ARTÍCULOS ENTREVISTAS

“EL POLÍGONO SUR DE SEVILLA ES UN BARRIO COMPLEJO, RICO EN MUCHOS SENTIDOS. RICO EN NECESIDADES, PERO TAMBIÉN RICO EN FORTALEZAS, RICO EN GENTE MARAVILLOSA”

El Comisionado del Polígono Sur es una figura que nació en octubre de 2003 como fruto de dos hechos importantes en la historia de este barrio sevillano: el deseo de coordinación de tres administraciones (Gobierno Central, Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Sevilla) y la petición reiterada de los vecinos del barrio para lograr su desarrollo y recuperación. Hecho que se pone en marcha con la elaboración e implantación de un Plan Integral.

Mª del Mar González Rodríguez es Comisionada para el Polígono Sur de Sevilla desde el otoño de 2013 y Profesora Titular de la Universidad de Sevilla en el departamento de Psicología Educativa y de la Educación. Sus proyectos y publicaciones nos hablan de Mujer, monoparentalidad y exclusión social, Promoción de parentalidad positiva en el contexto sanitario andaluz, Diversidad familiar y estrategias de conciliación en Andalucía, Dependencia y Solidaridad en las Redes Familiares. Andalucía, y un largo etcétera de programas e investigaciones que avalan su designación para la función que hoy desempeña en el Polígono Sur de Sevilla. El 22 de octubre de 2013 el Diario de Sevilla presentaba la noticia de la toma de posesión de la nueva Comisionada del Gobierno y señalaba las palabras que dedicó en su discurso, iniciado con una dedicación a una niña que falleció en agosto de ese año en un tiroteo: “Dedicaremos nuestro esfuerzo para que toda la infancia en el Polígono Sur tenga un horizonte. Que nadie ciegue la vida de niños ni cercene sus sueños”. Hoy su oficina está en la Avenida de la Paz.

Carmen Azaústre: ¿Tienes mucho trabajo?

Mª del Mar González Rodríguez: Mucho, muchas preocupaciones. También muchas alegrías, este barrio da para todo. Es un barrio complejo, rico en muchos sentidos. Rico en necesidades, pero también rico en fortalezas, rico en gente maravillosa.

C. A.: ¿Hay cooperación?

M. G.: Mucha, mucha, mucha solidaridad desde fuera y mucha solidaridad desde dentro. Este es un barrio que ha luchado mucho por sí mismo. Antes de que otra gente pensara que se podían hacer cosas, la gente de aquí ya estaba luchando por ellas.

C. A.: ¿Cómo es tu jornada de trabajo?

M. G.: Intento conciliar mi vida pública y mi vida personal, porque yo creo que esa es una de las tareas que las mujeres debemos hacer. Introducir en la vida pública, en la gestión de lo público, lo familiar. O introducimos en la agenda lo familiar y lo personal junto con lo público o al final…

C. A.: ¡Hay algo que se rompe!

M. G.: Sí, porque aunque me vaya a casa me voy con la cabeza llena de todo lo vivido y lo que queda por hacer.

C. A.: El Polígono Sur, ¿es muy grande?, ¿qué núcleos comprende?

M. G.: El Polígono Sur es un barrio que, a su vez, incluye seis barriadas, Martínez Montañés, Murillo, Las Letanías, Paz y Amistad, Antonio Machado y La Oliva que, además, son muy distintas en cuanto al gradiente de inclusión y exclusión social. Es más conocida su vertiente de exclusión, pero de los seis barrios, el más antiguo es Las Letanías que se construye al inicio de los años 60 para dar cobijo a gente que, a su vez, ha estado refugiada temporalmente por distintas razones. Aquí había unas casitas bajas, en las que se refugió gente como consecuencia de la riada del Tamarguillo, riada del Guadalquivir que tuvo lugar en el cincuenta y tantos, a la que hay que sumar la que procedía de las corralas de Triana que fueron suprimidas por la aplicación, creo, de la Ley de Viviendas del 57. Es una ley que supuestamente lo que perseguía era la infravivienda, pero que acabó siendo una excusa fantástica para la especulación urbanística, lo voy a decir así con esta tranquilidad, y que acaba haciendo que prácticamente toda la población gitana que vivía desde hace 500 años en Triana fuera expulsada de allí.

C. A.: ¿Toda la población?

M. G.: Bueno, parte de la población. La mayor parte sale de ahí, de Chapinas también; en algún momento se producen nuevos asentamientos, pero la gente que vivía en corralas sale, o buena parte de ella. Hay fotos absolutamente conmovedoras, dramáticas, en la hemeroteca municipal de los años 50…

C. A.: ¡Qué horror! ¿No?

M. G.: Familias completas obligadas a dejar su barrio en el que habían vivido durante siglos… Hay constancia de que habían llegado allí hacía 500 años.

C. A.: ¿Y los traen y los llevan? 

M. G.: Inicialmente no los traen aquí, sino a Puerta Osario, al Vacie (asentamiento chabolista en la zona norte de Sevilla). Hay edificios que se hacen en La Corchuela, en Dos Hermanas, etc. Es decir, se hacen refugios provisionales y después se van construyendo viviendas a su vez. Los primeros refugios en realidad son barracones, luego ya se habilitan como pequeñas casas provisionales, con techo de uralita y con muy poquitos recursos, con el compromiso de realojar a toda esa gente.

