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EL CORONAVIRUS Y LA CONFERENCIA SOBRE EL FUTURO DE EUROPA

Hay dos cuestiones que abarcamos en este artículo que están profundamente vinculadas, las derivadas de la pandemia del virus –que deben garantizar la salud de los ciudadanos europeos y frenar el efecto económico y social del mismo– y, por otro lado, la reflexión sobre qué Europa queremos y necesitamos que es el objetivo de la Conferencia sobre el Futuro de Europa que estaba prevista que comenzara el 9 de mayo del 2020 en Dubrovnik (debido a la presidencia croata del Consejo de la Unión Europea). Esta pandemia se produce cuando la UE vivía un momento de relanzamiento desde las elecciones europeas de mayo de 2019 y con una nueva Comisión Europea que estaba aplicando una agenda estratégica audaz presidida por Ursula von der Leyen.

La Conferencia Europea

Los movimientos europeístas venimos defendiendo en los últimos meses la necesidad de la convocatoria de una Conferencia Europea que tenga como objeto profundizar en el proyecto federal europeo y resolver los límites políticos del actual marco constitucional europeo aprovechando el nuevo clima político que se está produciendo con la puesta en marcha del nuevo ciclo político europeo, aunque existen todavía algunos nubarrones. En esta conferencia se trata de escuchar la voz de los ciudadanos y la sociedad civil organizada.

Este nuevo clima político se debe a la confirmación del relanzamiento europeo, ya que se refuerzan las instituciones comunes a partir del nuevo ciclo político 2019-24 con una nueva triple legitimidad: el aumento de la participación en las elecciones europeas que ha alcanzado los niveles de 1994 con el 60% de la participación, debido en gran medida al voto de los jóvenes que lo hacen por primera vez; el gran respaldo a la Comisión Europea de Ursula von der Leyen por parte del Parlamento Europeo el 27 de noviembre de 2019 con el 65% de los votantes y el 60% de la cámara; y al incremento de la percepción positiva de los ciudadanos europeos respecto al proyecto político medido a través del último eurobarómetro de diciembre de 2019 y este apoyo viene incrementándose desde 2016.

Nosotros, el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo (CFEME), mantenemos en la Declaración del CFEME de 20 de enero de 2020 la necesidad y la oportunidad de la Conferencia sobre el Futuro de Europa, ya que, a nuestro juicio, el objetivo de la Conferencia Europea debe ser acercar más Europa a los ciudadanos y los ciudadanos a Europa. Para ello, los ciudadanos identificarán lo que la Unión debe hacer para atender sus demandas efectivas con objeto de hacerla más democrática, eficaz, transparente y más cercana a estos, resolviendo sus aspiraciones cotidianas al tiempo que se refuerza la capacidad de actuación de la Unión en Europa y en el mundo.

La pandemia en Europa y la Unión Europea

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recientemente ha señalado que Europa se ha convertido en el epicentro de la pandemia del Coronavirus. Posiblemente, de momento sea una exageración, pero expresa la percepción mundial sobre Europa. Es interesante que se vea Europa como una unidad. Las decisiones que se están tomando en el seno de la Unión Europea son generalmente convergentes (no así en el Reino Unido que prácticamente han adoptado la decisión contraria de proteger la economía en vez de la salud) las toman los Estados miembros y no la Unión Europea. Esto se debe a que las competencias en sanidad y otras relacionadas con el virus, son exclusivas de los Estados miembros. Sin embargo, frente a un problema como el del virus que no conoce fronteras y que afecta a toda la Unión Europea, hará falta que para parar esta epidemia las decisiones se tomen en común y a la vez en el seno de la Unión Europea. 

Para poder mantener el rumbo del proyecto europeo es necesario establecer algo parecido a un Estado de Alarma Europeo Común expreso o al menos tácito, y equivalente al que se está dando en los Estados miembros. Para poder mantener el rumbo previsto por parte de la Comisión Europea ante este gran temporal que significa el contagio rápido del virus habrá que tomar medidas extraordinarias proporcionales a la gravedad de la situación epidémica, ya que es posiblemente el problema más grave que ha tenido Europa desde el fin de la Guerra mundial y el nacimiento de la construcción europea.

Por ello, la prioridad máxima será garantizar la salud de los ciudadanos europeos utilizando al máximo las competencias comunes, evitando las decisiones unilaterales. Por tanto, tomando decisiones extraordinarias ante un problema extraordinario. Las dos prioridades deben ser garantizar la salud de todos los ciudadanos y frenar las efectos económicos y sociales de esta pandemia. 

Por esto, en estas circunstancias puede que sea el momento de comenzar a valorar la idoneidad de mecanismos de coorganización sanitarios a nivel europeo, sobre todo en gestión de crisis transnacional que afecten a la salud, con una ampliación en las competencia en torno a la salud a nivel europeo que vaya más allá de los mecanismos pre existentes como la tarjeta sanitaria europea y que pasen por una Unión Sanitaria Europea que permitan gestionar crisis como la que estemos viviendo hoy en día a nivel Europeo mediante la solidaridad entre los Estados miembros y sus ciudadanos, con el objetivo primordial de garantizar la salud de los ciudadanos europeos.

