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CAMBIOS HISTÓRICOS EN EL SIGLO XXI Y DESARROLLO PERSONAL

La reflexión que a continuación se presenta se propone en el marco de la Psicología del Desarrollo, desde la perspectiva del Ciclo Vital (llamada life-span), perspectiva que surge en los años 80 del siglo XX en el ámbito anglosajón y que ha sido adaptada como mirada hacia los procesos de desarrollo humano en nuestro país por los especialistas. Este nuevo acercamiento (approach), más que una nueva teoría, supone tomar en consideración la idea central de que todo desarrollo es cambio, por tanto, el cambio se da a lo largo de toda la vida, y que en dicho cambio intervienen tres tipos de influencias que se denominan: normativas de edad (NE), normativas históricas (NH) y no normativas (NN).

Frente a una concepción del desarrollo como resultado del trascurrir del tiempo (la edad) en el sujeto, exclusivamente, la perspectiva del Ciclo Vital, explica el desarrollo como consecuencia interactiva de las influencias del paso del tiempo (personal/individual e histórico) y de lo que acontece a los individuos de forma personal y no normativa (no esperado, fuera del tiempo…) en el curso de sus vidas.

Unas palabras acerca de estos tres tipos de influencias: las NE son las que afectan de modo general en las diferentes edades y etapas por las que va trascurriendo la vida de un sujeto (los niños de cinco años son distintos a los adolescentes de 14 años y a los mayores de 70 años), las NH dependen de los cambios históricos que acompañan al trascurrir de las épocas en las que un sujeto se desarrolla (un niño y el tipo de familia  o un adolescente y sus relaciones sociales o un mayor de 70 años del siglo XXI se comportan de forma distinta –normativamente– a los de mitad del siglo XX) y las NN, afectan de forma desigual/azarosa –y en distintos tiempos– a algunos sujetos, modificando los cursos de desarrollo esperado (el fallecimiento de un progenitor en la niñez, la consecución de una beca de estudios en la juventud, un accidente de tráfico con secuelas importantes  en cualquier período de la vida…). Acudiendo a una frase de Jon Lennon y en relación a estas últimas: “La vida es eso que te va sucediendo mientras tú te afanas en hacer otros planes”.

De estos tres tipos de influencias que nos sirven para explicar cómo cambian los seres humanos a lo largo de su vida, en esta reflexión queremos centrarnos en las de tipo histórico-reciente y concretamente en las más importantes por su modo de afectación o impacto en el desarrollo personal a lo largo de las diferentes etapas. El grado de importancia que aquellas poseen va a estar determinado por cómo afecten al desarrollo en sus diferentes etapas y las tareas evolutivas que el sujeto debe construir en su camino a la madurez. Por ello, es importante el conocimiento de dichas tareas basándonos en el punto de vista de E. Erikson que es el autor que mejor ha desarrollado el camino óptimo del curso de la vida a través de sus diferentes etapas evolutivas.

Porque no se trata, en la terminología conceptual de Umberto Eco (1964), de  proponer o incluso defender una visión “apocalíptica“ o “integrada” respecto a los cambios históricos acontecidos y sus consecuencias en el desarrollo, sino, más bien, desde la propia perspectiva evolutiva científica, analizar qué es importante para un desarrollo óptimo y maduro y cómo pueden afectar los principales cambios históricos a las principales tareas de desarrollo avanzando, desde aquí, que no se presenta un panorama unívoco y unidireccional del efecto de los cambios, sino que un mismo cambio histórico (ej. El aumento progresivo de separaciones matrimoniales y los consiguientes cambios en los modelos familiares) puede afectar de diferente forma a los padres/adultos y a su desarrollo personal y, a los hijos/niños o adolescentes, y su desarrollo en los diferentes ámbitos.   

Por otra parte, estos tipos de influencias históricas conforman el llamado macrosistema, que U. Bronfenbrenner sitúa dentro de su teoría del desarrollo como un sistema y conjunto de sistemas que interactúan dialécticamente sobre el sujeto (microsistema, mesosistema, exosistema y macrosistema) y entre ellos, afirmando la idea de que el cambio en uno o más de los elementos del sistema produce cambios en todo el sistema. Es decir, y volviendo a nuestro ejemplo anterior, el aumento de separaciones matrimoniales –posible y facilitado por los cambios legislativos– refleja la mayor autonomía en el desarrollo adulto priorizando el desarrollo individual y el valor de relaciones sanas, libres, basadas en el amor y no en la obligación y el compromiso familiar … y el esfuerzo adaptativo que requiere para los hijos (niños o adolescentes) convivir con dos familias, la distribución de los tiempos, los afectos y las lealtades, las consecuencias académicas, la gestión de emociones, etc.