C. A.: ¿La zona más antigua es la de Las Letanías?

M. G.: Sí. Era gente que, en general, había tenido vida urbana, gente obrera, pero con experiencia de vida en común, de vida compartida. Y éste es el primero que se hace. Este es, por tanto, de vivienda de promoción pública, de alquiler con acceso diferido a propiedad. El siguiente que se hace es el Barrio de La Oliva, que es un barrio, en realidad, privado, o sea, de promoción privada, es una cooperativa que se promueve en los años 60 y ahí viene gente obrera y gente de clase media. El siguiente que se construye es lo que suele dar nombre al barrio, lo que la gente llama las Tres Mil, que es la barriada Murillo, que está en el interior y que tiene los cuatro colores de la paleta de Murillo: amarillo, marrón, verde y rojo.

C. A.: ¿En qué año?

M. G.: En los 70 y, al final de la década, se construyen dos barriadas de golpe, Paz y Amistad y Antonio Machado.

C. A.: ¿Qué grupos sociales viven en ellas?

M. G.: Pues mira, cuanto más hacia el centro y más hacia el sur, más población gitana. Estas dos son de compraventa también y son de clase media, clase obrera y esta que está al fondo (me señala el mapa) es la última que se hace, Martínez Montañés, que se termina en el 79-81 y en la que se encuentran viviendas solo de alquiler social. Aquí se acaba reubicando a toda la gente que está en asentamientos chabolistas, en otros –digamos– asentamientos precarios de Sevilla. A esto, se suman dos hechos significativos en estos años 80, la llegada de la droga, que acaba con una generación, y el diseño urbanístico del propio barrio, que lo aísla de la ciudad. Por un lado, la vía del tren, por otro, el polígono Hytasa, un muro y un terraplén que lo separan del resto, y una carretera que supuestamente ya es vía urbana pero que todavía tiene cunetas, quitamiedos y terraplén, la carretera de Su Eminencia

C. A.: Sí, muy conocida por su inseguridad a la hora de circular por ella.

M. G.: Ahora ya no, hace muchísimo tiempo que no hay problemas de inseguridad en la carretera de Su Eminencia, pero sí cuando era carretera. Estas murallas siguen estando, aunque ahora no sea ya una carretera y sea una vía urbana, porque aún tiene todas las reminiscencias de una carretera. El muro sigue estando aquí y la vía del tren sigue por aquí a pesar de que en el resto de la ciudad se soterró. Y, aunque en el 92 se hizo una reurbanización de toda Sevilla, el Polígono Sur no entró en ella. Se aísla el barrio del resto del sur que es un barrio rico. El resto del distrito sur es un distrito mucho más rico que el Polígono Sur.

C. A.: Entonces, ¿se hace y se mantiene un gueto?

M. G.: Se hizo un gueto en su día y no se fue valiente para romperlo. Y ahí seguimos, todavía tenemos las barreras físicas y algunas psicológicas y sociales que son mayores y más difíciles de saltar. Tenemos población paya y gitana en distintos puntos del gradiente de inclusión/exclusión. La población gitana creemos que viene a ser en torno al 30% de la población si nos fiamos de los estudios más serios… porque el problema es que no hay datos. En España no puedes preguntar si eres gitano o payo a alguien en las estadísticas oficiales. Se han hecho dos estudios, uno por Vivienda y otro por una asociación gitana del barrio, que situaban entre 8.000 y 10.000 las personas gitanas del barrio sobre una población que tiene como datos oficiales treinta y tantos mil, aunque probablemente, si sumamos la gente que no se empadrona, pueden llegar a 40.000.

C. A.: Casi 40.000… es una población muy importante

M. G.: Es un barrio que, aunque tiene muchos espacios, también está construido en vertical. Es muy amplio y está muy cerca del resto de la ciudad, lo que pasa es que en el imaginario de Sevilla está muy lejos. La gente de Sevilla, en general, no viene porque persiste la idea de que es un barrio muy inseguro por el que no se debe ir, por el que no se debe andar.

C. A.: Bueno, de hecho, recuerdo que ha habido una época, que debe ser anterior, en que los autobuses no pasaban, los taxis no entraban, etc.

M. G.: Bueno, todavía tenemos algunos problemas de esos.

C. A.: ¿Cuál es su infraestructura?

M. G.: Ahora mismo, aquí se puede vivir muy bien. Y voy a hacer un poquito de historia. Cuando nombraron a Jesús Maeztu Comisionado para el Polígono Sur, actual Defensor del Pueblo Andaluz y primer Comisionado para el Polígono Sur, 2003, le nombran con el encargo para que ponga marcha el diseño participado de un Plan Integral para el Polígono Sur. Entre el año 2003 y 2004 forma un equipo y se hace un trabajo de diseño participado. Lo primero que se encuentra ese equipo que aquí llega es que los servicios han dado un paso atrás en este barrio.