En la actualidad, teniendo en cuenta las consecuencias económicas y sociales que tendrá la epidemia y la Unión Europea deberá tomar medidas importantes para frenar los efectos económicos y sociales de la misma. La Unión Europea de momento no ha tomado todas las medidas necesarias y que podría tomar. Lo que hace falta es la ampliación de su capacidad, por ejemplo, ampliando el presupuesto común como lo ha hecho el Parlamento Europeo que defiende el 1,3%, o teniendo en cuenta la propuesta del eurodiputado Jonás Fernández de crear un fondo solidaridad europeo en torno a evitar los efectos social económicos del virus.

¿Por qué la Conferencia?

Nuestro modelo jurídico e institucional es insuficiente para hacer frente a los desafíos que nos acechan, después de 10 años de vigencia del Tratado e Lisboa –en vigor desde diciembre de 2009–, y casi veinte después de que se inicie la reflexión en Laeken en 2001. Además, hay que proponer medidas pensando en una lógica de al menos otros 20 años. Han pasado 13 años desde la última CIG y 17 desde la Convención Europea, y van a pasar posiblemente cinco más hasta que estas reformas terminen en un nuevo tratado y aún habrá que esperar más para que este entre en vigor. De igual modo, el mundo de hoy es diferente al de hace 15 o 20 años. 

Hay que poner los ojos en las próximas dos décadas, ya que, sobre todo, es el momento de los ciudadanos y la sociedad civil organizada. Estos están cada vez más satisfechos de la pertenencia a la Unión Europea como no ocurría desde hacía más de una década. Sin embargo, perciben que el modelo es insuficiente para garantizar sus demandas y aspiran a una mejor gobernanza europea. No obstante, esta insatisfacción es menor que la que tienen las instituciones democráticas de su propio estado.

¿Para qué la Conferencia?

Para poder resolver algunas limitaciones concretas que tiene el actual marco jurídico incluso a nivel constitucional, como puede ser la falta de competencia en migración, en la política social, en el desarrollo de la Unión Bancaria y Fiscal, en la Política Exterior y de Defensa, en Cambio Climático… Todos ellos son problemas que asolan a la sociedad internacional para los que ya no existe una solución unilateral, sino que, se tratan de riesgos globales que requieren una solución multilateral que la Unión Europea ha de defender y liderar. Con ello, se trata de desarrollar el modelo federal que venimos construyendo en los últimos 70 años. 

¿Qué temas debe abordar la Conferencia?

Según nuestra declaración citada anteriormente del 20 de enero de 2020 los grandes temas que debe abordar la Conferencia Europea deben ser, al menos:

ν La mejora de la calidad democrática europea.

ν La recuperación del Modelo Europeo de Sociedad y, por tanto, la ampliación de las competencias en el ámbito de la Política Social.

ν La profundización de la Unión Económica y Monetaria con el desarrollo de la Unión Bancaria y la Unión Fiscal

ν La debilidad de la Política Migratoria, que hasta ahora no se ve respaldada por una competencia de la Unión lo suficientemente consistente

ν El Green Deal para desarrollar un modelo sostenible, que contribuya a dar una respuesta efectiva y ambiciosa al problema actual del cambio climático.

ν El desarrollo de un modelo digital y tecnológico propio inspirado en la ética europea.

ν La política exterior y la defensa para conseguir una Europa más fuerte en el mundo.

ν La educación y cultura europea.

ν Un nuevo método para la Conferencia sobre el Futuro de Europa.

La Unión Europea fue consciente de los límites de su modelo para enfrentarse a las demandas del nuevo siglo, y también se percata de que las reformas a través de las conferencias intergubernamentales son insuficientes, ya que las cuatro que se habían celebrado en 15 años –de 1986 a 2000– no consiguieron transformar suficientemente la Unión. Fue por ello, por lo que en 2001 se redactó la ambiciosa Declaración de Laeken, en la que se establece un nuevo método para la reforma, el de la Convención Europea, en el que no solo participan los representantes de los gobiernos de los Estados miembros, sino también de los parlamentos nacionales y del Parlamento Europeo y la Comisión, entre otros.

Con el anuncio de la convocatoria de la Conferencia Europea posiblemente se inicia un nuevo método que debe ser distinto al innovador método incorporado en la Convención Europea hace ahora 20 años. Entonces, el método consistía en la Convención Europea más Conferencia Intergubernamental. Ahora en el nuevo método habrá que añadir previamente Conferencia Europea. Teniendo en cuenta que el objetivo de la Conferencia debe ser acercar más Europa a los ciudadanos y los ciudadanos a Europa, los ciudadanos deben identificar lo que la Unión debe hacer para atender sus demandas efectivas con objeto de hacerla más democrática, eficaz, transparente y más cercana a estos.

