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CUANDO EL HIJO ES DIFERENTE

En un primer momento, los padres y madres demandan información muy variada y después de analizarla, podemos percibir que el mayor interés reside en qué hacer y en cómo ayudar a los niños en cada momento de su vida. En general, buscan recetas salvadoras, milagrosas, rápidas y fáciles y no está de más recordarles que aunque existan buenas orientaciones, cada familia debe adaptar esas pautas a su propio contexto. Cada persona, cada hijo y cada progenitor, es diferente y, por tanto, las mismas consideraciones puede que no funcionen por igual para todos. Sí es recomendable que cada familia procure adaptarlo a su propia dinámica familiar; no es lo mismo tener cinco hijos que únicamente uno y ser monoparental.

En cada etapa hay muchas expectativas, preocupaciones y decisiones. Si los hijos son muy pequeños,  suelen estar ansiosos por saber si les están estimulando como es debido, si están haciendo todo lo posible para lograr un buen desarrollo de sus capacidades y personalidad, si les dan el suficiente afecto, etc.; lo que se diferencia de lo que les preocupa a los padres con hijos adolescentes, que manifiestan un gran desasosiego porque sus hijos buscan el enfrentamiento, el conflicto,  la incomunicación, lo que les hace pensar en el modelo de crianza de sus padres, que en ocasiones, no han querido repetir y que tal vez, se ven abocados a tomar como propias algunas de las directrices de sus antepasados.

Las emociones y sentimientos que invaden a todos y cada uno de los miembros de la familia son muy diferentes, con la llegada de un hijo, así como varían dependiendo de la experiencia de los progenitores. Una vez pasados los primeros días y su acomodo al hogar, la atención personalizada e individualizada nos permite fijarnos en las individualidades y diferencias con respecto a otros miembros de la familia. Se inician los comentarios de “a quien se parece”, lo que debes hacer”, “lo que resultan manías”, etc. A esto se une, como es lógico, las visitas al pediatra para las revisiones regladas.

Podemos decir que hay una especie de intuición o tercer sentido cuando las peculiaridades o características personales del hijo se diferencian de lo habitual o conocido. En este capítulo podríamos incluir aspectos relacionados con motricidad, salud en general, cognición, sexualidad, socialización y comunicación y lenguaje, tanto si la diferencia es por estar por debajo o por encima de los estándares de normalidad.

En los padres surge la necesidad de saber qué le pasa, qué tiene, es decir, tener un diagnóstico y, aunque en ocasiones resulte doloroso, poner un nombre a la diferencia.

Ante la sospecha de que el hijo es diferente, es importante hablarlo con la pareja, exponer los sentimientos y emociones, y acordar cómo van a realizar la búsqueda de información. Es cierto que hoy en día, el acceso a internet permite tener una idea aproximada de lo que ocurre. Esto no debe de impedir la consulta de especialistas. Es lógico que se busquen diferentes voces y la concordancia en el diagnóstico. Es importante que tengan un especialista de confianza o su pediatra o, si ya han conectado con alguna asociación especializada, un profesional de la misma. Se pueden permitir los padres reflexionar sobre la información recibida, realizar preguntas, y observar que en ocasiones los profesionales pueden divergir o hay incertidumbre ante el desarrollo del hijo. Es importante saber las preguntas a realizar e interpretar las respuestas. La sociedad ha evolucionado mucho, si bien hay diferencias que no se sabe cómo evolucionaran, por lo que crea incertidumbre, desconfianza, ansiedad, etc., a los padres. Estos sentimientos son legítimos y serán, en algunos casos, compañeros de vida. Pueden surgir conductas de agresividad, de evasión, de confusión, de hundimiento, como producto del proceso de búsqueda. Pregunten a los profesionales especialistas, no se sientan culpables, busquen grupos de padres con situaciones similares. En la actualidad, las asociaciones realizan diferentes actividades con las familias como talleres, encuentros, foros, etc. Compartir las emociones nos libera, nos une y nos permite darnos cuenta que no solo nos pasan cosas a nosotros. Ante todo no se paralicen, pónganse en marcha y si se sienten cansados es normal, busquen apoyo en familia y amigos personales para situaciones concretas o de emergencias.

Una vez que se recibe el diagnóstico es posible que aparezcan sentimientos de culpabilidad, de indecisión, de parálisis, vergüenza, incredulidad, shock, etc., como una crisis. Todos entran dentro de lo comprensible ante un periodo anterior de búsqueda, de intranquilidad, ansiedad, nerviosismo, etc. Es importante que la información sea clara y concisa, para poder solicitar ampliación cuando se vaya asimilando o enfrentando la situación.

