OPINIÓN

LO PEQUEÑO ES HERMOSO

Ante los acontecimientos que vivimos y que nos invaden, me viene a la memoria un libro de Schumacher, Lo pequeño es hermoso, escrito en 1973, que ofrecía muchas claves de sentido. Su autor, ante la crisis energética que padecía el mundo y después de hacer una descripción de las situaciones que le afectaban, proponía una serie de recursos indispensables para superarla, entre los que se encontraban la educación -a la que nombraba como el mayor recurso-, el uso apropiado de la tierra, la utilidad de la energía nuclear a la que situaba entre dos polos, salvación o condena, y la necesidad de una tecnología con rostro humano.

Todavía hoy, a los 44 años de su publicación, tienen vigencia sus presupuestos. En el prefacio a su obra, decía: “Hay optimistas que proclaman que todos los problemas tienen solución, que las crisis del mundo moderno no son más que problemas de principiantes en el camino hacia una opulenta madurez. Hay pesimistas que hablan de una inevitable catástrofe”.

Lo que necesitamos son optimistas que estén totalmente convencidos de que la catástrofe es ciertamente inevitable salvo que nos acordemos de nosotros mismos, que recordemos quienes somos: una gente peculiar destinada a disfrutar de salud, belleza y permanencia; dotada de enormes dones creativos, y capaz de desarrollar un sistema económico tal que la gente esté en el primer lugar y la provisión de mercancías en el segundo.

La provisión de mercancías, sin duda, se cuidará entonces de sí misma. Esto costará mucho trabajo a través de tareas nuevas experimentales y placenteras. La gente optimista de la que hablamos, sin embargo, nunca ha temido al trabajo. (24 de enero 1974). (1)

Esa gente optimista de la que habla Schumacher es necesaria para nuestro momento porque parece imposible mantener una postura optimista ante los sucesos que nos envuelven, catástrofes naturales, huracanes, incendios provocados que arrasan zonas de parques naturales, seísmos, la travesía de miles de refugiados, los últimos, los rohingya, que huyen a Bangladés debido al exterminio que están sufriendo en las tierras de Myanmar, los asesinatos perpetrados por la violencia terrorista en Barcelona, Londres, la amenazadora carrera nuclear de Corea del Norte que pone en peligro la paz mundial y quizá la supervivencia del planeta Tierra. Son muchas cuestiones las que nos envuelven, unas a nivel internacional, otras a nivel nacional como es el caso de la noticia que aparece cada día en la primera página de los periódicos, la cuestión catalana. Y para esta sí que necesitamos trabajar y ser optimistas, derribar fronteras para hacer que este territorio nuestro acoja y no rechace, derribe muros y no los construya de nuevo. Necesitamos un diálogo que venza la obstinación de unas posturas cerradas; necesitamos abrir la ventana al aire fresco de la esperanza y nos llega un huracán de enfrentamiento. ¿No tenemos la experiencia de lo que significó levantarnos de una terrible guerra civil y sus consecuencias que fueron superadas por la generosidad de mujeres y hombres que vivieron con utopía la etapa de la transición española? Ellos y ellas nos enseñaron a dialogar desde perspectivas muy diversas, pero poniendo en el centro el bien común. Nos dimos un corpus jurídico, ¿por qué romper ahora la Constitución a la que nos obligamos todos?

Decía hace unos días Ignacio Sánchez Cámara: “Cataluña es España y España no es España sin Cataluña. Nunca podré entender ese empeño en renunciar como algo propio, por poner algún ejemplo, a Velázquez, Cervantes, San Juan de la Cruz o Picasso”. (2)

Son muchos los problemas que nos rodean, pero también existen las hazañas de héroes o heroínas anónimos que a veces hacen su aparición en una pequeña columna de cualquier periódico en la que se habla de su muerte. ¿No merecería esa información aparecer en los titulares de los diarios para tomar conciencia de que hay mujeres y hombres que todavía entregan su vida para sanar profundas heridas? ¿No necesitaremos también informar con insistencia de esas vidas entregadas en la frontera de cualquier país quebrado por el dolor, la enfermedad y la guerra? Son grandes y pequeños gestos los que hacen creíble la predicción de Schumacher Lo pequeño es hermoso. A veces es lo pequeño lo que está al alcance de nuestra mano: iluminar con una sonrisa y llamar por su nombre a la persona que diariamente nos saluda en un gesto de acogida, pequeños gestos, sencillos gestos, que hacen más humana y creíble la vida: escuchar al que se siente ahogado por la soledad, dotar de belleza los espacios a veces más oscuros, sentir la compasión por el enfermo, trabajar en la difícil soledad de una investigación que busca la sanación de un mundo enfermo. Estos son también gestos de esperanza que nos hacen ser optimistas ante la realidad del mundo que vivimos y trabajar por ella. Y traigo hasta aquí los versos de un poeta, José Luis Olaizola, que nos invita a levantarnos y a buscar esa ansiada esperanza: “No te dejes morir/ en muertes cotidianas que acallan el verso/que secan el alma y frenan el paso hasta dejarte inerte (…) Levántate. Sostenido por la memoria/de buenos amigos y buenos momentos/confiado en un hoy grávido de/oportunidades/movido por la esperanza en lo que ha de llegar”.

1. Schumacher E.F. Lo pequeño es hermoso. Madrid: 2001. Tercera reimpresión. Hermann Blume Ediciones

2. Sánchez Cámara, Ignacio Contra la destrucción de España en La Tercera de ABC, 16 de septiembre de 2017.

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