que conduzcan a la sostenibilidad.

Un pacto basado en la solidaridad global

Recientemente Gordon Brown, enviado especial de educación para la ONU, ha dicho en Nueva York (abril, 2017), que con los 8 euros por persona y día dedicados a la educación en los países más necesitados es imposible alcanzar los objetivos previstos y que hay que abordar urgentemente dos cometidos: lo primero, proteger a los niños, muy especialmente a las niñas, retirarlos de la calle, evitar los matrimonios forzados, impedir el trabajo de la infancia y escolarizarlos; después, financiar adecuadamente la educación. Para ello los países con más posibilidades deberían comprometerse a crear un fondo que pueda cubrir no solo la enseñanza sino sus reformas necesarias.

Los datos aportados por expertos recomiendan  movilizar los medios que se requieran para implementar la Agenda por medio de alianzas que fortalezcan la solidaridad global, centradas muy particularmente en las necesidades de los más pobres y más vulnerables, con la participación de todos los países, de todos los implicados, de todos en general.

Para lograr los 17 objetivos de desarrollo sostenible la Agenda 2030 reclama la puesta en marcha de respuestas holísticas e integradas en lo referente a sus aspectos sociales, económicos y medioambientales que se consideran un todo. Sin embargo, cada país tiene su sistema de financiación y las inversiones en educación del producto interior bruto varían desde un rango del 15% en los países en desarrollo al 18% en las economías emergentes y el 26% en las economías avanzadas (datos del GEMR, 2016). Subir la ratio en los países más pobres supondrían nuevas inversiones tanto locales como globales.

Las aproximaciones más recientes dicen que hoy se requiere una inversión económica extra del 1,5% a 2,5% del producto interior bruto, procedente de los sectores públicos o privados, para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible de aquí al año 2030. Hay, por tanto un desfase anual en lo que respecta a la financiación, de al menos 39 billones de dólares por año para suministrar una educación de calidad que comprenda de la pre-Primaria (la Agenda 2030 contempla un año de preescolar) al final de la Secundaria (datos tomados de GEMR, 2016, cap. 6). No se trata solo de aumentar las cantidades que permitirían la financiación (partiendo de que cada país reconvierta fondos en pro de la educación), sino de cambiar también el modo de hacerlo yendo hacia propuestas más innovadoras.

Hay una conciencia creciente sobre la necesidad de planificar y actuar juntos todos los implicados y de trabajar unidos por la equidad y la sostenibilidad. Hasta ahora la actividad ha sido promovida por los Estados; se trata ahora de movilizar a los actores no- estatales y, sobre todo, coordinar esfuerzos y promover la integración en un objetivo común.

La educación apropiada al fin que se desea

La Incheon Declaration deja muy claro que ciertos conocimientos y habilidades promueven el desarrollo sostenible y otros no, por lo tanto, hay que pensar un poco en el tipo de educación que va a favorecer la Agenda 2030. La formulación del objetivo 4 habla de una educación de calidad y a lo largo de toda la vida. Este aprendizaje de por vida puede ayudar al logro de objetivos de desarrollo sostenible desde dos enfoques: en primer lugar, por medio de conocimientos que muestren cómo la educación puede favorecer un cambio de valores, visiones del mundo y nuevos modos de vivir la ciudadanía global; en segundo lugar, poniendo de relieve cómo se puede favorecer, a través de la educación, el pensamiento crítico y los conocimientos y habilidades necesarios para abordar problemas complejos como los propios de la sostenibilidad. Por último, se trata de una educación que vaya más allá de la transferencia de los conocimientos para aunar diferentes perspectivas: económica, ecológica, medioambiental y sociocultural.

Una de las tareas técnicamente más empeñativas pero imprescindible es desglosar cada una de las metas de cada objetivo de desarrollo sostenible en indicadores que permitan ser evaluados. Numerosos organismos, muy particularmente UNESCO, el  International Bureau of Education (BIE) de Ginebra, entre otros, están trabajando intensamente en esta línea de investigación; por su parte otras instituciones procuran hacer síntesis del pensamiento educativo acumulado en los últimos años para ver de qué modo todo lo ya trabajado puede hacer avanzar lo que ahora propone la Agenda 2030.

A esto se añaden los nuevos retos para la educación ya experimentados por los flujos migratorios, el problema de los refugiados, los países en conflictos armados, los niños que caminan sin compañía (unaccompanied children on the move), los niños en zonas de desastres naturales… y, muy particularmente, el problema de la educación de la mujer… que hacen pensar en que todo es prescindible, incluso ir hacia escuelas sin paredes y a la promoción de una enseñanza no-formal (objeto del primer Informe ante la ONU, Ginebra, de la nueva Relatora Especial de Educación, Sra. Koumbou Boly Barry, procedente de Burkina Faso). Se trata de buscar de qué modo puede completarse lo que ya se hace en la enseñanza formal cuando las condiciones no la hacen posible, y  de asegurar el derecho a la educación a todos aquellos que no puedan acceder a un sistema educativo concreto, los vinculados a los países.

El  primer GEMR dice que el el año 2015 sesenta millones de personas fueron objeto de un desplazamiento forzado, el número más alto desde 1945, con el agravante de que el tiempo de permanencia en este estado compromete la prospectiva de un desarrollo sostenible para todos.

La calidad de la educación también se ve en estos casos comprometida ante la falta de profesores cualificados, la ausencia de espacios para la actividad docente, etc.

Respecto de las limitaciones para el acceso a la educación de la mujer, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos (OHCHR) de ONU, Ginebra, acaba de publicar un informe en el que se contabilizan hasta doce tipos de obstáculos que impiden a las mujeres disfrutar del derecho a la educación (3). Se estima, en el citado texto, que en el año 2014, 32 millones de niñas en edad de Primaria de países desfavorecidos, no pudieron ir a la escuela.

Las soluciones pasan por una serie de medidas importantes, entre ellas, la consideración de la Agenda 2030 como un todo, con interacciones que no pueden disociarse, como los objetivos 4 y 5 (educación y género)… Todo conduce a una apuesta unificada que salve el derecho a la educación para todos.

 

BIBLIOGRAFÍA

1. Agenda 2030 aprobada en Paris en septiembre de 2015. Sucede a los objetivos del Milenio.

2. Educación para las personas y el Planeta. Crear un futuro sostenible para todos.

3. Realization of the equal enjoyment of the right to education by every girl (UN, OHCHR Annual Report. 5 abril, 2017).

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