ARTÍCULOS CINE

EL CINE, ESCUELA DE ACOGIDA

En España está costando mucho difundir una cultura del acogimiento infantil, probablemente porque debido a nuestra historia, la familia ha empezado a disolverse más tarde que en otros países de Europa. Por eso, cuando en muy poco tiempo se han desestructurado tantas familias, tanto la sociedad civil como las administraciones públicas se han encontrado sin músculo suficiente para afrontar con creatividad y eficacia el problema de los menores tutelados. La crisis económica, el desempleo, el creciente maltrato, la expansión de desajustes psicológicos y emocionales, la inmigración mal resuelta y un largo etcétera han llevado a un incremento de tutelas de menores por parte de las Comunidades Autónomas sin el necesario aumento de familias acogedoras disponibles. Una razón entre otras es que no ha habido una adecuada difusión de la cultura de la acogida, y muchas familias que podrían hacerlo estupendamente ni siquiera son conscientes de la urgencia del problema. Pero poco a poco se percibe un cambio y una creciente, aunque lenta sensibilización. Esto se debe al trabajo de las asociaciones de familias acogedoras y de otras entidades y fundaciones, a una mayor implicación de la Administración… y, también, hay que decirlo, al cine.

En los últimos años, y de forma cada vez más frecuente e incisiva, se están estrenando películas que directamente afrontan la cuestión de acogida de menores, bien con medidas de adopción, de acogimiento o de otras fórmulas no tipificadas. Vamos a repasar algunos títulos interesantes de esta temporada cinematográfica que ahora termina.

Ayla, la hija de la guerra

Basada en hechos reales, esta emotiva historia rodada en 2017 pero estrenada en España este verano nos cuenta la historia de Ayla, una niña pequeña que, en la Guerra de Corea (1950-53) pierde a sus padres durante una masacre perpetrada por las tropas comunistas de Corea del Norte. Un sargento turco de las tropas aliadas de la ONU, Süleyman, la rescata del horror y se la lleva con él a su cuartel. Comienza entonces una relación que pronto se convierte en un inesperado amor paternofilial. 

Esta película turca de Can Ulkay es una cinta imprescindible sobre la naturaleza de los vínculos, el sentido de la paternidad –no biológica- y la cultura de la acogida. La niña -interpretada por Kim Seol, que a pesar de su corta edad consigue meterse al público en el bolsillo-, que queda brutalmente huérfana, se vincula rápidamente con la primera persona que la rescata de su pesadilla, y la inviste de categoría paterna. Por su parte, Süleyman -encarnado por el famoso actor turco Ismail Hacioglu-, comprende que el hecho de haberla rescatado y abrazado en ese momento decisivo se convierte en una provocación a una responsabilidad no planeada y a la que debe responder con un sí o con un no. Y sabe que, si dice sí, en cierto modo es un sí para siempre. Ella hace de él su padre y él a ella su hija. No hay papeles, pero el vínculo es más real que cualquier formalidad. Película imprescindible.

En buenas manos

Casi un millón de espectadores vio en Francia esta película en 2018 cuando se estrenó allí. Este largometraje de Jeanne Herry obtuvo siete nominaciones a los Premios César de la Academia de Cine francesa. La película sigue el proceso de adopción de Theo, un recién nacido, desde el momento en que su madre embarazada, Clara (Leila Muse) decide no quedárselo cuando nazca, hasta el momento de su adopción por Alice (Élodie Bouchez), una mujer de 40 años con una historia difícil. Este recorrido incluye los meses que el niño pasa en un acogimiento de urgencia en la casa de Jean (Gilles Lellouche). Todos estos pasos son acompañados por distintos técnicos y trabajadores sociales de la Administración del departamento de la Bretaña francesa donde viven los protagonistas.

En buenas manos describe minuciosamente este delicado camino en el que son decisivos los informes y evaluaciones de los distintos agentes que intervienen en el proceso. Es la radiografía de un proceso administrativo que tiene entre sus manos el destino de un niño y el futuro de varios adultos. Objetividad y subjetividad se dan la mano en las deliberaciones y decisiones que buscan un final feliz con el vértigo y las dudas inherentes a este tipo de situaciones. Lo más interesante es cómo el guion de Jeanne Herry armoniza perfectamente el drama humano con los protocolos administrativos en un guion admirablemente trabado. 

Estamos ante una de las mejores películas que se recuerdan sobre el mundo del acogimiento y de la adopción. Su disección de los procesos administrativos, a la vez que su profundización en los dramas humanos de los personajes, son realmente lúcidas. La película muestra un sistema que funciona bastante bien y propone un ideal de trabajo profesional realmente interesante. Un film ideal para trabajar por técnicos y trabajadores sociales implicados en el ámbito de la protección del menor.

Familia al instante

El director Sean Anders, autor de comedias de temática familiar -más bien mediocres- como Desmadre de padre (2012), Padres por desigual (2015) y Dos padres por desigual (2017), nos ofrece su mejor película en esta cinta protagonizada por uno de sus actores habituales, Mark Wahlberg. Le acompañan en el reparto Rose Byrne, Octavia Spencer y la cantante juvenil Isabela Moner. El argumento se desarrolla en la California actual, y trata de un joven matrimonio formado por los interioristas Pete y Ellie. Aún no se han planteado seriamente tener hijos cuando descubren en internet la realidad de los menores tutelados que esperan en residencias la aparición de una familia de acogida. Dan el paso, y se deciden a acoger a tres hermanos latinos: Lizzy -una adolescente rebelde-, Juan -tímido y asustadizo- y la pequeña Lita -habituada a rabietas endemoniadas-. Una vez pasada la luna de miel del acogimiento comienzan a surgir los verdaderos problemas que desbordan por completo a los nada experimentados padres de acogida.

El tono de la película es fundamentalmente cómico, lleno de gags y diálogos ciertamente divertidos. Un acierto del film es que toca muchas cuestiones importantes de las experiencias de acogida: las dificultades para establecer los vínculos, la relación con la familia biológica, el papel de los técnicos de la Administración, el rechazo de los adolescentes… Por otra parte, las escenas que se desarrollan en las sesiones de apoyo que ofrece la Administración, aparte de ser muy divertidas, permiten conocer una abanico de experiencias reales que pueblan el mundo del acogimiento y la adopción: madres solteras, parejas de gays…, así como personas con motivaciones muy diversas, desde las religiosas -tratada de forma muy caricaturesca- hasta las más peregrinas.

También hay debilidades en el planteamiento: el primero, que las razones del matrimonio protagonista para acoger son poco profundas y muy sentimentales; el segundo, el desenlace que han escrito de la trama de la madre biológica es muy decepcionante porque confirma la teoría tan extendida de que cuanto más lejos, mejor. El final es de un sentimentalismo happy end que dará grima a más de uno. Pero globalmente la película es muy simpática y divertida, y sobre todo da a conocer de manera bastante aceptable la realidad del acogimiento y contribuye a difundir la necesidad de familias de acogida, algo realmente urgente.

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