ACTUALIDAD ARTÍCULOS

EDUCACIÓN Y BIOGRAFÍAS

Quisiera compartir una reflexión en voz alta provocada por mi experiencia como docente universitaria el curso que acabamos de finalizar. Una narración que agradezco ya de antemano a mis alumnos que son quienes han hecho posible que mi conciencia personal sobre la docencia adquiriera mayor hondura o que parase la atención en otros horizontes.

Decimos que narrar nos constituye, nos hace ser y es la forma que adquiere o va adquiriendo nuestra identidad. A más narración, más conciencia. A mayor conciencia más necesidad de narrar y narrar. A través de estas letras narro sucintamente la experiencia que me han regalado los alumnos y alumnas del Máster de Educación Secundaria, provenientes de muy variadas áreas del conocimiento y jóvenes que luchan por alcanzar un proyecto de vida digno y ser activos profesionalmente. Muchos, a lo largo del Máster, descubren su vocación de educadores y es sencillamente magnífico ser testigo de ello.

Todo surgió en torno a una actividad muy significativa en el desarrollo de la asignatura  Sociedad, Familia, Educación que les impartí: el Diario Reflexivo. Se trata de una técnica o tarea que pretende no sólo recoger lo que aprende el estudiante sino cómo piensa en lo que aprende y cómo lo relaciona con la realidad (la suya, la de los otros, la de sus compañeros de curso, la del mundo cercano y lejano… incluso la de lo que le trasciende).

Es una práctica didáctica basada en la metacognición y también es una excelente estrategia evaluativa.  Ofrece al alumno universitario la oportunidad de involucrarse en una experiencia de autoanálisis de su modo de aprender según lo propuesto en la guía docente de la asignatura, según el clima y contexto de aprendizaje y del estilo docente del profesor. Esta actividad recae fundamentalmente en las competencias en las que incide; en el desarrollo conceptual logrado; en los procesos mentales que se siguen del aprendizaje; en los sentimientos y actitudes experimentadas y en la relación que se establece entre el conocimiento académico y la vida cotidiana.

Presentados la actividad que provocó la experiencia que se narra a continuación y lo que se pretendía con ella, y siguiendo con el género de relato, quisiera describir en síntesis qué me llevó a seleccionarla y a proponerla a los alumnos, y  en qué momento existencial de mi modo de entender y realizar la docencia universitaria se inscribe.

He sufrido una profunda transformación –y sigo en ella- en mi modo de entender la enseñanza universitaria. El tan discutido Plan Bolonia recoge hasta la saciedad un enfoque (algunos hablan de paradigma) que viene de lejos, de la mejor tradición y reflexión pedagógicas: el alumno es el centro del aprendizaje. No estamos hablando del paidocentrismo que tanto hemos criticado a Rousseau, ni tampoco se trata de relegar la aportación del profesor aunque ésta se modifique sustancialmente. Esta visión supone que todo el proceso de enseñanza-aprendizaje pivota, de modo dinámico, en la potencialidad y educabilidad de los alumnos  y de cada alumno. Son ellos quienes deben realizar sus propios itinerarios para alcanzar los resultados de aprendizaje previstos, ante el horizonte de las competencias que los capacitarán a medio o largo plazo. Es el alumno, como se ha dicho,  es el protagonista de su aprendizaje, de su formación. Sin él, no es posible. Aunque aprender y formarse, evidentemente, nunca es ni puede ser una aventura en solitario.

En mi trayectoria personal se ha dado una larga etapa centrada casi exclusivamente en el currículo, en la búsqueda de los mejores métodos, en la reflexión sobre cómo los alumnos construyen el conocimiento.  Un largo camino tejido de aciertos y errores y también fuente de intencionalidades, de innovación y de mucho estudio. No es que todo ello no sea importante, por supuesto que lo es.  No es que la centralidad de la persona del alumno no haya estado presente, que lo ha estado. Pero existe un aprendizaje al que John Biggs1 llama profundo, que disuade a los alumnos del aprendizaje superficial; que incorpora la reflexión y la creatividad y supera la mera información; que conduce a argumentos valorativos y críticos  y que articula la magnífica dialéctica entre teoría y práctica que estaba requiriendo una nueva aproximación por mi parte.

Por asociación con el aprendizaje profundo me estoy refiriendo a una profunda docencia.  Estoy hablando de la enseñanza concebida como un hecho humano, como un encuentro humanizador  y recíproco, muy recíproco aunque sea un tanto asimétrico.

Sabemos que un aula es un microsistema en el que se dan multitud de circunstancias. Es un pequeño mundo. En ella, durante un tiempo, convive un grupo de personas que puede ser un destinatario colectivo y anónimo si no se considera que ese conjunto está entretejido de biografías a modo de urdimbre hecha de interacciones e historias, sueños y dificultades. Tomar conciencia de este hecho marcó mi mirada. Es lo que vengo llamando docencia y biografías, docencia con biografías. En bastantes ocasiones he recordado aquello que Ortega dijo en sus Meditaciones del Quijote: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no salvo a ella no me salvo yo”. Docencia y consciencia de la circunstancia de los alumnos.

