CINE

LAS PELÍCULAS DE LOS OSCAR

La sorpresa del año. Nueve nominaciones a los BAFTA -los oscars británicos-, incluyendo Mejor película, director, guion, actriz (Frances McDormand) y actor de reparto (Woody Harrelson)-; cuatro Globos de Oro, a la mejor película dramática, mejor guion, mejor actriz de drama para Frances McDormand y mejor actor de reparto para Sam Rockwell; Premio del público en el Festival de San Sebastián, además de sus premios en Toronto y Venecia… ¿Merece tanto reconocimiento esta película? Probablemente este año que ha terminado apenas haya tenido películas buenísimas. Tres anuncios en las afueras está escrita y dirigida por el dramaturgo británico Martin McDonagh, conocido por la violencia y crudeza de sus montajes teatrales. También ha tenido una breve carrera cinematográfica en la que ya había trabajado con Woody Harrelson. La historia, ambientada en Missouri, se centra en una mujer divorciada, Mildred, que vive sola con su hijo, Robbie, desde que su hija fue violada y asesinada meses atrás. Ella cree que el jefe de la policía del lugar, Willoughby, no está haciendo el esfuerzo suficiente para identificar y detener al asesino de su hija. Por eso se le ocurre alquilar por un año los tres paneles publicitarios de la carretera del pueblo, para colgar mensajes alusivos a la inoperancia policial. Pero esta medida no va a sentar bien en el pueblo, donde en general el jefe Willoughby goza de fama de buena persona.

Estamos ante un drama de corte independiente, que tiene muchas reverberaciones del estilo de los hermanos Coen, no sólo porque lo protagoniza Frances McDorman, una de sus actrices fetiche, sino por su mirada descarnada y desabrida a la América profunda, su ironía de fondo y sus personajes siempre atravesados de cierto esperpento.

Más allá del estilo estético, lo cierto es que la película tiene conflictos interesantes y de indudable complejidad moral. Todos los personajes están hechos de claroscuros, y se debaten entre sus principios inamovibles y la necesidad de hacer cuentas con la realidad de las personas; entre la filosofía del fin justifica los medios y su conciencia moral. Los personajes toman sus decisiones, aprenden de las consecuencias, hacen su camino y experimentan una transformación. Al final, no es una película de buenos y malos, sino de personas limitadas y frágiles, que, a tientas, tratan de hacer lo que les parece correcto.

Conviene señalar que, en la película, el personaje de Mildred realiza una breve, pero implacable andanada contra la Iglesia católica a causa de la pederastia, ya que acusa al todo por la parte. Ese ataque podría ser coherente con la forma de pensar del personaje, pero ciertamente en este guion está metido con calzador, como si fuese un deseo personal del autor de introducirlo a toda costa donde fuese. Hecho este matiz, hay que reconocer que estamos ante una interesante película, abierta, sin recetas. Como la vida misma. Una buena película. Sin más.

El instante más oscuro

En un corto lapso nos han llegado dos películas biográficas sobre el famoso Primer Ministro británico Winston Churchill. Aunque la actual ha recibido muchos más elogios -además de nueve nominaciones a los BAFTA y el Globo de Oro para el actor Gary Oldman-, no me parece que la primera (Churchill, dirigida por Jonathan Teplitzky y magníficamente interpretada por Brian Cox) desmerezca tanto. Más bien se complementan, a pesar de que la nueva juega con una producción mucho más ventajosa.

El instante más oscuro está dirigida por Joe Wright (Orgullo y prejuicio, Expiación, El solista…) un excelente director muy acostumbrado a las historias de época de mucho sabor británico. Esta cinta, escrita por el guionista Anthony McCarten –nominado al Oscar por el guion de La teoría del todo–  supone una recreación de los primeros momentos de su llegada al poder al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, tras la dimisión de Neville Chamberlain el 10 de mayo de 1940. La película se centra en dos grandes retos que Churchill tuvo que afrontar en aquellos meses: por un lado, decidir si negociar una rendición con Hitler, como le exigía el Conde de Halifax, y por otro, qué hacer con el ejército encallado en Dunkerque y susceptible de ser aniquilado por los alemanes.

