ACTUALIDAD OPINIÓN

“LO QUE ARDE”

El 25 de enero, noche de entrega de los premios Goya, algo ardió en el escenario que puso marco a este acontecimiento en una Málaga azotada por la borrasca Gloria. Y ese algo tuvo su primer momento en la figura que llenó el espacio de cine: Benedicta Sánchez, una nueva vida de cine a los 84 años. Una mujer, favorita al Goya en la categoría de actriz revelación, como comentaba Tereixa Constela en una entrevista que le hizo para El País de 22 de enero y que acabó ganándolo.

Su figura, sus palabras llenas de ternura y su grito a la concurrencia “ayúdenme, ayúdenme” para poder pronunciar palabras de gratitud  resonaron con fuerza sobre las tablas.  La energía y la ternura de esta octogenaria que a sus 84 años recibía el premio Revelación nos habla también de las intuiciones de un director, Oliver Laxe, que supo ver en ella algo más que la edad que la envolvía y, de hecho, el Festival de Cannes del pasado año reconoció su valía en el Premio del Jurado en la sección Una cierta mirada.

Sí, necesitamos una cierta mirada para descubrir el genio oculto presente en cada persona, un genio que si la enfermedad no lo ha anulado puede vivir con fuerza, frescura y espontaneidad en la piel tersa o en la piel surcada de arrugas pero plena de interés y experiencia y que solo necesita de alguien que le pueda decir “levántate y anda”.

Cuando en nuestra sociedad, buscamos lugares y espacios donde aparcar a personas que pueden estorbarnos en la responsabilidad del quehacer cotidiano, encontrarnos con figuras como las de este director, Oliver Laxe, que las devuelven a espacios de vida, de arte, son gestos que nos llenan el alma de esperanza y nos impulsan a buscar con otra mirada la vida que espera ser descubierta o reencontrada.

Pero también queremos destacar las características que rodean la vida de Benedicta Sánchez y que la hacen una persona digna de ser descubierta, la primera, por su hija que la llevó al casting que buscaba a una actriz  y, lo segundo, la mirada de Oliver Laxe que vio en ella algo nuevo, como comenta en alguna de sus entrevistas.

La  galardonada con el Premio Revelación  es una mujer luchadora. En busca de nuevas oportunidades viajó muy joven a Brasil y de allí a Holanda, Suiza, Dinamarca, Noruega, Grecia, Londres… y más tarde a Siria, Israel, donde vivió en un kibutz, y no dudó en separarse de su marido cuando las relaciones se rompen y en iniciar otra vida. Fue fotógrafa de bodas, bautizos y comuniones, trabajó en una librería especializada en filosofía y vegetarianismo… y es feliz en una tienda de campaña.

Cuando vuelve a su tierra gallega,  en 1979, cuenta, en la mencionada entrevista, que lo pasó fatal, que fueron los peores años de su existencia, que su familia la veía como una fracasada que había hecho las Américas y  que volvía sin dinero y con una hija… Después fue a Valencia para que su hija estudiara Bellas Artes, hecho que aprovechó para ir a la Universidad de Mayores y disfrutar del sol, aunque después, a la muerte de su hermano, regresó a Lugo para hacerse cargo de su casa… ahora está en los titulares de todos los medios: Una nueva vida de cine a los 84 años.  

Pero no olvidemos la mano tendida de Oliver Laxe un cineasta francés, hijo de padres gallegos, formado en la Universidad Pompeu y Fabra y que comienza su filmografía en Londres donde rueda el cortometraje E as chemineas. Muy comprometido con la realidad social dirige otros cortometrajes en Tánger donde crea el Proyecto Dao Byed, un taller cinematográfico para niños pobres del Magreb y de allí surge su primer largometraje, Todos vos sodes capitáns (2009), con el que ganó el premio FIPRESCI en el Festival Internacional de Cine  de Cannes en el 2010. Más tarde con Mimosas en el 2016 gana el Gran Premio de la Semana de la Crítica  y en el Festival Internacional de Sevilla obtiene el Premio Especial del Jurado por la belleza de la historia que cuenta, por el viaje poético que nos propone entre realidad y espiritualidad y por la fuerza cinematográfica. Laxe, en esta obra, plantea al espectador el sentido de su vida, qué tenemos que hacer y, en esta ocasión, decía que ante el invierno que vivimos “nos morimos de frío” y había que comenzar un camino, un desconocido camino que después se nos descubriera como luz.

En este camino de búsqueda de la luz la ha descubierto en la figura de esta mujer octogenaria. Ambos han tenido una cierta mirada y la luz los ha inundado y en su fuego hemos ardido.

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