C. A.: Es decir, no solo no se han desarrollado, sino que se ha dado un paso atrás.

M. G.: No entraba el servicio de limpieza, de modo regular, solo lo hacían en La Oliva o en la Avenida de la Paz, pero no en el centro del Polígono; no entraba Correos en buena parte del barrio, no entraba el servicio de autobuses, excepto por la periferia, no entraba la Policía Local, la Nacional lo hacía en furgonetas, no patrullaba de forma habitual… estoy hablando de servicios muy básicos con los que se construye ciudadanía. Claro, entonces, lo primero que se propuso, incluso antes de tener un plan, es intentar normalizar los servicios. Fue una negociación fortísima con el Ayuntamiento, sobre todo, y, también, con el resto de los servicios estatales, municipales y autonómicos para normalizar los servicios; y eso es de las primeras cosas que se consiguen. Porque sientan las bases para otras muchas.

C. A.: ¿Cómo se mantienen los servicios en la actualidad?

M. G.: Hoy, la empresa de limpieza entra en el barrio como corresponde, al menos tres veces por semana, lo mismo ocurre con Correos, que ya reparte en todo el barrio y allí donde no puede repartir porque no hay buzones –tenemos una parte de Martínez Montañés sin rehabilitar porque los quitaron en su momento– y los vecinos reciben su correspondencia en una oficinita de Correos que se acaba de abrir aquí y que funciona como un apartado de Correos.

C. A.: ¿Y funciona bien?

M. G.: Tenemos una cartera que es maravillosa, se conoce a todo el mundo, tiene los teléfonos de media humanidad, nuestra Mercedes, que llama a la gente y les dice: “Oye, que vengas que ha llegado una carta para tu hermano, un no sé qué a tu madre y a ti lo del paro, y eso tiene fecha…”. La cartera es fantástica, fantástica. Nuestra Mercedes Castro que es un caso… Correos ya reparte donde están los bloques rehabilitados y donde no están rehabilitados todavía aún se hace de este otro modo. Y lo mismo ocurre con la Policía Local, la Policía Nacional…, ahora mismo los servicios están digamos normalizados.

C. A.: ¿Qué más hay?

M. G.: Pues mira, hay dos centros de salud, que están en distintas zonas, 16 centros educativos: tres de Infantil, ocho de segundo ciclo de Infantil y Primaria, cuatro institutos, tres dentro del área y uno fuera, y uno de personas adultas, de educación permanente, porque este barrio tiene unos índices altos de analfabetismo.

C. A.: ¿Son altos?

M. G.: Sí, del tercer mundo.  Cuando empezó el Plan Integral, el estudio que se hizo entonces decía que el 26% de la población adulta de Martínez Montañés y el veintitantos por ciento también de Murillo eran analfabetos.

C. A.: ¡26%!

M. G.: Estos son datos del Tercer Mundo, en España el índice de analfabetismo está en el 1,6% y, en Andalucía, en el 2%.

C. A.: Es altísimo.

M. G.: Es muy alto, entonces se necesita un centro de educación permanente.  Y, además, esta formación se imparte en los propios colegios, en distintas entidades, en distintas asociaciones; se hace trabajo de alfabetización con mucha gente adulta. Tenemos la primera generación escolarizada de muchísimas familias.

C. A.: ¿Y con una asistencia regular?

M. G.: Vamos avanzando, vamos avanzando, pero poco a poco. Sí, nos queda, pero cuando comenzó el Plan Integral los datos eran muy alarmantes: el 40% de nuestros niños no iba a la escuela con regularidad.

C. A.: ¡40%!

M. G.:Y de un 10% de ellos ni siquiera se tenía constancia de que existieran, no estaban registrados. No constaban para el sistema; entonces, ahora mismo, yo creo que sí los tenemos localizados a casi todos… de vez en cuando hay una familia que se traslada y entonces tú dices “y estos niños…”, pues se han trasladado y te acabas enterando por distintas vías. Pero lo normal es que los tengamos registrados y el absentismo vaya bajando paulatinamente. Eso no quiere decir que no nos quede, nos queda mucho por hacer; cada vez que llega la tasa de absentismo me echo las manos a la cabeza, tenemos todavía un absentismo muy alto en secundaria, un veintitantos por ciento.

C. A.: Sí, y en Primaria…, será menor, ¿no?

M. G.: Sí, en los últimos años, al final, entre el 8% y el 12%. Depende también del momento del año, bueno… lo estamos trabajando muy seriamente. Los centros no están aislados en esta lucha, sino que mensualmente, además de la subcomisión de absentismo que tenemos de barrio que se reúne tres veces al año, hay una comisión por cada centro educativo que se reúne mensualmente. Y ahí están la dirección del centro, una entidad de trabajo social que trabaja con ellos, los Servicios Sociales, Salud… y, cuando es necesario, la Policía Local también, entonces se ve caso por caso qué pasa con cada niño, cada familia, con cada casa, en qué punto está del protocolo que hay de absentismo, qué se puede hacer y, bueno, se va consiguiendo recuperar, de hecho tenemos más casos de absentismo a lo largo del curso, digamos, de los que finalmente son absentistas. Se ha conseguido recuperar gente, se ha conseguido trabajar con alguna familia…

