ARTÍCULOS OPINIÓN

UN CORAZÓN LLENO DE NOMBRES

El día 1 de septiembre, la familia cristiana celebró la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación con la que comenzó el Tiempo de la Creación que finalizará el próximo 4 de octubre. En este espacio, los cristianos del mundo entero renuevan su fe en Dios creador y se unen en la oración y en la tarea por la defensa de la casa común. El tema propuesto ha sido el Jubileo de la Tierra, tiempo sagrado para recordar, regresar, descansar, reparar y alegrarse. 

En ese recuerdo, el papa Francisco pide hacer memoria de la vocación original de la creación con la finalidad de ser y prosperar como comunidad de amor y, por tanto, para conservar la memoria de nuestra existencia interrelacional porque “todo está relacionado y el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (LS, 70).

También lo califica como tiempo para el regreso, para reanudar los lazos rotos con el Creador, con los seres humanos, con el resto de la creación y nos insta a sanar las relaciones dañadas y a pensar de nuevo en los pobres y en los más vulnerables, el momento para dar libertad a los oprimidos y a todos aquellos que están encadenados a las diversas formas de esclavitud moderna, incluida la trata de personas y el trabajo infantil.

Y cómo no recordar en este tiempo a un hombre, Pedro Casaldáliga o Pere Casaldáliga, quien lo dio todo por restaurar las heridas producidas por la injusticia, por la insolidaridad, por la falta de amor, por el afán de poder y dinero. Un hombre para quien su palabra fue denunciadora de injusticias, libertadora para los que sufrían la muerte y persecución de los poderosos. Con su palabra nombró la realidad que escaseaba, el pan; pero también la lucha, el gozo, el llanto, el monótono sol, la noche ciega. Él supo verter la vida en libación de canto, y así describe el vuelo de su palabra: 

“Desnuda al viento mi palabra os llega, Sobre la plaza de la fiesta canto.

Pido que todos entren en la siega./Vengo a espantar las fieras del espanto,/ No creo en la palabra que adultera”.

Y  nos queda su palabra  “tremendamente luminosa, vaso de luz y agua de verdad”, que nos llama a la coherencia entre creer, decir y hacer. Pero ¿quién es este hombre que nos deja estos bellos versos sobre su palabra?

Un obispo español en el Mato Grosso brasileño, Pere Casaldáliga i Pla, máximo exponente de la Teología de la Liberación y férreo defensor de los derechos de los indígenas y campesinos de la Amazonia, en las noticias que los medios nos ofrecían el pasado 8 de agosto sobre su fallecimiento. Nació en Balsareny (Barcelona), a orillas del Llobregat, en 1928. Desde muy niño sintió la vocación religiosa e ingresó en la orden de los Misioneros Cordimarianos-Claretianos. 

Su compromiso misionero en la etapa postconciliar le lleva a Brasil en 1968, donde en 1971 es nombrado obispo de Mato Grosso y allí emprende una gran tarea de promoción humana y desarrollo, de evangelización,  en una tierra dominada por los fazendeiros, terratenientes brasileños que matan y extorsionan para ampliar su poder y riqueza. Trabaja con los indígenas, con los pobladores de aquella tierra para devolverles la dignidad perdida.

Dice González Faus que “sus ideas y línea pastoral, inaugurada con el documento Una iglesia de la Amazonía en conflicto con el latifundio y la marginación social, le presentó ante la Iglesia católica como un teólogo de la liberación”.

Un hombre de Dios, profeta, y al que José Mª Valverde en la presentación de su poesía define como poeta de expresión trilingüe, en la rara calidad que da a su poesía la entrega absoluta a la fe, al amor divino y al prójimo. El poeta dice de sí mismo, en estos versos, la capacidad que tiene su expresión de comunicarse en tres lenguas: catalán castellano y portugués:

“JO, YO, EU

Por tres fuentes me derramo

y no me derramo entero.

El agua más honda y mía

se me está quedando dentro”.

Y, efectivamente, se derramó, entero, sobre esa tierra roja, descalzo, y la tierra roja se empapó del agua viva que lo alimentaba, su honda experiencia de Dios y su radical compromiso social que le llevó a configurar una identidad ante la extrañeza de los que no lo entendían, porque

“Si no sabéis quién soy. Si os desconcierta

la amalgama de amores que cultivo:

una flor para el Che, toda la huerta

para el Dios de Jesús. Si me desvivo

por bendecir una alambrada abierta…

Si tiento a Dios por Nicaragua alerta,

por este Continente aún cautivo.

¡Tenedme por latinoamericano,

tenedme simplemente por cristiano,

si me creéis y no sabéis quién soy!”.

Sí, solamente un cristiano que vive y obra la buena noticia del Evangelio de Jesús que le lleva a “No tener nada./No llevar nada./No poder nada./No pedir nada./Y, de pasada,/no matar nada;/no callar nada”.

Y en su carne Solamente el Evangelio, como una faca afilada./ Y el llanto y la risa en la mirada./Y la mano extendida y apretada./ Y la vida, a caballo dada.

Sí, el Evangelio en la mano como una faca afilada,  llanto y risa en la mirada y… la vida a caballo dada y entregada de cara al río Araguaia.

Y ¿por qué sus versos, su poesía en este tiempo de la Creación? Porque su vida fue cuidado, ternura, contemplación, lucha, eucaristía, pan para los hambrientos,  amor a los más pobres y débiles, poesía. 

Sus huellas nos muestran un camino.

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