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EL CUARTO PODER HA MUERTO. AHORA, RUIDO EN LA RED

Sin periodismo libre y responsable no hay democracia. De la calidad informativa depende que la gente pueda ejercer su ciudadanía y participar en las decisiones de su gobierno. La dependencia es recíproca: el empeoramiento de la democracia deteriora la información. La crisis económica, acompañada de una brutal reconversión en los medios de comunicación, ha arrinconado la independencia necesaria para ejercer el periodismo. A la precariedad laboral hay que sumar el ruido, muchas veces interesado, de las redes sociales que devoran sin contrastar noticias y titulares. ¿Ha perdido su poder el periodismo?

¿Ha sido el golpe de estado en Turquía, el pasado mes de Julio, el primero abortado gracias a las redes sociales? El tiempo dará respuesta a esta pregunta pero lo que si es cierto es que la primera aparición  que los turcos vieron de su presidente, Tayyip Erdogan, al producirse el levantamiento, fue a través de Facetime, la aplicación de Apple que permite establecer una vÍdeo-conferencia entre móviles Iphone. Erdogan, de vacaciones, no tenía medios para dirigirse al país. La televisión pública estaba ocupada por los golpistas y llamó al programa de la CNN turca que emitía en ese momento. La presentadora acercó un móvil al micrófono y así el presidente hizo su llamamiento a todos los ciudadanos, instándoles a llenar las plazas del país para responder al golpe.  “No hay un poder mayor que el del pueblo”, les dijo.

Gracias a Facebook, Twitter, WhatsApp,… el llamamiento recorrió el país y la gente se echó a la calle.  Impresionaba ver en la noche las luces de millones de móviles tomando videos de las manifestaciones y de los enfrentamientos con los militares golpistas para difundirlos a todo el mundo. Los analistas coinciden en que esa rápida respuesta ciudadana fue la causa fundamental de la intentona. ¿Habría fracasado el golpe si los turcos no hubieran visto a su presidente gracias a Facetime y no hubieran salido a la calle o no lo hubieran hecho de forma inmediata?

No hace mucho tiempo bloquear la televisión y la radio aseguraban el control de los mensajes. Ahora es necesario también bloquear todas las redes de telecomunicaciones porque cada ciudadano con su móvil es emisor y receptor de noticias y todos juntos forman una red casi imposible de silenciar. Es el llamado periodismo 2.0 o periodismo ciudadano  un fenómeno alentado por la democratización de internet, los medios digitales, las redes sociales. Los ciudadanos pueden en primera persona, de forma individual e incluso gratuita, convertirse en canal de difusión de los hechos más actuales. Disponen para ello de herramientas  que antes solo utilizaban los profesionales cómo cámaras de video, grabadoras de audio, programas de montaje, todo en su móvil, lo que les da una gran independencia respecto a los medios de comunicación, editoriales, gabinetes de prensa, encargados, hasta ahora, del filtrado y comunicación de las noticias y de conformar la opinión pública.

Muchos medios convencionales han aprovechado este fenómeno, fomentando la participación ciudadana en sus medios, sobre todo los  digitales. El periódico británico The Guardian comenzó a explotar este modelo de periodismo 2.0 en 2009 cuando anunció el descubrimiento de ciertas anomalías en las cuentas bancarias del entonces primer ministro Tony Blair. Ante la incapacidad del medio para penetrar e interpretar los datos bancarios, pidieron ayuda a sus lectores convocando un concurso bajo el titular The mystery of Tony Blair’s finances. El periódico no sólo estaba admitiendo si no también otorgando, el poder de la información directamente a sus ciudadanos. ¿Quiere esto decir que cualquier ciudadano es ya automáticamente un periodista? ¿Dónde están la investigación contrastada, la valoración, el análisis, la calidad de la información?

Conscientes de su poder,  también los partidos políticos se han subido al carro de este periodismo ciudadano. Podemos, por ejemplo,  encuentra en las redes sociales su medio natural.  El responsable morado de este Área, Eduardo Fernández Rubiño, admite que las redes sociales  han sido condición sine qua non para que exista Podemos: no han sido sólo un altavoz más, sino el medio por el cual han crecido tan rápido. Cuando el líder de Podemos, Pablo Iglesias y el de IU, Alberto Garzón, anunciaron en mayo, en la Puerta del Sol, su pacto para acudir juntos a las elecciones generales del 26 de Junio tan solo necesitaron una aplicación, Facebook Mentions, para emitir en directo el video del acuerdo que protagonizó todas las portadas.

