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LAS HUELLAS DEL CAMINO

Si es verdad que todos los caminos llevan a Roma no es menos cierto que también llevan a Santiago de Compostela. Basta saber que mil personas llegan diariamente (en años sin pandemia) hasta la tumba del Santo. Muchos se preguntan qué tiene ese Camino (con mayúscula) que siente en sus muchos kilómetros las pisadas de espirituales de distintas religiones, ecologistas, obnubilados, inadaptados, algún maleante –convertido o no– familias, jóvenes, ancianos… Y, sobre todo, con qué brebaje les encanta para que todos, buenos y no tanto, terminen su andadura con ampollas en los pies, sí, pero con una curiosa alegría fruto de su sanación interior. 

Quizás sea éste el milagro del señor Santiago que, si en tiempos de la Reconquista luchaba contra el mal que acosaba a los cristianos, ahora también lucha contra el mal con que la civilización nos maltrata: soledad, falta de sentido, apego a la comodidad y la riqueza, caída en desgracia o en pobreza, etc.

Un camino muy antiguo

Fue a finales del siglo VIII cuando Alfonso II, bisnieto de don Pelayo, mandó edificar iglesia que comenzó a recibir visitantes que no faltaron hasta que en el siglo X se popularizó la peregrinación junto con otros impresionantes lugares sagrados: Roma y Jerusalén. 

La Biblioteca Nacional, aprovechando que el año jubilar de Santiago se alarga un año ya que la pandemia dejó bajo mínimos las peregrinaciones, ha inaugurado una bella exposición titulada Xacobeo. Las huellas del camino, bajo la dirección del profesor Darío Villanueva acompañado de varios expertos en el tema. En las primeras salas, a la vista de varios mapas antiguos y de etapas más recientes, se puede apreciar la importancia de esta ruta que se fue sembrando de ciudades, albergues, hospitales e iglesias para acoger y cuidar a los peregrinos que llegaban desde la vecina Francia o desde la lejanísima Islandia pasando por otros lugares de África y Asia. Un movimiento de personas que se presenta como un germen de la Europa unida y como el gran itinerario cultural europeo, reconocido como tal por el Consejo de Europa. 

De ahí que san Juan Pablo II en su visita a Santiago de Compostela el 9 de noviembre de 1982 animara a Europa: “Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia… Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las. otras religiones y a las genuinas libertades”.

¿A qué llamamos huella?

La exposición se apoya en los significados que recoge el diccionario de la palabra huella: camino, rastro, indicio, señal, impresión profunda. Basándose en estas definiciones, la exposición va mostrando libros antiguos como el Beato de Liébana, siglo VIII, las Cantigas de Santa María o las Partidas de Alfonso X hasta los modernos ya que el Camino ha dado para muchos estudios, novelas, canciones y obras cinematográficas; sirvan de ejemplo: Diario de un mago de Paulo Coelho, 1990, El camino. Un viaje espiritual de Shirley MacLaine, 2000, en donde comparte las experiencias vividas en los 800 kilómetros de peregrinación desde Saint Jean Pied de Port a Santiago de Compostela. En el cine, entre otras muchas producciones, La Vía Láctea de Luis Buñuel o el curioso guion manuscrito de Ramón Otero Pedrayo para un documental sobre el camino de Santiago. 

Las dificultades debidas a la pandemia no han permitido traer objetos que se podrían obtener en abundancia en diferentes lugares de España y de fuera. Por eso, resulta pobre la parte iconográfica y pictórica donde, sin embargo, se puede admirar un magnífico Santiago de Bartolomé Esteban Murillo, 1655, o el de Giovanni Domenico Tiépolo, 1773, o la Aparición de la Virgen del Pilar a Santiago de Vicente López, 1806. 

Para paliarlo, la Biblioteca Nacional ha hecho una buena y abundante selección de libros, documentos, dibujos, grabados, etc. que llenan las mesas y paredes expositoras. Entre los grabados merece una mención especial el bellísimo Santiago Apóstol, patrón de España de Juan Antonio Salvador Carmona, siglo XVI, que publicita la exposición.  Los amantes de la música se recrearán viendo las reproducciones de los instrumentos musicales que aparecen en el pórtico de la Gloria de la catedral. Procedentes de la Fundación Barrié, se exponen un salterio, un laúd, una fíbula y un organistrum.

Los que hablan del Camino 

El recorrido de la exposición va acompañado por unas magníficas fotografías relacionadas con el Camino y con frases de algunos de los muchos autores que se fijaron en el y en otros caminos de la vida, comenzando por los conocidos versos de Antonio Machado que resultan en esta circunstancia tan reales: “Caminante, son tus huellas/el camino y nada más./ Caminante, no hay camino,/ se hace camino al andar”; siguiendo por el Codex Calixtinus: “A continuación, Compostela, la excelente ciudad del Apóstol, repleta de toda suerte de encantos, que guarda los restos mortales de Santiago, por lo que está considerada como la más eminente de las ciudades españolas”; o Dante: “De aquella esfera de la que salió Cristo dejó como cabeza de sus vicarios, vino hacia nosotros otra luz, y mi dama, con gran júbilo, me dijo: “Mira, mira, es el barón por el que se camina hasta Galicia”” o la definición de Goethe que se adelantó a la de san Juan Pablo II: “Europa nació en la peregrinación y la cristiandad es su idioma materno”.

Para terminar, recordemos que el camino de Santiago mereció en 2004 el premio Príncipe de Asturias de la Concordia y que en distintos tramos goza del reconocimiento de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. En palabras del político y diplomático Marcelino Oreja: “Si el Camino fue en un principio una vía espléndida para el cumplimiento de la vida religiosa de Europa, fue también y sigue siendo una enérgica expresión de las raíces comunes europeas, lo mismo que estas piedras graníticas que nos rodean aquí, en Santiago suponen algo así como el sedimento de la historia de Occidente”.  

Al llegar al monte del Gozo los cansados peregrinos veían y siguen viendo las torres, de la catedral. Antes de llegar, al cruzarse con otros andariegos, se saludaban con una expresión hoy casi olvidada: Ultreya, Adelante. Quizás sería bueno retomarla para animarnos en los caminos diarios.

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