De ahí la importancia de reflexionar acerca de cómo afectan los principales cambios históricos acontecidos en nuestro país –y en el contexto occidental, en general– al cambio evolutivo.

Principales cambios históricos que pueden afectar al desarrollo

a) La sociedad postmoderna (Elzo,1999)

Lo fragmentado.

Lo relativo/la postverdad.

La diversidad /la igualdad.

Lo subjetivo: nueva subjetividad (Cuerpos tatuados, almas tatuadas, Pérez Fonseca, 2009).

El placer/lo emocional.

La noche.

La belleza (delgadez, formas subjetivas de belleza).

Lo femenino.

b) La tecnología.

c) El globalismo.

d) El laicismo/Espiritualidad.

e) Conciencia ecológica.

f) Cambios en la familia.

g) Cambios en la educación.

h) Aumento de la longevidad.

i) Derechos sobre la vida (principio y fin).   

       

a) En  relación a la posmodernidad, si bien engloba o se relaciona con algunos de los cambios más importantes, tomamos como referencia al sociólogo Elzo quien a finales del siglo XX, señaló una serie de características que influían, a su juicio, fundamentalmente sobre la etapa de la adolescencia, cuya principal tarea es el desarrollo de una identidad clara basada en la exploración de la realidad y el compromiso. Lejos de caer en la obsolescencia con el paso del tiempo, estas características se han instalado en un modo de ver la realidad claramente distinto al de la mitad del siglo XX. Pensamos que la posmodernidad afecta a todas las etapas del ciclo vital y genera una cosmovisión ya aceptada de forma generalizada en nuestra sociedad.

Veamos algunos ejemplos:

Lo fragmentado frente a una visión integral y compleja lleva a los sujetos a contemplar la realidad -en todos sus aspectos– por partes, no como un todo –en el que los elementos de un sistema se ven influidos interactivamente unos por otros–. Así, se puede separar” la actuación en un área de la vida con las actitudes y pensamientos relacionados con ella. Se puede ser pacifista y ostentar conductas violentas de forma acrítica, se compadecen la falta de empatía en la vida cotidiana y el compromiso con causas grandilocuentes a nivel ideológico o político.

Lo relativo/la postverdad. Son realidades en cierto sentido paralelas. No existe la verdad, en cuanto a que todo depende del punto de vista, la mirada (subjetiva) y lo que se afirma puede ser interpretado de diversas formas que, a su vez, pueden cambiar con el tiempo. La mentira deja de ser punible e indeseable para uno mismo incluso, y la verdad deja de ser un valor, llevándose consigo la fidelidad, el compromiso a largo plazo o la palabra dada.

Todo es susceptible de cambio y depende del momento y la circunstancia contextual o individual. Estos cambios afectan directamente a la tarea de la intimidad y al compromiso en la vida adulta, tanto en las relaciones de amor, como en las de amistad y laborales. La necesidad de educar en un pensamiento crítico, lo que viene acentuado por la     cantidad de información recibida y manejada por el sujeto a través de fuentes tan diversas como las que ofrecen las nuevas tecnologías (redes) y, la ausencia de motivación para contrastar dichas fuentes, se convierte en imprescindible ante este cambio de la postmodernidad.        

• La diversidad/la igualdad. Parecería contradictorio unir estos dos conceptos en   uno, sin embargo, suponen un respeto a lo diferente (capacidades de aprendizaje, etnia, género, edades, lengua…) y a la vez defender la igualdad (todos iguales, todos diferentes). Es en el ámbito de la educación reglada, con la aplicación de la LOGSE, donde se defienden presupuestos que ratifican, en teoría, estas dos realidades.