En su edición del 7 de marzo de 2016 el periódico digital OK Diario publicó una investigación sobre como utiliza Podemos las redes sociales y convierte en titular imparable, en hashtag, todo aquello que le interesa. Según este rotativo, uno de los centros neurálgicos de propaganda de Podemos es el canal de Telegram conocido como Guerrilla en el que participan 2.600 guerrilleros que actúan como difusores y catalizadores de la propaganda morada. En Guerrilla, el administrador comparte montajes para difundir en redes, incita a boicotear encuestas y comparte documentos de trabajo en los que se dan indicaciones sobre cómo programar twits en Twitter para que se publiquen a una hora determinada o cómo difundir de forma masiva mensajes directos. En la parte superior de esos documentos hay un aviso que destaca sobre todo lo demás: “No compartir este enlace a personas que no sean equipos de redes sociales de Podemos”.

El canal es unidireccional; es decir, sólo puede enviar mensajes el administrador, por lo que los miembros adheridos se muestran a la espera de que el líder les de instrucciones para actuar.  Según OK Diario desde Telegram se  incitó a los guerrilleros a boicotear las encuestas de los principales medios de comunicación sobre el debate de investidura de la legislatura pasada con el objetivo de que Pablo Iglesias saliese vencedor. Y lo consiguieron: el secretario general de Podemos salió victorioso en la totalidad de las encuestas de todos los diarios nacionales que decidieron lanzar una votación inmediata para lo que utilizan sus medios digitales. Si a través de las redes sociales se puede manipular el resultado de una encuesta, ¿dónde queda el poder del llamado cuarto poder, del Periodismo?

Esta expresión, cuarto poder, se atribuye al orador y político anglo-irlandés del S.XVIII,  Edmund Burke, muy famoso e influyente en su época y podríamos añadir que también perspicaz ya que  cuando utilizó esa expresión la prensa no había logrado, ni siquiera en Inglaterra, el extraordinario poder que alcanzaría más tarde en todos los países libres.  En 1840 Balzac escribió que la prensa era en Francia el cuarto poder del estado, que atacaba a todo el mundo y nadie la atacaba, que pretendía que los políticos y los escritores le pertenecían y no quería reciprocidad. A principios del S.XX en su obra Modern Democracies, el historiador y académico británico Lord Bryce afirmaba que la prensa periódica era la que había hecho posible la democracia en los países grandes.

Tenemos un claro ejemplo de esa afirmación en nuestra historia más reciente, en el papel que los periódicos españoles desempeñaron en nuestra Transición hacia la Democracia. En su libro La Prensa en la Transición española (1966-78), la historiadora Carmen Castro defiende que incluso antes de la muerte de Franco “una parte significativa de la Prensa se batió el cobre para plantear la aspiración de la democracia, proponer las reformas necesarias (elecciones, partidos…) y exponer las opiniones ajenas más significativas, lo que se llamó el Parlamento de papel”. En ese empeño, periodistas y medios se arriesgaron a sufrir las arremetidas del poder, actitud que, según ésta historiadora, fue decisiva para alcanzar la Democracia. No nos podemos olvidar, entre otros, de Cuadernos para el Diálogo, revista plural de reflexión fundada por Ruiz Giménez tras romper con Franco, de quien fue ministro; del diario centrista e intelectual Madrid; del semanario de izquierdas Triunfo; del colectivo democristiano Tácito que escribía en Ya; del innovador Cambio 16, que hizo una encomiable labor en los años bisagra de la Transición, y, ya tras Franco, de las nuevas cabeceras El País y Diario 16

Ese papel de la prensa creó una relación muy especial entre los periodistas y los políticos que anhelaban andar por el mismo camino hacia la democracia. Había una sintonía, un entendimiento reprochados por otros periodistas de democracias añejas, como los estadounidenses, que aseguraban no comprender como los periodistas españoles podían ejercer  bien su papel  de vigilantes de los abusos del poder y de mediadores con la sociedad yendo tantas veces a comer con los políticos. La luna de miel, es cierto, duró lo que tardó nuestra democracia en asentarse y aunque todavía a muchos periodistas les encanta comer y tutearse con los políticos, y viceversa, han sido investigaciones periodísticas las que en los 90 destaparon la corrupción en la última legislatura socialista de Felipe González  y, en nuestros días llevado a las portadas los casos Bárcenas, Gurtel o los ERE de Andalucía  aunque ahora la principal labor investigadora ha sido la de la Policía Judicial, la UCO y los jueces. La aportación de los periodistas, sobre todo, según señala el redactor jefe de investigación de El País, José María Irujo, en su artículo Investigación y cloacas, publicado en el nº 32 de Cuadernos de Periodistas de la APM,  ha sido la de bucear en los informes y sumarios para contar lo que pasa antes de que se celebren los juicios.

