OPINIÓN

Aquel mayo del 68

Han pasado dos décadas desde que un joven cantautor, Ismael Serrano,  estrenara su primer disco, Atrapados en azul, y pusiera en la melodía de su voz  una canción con un ruego: “Papá cuéntame otra vez”. Era una petición a su padre de que le contara un cuento. Un bonito cuento que hablaba de príncipes y dragones. Unos príncipes y princesas vestidos con pantalones de campana y flequillo, ellos, y minifaldas, ellas. Estudiantes universitarios y obreros en las calles de París. Unos dragones que tenían nombre de descontento, aburrimiento, paro, marginación económica en un “polvorín político, social y económico”, guerra injusta de Vietnan, sociedades sin voz, “ideas antiimperialistas, anticapitalista, neomarxistas, troskistas, castristas, maoístas, estructuralistas y freudianas que desembocan en el hombre unidimensional de Herbert Marcuse y en la Teoría Crítica de Theodor Adorno” (1). De una generación que hizo la guerra urbana, que cantaba con los Rolling, que ocupó la Sorbona y trató de buscar la arena de la playa debajo de los adoquines de la calle, que trataba de cambiar el mundo y que pobló las calles de Paris de barricadas. De una generación que gritó primero contra la guerra de Vietnan en Berkeley, en 1964, contra lo establecido en Holanda,  disturbios de los Provos en Amsterdan, en 1966, y después del 68, Madrid, Río, México, etc. Porque como expresa Juan Mª Sánchez Prieto: “Los valores tradicionales eran rechazados; la autoridad familiar, profesoral o patronal, contestada; el prestigio de las ideas de izquierda heterodoxas —anarquismo, maoísmo, castrismo— alcanzaba todo su apogeo (… ) el 68 francés o, aún mejor, su fase universitaria no es más que el aspecto francés de un movimiento internacional que alcanza al conjunto de los países industrializados y que representa el rechazo frontal —por parte de la juventud del baby-boom— a una sociedad volcada al consumismo y que es percibida como hipócrita y conformista”. (2)

El fuego de la rebelión estudiantil y obrera se iba extendiendo y así mayo del 68 fue un intenso y largo tiempo que duró doce meses como cantaba Sabina en 1978: “Aquel año mayo duró doce meses/(…) los claveles/mordían a los magistrados/París era un barrio con acordeón/(…) la poesía salió a la calle/reconocimos nuestros rostros supimos que todo es posible/en 1968”.

¿Fue todo posible en aquel cuento del mayo francés?  Sí,  fue posible la búsqueda de lo imposible, de la libertad y el canto que liberó fantasmas de opresión. Y que arrastró a una generación a luchar por ella, a derribar totalitarismos con la cara al viento, el corazón al viento, buscando la luz, la paz, a Dios…y el viento llegó a las aulas universitarias madrileñas, acompañando la guitarra y la voz de un joven valenciano que dio un recital histórico en la Facultad de Económicas  un 18 de mayo de 1968. Hace 50 años, Raimond cantaba así y con él miles de estudiantes llenos de empuje y fuerza en aquel Madrid del 68: “I tots,/tots plens de nit,/buscant la llum,/buscant la pau,/buscant a déu,/al vent del món(…)al vent,/la cara al vent,/el cor al vent,/les mans al vent,/els ulls al vent,/al vent del món.

Pero son los hijos de esta generación que buscó la libertad  los que se sentían decepcionados porque “tras tanta barricada/y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada, /al final de la partida no pudisteis hacer nada,/y bajo los adoquines no había arena de playa./Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba/se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas, /y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias, /pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza”. (3)

Aunque en la reflexión que hace el autor, a los 20 años de su creación, dice que tiene fe en las generaciones más jóvenes, que las mira con esperanza, que si ellos no lo hicieron  “uno tiene la sensación ahora de que hay gente muy joven que sí está siendo capaz de escribir u n relato propio. Yo creo que mi generación no fue capaz, pero ellos sí”. (4)

A los 50 años del mayo francés, muchos se preguntan qué queda de aquello. Unos lo perciben positivamente, otros con negatividad.  Las publicaciones se suceden describiendo el hecho,  explicando las causas: Revoluciones. 50  años de rebeldía, Utopías del 68. De París y Praga a China y México, 1968. El nacimiento de un mundo nuevo, 1968. El año en que el mundo pudo cambiar, Mayo del 68. Las críticas de la izquierda a las revueltas estudiantiles, Mayo del 68. Fin de fiesta,  Mayo del 68: La palabra anónima. El acontecimiento narrado por sus participantes, Las flores y los tanques. Un regreso a la Primavera de Praga, etc.

¿Revolución o movimiento? ¿Oportunidad fallida o nueva creación? ¿Fin de una fiesta? En una entrevista que hace Laura Revuelta a Gabriel Albiac, autor de Mayo del 68. Fin de fiesta le pregunta por el legado del 68, dónde radica su herencia y él contesta: “Es semilla de todo”. Y le explica como Glucksman y su hijo escriben un libro, El 68 explicado a Nicolás Sarkozy en el que le dicen: ”Ha preguntado para qué ha servido el 68. La respuesta más sencilla es esta: sirvió para que usted pueda ser presidente de Francia. Antes del 68 un emigrante de segunda generación, como es usted, sin haber pasado por ninguna de las grandes escuelas, como le sucede a usted, y con dos divorcios a cuestas, no podía ni soñar en hacer carrera política, no le digo ya ser presidente de Francia. Todos los gestos de la cotidianidad y de su traslación a la política que vivimos con normalidad no son intemporales, nacieron ahí”.

1. Una revolución fallida que cambió la vida de generaciones en https://bit.ly/2J8Ro8Y Consulta 17 de mayo de 2018.

2. Sánchez Prieto, Juan Mª La historia imposible del mayo francés  https://bit.ly/2sfD6J3 Consulta 20 de mayo de 2018.

3. Serrano, Ismael. “Papá cuéntame otra vez” en Atrapados en azul. 1997.

4. Mendoza, Ezquiel “Entrevista a Ismael Serrano” en ABC 16 de marzo de 2018 https://bit.ly/2ITFgoI consulta 23 de mayo de 2018.

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