Con humor y buenas interpretaciones –extraordinario Gary Oldman–, esta cinta coincide bastante con Churchill en el curioso retrato que ambas hacen del mandatario británico: un hombre impulsivo, de difícil carácter, muy adicto al alcohol, imprevisible y terco, socarrón, pero de grandes visiones, no siempre acertadas. A El instante más oscuro le sobra quizá cierto protagonismo a los discursos y a su proceso de elaboración, pero crece sin embargo a partir de la secuencia en el Metro de Londres, cuando comparte su tiempo con los ciudadanos británicos que acuden a sus puestos de trabajo, para descubrir cuál es la posición del pueblo ante la guerra. Son reseñables los personajes secundarios de la secretaria personal del mandatario, Elizabeth Layton –interpretada por Lily James–, y su esposa Clemmie –Kristin Scott Thomas–, que desgraciadamente tiene poco papel. En este aspecto era más generosa la citada predecesora, que se centraba mucho más en las relaciones familiares, así como en su relación con el Rey, aquí apenas dibujada. Sin duda, una película llena de interés y atractivo, a pesar de sus irregularidades y de inevitable tono hagiográfico.

Los papeles del pentágono

Con injusta frialdad inicial se ha recibido la última película de Steven Spielberg, probablemente el director vivo más relevante e influyente de la gran historia del cine. Esta vez ha querido contarnos una historia relativa al sentido del periodismo, a la libertad de prensa, y al difícil equilibrio entre el poder y los medios en una sociedad como la americana, que se precia de ser la tierra de la libertad. Para ello se va a los primeros años sesenta, cuando un observador al servicio de la Embajada de EE. UU. se une a los marines en Vietnam para mandar informes a Robert McNamara (ex Secretario de Defensa de Kennedy y de Johnson) sobre la situación real de la guerra. Como resultado de esos informes se acaba realizando un exhaustivo estudio secreto sobre la intervención de EE. UU. en Vietnam. Un día, este informador, convertido en convencido pacifista, decide hacerse con una copia de esos archivos secretos, y filtrarlos al New York Times, que publica un extracto de los mismos. La reacción de la administración Nixon es inmediata y se toman medidas judiciales contra el famoso diario. Es entonces cuando el Washington Post –su director Ben Bradlee (Tom Hanks) y su editora Katharine Graham (Meryl Streep)– decide solidarizarse con su competidor en nombre de la libertad de prensa, y trata de publicar lo que le han prohibido al NYT. Pero el precio puede ser la desaparición misma del prestigioso periódico.

Además de contar con guion de Liz Hannah y Josh Singer (Spotlight), y una banda sonora del habitual John Williams, es decisiva la presencia de Meryl Streep y Tom Hanks al frente del reparto, compartiendo pantalla por primera vez.

Los archivos del pentágono tiene las características clásicas de las películas sobre el periodismo, trepidante, idealista, coral, muy crítica y con puntos de humor. Nos recuerda a Spotlight, del mismo guionista, pero también a Todos los hombres del presidente, Primera plana o tantas cintas que combinan periodismo con dramas y dilemas de altura moral. La película de Spielberg plantea la cuestión de hasta dónde llegan los límites de la libertad de prensa, y hasta dónde llega la censura que se deriva de la preservación de la seguridad nacional. No es un tema fácil, y Spielberg trata de definir con nitidez la cuestión: el límite está donde empieza a peligrar realmente la vida de alguien. La película deja clara su posición: los secretos de Estado no pueden ser la coartada para gobernar al margen de cualquier control democrático, y menos hacerlo con mentiras descaradas a la opinión pública. En el caso que nos ocupa las mentiras empezaban con Truman, seguían con Kennedy, Johnson y llegaban a Nixon, que es donde comienza la película.

Como siempre, Spielberg, al margen de la ya de por sí muy interesante trama principal, aprovecha para asomarse a la vida familiar de los protagonistas y humanizar a los personajes. Todos nuestros alumnos de periodismo deberían verla.

Lady Bird

Por último, sorprende la presencia de esta pequeña película entre los premios. Con Lady Bird debuta como directora la actriz independiente Greta Gerwig. Y ha obtenidos dos Globos de Oro: Mejor comedia y mejor actriz para Saoirse Ronan. Se trata de una comedia del estilo de las que suele protagonizar la directora. El argumenta se centra en una joven que está en su último año de instituto y cuyo sueño es estudiar en alguna universidad de la Costa Este, pero su madre, muy controladora, quiere enviarla a una Universidad Católica de California. En el fondo es una película positiva sobre la familia y la adolescencia, pero toca muchos palos desde la perspectiva liberal de la directora: la religión, la sexualidad, el aborto, la homosexualidad, siempre de una forma ligera y superficial. No pasa de ser un grato y poco relevante retrato del perplejo y desfondado mundo en el que viven nuestros jóvenes. Y no va mucho más allá.

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