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DESARROLLO HUMANO INTEGRAL: LA PROPUESTA DEL PAPA

El ser humano se encuentra en un momento decisivo de su historia ya que las actividades de nuestra especie sobre el planeta afectan al sistema ecológico y al sistema social. El mundo está lleno de injusticias, descartes, inequidades, pobreza y se genera cada día mucho sufrimiento, y también odio. Una parte de la humanidad sufre calamidades ambientales; gran parte de los seres humanos pasan hambre y sed; las migraciones se han convertido en un problema sin solución.

En el mundo actual es muy intensa la relación entre el medio ambiente, economía, naturaleza y salud. El tipo de sistema productivo, que obtiene recursos del capital terrestre, no es intrascendente y su metabolismo resulta esencial, ya que se proyecta en modos de producción diferentes. Debemos huir de la fractura metabólica entre la sociedad y la naturaleza, que solo traerá dolor, desigualdad y destrucción del medio ambiente, como ha manifestado el papa Francisco en su Carta Encíclica Laudato Si Sobre el cuidado de la casa común (2015) que constituye una brillante aportación, la más progresista hecha nunca por un dirigente de influencia mundial, por el bien del planeta y sus habitantes, especialmente por los más desfavorecidos. No constituye este documento solo una aproximación teórica, sino que muestra, con una sólida base científica, un nuevo modo de hacer para mejorar el mundo y el planeta, un nuevo modelo de praxis. Tras este esencial documento una nueva luz se alza para los pobres de la Tierra y un modelo de desarrollo diferente se anuncia.

El sistema económico forma parte de manera inseparable del sistema social y el sistema ecológico en un único planeta globalizado. Los únicos principios integradores en este marco son los principios de la sostenibilidad integral y global que generan una posibilidad de solución al contemplar el sistema en su conjunto y estableciendo caminos de solidaridad entre todos los seres humanos, intergeneracional e intrageneracional, basados en el respeto al medio ambiente y la búsqueda del bien común. Una nueva globalización, más ecológica y equitativa, generosa y solidaria, con perfil ecosistémico e impregnada de los principios de la sostenibilidad y la justicia social es hoy imprescindible. Crecimiento no es lo mismo que desarrollo. La nueva globalización necesaria debe estar inspirada en un modelo de desarrollo diferente. Zygmunt Baumann manifiesta que “la situación actual de desajuste mundial e inequidad creciente es consecuencia de sustituir el anhelo humano de una coexistencia basada en la cooperación amistosa, la reciprocidad, la generosidad, la confianza mutua, el reconocimiento y el respeto por la rivalidad y la competición, bajo la idea de que el modo de vida basado en la creencia de que el enriquecimiento codicioso de unos pocos constituye la mejor vía para el bienestar de todos”.

El papa Francisco en su Exhortación Apostólica La Alegría del Evangelio (2013) dice que un desafío de nuestro siglo es decir “no a una economía de exclusión e inequidad”. Manifiesta el Papa la necesidad de una economía ecológica para un verdadero desarrollo, no basado en crecimiento sin control, que sea capaz de obligar a considerar la realidad de manera amplia, solidaria y equitativa, donde acogida e integración sean una realidad. Por eso hace falta el Desarrollo Humano Integral que inspira el papa Francisco. Según el anuario estadístico de la Iglesia, el número de católicos en el mundo es de 1.285 millones, el 17,7% de la población mundial. Si los dirigentes católicos, y también los católicos que detentan poder económico, siguiesen las ideas del papa Francisco, por encima de intereses económicos y políticos, quizás el mundo podría tener alguna esperanza.

En octubre de 2017 se mantienen las guerras injustas, las migraciones, el desastre ambiental, la acción sobre el cambio climático brilla por su ausencia, los descartes sociales, el hambre, la enfermedad y las desigualdades sociales. El mundo se arma para intentar parar el odio con más odio. El mundo creyente tiene que tomar la palabra y pasar a la acción para parar esta locura. El modelo de desarrollo, denominado Desarrollo Humano Integral, que inspira el papa Francisco tiene una visión trascendente que debe ser acogida por todas las religiones y trabajar juntos en la vía común de un mundo mejor.

En la Carta Encíclica Laudato Si nos dice el papa Francisco que “el amor puede más y por ello podemos concebir el planeta como patria y la humanidad como pueblo que habita en una casa de todos”. Como base para el desarrollo, el Papa manifiesta la necesidad de “una ecología integral, que incorpore las dimensiones humanas y sociales, y nos dice que la ecología también exige sentarse a pensar y a discutir acerca de las condiciones de vida y de supervivencia de una sociedad, con la honestidad para poner en duda modelos de desarrollo, producción y consumo”. En definitiva, el papa Francisco propone un Desarrollo Humano Integral. Pide el Papa la oración de los creyentes ante tanta despreocupación por la casa común y sus criaturas, “los creyentes no podemos dejar de pedir a Dios por el avance positivo en las discusiones actuales, de manera que las generaciones futuras no sufran las consecuencias de imprudentes retardos”. Es una llamada a los creyentes de todas las confesiones.

El Papa nos delimita una ruta a partir del “desarrollo de una conciencia de origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos, imprescindibles para el cambio desde el respeto a la persona humana en cuanto a tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral”. Esta es la base del Desarrollo Humano Integral, que emana del análisis realizado en la Carta Encíclica Laudato Si. Para ello, el papa Francisco ha instituido, el 17 de agosto de 2016, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, para adaptar mejor el trabajo de la Santa Sede a las necesidades y el contexto actual del mundo y el planeta.

El Papa ha nombrando Prefecto del Dicasterio al Cardenal Peter K. A. Turkson, actual Presidente del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz. La presentación de esta nueva institución vaticana se realizó a través de una Carta Apostólica en forma de Motu Propio del papa Francisco (Motu Proprio Humanam Progressionem). Manifiesta el papa Francisco en dicha Carta: “La Iglesia está llamada a promover el desarrollo integral del hombre a la luz del Evangelio. Este desarrollo se lleva a cabo mediante el cuidado de los inconmensurables bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación. En modo particular, este Dicasterio será competente en las cuestiones que se refieren a las migraciones, Se encarga, por tanto, de todo lo que se refiere a la justicia y la paz, las migraciones, la salud, las obras de caridad, el cuidado de la creación, y manifiesta su solicitud por los más necesitados, en el marco de la doctrina social de la Iglesia, que promueve los necesitados, los enfermos y los excluidos, los marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, los encarcelados, los desempleados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura”.

Es necesario analizar las causas profundas y remotas de la situación actual para poder atisbar soluciones. El Evangelio de Jesús nos da pautas concretas basadas en el amor, la comprensión, el perdón y la acogida. El planeta y el mundo pasan por un grave momento, hay problemas locales, regionales y especialmente globales por el desarrollo de una geopolítica alejada de la solidaridad y el amor al planeta y sus criaturas. Un nuevo orden mundial debe ser instaurado, y el Desarrollo Humano Integral que defiende el papa Francisco es un camino que debemos considerar y, sobre todo, deben considerar los que tienen capacidad para cambiar la situación que vivimos hoy, una situación desgraciada para el presente y para el futuro de este planeta donde el sufrimiento con un mal globalizado genera un odio difuso con graves e impredecibles consecuencias.

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