Este periodista también enciende las alarmas por el incremento de las filtraciones interesadas. Admite que siempre han existido pero advierte de  que ahora la fuente da al periodista un ultimátum para publicarla bajo la amenaza de si no lo hace pasársela a la competencia lo que apenas da tiempo para contrastarla.

Tampoco podemos olvidar las presiones del poder en los medios. Que haya tensión entre medios e instituciones o partidos políticos es incluso sano. El problema es cuando el director del medio atiende a la llamada del responsable de Comunicación de cualquier ministerio y no las razones de su redactor. Un ejemplo, ocurrido en el 2001, en  pleno auge de la crisis de las vacas locas, en una importante cadena de televisión de nuestro país.  A una periodista se le encargó hacer un reportaje sobre el tema y solicitó una entrevista con el ministro de  Agricultura. El Gabinete de Comunicación le pidió que mandase el cuestionario para que el ministro pudiese prepararse la entrevista. Ésta nunca llegó a realizarse. El director de Prensa del Ministerio llamó al de Informativos del medio, alarmado por las preguntas enviadas y éste, a su vez, llamó al director del programa en el que la periodista trabajaba. A la redactora esa llamada le costó su cargo. Todavía hoy su queja es que nadie, ni el director de Informativos ni el del programa, le pidió el cuestionario para contrastar si era o no periodístico. Y también tenemos todavía pendiente de hacer un estudio sobre el tratamiento informativo en los medios públicos de la marea negra causada por el hundimiento del Prestige, en Galicia, en Noviembre de 2002. Los redactores testigos del chapapote que ennegrecía las playas tenían que limitarse a contar las tareas de limpieza o de los escasos hilillos que se fugaban del casco partido.

¿Cuántos jefes resisten hoy a las presiones externas y dicen adelante a sus redactores? Los medios dependen de ayudas estatales y bancarias; de los anunciantes; de las decisiones gubernamentales a la hora de repartir frecuencias de televisión o de radio. Los medios, además, se compran o ponen en marcha no solo en busca de un beneficio económico sino también de influencia. En las facultades de Periodismo se estudia la figura del todo poderoso editor norteamericano Randolph Hearst como la del magnate que  utiliza sus periódicos para lograr sus objetivos, entre otros declarar la guerra a España en Cuba. Célebre es la frase que dijo a su fotógrafo cuando éste le contó que en la isla estaba todo tranquilo: “Tú dame las imágenes que de la guerra me encargo yo”. No tenemos que irnos tan atrás ni a EEUU para encontrarnos con Jesús Polanco, el fundador del Grupo Prisa, “el hombre más poderoso de la historia de los medios informativos en España en el S.XX y el único ciudadano particular que año tras año superó a los gobernantes más destacados en las listas de los españoles influyentes”, según el obituario que el día de su muerte, en Julio de 2007, Víctor de la Serna escribió en El Mundo, el principal rival  del periódico de Polanco. Se le conocía como Jesús del Gran Poder y se le atribuyen muchas frases, entre otras “en España solo hay dos poderes, el Gobierno y Prisa, y al Gobierno lo ha puesto Prisa”.

La estrecha relación que existe entre democracia y medios de comunicación hace que ambas se desarrollen en dependencia recíproca. Esto significa que el empeoramiento de cualquier elemento perjudica al conjunto, mientras que la mejora de cualquier elemento le beneficia. En este sentido tienen  más relación de lo que nos pueda parecer que, según las últimas encuestas del CIS, los españoles perciban a los políticos como parte del problema y no de la solución y que en el último  informe anual de la profesión periodística la sociedad apenas de un aprobado, un 5’5, a los profesionales. Claro que éstos se catean directamente, un 4’2, en cuanto al grado de independencia en el ejercicio del periodismo. En su libro Sociología del periodismo el sociólogo Brian Mcnair sugiere que la crisis de la democracia es una crisis de la comunicación pública. “El periodismo –defiende- tiene un rol fundamental: dar a la gente información que le ayude a  ejercer su ciudadanía y participar en las decisiones de su gobierno. El periodismo vigila las acciones de los  gobernantes para cerciorarse que ejercen su papel de representantes como es debido”. ¿Utopía? No facilita la independencia periodística la crisis económica que sufrimos, acompañada de una brutal reconversión en los medios de comunicación.