C. A.: En ese tema es fundamental el trabajo con las familias.

M. G.: Es crucial, lo que pasa es que aquí el trabajo es ingente. Tenemos un porcentaje de población en exclusión tan alta que necesitaríamos un ejército. Lo que estamos intentando hacer, y hacemos de hecho, es unir al trabajo de los Servicios Sociales, que nunca tienen los efectivos que necesitarían, el de entidades privadas que tienen financiación a veces pública y a veces privada, de manera que están también más cercanas al día a día de muchas familias y levantan menos recelos, no son identificadas con que alguien les puede retirar los niños que es uno de los problemas que tienen los Servicios Sociales. Intentamos que ese trabajo sea un trabajo coordinado, que haya puertas de entrada a la protección social por distintas vías. No sea solo la puerta de servicios sociales, sino que haya otra también. Y lo último que estamos acometiendo es un proyecto de territorialización del trabajo.  Tenemos un equipo de una entidad que está trabajando en distintas zonas de mucha exclusión, en las plazoletas donde se acumulan los peores indicadores de exclusión en todos los sentidos: absentismo, insalubridad, inseguridad, etc. En esas zonas, ahora mismo hay trabajo de calle. Hay gente trabajando con chicos y con chicas por la tarde y con adultos y familias por la mañana, de manera que estamos trabajando por la convivencia con un objetivo explícito y más claro, tanto con niños como con personas adultas. Las comunidades de vecinos también tienen sus problemas e intentamos hacer una mejora de accesibilidad, un mejor acceso a los servicios, y de los servicios al territorio. Si tú y yo nos quedamos en paro al día siguiente estamos en el SAE, en el Servicio de Atención de Empleo, diciendo, “mire usted que me acabo de quedar en el paro, que no tengo trabajo…”. Nuestra gente eso no lo hace, ni sabe que puede hacerlo, no conoce ese camino. O lo mismo si tenemos un problema de salud. Nuestra población es una población a la que le cuesta relacionarse con el sistema.

C. A.: Claro, porque son diversos y son muy variados los caminos. Y no son sencillos.

M. G.: No son sencillos, necesitas tener muy claro en tu cabeza el sistema y ellos no tienen el sistema, tienen las personas. Eso tiene mucho que ver también con el alfabetismo, nuestra población no se relaciona con el sistema educativo, ni con la escuela, sino con el maestro Sergio o con la maestra Ángela, o con la maestra Rosa que son sus referentes. Y, de hecho, las escuelas muchas veces son puerta de entrada para muchas cosas, son ellas las que orientan en muchas ocasiones. Pero necesitamos además que la propia calle también eduque, por una parte y, por otra, nos sirva para acercar los problemas a los servicios y acercar los servicios a los problemas. Ese sería el objetivo. Además, tenemos el Centro de Servicios Sociales, que es este edificio. Se ha avanzado mucho con los equipamientos en este barrio con el Plan Integral, mucho, muchísimo, y este es un ejemplo de las cosas que se han construido aquí, también el Centro de Salud fantástico que tenéis detrás. Otro centro que se ha construido en el marco del Plan Integral es un Centro de Formación para el Empleo, así como un centro en el que aunamos los distintos programas que llegan de empleo, y así hemos creado un CODE, un Centro de Orientación y Dinamización para el Empleo, que es fruto del protocolo de colaboración entre dos consejerías y el departamento.

C. A.: ¿Qué otros aspectos o aspecto quieres señalar?

M. G.: El emprendimiento. Aquí la gente es emprendedora nata. La gente de aquí se busca la vida como puede: recoge cartones y los vende, recoge chatarra y la vende, compra macetas aquí y las vende allí, pero esa actividad que podemos llamar de emprendimiento en el mejor sentido de la palabra no siempre se hace de forma regular, entonces nuestro camino es acompañarlos también para dar salida a las iniciativas que tienen en la cabeza. Afortunadamente, están todo el día pensando, les ofrecemos ayuda para que lo hagan de modo reglado.

C. A.: ¿Hay zonas verdes?

M. G.: Sí, se han construido en el marco del Plan Integral. El parque Celestino Mutis que es el que nos une a Tiro de Línea, yo lo vivo como algo que nos une y no que nos separa, y por esta parte tenemos el parque Guadaíra, que es el primer corredor que nos une al resto de la ciudad. Por fin tenemos un corredor, y de hecho, por aquí viene mucha gente desde Heliópolis que lo hace caminado y nuestra gente también lo hace. De pronto, tenemos un camino en el que nos encontramos a la gente de distintos barrios.

C. A.: ¡Qué bien! Porque eso es importantísimo.

M. G.: Claro, para nosotros era crucial, y hemos conseguido que se abran las puertas. Porque había puertas, pero estaban cerradas porque no había un paso semafórico entonces y ahora ya los hay y la gente puede cruzar. Además de eso, este es un barrio con muchísima arboleda. Por ejemplo, en La Oliva tenemos muchísimos espacios donde se puede estar sentadito con muchos árboles, de hecho, hay más de 300 especies arbóreas en La Oliva porque hay mucha gente preocupada por ellos, y una asociación, Los Amigos de los Jardines de la Oliva. Y luego tenemos tres plazoletas que se han reurbanizado en los últimos tiempos. Y la explanada central de Martínez Montañés va a ser un parque a finales de año, ya se está pidiendo la licencia de obra y creo que dentro de poco se empezará. Y luego hay edificios nuevos. Uno de ellos es un centro cultural: la Factoría Cultural.

