OPINIÓN

LA SENCILLEZ DE LO COTIDIANO

El tiempo de verano es un tiempo de descanso que nos invita a mirar sencillamente la riqueza y bondad de lo que tenemos alrededor. Es un tiempo para la proximidad, el silencio y el encuentro consigo mismo y con los cercanos. Para Josep Mª Esquirol1, ”solo quien es capaz de soledad puede estar de veras con los demás” y alaba la posibilidad de ir al “desierto” para en esta soledad recogerse y así “resistir” las duras condiciones exteriores. Porque, según él, el resistente no anhela el dominio, ni la colonización, ni el poder porque, ante todo, quiere no perderse a sí mismo, pero, especialmente, servir a los demás.

¡Qué necesidad tenemos de ejercitarnos en esta resistencia en los tiempos que vivimos! Porque la resistencia para este autor no se refiere solo a las dificultades que podamos encontrar en el camino sino a la fortaleza que podamos tener ante procesos de disgregación y corrosión que provienen no solo de nuestro entorno sino de nosotros mismos y así esta resistencia se convierte en una manera de ser, en una manifestación de la humanidad que vive en nosotros. Nuestro existir es un resistir y explica cómo esa resistencia genera amparo. Una resistencia que se adquiere en el silencio de quien se recoge, “un silencio que busca ver mejor. Afinar los sentidos, básicamente abrirlos; estar en vigilia; hacer como si los ojos fuesen el oído y el oído los ojos”. Una resistencia que produce luz y es camino que nos protege de la dura noche, a nosotros y a los que nos rodean, que nos alumbra y “nos hace asequibles las cosas cercanas y nos conforta”.

E insiste en que esta resistencia íntima que se genera en nosotros nos habla de una proximidad y esta proximidad conduce a una reivindicación de la cotidianidad. Con lo cual, esta resistencia nos lleva a la defensa del otro (amigo, compañero, hijo), a tomar conciencia del aire que respiramos, del trabajo que hacemos, de todo lo que diariamente nos toca la piel, pero para ello tenemos que cultivar a diario nuestro huerto, nuestra casa. 

¡Qué situación mejor para este cultivo que este tiempo de verano! Tomar conciencia de las pequeñas cosas que nos rodean, un cálido desayuno, el olor de la tostada recién hecha que nos habla de las manos que la acercaron a nuestro plato, del aroma del café que llega hasta nuestros labios y es fruto del esfuerzo de tantas mujeres y hombres que han intervenido en este regalo, de la luz o lluvia que nos llega y calienta o limpia nuestro sudor, del trabajo que nos hace disfrutar de un tiempo de descanso, del silencio que nos ayuda al encuentro, del aire o brisa que nos acaricia. Silencio fecundo para generar resistencia y mantener vivo el diálogo con nuestra cotidianidad que nos lleva hacia los otros.

En este diálogo con la cotidianidad selecciona Esquirol un fragmento de Rilke de las Elegías de Duino:

Alaba al ángel el mundo, no el indecible: ante él

No puedes presumir con lo esplendorosamente percibido: en el

Todo del mundo,

Donde él siente más hondo, tú eres un novato. Por eso

Enséñale lo sencillo, que, formado a través de generaciones,

Como cosa nuestra vive junto a la mano y la mirada.

Dile las cosas. Quieto estará con estupor, como tú estabas

Viendo al cordelero en Roma, o al alfarero en el Nilo.

Y comenta cómo esa es la clave, “enséñale lo sencillo. Algunas veces tendríamos que desdoblarnos para ser el ángel que escucha y mira como por primera vez, la sencillez de nuestra vida cotidiana indicada con el dedo y narrada por nosotros mismos” y anima a evitar la búsqueda de lo extraordinario y a la detención pausada sobre lo sencillo y diario a lo que califica como “lo más sublime de todo”.

Si aprendiéramos en este tiempo de verano este diálogo con lo cercano, el otoño y el invierno nos encontrarían preparados para la realidad que nos rodea y las hojas caídas en las aceras de las calles serían alfombra para nuestros pies cansados, el frío y la lluvia ocasión de encuentro y vuelta a casa.

Quizá el verano sea una buena ocasión para volver a la cotidianidad, para aprender a reconocerla en sus detalles más sencillos, porque volver “al día a día es redescubrir la oportunidad del día a día (…) volver a la normalidad, volver a la cotidianidad es una bendición” querida lectora o lector que te deseamos para este tiempo de verano, otoño, invierno, primavera.

1. Josep Mª Esquirol es profesor de Filosofía de la Universidad de Barcelona y Premio Nacional de ensayo 2016 y Premio Ciutat de Barcelona 2015 por su obra La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad.

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