OPINION

“SIN LEVANTAR LA MIRADA”

Así describen el gesto de Nikolas Cruz, autor de la masacre de 14 estudiantes, dos entrenadores y un profesor, en la Escuela Secundaria Marjorie Stoneman Douglas de Parkland (Florida), los periodistas que narran su comparecencia ante un tribunal en su segunda vista judicial. También lo presentan como “persona vulnerable con problemas mentales”, depresión, déficit de atención y autismo.

Todos nos hemos sentido conmovidos ante este hecho que llegaba a los medios de comunicación un cercano 14 de febrero y nos hablaba de un nuevo caso de violencia escolar con trágicas consecuencias. Un joven de 19 años, expulsado del centro, que mataba con un rifle a cuantos alumnos y profesores se pusieron en su camino. Hecho que reabre con tremenda fuerza la posesión y venta de armas en EE. UU.

Por desgracia, no es un hecho aislado. En el 2002, Michael Moore ganaba un Oscar al mejor largometraje documental por Bowling for Columbine que narraba otra masacre semejante que ocurrió el 20 de abril de 1999 en el Columbine High School, en el condado de Jefferson -estado de Colorado- donde dos estudiantes del último curso, Eric Harris y Dylan Klebold, asesinaron a 12 estudiantes, un profesor e hirieron a 27 personas.

La masacre provocó un intenso debate sobre las leyes de control de armas, las subculturas y el acoso. Generó una mayor insistencia en la seguridad escolar y un pánico sobre la cultura de las armas.

Michael Moore trató con su documental de denunciar la violencia en las escuelas estadounidenses, el uso indiscriminado de las armas y “la teoría del miedo” que llevaba a su compra habitual por parte de los ciudadanos. Pero él mismo, en unas declaraciones a los medios, unos años más tarde, decía: “Nunca pensé que tendría, una década después, que estar aquí y decir que una película mía no sirvió para nada. Eso me rompe el corazón a nivel personal” y esto lo compartía ante los nuevos hechos ocurridos en la primaria de Sandy Hook en Newton, Conneticut, en el 2012, donde Adam Lanza de 20 años, con el síndrome de Asperger, asesinó a 20 niños y  seis adultos, hechos que, de nuevo, abrieron el debate sobre las armas en EE. UU.

Debate que una vez más emerge en la juventud estadounidense que denuncia el problema endémico de las armas en su país y la posible implicación de la clase política con su industria.  “Esto no va de republicanos contra demócratas, sino de aquellos que tratan de matarnos contra aquellos a los que no les importan nuestras vidas. Nosotros somos los niños, ustedes son los adultos, pero están actuando como niños”, decía Cameron Kasky, un alumno de Secundaria. Y así los estudiantes no dudan en señalar los nombres de Donald Trump, Rick Scott, gobernador de Florida, o el senador Marco Rubio, aliados de la Asociación Nacional del Rifle (ANR), como aquellos que compran voluntades con donaciones electorales. En las últimas etapas electorales legaron más de 10 millones de dólares.

Con el apoyo de diversas organizaciones sociales, el próximo 14 de marzo habrá un paro generalizado en los centros escolares y el 24 del mismo mes se realizará una marcha a Washington y diversas ciudades del país para denunciar esta situación de violencia.

Pero, junto a las responsabilidades políticas, también habrá que pensar en quién y qué características tienen los sujetos que realizan estas masacres. En esta última, es un chico de 19 años que es considerado por sus compañeros como peligroso, solitario, indisciplinado, vulnerable, con “problemas mentales”. Un chico sin familia y acogido temporalmente por la familia Snead quienes no percibieron ”ese lado” que lo identificaba como presunto asesino cuando llegó a su casa con las armas que desataron la posterior violencia. Todos lo percibieron como peligroso pero ¿quién trató de ayudarle? ¿Las instituciones tradicionales, familia, escuela, etc.? ¿Qué hicieron por él? ¿Cómo se genera la violencia que le llevó a desatarla contra sus compañeros, sus profesores? La educación se advierte en el ojo del huracán. ¿Qué quiebra de valores advertimos en estos hechos y quiénes podemos ser culpables? Podemos interrogarnos a nosotros mismos.

El papa Francisco, en su mensaje de Cuaresma de este año alerta sobre el nacimiento de la violencia y descubre las causas que la provocan: “La avidez por el dinero, raíz de todos los males” (1 Tm 6, 10); el rechazo de Dios, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación, antes que con su Palabra, y sus Sacramentos. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquello que consideramos una amenaza para nuestras certezas: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas”.

La violencia ha segado la vida de estos jóvenes y sus maestros, al pronunciar su nombre nos unimos al dolor de tantas muertes sin sentido.

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