En los casos en los que la diferencia nos da lugar a algún tipo de discapacidad, podríamos decir que se inicia con un periodo de shock, seguido de negación (en los casos más extremos, los padres actúan como si no sucediera nada, imaginan que es algo que puede pasar de forma fortuita o mágica). Se pasa por la rabia, la culpa y la injusticia, y se ha de buscar ayuda y apoyo tanto profesional como de otros miembros de la familia. Es importante destacar que cada miembro de la familia lo vive de manera diferente y que la pareja puede dedicar tiempo y espacio para hablar sobre las preocupaciones, los sentimientos, cambios de hábitos, etc., pues le ayudará tanto a nivel personal como en la misma relación. La intensidad de la vivencias es diferente en cada persona y para estar bien, ante todo el proceso de desarrollo de un hijo con características diferentes, hay que cuidarse a todos niveles: físico, emocional, social, etc. Hay que tener tiempo para cada uno, tiempo para la pareja y tiempo para la familia.

Es posible que las características del hijo nos lleve a tener que reorganizar espacios y tiempos, por lo que hay que tener paciencia en cómo se va acomodando y asimilando la situación, a la par que fomentar el dialogo entre los miembros, así como establecer funciones y actividades, con un enfoque flexible, puesto que la evolución del hijo hará que tengan que ir adaptándose a las necesidades de su hijo.

Una situación especial, en el caso de enfermedad rara o importante discapacidad, es el sentimiento de vergüenza cuando se sale a la calle, al parque, al cine, etc., se piensa que se cuchichea cuando les ven, les señalan o no les dirigen la palabra…. piensen que hay que seguir concienciando a la sociedad sobre “la diferencia es un valor”. Hay que informar con normalidad a las personas de nuestro entorno, incluso con orientaciones de cómo tratarlo. Esto ayudará a la socialización de su hijo y sobre todo a saber relacionarse a las personas de su entorno.

Si el hijo diferente tiene hermanos, es posible que ante la llegada de otro nuevo miembro a la familia, se sientan desatendidos, culpables, manifiestan conductas para llamar la atención, etc. Hay que hablar con ellos de los sentimientos y problemas que les genera la nueva situación y no se sientan culpables por lo que les puedan decir sus hijos. Es importante la escucha, la información sobre lo que le pasa a su hermano, los sentimientos que nos están generando a nosotros mismos. Hay que comunicarles cambios importantes, necesidades y, si es preciso, la necesidad de ayuda y cooperación en las actividades de su hermano, todo ello acorde con su edad.

Cuando el hermano se va haciendo mayor ha de sentir que puede iniciar una vida autónoma, sin que el cuidado de su hermano diferente sea una carga, lo que no implica que los padres puedan contar con su apoyo para situaciones especiales o de emergencia.

Puede provocar sentimientos de rivalidad, el hecho de dedicar más tiempo o ser más tolerante con el otro hermano, por lo que habrá que buscar tiempos para que se planteen las dudas en el cumplimiento de normas y, sean igual de estrictos con todos los hijos. Si por las características del hijo diferente ha de tener unas normas distintas, es preciso explicar al resto de los hermanos las razones.

Se pueden dar situaciones de estrés y angustia en los hermanos, al sentir rechazo ante el diferente. No es conveniente que sobrecarguemos con tareas y responsabilidades que exceden de su edad para cuidar a sus hermanos, es preferible y conveniente utilizar recursos sociocomunitarios y asociativos.

Los hijos han de comunicar a sus amigos lo que le pasa a su hermano de forma privada, sencilla y sincera, seguro que ellos serán un buen apoyo y aliados para evitar las burlas, bromas, etc., teniendo la posibilidad de tener contacto con el hermano.

Los padres han de hablar abiertamente a los hijos sobre sus sentimientos de confusión, miedo, tristeza, ansiedad, etc. Si es preciso apóyense en foros de hermanos, en los se puede compartir los sentimientos ambivalentes y circunstancias similares.

El hijo diferente puede que manifieste un mal comportamiento, por lo que se habrán de acordar las pautas, respuestas, etc., que llevará a cabo el resto de la familia. No podemos olvidar que, en ocasiones, este comportamiento es un medio para transmitir emociones, deseos, sentimientos que le desbordan. Descubrir y analizar el propósito del comportamiento nos ayudará a encauzar las pautas de intervención. No hay que olvidar que los profesionales y especialistas con los que está en contacto han de saber esta información, pues le pueden ayudar con la eliminación de la conducta problema e instaurar conductas alternativas socialmente aceptables.

Una etapa importante es el paso a la adolescencia, por lo que los padres se han de poner de acuerdo con las reglas que seguirán con su hijo. Se han de dirigir hacia la autonomía personal. Si están confusos pueden hablar con otros padres, con especialistas o con profesionales del movimiento asociativo para tener claros los objetivos y la forma de conseguirlos con su hijo.

Los padres han de escuchar al hijo, así como a otros padres y después poner las normas, con decisión, firmeza y apoyándose mutuamente. La familia extensa cumple funciones que cambian en el tiempo, por lo que es importante hablar con ellos sobre los problemas y necesidades que cada uno tiene, evitando comentarios que desvaloricen las circunstancias de los demás. Si lo precisa pida ayuda a profesionales y especialistas.

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