Es el momento de volver a la experiencia vivida el curso pasado y a la actividad Diario Reflexivo. Los alumnos consiguieron un resultado no previsto que superó mis expectativas. Me devolvieron de una forma muy intensa, su biografía, su modo personal de aprender.  Cada uno de los párrafos que se siguen a continuación refleja esta afirmación: “Para mí lo más importante es dar cariño. Si damos cariño podemos obtener casi todo. Y digo casi porque, en ocasiones, la vida se ha cebado con algunas historias. El trabajo de los docentes es esto, bajo mi punto de vista y por lo que yo he vivido […] Hay que enseñar, sí. Hay que evaluar, sí. Hay que debatir, sí. Pero teniendo en cuenta que los alumnos son personas. Que tienen sus historias. Que tal vez esa mañana han ido a clase y han dejado a su madre en la cama sin poder moverse. O tal vez sea su cumpleaños y su padre no estará ahí para felicitarle. No son máquinas de aprender. No son juguetes. Tienen condicionantes que les hacen actuar de distintas maneras.[…] Aprender a interpretar la vida es jugar. Tal vez vivir sea jugar. Me niego a pensar que cuando acaba la vida acaba todo…”  (Marta Samper).

“En definitiva, esta asignatura nos ha aportado muchos y complejos conocimientos pero, sobre todo, nos ha transmitido que la educación puede ser algo apasionante; que podemos aportar nuestro granito de arena en ese terreno; que es importante conocer a los alumnos y a sus familias; que el diálogo es un medio fundamental para ir creando entre todos una sociedad más justa donde predominen el intercambio, el amor, el encuentro. Quiero vivir la educación como la mejor herramienta para cambiar la sociedad”. (Teresa Donderis)

“Cuando en la educación no existe vocación, los esfuerzos que se van a destinar a intentar mejorar y preparar las clases, a crecer en los alumnos y alumnas,  a hacerles crecer de manera integrada… Todo ello va a quedar reducido. Pues si no tienen pasión por su trabajo ni tampoco ilusión, las ganas que van a mostrar a la hora de dedicar su tiempo no van a ser  comparables a aquellos que sí reúnen ese tipo de virtud. De hecho, creo que en la educación este aspecto es trascendental. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la educación tiene un papel transformador en la sociedad y, por ende, los docentes deben contribuir a ello. Todas las sociedades deberían reunir no sólo a los profesores y profesoras mejor formados sino a aquellos que verdaderamente se entreguen a la educación. Como decía Poveda, aquellos que profesan amor a la enseñanza.” (Patricia González).

“A pesar de que toda enseñanza precisa encontrar una vertiente práctica con la que dar salida a lo aprendido, consideramos que hay otro plano fundamental al que nos hemos acercado en esta asignatura: la reflexión interna o autorreflexividad que nos permite mirar en nosotros mismos, reconocernos y pensar sobre nuestra propia identidad. De este modo, durante la clase y la elaboración de este Diario reflexivo hemos podido encontrar los nexos entre lo visto en el aula y nuestra propia experiencia de modo que, quizá, otorgamos más importancia a que las sesiones han permitido crear una reflexión sobre nosotros mismos y pensar en aquellas cuestiones que debemos mejorar. Por lo tanto, este trabajo no muestra sólo el proceso de aprendizaje de unos contenidos determinados sino que consideramos que es un reflejo de un proceso de reflexión y crecimiento personal sobre aspectos que nunca antes habíamos analizado con tanta hondura y que, a pesar de estar en el centro de lo que será nuestro papel como docentes, en pocas ocasiones nos han conducido a pensar sobre ellos. […] Como es obvio, no hemos podido ni querido dejar de lado los contenidos, pues estos eran la columna vertebral que soportaba la reflexión, pero hemos no nos hemos centrado únicamente en ellos sino que los hemos empleado como pretexto para desarrollar y argumentar nuestras cavilaciones”. (Antonio García del Río).

Voy concluyendo con una pequeña reflexión personal como docente: en nuestra sociedad de la información y el conocimiento, altamente tecnificada, hay que ayudar a los alumnos a transformar activamente sus conocimientos y a no limitarse a reproducirlos; urge que teoricen sus propias experiencias, que las piensen con contenidos significativos para su formación como personas; que iluminen el lunes y el martes de su vida aumentando cada vez más su comprensión, su mirada compleja, que diría Edgar Morin, la dimensión ética que atraviesa la práctica, en definitiva, su ser humanos y su pertenencia a la humanidad.

Pedro Poveda sabía mucho de eso. Con sus palabras, escritas antes de 19102 y dirigidas a una maestra,  cierro estas letras: “Pon mucho empeño, sí, en ilustrar y enseñar; pero esmérate en educar, mira que esto hace una falta grandísima. Difícil tarea es la de iluminar las inteligencias; pero la empresa de guiar a la voluntad es ardua como ella sola. Hay muchísimas personas que ilustran o pueden ilustrar, más son muy pocas, poquísimas, las que educan o pueden”.

Mantener el diálogo entre docencia y biografías no es ni fácil ni cómodo pero quizás sea uno de los caminos que permitan hoy educar.

Por MARÍA DOLORES VALENCIA GRACIA

BIBLIOGRAFÍA

1. Biggs, J. (2015). Calidad del aprendizaje universitario. (5ª edición). NARCEA S.A. DE EDICIONES: Madrid

2. Poveda, P. Ensayos y Proyectos pedagógicos. Enseñar, pero sobre todo educar. [9], pag. 81. Tomo II Edición Crítica de sus Obras. (2016), NARCEA S.A. DE EDICIONES: Madrid

Comments

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. Más Información

The cookie settings on this website are set to "allow cookies" to give you the best browsing experience possible. If you continue to use this website without changing your cookie settings or you click "Accept" below then you are consenting to this.

Close