OPINIÓN

TIEMPO DE INCERTIDUMBRE

Vivimos un tiempo de incertidumbre que a veces nos sacude con un golpe inesperado. De nuevo, una mujer asesinada y con evidentes signos de violencia, Laura Luelmo. Una mujer joven que había diseñado con ilusión el dibujo más preciado con sus primeros alumnos en el instituto de Nerva. ¿Qué decir? Solo nos queda el gesto, la repulsa y la indignación ante estos hechos que, desgraciadamente, se están convirtiendo en cotidianos. ¿Hasta cuándo podremos salir sin que nos inquieten unas pisadas rozando el asfalto a nuestra espalda? ¿Qué sociedad vivimos y estamos construyendo? 

En este tiempo de Navidad, en el que celebramos los cristianos la encarnación de un Dios que se hace Niño, que toma nuestra condición humana, que sufre la incertidumbre de su nacimiento, y, al mismo tiempo, la acogida de los sencillos, es un motivo de gran esperanza saber que Él es uno de nosotros, que su propuesta de evangelio puede liberarnos de nuestras miserias más profundas y lanzarnos a la generosidad y entrega de una vida que construye libertad, cariño, acogida universal. Resuenan en nuestros oídos sus palabras sobre las bienaventuranzas, porque en ellas todos nos sentimos acogidos en las distintas situaciones que podemos experimentar a lo largo de nuestra vida: pobreza de espíritu, llanto, mansedumbre, hambre y sed de justicia, misericordia, limpieza de corazón, construcción de la paz, persecución a causa de la justicia, persecución por las convicciones creyentes…y al final esta es la sal que cura, que sana todas las dolencias, que pone certezas en este tiempo de incertidumbre.

Pero también el análisis que se hace de las circunstancias que vivimos puede ayudarnos a entender y superar esta incertidumbre. Antonio Garrigues Walker acaba de publicar su Manual para vivir en la era de la incertidumbre y en él nos regala una lúcida reflexión de este tiempo que vivimos, y así justifica su publicación: “Que vivimos tiempo de incertidumbre no parece requerir muchas explicaciones. El mundo está cambiando a una velocidad que somos incapaces de asumir, y como sociedad tenemos la sensación creciente de vivir en el desorden. Los viejos esquemas mueren o resultan insuficientes para comprender y gestionar la realidad, mientras los nuevos nos parecen aún lejanos o incluso indeseables” (1).

Y se refiere no solo al declive de viejas certezas socioeconómicas y políticas, sino, también, a las consecuencias de la llamada revolución digital: pérdidas de futuros empleos, rivalidad entre inteligencia humana y artificial, control social a través del Big Data, nuevas guerras espaciales y ciber espaciales… el miedo a lo desconocido que nos hace entrar en una época nueva “sin brújula ni linterna” y que se caracteriza por la pérdida de libertad, desde una perspectiva psicológica y emocional. Y, si a lo anterior unimos el cambio climático, no es de extrañar –expresa– esa sensación de provisionalidad y angustia porque “los que creemos en la democracia liberal  y defendemos las reformas frente a la reacción política o al entusiasmo deshumanizado de determinados sectores de la empresa científico-técnica, debemos antes que nada empatizar con la sociedad. Comprender que su malestar no es fruto del capricho” (2).

El autor escribe para disipar la niebla y piensa que es posible romperla si tenemos en cuenta algo que hasta ahora estamos dejando atrás en la conversación pública  y en  nuestros sistemas educativos, como son los conceptos  que una “pésima interpretación economicista de la realidad consideraba añejos: los valores, la historia, la cultura, la moral, todo aquello que da sensación de pertenencia a través de un continuun histórico que ahora tanta gente es incapaz de reconocer. Aquello que nos provee de herramientas para manejarnos en un mundo desordenado, como ocurre ahora” (3).

E insiste en que hay que recuperar el prestigio de nuestra realidad, “volver a enhebrar nuestra sociedad con ese continuo temporal que nos une a la filosofía griega, al derecho romano, a los cambios morales, al arte sacro y a los esfuerzos bibliográficos de la Edad Media, al Renacimiento, a la Ilustración y las revoluciones industriales” (4) y, sobre todo, cambiar la percepción de que somos jugadores pasivos ante una realidad que se nos impone. Afirma que, en el ejercicio de nuestra libertad y dignidad, formamos parte del equipo y podemos cambiar y moldear ese futuro y devolver al ciudadano su autoestima, y hacerle creer de nuevo en todas las posibilidades que encierra su autonomía,  porque según expresa estamos en un momento crítico para aquellos que creen en la libertad y la democracia, por tanto quiere contribuir con su reflexión a ese anhelo de reconciliación de los ciudadanos con su presente y sus perspectivas de futuro.

Para este autor nada de lo humano le es ajeno y así lo expresa. Es una buena contribución a esta humanidad que tomada por Dios tenemos que construir en cada tiempo.

 

1. Garrigues Walker, Antonio Manual para vivir en la era de la incertidumbre Barcelona, Ediciones Deusto, 2018 pág. 11.

2. Ibidem pág.13

3. Ib. Pág. 15.

4. Ib. Pág 16.

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