C. A.: ¿Y cuál su objetivo?

M. G.: Bueno, se ha abierto hace nada, hace tres meses, nosotros aspiramos a que la cultura sea uno de los pivotes en torno al cual hacer girar la transformación del barrio. Porque la cultura es una de las fortalezas de este barrio, es uno de los legados que este barrio tiene.

C. A.:  De hecho, el documental que se hizo en 2003 del Polígono Sur, de una directora francesa, daba a conocer el flamenco que aquí había.

M. G.: Y sigue habiendo. Este es un barrio en el que tú escuchas el flamenco por la calle. Eso ya no ocurre en muchos sitios en Sevilla, pero aquí los niños salen a compás. Antes de estar en este edificio, nosotras estábamos en unas caracolas y por aquí pasaban los críos a su casa y yo los oía pasar a compás, iban cantando.

C. A.: ¿Cantando? ¡Pero qué bonito!

M. G.: Pero tú lo escuchas… ahora mismo hay mucha gente trabajando o en el cole, pero al mediodía hay mucha gente cantando por la calle, los escuchas cantar…

C. A.: Sí, es una riqueza cultural que poseen y que es importante.

M. G.: Claro, súper importante. Entonces, este barrio en su Plan Integral pidió un espacio en que todo ese legado se pusiera en valor, se visibilizara, sirviera para proyectar una imagen positiva del barrio y también sirviera para permear las fronteras psicológicas del barrio, para que hubiera más gente que viniera aquí, y, por ello, se acaba de abrir Factoría Cultural y estamos muy contentos. Estamos ahora mismo construyendo el proyecto compartido de lo que será.

C. A.: ¿Quién lleva el proyecto?

M. G.: Es municipal. El proyecto ahora mismo tiene a una directora y a un equipo de mediación cultural y la idea es involucrar tanto a los artistas que trabajan en el barrio como al mundo de la cultura que está fuera. De hecho, va a ser sede del Festival del Títere, del Festival de Cine, etc.

C. A.: ¡Qué bien! Es un proyecto precioso, porque, además, se reconoce la riqueza que existe, no únicamente la problemática con la que se le identifica.

M. G.: Sí, no se conocen las riquezas. Hay una escuela de arte de la fundación Alalá. Alalá es alegría en caló y en ella conviven los niños y niñas de este barrio. Y de lo último que se ha construido es esto.

C. A.: ¿Y eso qué es? -mirando el mapa-.

M. G.:Es un centro de mayores que acaba de empezar a funcionar, un centro de participación activa de personas mayores del Polígono es un barrio que va envejeciendo porque ya tiene 50 años.

C. A.: ¿Quién lo gestiona, la Delegación de Educación?

M. G.: Es municipal también y se está gestionando con un proyecto que ha sido financiado por la Junta de Andalucía, IRPF, que en este momento co-gestiona también la Junta, Igualdad y Políticas Sociales. Han financiado un proyecto de participación activa de mayores y la verdad es que está saliendo muy bien, estamos súper contentas.

C. A.: Todo lo tienes en la cabeza, ¿eh, Mar?

M. G.: Bueno, pasamos el día con todo ello, viendo gente, viendo cosas…

C. A.: Pero es que son muchísimos frentes… 

M. G.: Muchos, muchos, ¡y lo que estoy aprendiendo que no sabía! ¡la de cosas que ignoraba y sigo ignorando!

C. A.: Porque…, ¿cuál es el día a día de la Comisionada?

M. G.: El día a día puede empezar como ayer en una Consejería hablando con el Gerente Andaluz de Vivienda y el Gerente de EMVISESA de la Vivienda de Sevilla, seguir después con un encuentro con una de las redes nuestras a las que voy a participar, luego puedo tener una reunión aquí o una cita con vecinos o una reunión con una comunidad de vecinos o un colectivo del tipo que sea. Entonces, está desde la clave política hasta la clave del final, pasando por las técnicas.

C. A.: La clave de la realidad, de la presencia cercana es muy importante.

M. G.: Yo tengo que estar siempre en ese proceso de subir y bajar. Y así lo decía a la gente de la Junta muchas veces y al Ayuntamiento también y al Estado, “aprovecharos de que tenéis un equipo a pie de calle, sobre el terreno, porque os transmite el eco que la ciudadanía tiene de las políticas que se están diseñando”.

C. A.: Lleváis la voz ciudadana a las mesas de los políticos.

M. G.: Nosotros, lo que habitualmente llevamos son propuestas, propuestas para el barrio que vienen desde el barrio, pero también cuando ellos están diseñando cosas, por ejemplo, ahora la estrategia de zonas necesitada de transformación social en Andalucía, hemos sido parte del equipo asesor digamos, del equipo experto.

C. A.: Y eso es importantísimo.

M. G.: Y hemos llevado y seguimos llevando propuestas a lo que va saliendo, porque claro aquí las testamos, aquí sabemos lo que funciona y lo que no. También nos hemos llevado muchos sofocones. Cosas que tú dices “esto no va”, “esto no nos vale así”.