Con este motivo el método de la Conferencia debe resolver la forma en que los ciudadanos y la sociedad civil organizada puedan interactuar directamente con los representantes de las instituciones: Parlamento Europeo, Parlamentos nacionales, Comisión Europea, Consejo, Comités Económicos y Sociales, y de las Regiones e interlocutores sociales. Todo ello con objeto de redactar un proyecto político que después, en su caso, a través de los cauces formales, Convención Europea y Conferencia Intergubernamental (CIG), pudiera traducirse en una reforma de los Tratados de carácter constitucional.

La composición de la Conferencia sobre el Futuro de Europa y la necesidad de la participación de la sociedad civil organizada en pie de igualdad

La Conferencia deberá, por tanto, diferenciarse de la Convención Europea, ya que son dos foros que obedecen a lógicas distintas. La Conferencia debe tener el objetivo de incorporar las demandas efectivas de la sociedad y, por tanto, preparar la decisión hacia el cambio. La Convención Europea deberá transformar esta en una propuesta de reforma jurídica de los Tratados. Sobre esta base, ambos foros tendrán que diferenciarse claramente en su composición. En la Conferencia deberán participar, en pie de igualdad, ciudadanos y sociedad civil además de los representantes de las Instituciones señalados anteriormente. En la Convención Europea, estarán los representantes de las Instituciones tal y como establece el Tratado. Posteriormente, en la CIG participarán los representantes de los Gobiernos. Por tanto, son tres pasos diferentes cuya autonomía debe, a mi juicio, preservarse claramente.

El CFEME considera que la Conferencia que se va a convocar sobre el Futuro de Europa por las tres Instituciones –Parlamento Europeo, Comisión Europea y Consejo de la Unión Europea–, confirmando la propuesta que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció en su investidura del 16 de julio de 2019, tiene una enorme relevancia y es una gran oportunidad para acercar Europa a los ciudadanos y los ciudadanos a Europa. Por ello, deberían establecerse lo antes posible sus objetivos, su composición, su estructura y su funcionamiento.

El CFEME opina que tal y como anunciaba la presidenta en la declaración citada sobre la Conferencia Europea, esta “[…] deberá reunir a los ciudadanos y a las Instituciones Europeas como socios en pie de igualdad […]”. Con ello, afirmamos que en la Conferencia deben participar tanto la representación de las Instituciones europeas como la representación de la sociedad civil organizada.

Entendemos que el CFEME que es una de las secciones del Movimiento Europeo Internacional que, dada su trayectoria histórica desde su creación hace 70 años y su presencia tanto en España como en Europa defendiendo la profundización federal de la misma, debe estar presente singularmente en la Conferencia. En caso de que esto no fuera posible, esta presencia debería garantizarse al menos en las “Ágoras”, tanto de ciudadanos como en las temáticas. Es una de las pocas o la única organización de la sociedad civil española dedicada a la integración europea que tiene representación y sedes en prácticamente todas las Comunidades Autónomas.

El Coronavirus desvela aún más la necesidad de la Conferencia Europea

Esta crisis global exige que la Unión Europa tome medidas extraordinarias, unitarias, coordinadas y rápidas, lo cual no debe llevar a abandonar su objetivo de convocar la Conferencia Europa sobre el Futuro de Europa, con objeto de profundizar en su modelo político que será lo que permita hacer frente a futuras crisis de distinta naturaleza. Sino todo lo contrario, el coronavirus desvela aún más la necesidad de la Conferencia Europea para hacer frente a medio y largo plazo, al menos una década, a los desafíos que se enfrenta Europa.

La crisis del coronavirus que afecta a toda Europa nos desvela lo importante que ha sido la construcción europea, así como la necesidad de su reforzamiento hacia más y mejor Europa. Sin embargo, en estos días se oyen con intensidad manifestaciones tales como “Schengen ha saltado por los aires”, “Europa ha naufragado una vez más” u otra frase “la necesidad de reformar sus fundamentos y por tanto iniciar su refundación”. 

Si bien, algunas primeras medidas de algunos Estados miembros del control de sus fronteras se hicieron unilateral, en los últimos días se está haciendo de forma coordinada y en aplicación de la regulación de Schengen que permite tomar estas medidas en casos como este. La Unión Europea no ha naufragado, sino que durante los últimos 70 años ha sido el proyecto que ha permitido salvar a Europa del naufragio de las dos grandes guerras mundiales permitiendo una paz, prosperidad y distribución de la riqueza como no había habido nunca. Por lo tanto, no se trata de reformar su fundamento y hacer una refundación sino lo que hace falta es dar un paso más y robustecer este proyecto basado en unos valores compartidos.

El coronavirus debiera ser una crisis que permita conseguir dar un paso más en la Federación Europea en construcción. De la misma forma que la segunda guerra mundial fue la que impulsó la Declaración Schuman –que celebramos ahora su 70 aniversario– que anunciaba la necesidad de la puesta en marcha de la primera etapa de la Federación Europea con el nacimiento de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). El coronavirus puede ser la oportunidad de transformar un gran problema con el fortalecimiento del impresionante proyecto de construcción europea en el que convivimos.

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