En su tesis doctoral Influencia de la crisis de las empresas periodísticas en la calidad informativa, Sergio J. Valera analiza lo ocurrido en esos medios y sus consecuencias  desde 2008 hasta 2014, un periodo en el que se cerraron 364 medios de comunicación; se eliminaron 11.875 puestos de trabajo informativos y se consolidó la precariedad laboral en las redacciones. Sus conclusiones son terroríficas: la precariedad laboral y el aumento del paro, en definitiva el temor a ser despedido, han nublado la independencia, la ecuanimidad, la creatividad, la originalidad, la perspicacia, la innovación periodística. “Es complicado  hacer buen periodismo –sentencia el periodista- si se piensa antes en proteger el puesto de trabajo y en no alejarse demasiado de la línea editorial de un medio en contra de la verdad”. Los periodistas pierden independencia y el poder político y el financiero ganan terreno. Según el Informe Anual  de la Profesión Periodística el 76´8 % de los 2500 periodistas encuestados declara haber recibido presiones. Y de estos casi un 80% reconoce haber cedido.

“Suena extraño hablar de precariedad informativa en la sociedad de la información – advierte Sergio J. Valera- pero la sobre abundancia informativa en la sociedad 2.0 termina por convertirse en desinformación”. Las noticias, las historias contadas por la prensa, son en la actualidad devoradas por otros medios que tienen la capacidad de multiplicar su audiencia por millones. En internet, en un minuto, se mandan 150 millones de correos electrónicos; 20´8 millones de mensajes de WhatsApp; se visualizan 2´7 millones de videos en Youtube; se hacen 2’4 millones de búsquedas en Google y se envían 347.222 twits. Y todo puede ocurrir en la pantalla de un móvil inteligente. Cerca de un tercio de la población española mira su móvil más de 50 veces al día, sobre todo a primera hora. ¿Qué poder le queda a la prensa ante esa avalancha si ni siquiera se puede garantizar la independencia y por lo tanto la calidad informativa? A peor información, peor servicio social del periodismo. ¿En quién repercute?

Recientemente hemos escuchado a algunos  políticos españoles reclamar “mecanismos de control público” para los medios de comunicación. Al menos para una parte. ¿Para qué parte? Y  pedir que “se garantice un mínimo de medios independientes”. ¿Independientes de quién? Según la clasificación mundial de la Libertad de Prensa 2016, elaborada por Reporteros Sin Fronteras, España ha bajado una posición, del puesto 33º al 34º. Francia 7 puestos, hasta el 44º y el Reino Unido 4, al 38º. “Lamentablemente –declaró el Secretario General de esta organización, Christophe Deloire durante la presentación –  es un hecho notorio que numerosos dirigentes en el mundo han desarrollado una especie de paranoia frente al ejercicio legítimo del periodismo.

El clima general de miedo acarrea un odio creciente al debate y al pluralismo, un bloqueo de los medios de comunicación por parte de gobiernos en plenos excesos autoritarios y liberticidas, así como una influencia creciente de los intereses particulares en la información. Garantizar el derecho de los ciudadanos a una información independiente y fiable es una de las soluciones a los problemas locales y globales que enfrentamos”.

¿Frenaron las redes sociales el golpe de estado en Turquía?  Si así fue el presidente Erdogan debería dar las gracias a estos medios que tanto le repelen y que continuamente ha intentado bloquear para frenar sus críticas. De momento entre las medidas de emergencia  ordenadas por el mandatario turco  figura el cierre de numerosos medios de comunicación.  Todos críticos con él.

DOCUMENTOS CONSULTADOS

Cuadernos de Periodistas nº 32, “La batalla de las Presiones”. Julio 2016

Informe Anual  de la Profesión Periodística 2015 (Asociación de la  Prensa Madrid)

Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2016, Reporteros Sin Fronteras.

OK Diario. 7 de Marzo 2016.

New York Times, 16 de Julio de 2016.

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