C. A.: La educación me imagino que será importantísima.

M. G.: Aquí es crucial, si en todas partes lo es aquí sin duda es la herramienta…

C. A.: ¿Hay equipos de profesores volcados en proyectos?

M. G.: Sí, este barrio tiene además un proyecto educativo de zona, un proyecto educativo propio. Tenemos el currículo de todo el mundo, pero se pueden hacer determinadas adaptaciones. Una de las cosas primeras que se consiguió es que las plazas de profesores en nuestros centros educativos no salieran al concurso general, salen a un concurso específico, quien viene aquí viene queriendo venir, no es la última plaza de su listado.

C. A.: Con lo cual, hay un interés y una finalidad.

M. G.: Claro, vienen con proyecto educativo, vienen con una determinada experiencia y con una determinada formación, si no no pueden venir. Y llegan al centro educativo de manera consciente, a este barrio. Ahora ya tenemos equipos estables educativos y antes lo que nos pasaba es lo que nos ha pasado este año casualmente. Se completó la bolsa en determinadas especialidades y vino gente de la bolsa general y nos ha pasado lo que no pasaba desde hacía diez años, que de pronto, a las dos semanas, hemos tenido cinco bajas en un centro educativo, gente que va y viene.

C. A.: ¿No aguantaban el ritmo?

M. G.: No tenían en su cabeza que venían a un sitio como éste.

C. A.: Claro lo tienes que querer y querer actuar aquí.

M. G.: Claro, claro, tenemos unos profesionales estupendos, aquí yo me descubro cada día. Yo me emociono muchos días en las escuelas, en los centros de salud, en centros de empleo…, me emociono.

C. A.: Como esa cartera de la que hablabas, ¿no?

M. G.: Tenemos una cartera estupenda, pero podría decirte lo mismo de maestros, enfermeras, médicos, orientadores laborales… Aquí hay gente con la que yo me descubro cada día. Te lo aseguro, y las iglesias, de las que no hemos hablado. Tenemos tres iglesias cristianas católicas y ocho evangélicas, ocho cultos.

C. A.: ¡Ocho!

M. G.: Es que los suyos son más chiquititos, pero ocho.

C. A.: Ya, ya, pero ocho…

M. G.: Ocho cultos evangélicos, hay uno que es muy grande y el resto está diseminado. Pero ocho cultos evangélicos y tres iglesias católicas que son cruciales, que mueven aquí lo que no te puedes imaginar en cuanto a transformación, a implicación y a compromiso con el barrio.

C. A.: Muy fuerte, ¿no?

M. G.: Sí, mucho. Luego además de las tres iglesias tenemos muchas entidades sociales trabajando, muchas de ellas ya con sede aquí. Cuando yo llegué al barrio había un cierto divorcio, cada quien trabajaba un poquito en su isla. Y uno de los trabajos que nos hemos empeñado en impulsar, –y creo que hemos ido avanzando y hemos conseguido– es el trabajo en red y el trabajo colaborativo.

C. A.: Eso es importantísimo porque son aspectos diversos de la realidad.

M. G.: Claro, claro, todo el mundo no puede abarcar todo. Tú no puedes tener todas las respuestas a los problemas y las necesidades de la gente, o a las preguntas de la gente. Y como para colmo no se conocían mutuamente, o se conocían muy poquito, no sabían tampoco qué tenía yo y qué tenías tú. Entonces empezamos con una red de entidades que trabajan por el empleo y ahí trabajan coordinadamente entidades públicas y privadas.

C. A.: Pues eso sí que es un logro importante.

M. G.: Pues aquí eso hemos conseguido alcanzarlo y tenemos grupos de trabajo compartidos dentro de cada red, además. Te pongo un ejemplo, mira, el año pasado todo lo que es el programa de empleo de garantía juvenil implicaba que para poder acceder a ese programa de empleo que viene desde Europa tenías que estar dado de alta en la plataforma de Garantía Juvenil. Eso es casi imposible con población analfabeta digital. Si la población es analfabeta en general, pues en digital imagínate, entonces eso es objetivo SAE, Servicio Andaluz de Empleo, pero fue objetivo de toda la red, y entonces todo el mundo se puso a buscar a todos los jóvenes que conocían y aunque la media en Sevilla de altas en la plataforma de Garantía Juvenil de los jóvenes de 26 a 30 años que estaban inscritos era el 22%, nosotros hemos tenido el 38% de inscritos. Eso significa muchas veces, inscribirlos, darlos de alta en la plataforma, hacerles un correo electrónico, enseñarles a usar el correo electrónico…, para todo lo que supone. Así que hemos tenido un montón de contrataciones para el programa de Garantía Juvenil, lo que pasa es que son de seis meses y ya se acabaron. Eso sí nos está resultando muy eficaz, el trabajo coordinado. Tenemos otras entidades que trabajan con familias en exclusión y entonces comparten proyectos, comparten inquietudes, comparten preocupaciones y alegrías también. Es sentir que no estás sola en la inmensidad del mar.

C. A.: ¿Existen otras entidades que colaboran? 

M. G.: La Universidad Pablo de Olavide hizo una apuesta muy cercana al inicio del Plan Integral fruto del encuentro de su Rectora, Charo Valpuesta, y Jesús Maeztu, anterior Comisionado, que compartían objetivos y visión del mundo. Del encuentro de ellos dos surgió la idea: había aquí unos bloques que estaban vacíos porque la promotora no conseguía venderlos por el lugar en el que estaban. Entonces se le planteó a la Pablo de Olavide, “¿qué os parece si esto se convierte en una residencia de estudiantes?”. La Pablo de Olavide dijo que sí e hicieron obras, convirtieron lo que eran bloques de viviendas en un espacio comunitario y nació la residencia Flora Tristán… Los chicos viven en pisos de dos residentes, cada uno con su habitación y su baño, y luego tienen zonas comunes.

C. A.: ¿Y están becados por la Universidad?

M. G.: Hay una parte de ellos, no sé si el 30% o así, que tienen beca por parte de la Universidad para involucrarse en proyectos de intervención comunitaria en el marco del Plan Integral. Entonces son cruciales, están llevando por ejemplo bibliotecas escolares, están colaborando en las aulas de convivencia, están trabajando en educación de calle, están trabajando en el apoyo a las entidades, a las asociaciones vecinales que son más débiles… están en todos lados. Allá donde tú vayas te encuentras a un becario o una becaria de la Flora. Son muy queridos. Sin duda, además te digo una cosa: los chicos y chicas que pasan por la Flora y se involucran en el barrio acaban teniendo una formación excepcional.

C. A.: ¿Les dais formación vosotros o la propia Universidad?

M. G.: No, no, no, me refiero a lo que aprenden del barrio.

C. A.: Bueno, por la experiencia que adquieren, ¿no?

M. G.: Eso es. Es verdad que tanto en la universidad como cuando llegan aquí les formamos, pero lo excepcional es lo que les enseña el barrio.

C. A.: Son voluntarios que reciben una formación para ese voluntariado, ¿no?

M. G.: Eso es, reciben formación en relación a ese voluntariado y luego adquieren un montón de competencias en el trabajo cotidiano. Tenemos trabajadores sociales que salen de la escuela habiendo hecho solo sus prácticas mientras que aquí están día a día trabajando con un montón de gente, y gestionando grupos, resolviendo conflictos y teniendo que adaptarse a las características de población que tienen enfrente y comprometidos. El otro día, me decía el director de la Flora que hay un grupo de ellos, que yo les conozco y son muy especiales y muy activos, que quieren quedarse a vivir aquí, que, si es posible, y que se pueden involucrar en algún proyecto y ahí andamos buscando la vía para que se queden a vivir y se involucren en un programa de trabajo en el barrio.

C. A.: ¿Qué es lo que te hace levantarte cada día y venir con ilusión?  Y decir: ¡Esto me merece la pena!

M. G.: Creo que el día que perdamos la esperanza en la transformación de este barrio será el día que tengamos que decir “nos vamos”. Yo personalmente, el día que piense que está todo perdido en este barrio me iré, lo tengo clarísimo, porque este barrio necesita un plus de motivación y de ganas y de interés. Pero es verdad que es fácil encontrar esa esperanza en la relación con los vecinos del barrio, a mí me dan lecciones cada día, de lucha, de capacidad de sobreponerse a la adversidad, de crearse a sí mismos, de solidaridad entre ellos… Me conmueve ver a una señora de 80 años que es crucial en la pastoral de enfermos. Ella empezó en la pastoral de enfermos con el párroco de Jesús Obrero y esa señora tiene 80 años y se conoce a toda la gente que está impedida en su casa mejor que nadie, sabe qué necesitan, qué detalle, dónde hay que conseguir…, y como ella te podría poner ejemplos, cientos, en este barrio que cada día hacen tanto por mantener la vida, por crear comunidad, por crear convivencia, por contribuir a vivir bien que a mí me atan a la vida, me impulsan a seguir trabajando. Y luego están los profesionales, hay muy buenos profesionales, de admirar, de descubrirte cada día y de algún modo sentimos que estamos todos remando juntos; yo de alguna de las cosas que me siento relativamente satisfecha de este tiempo que llevo aquí es de mi equipo, porque es mi equipo quien lo va haciendo, creo que hemos ido consiguiendo que este barrio vuelva poquito a poco a cohesionarse con todas las dificultades que eso tiene. No es sencillo y se nos atraviesan de vez en cuando luchas políticas que dejo a un lado. Más allá de esas dificultades, que yo creo que están en muchos otros sitios, paulatinamente hemos ido consiguiendo que la gente se sienta parte del barrio y parte de una comunidad que está luchando junta.

C. A.: Eso es muy bonito.

M. G.: Estamos luchando coordinadamente. Y eso para mí es algo maravilloso, que hagamos una convocatoria y… ahora vamos a apadrinar árboles, porque en el marco de la reurbanización de una de las Avenidas la empresa que plantó los árboles no se hizo cargo del mantenimiento y ahora la nueva empresa junto a los vecinos hemos llegado al acuerdo, y a mí me encanta ver que los vecinos responden. Eso son las cosas buenas que nos pasan. Porque de vez en cuando también nos pasan otras que no son tan buenas pero que nos unen en la lucha.

Por ejemplo, el año pasado y ya te lo cuento… aquí debería decirte que se va a construir una comisaría, que estaba prevista en esta parcela.

C. A.: Se iba… en pasado.

M. G.: Pues sí, porque a pesar de que así se acuerda en una reunión de la comisión interadministrativa en la que están todas las administraciones, o sea, Estado, Junta y Ayuntamiento, a pesar de que así aparece en el Plan Integral, y a pesar de que el barrio lo lleva reclamando desde hace 35 años, nos dicen que la comisaría se va a construir fuera del Polígono Sur.

C. A.: Hubiera sido muy importante que estuviera aquí.

M. G.: Sí, es la pieza que nos falta. La pieza de la seguridad es básica.

C. A.: Habrá que seguir peleándolo, ¿no?

M. G.: Pues ahí andamos. No era sencillo porque la obra había salido a licitación, pero ha habido un cambio en el Gobierno de la nación y tenemos la esperanza de que el nuevo ministro del Interior vuelva al consenso, revoque esta decisión y retome la idea inicial, que compartíamos todos, de construir la comisaría dentro de Polígono Sur. Así se lo pedimos por escrito en cuanto asumió el cargo. Pero esta es una de las cosas que también unen al barrio cuando hay un enemigo común, hay alguien que incumple un compromiso, y eso sí que nos duele, eso sí que nos lastra.

C. A.: Es como decir que no nos quieren…

M. G.: No se comprometen, realmente no apuestan. Entonces, es muy difícil de explicar, muy difícil de entender y lo que tú no entiendes no lo puedes explicar. Es muy difícil entender que la comisaría no venga por un problema de seguridad, y tú dices “¿perdón?”.

C. A.: Pero si son ellos los que la tienen que plantear…

M. G.: Entonces vamos a ver, sacamos todos los servicios, sacamos toda la población y cerramos el barrio, lo arrasamos, ya está. Nos vamos todos, pero no me diga usted que son criterios técnicos de la policía lo que la lleva a no ponerla aquí. Me decía, “claro, es que la policía no quiere”, vamos a ver ustedes pregúntenle a un maestro si prefiere dar clase dentro o fuera del Polígono Sur. Los que están dentro ya a lo mejor te dicen otra cosa, pero desde luego es más sencillo dar clase fuera que dentro, como es más sencillo ser médica fuera que dentro, como es más sencillo hacer orientación laboral fuera que dentro…, eso es seguro. Pero los recursos tienen que ir donde son más necesarios.

Vamos, el barrio de Tiro de Línea, que es a donde va, no ha pedido nunca una comisaría ni la ha necesitado. Entonces, bueno, esas son las cosas que también nos pasan, aunque esta vez confiamos en que se solucione.

C. A.: Creo que es muy importante la tarea que estáis haciendo, tú y todo tu equipo.

M. G.: Sería una tarea imposible de hacer para una sola persona, tengo un equipo fantástico que trabaja mucho y muy bien y que me da lecciones cada día. Y ahí andamos, intentando que las cosas vayan más deprisa y viendo que todo es muy lento… por ejemplo, Factoría Cultural, que se construyó en el marco del Urban se tenía que construir en 2015 y se ha conseguido abrir al inicio de 2018. Entonces, esos tiempos, los tiempos de las administraciones, son tan lentos que la gente del barrio pierde la esperanza. Dice “es que en realidad no se hace nada”. Hay cambios, pero son mucho más lentos de los que quisiéramos. La gente lo dice.

C. A.: Desde luego los cambios sociales son lentos también.

M. G.: Esos son los más lentos, es más fácil reurbanizar una avenida, aunque cueste dinero o construir un edificio que cambiar una cultura. Mucho más lento y requiere mucho más esfuerzo y es menos visible, pero cuando miro veo que hemos bajado en absentismo, el año pasado de los dos centros que tienen bachillerato dentro del barrio hubo siete chicos y chicas que aprobaron la selectividad y no te puedes imaginar…, yo daba hasta palmas con las orejas.

C. A.: Y además habéis tenido alumnos Erasmus…

M. G.: Ahora mismo tenemos tres programas Erasmus en el IES Domínguez Ortiz y el IES Polígono Sur está colaborando con otro centro, y también el IES Polígono Sur tiene Erasmus en Bolonia. Tenemos otro en Grecia, en Turquía, habrá otros que vayan a París…, tenemos profesoras maravillosas, de verdad. Tú imagínate criaturas para las que ir al centro de Sevilla es ir a Sevilla, la excursión. Para esas criaturas y sus familias que tu niño ponga un pie en Berlín, o que lo ponga en Bolonia o en París…,  es abrir horizontes.

C. A.: Derribar muros, quitar fronteras,… 

M. G.: Es un camino de dentro a fuera, porque, entre otras cosas, nuestra gente se siente segura en el barrio, pero no se siente tan segura fuera. Porque les rechazan.

C. A.: Claro, se proyecta miedo y al mismo tiempo se proyecta rechazo.

M. G.: Ellos lo perciben y aquí saben que están protegidos, pero necesitamos que salgan.

C. A.: Que sean ciudadanos del mundo. Mª del Mar, no te quiero quitar más tiempo, pero de verdad que he aprendido muchísimo y ha sido genial encontrarme contigo. Muchas gracias.

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