A nivel de planes de estudio, es en los centros universitarios de Formación Inicial de Maestros donde se incorporan más asignaturas centradas en la enseñanza a niños con necesidades especiales (NNE) de todo tipo (motoras, sensoriales, cognitivas…) que las  dedicadas al desarrollo evolutivo y los procesos de aprendizaje en los sujetos que presentan un desarrollo normativo. No es una cuestión banal, ya que a ello se sumarán los cambios lingüísticos acerca de realidades diversas y la afirmación de la igualdad de oportunidades en el  contexto, primero educativo y luego laboral y social. Bien es verdad que la inclusividad ha sido más teórico-legislativa y reguladora que aplicable realmente por la falta de recursos económicos y recortes que acompañaron a la crisis de los años siguientes. Las tareas de autonomía, iniciativa y laboriosidad/competencia, propias de los años de niñez (de 2 a 11 años) son las que se verían más afectadas por estos cambios instalados en la escuela.

Lo subjetivo: nueva subjetividad (Cuerpos tatuados, almas tatuadas Pérez Fonseca, 2009). Otro de los elementos cruciales de la postmodernidad ha sido el predominio del subjetivismo frente a la objetividad. Los criterios de los científicos o de los expertos en un área del conocimiento ya no son la medida de lo que debemos pensar, creer o defender, sino lo que el sujeto, aunque a veces desconocedor, mal informado o inexperto, determina lo que guía la acción. El sujeto se convierte así y bajo el presupuesto de la igualdad en la medida de todas las cosas que, de algún modo, le atañen. Incluso el cuerpo puede modelarse/construirse como propio y único a través de los tatuajes, cada vez más frecuentes y más tempranos, esculpiéndose como únicos y mostrando la subjetividad frente a la objetividad de cuerpos igualados según la naturaleza. La subjetividad posee su máxima expresión, acentuada en la última década, en la autopercepción de la propia identidad, masculina o femenina, desde edades muy tempranas, desde el punto de vista evolutivo en las que no se ha construido  una identidad sexual clara  con las derivas hacia legislaciones de transexualidad y sus consecuencias a corto y largo plazo. La tarea de la identidad se ve afectada de nuevo principalmente en la adolescencia y presentando modelos adultos en los medios de comunicación y en las propias familias.

El placer/lo emocional: frente al valor del esfuerzo, del sacrificio, de la renuncia, e incluso de la necesidad de posponer en el tiempo, la inmediatez y el valor del disfrute, del placer, de lo emocional frente a lo racional, ha teñido las conductas valoradas como las deseables e incluso saludables. Esta concepción postmoderna se visualiza tanto en el ámbito académico como en el del ocio y en  las pautas de vida de los sujetos en las diferentes etapas de la vida, afectando a la identidad, el compromiso y el legado dejado a los descendientes a través del cuidado generativo, propio de la tarea de ser adulto.

La noche: el tiempo diario se ha visto trastocado en la concepción de las horas en que es adecuado reunirse, disfrutar…Es en la noche donde se encuentra la posible diversión o capacidad de establecer relaciones, encontrar espacios y poder consumir bebidas e incluso sustancias en ámbitos preparados ad hoc, para adolescentes, cada vez más jóvenes, y jóvenes, cada vez más mayores. El surgimiento del nuevo período llamado adultez emergente (J.Arnett, 2000) entre los 18 y los 30 años acentúa y consolida las pautas que eran propias de la adolescencia.

La belleza (delgadez, formas subjetivas de belleza): la estética ha pasado a constituirse como el canon de lo deseable, si bien esta estética puede ser muy particular y no responder a cánones más universales. Existen modelos generacionales, como la delgadez y la extrema delgadez con sus consecuencias en las patologías de los trastornos de alimentación que conviven con modelos que manifiestan deseos de particularizar los cuerpos con tatuajes, piercings… que, si bien ya están presentes en la adolescencia cada vez con más frecuencia, van desplazándose hacia la adultez. No cabe duda que en esta área, las redes sociales son las principales inductoras y trasmisoras de estos modelos.

Lo femenino ha impregnado el modo de ver el mundo con matices que han ido cambiando a lo largo del siglo XXI. Las controversias entre estos matices han desencadenado diferentes olas de feminismo y polémicas no siempre resueltas, como las relaciones entre sexos, la elección del sexo/género desde opciones no biológicas sino psicológicas e identitarias, no carentes de simplicidad e incluso de inmadurez, así como la implicación de un lenguaje propio e incluso una cultura de cancelación que incluye a personas, contenidos (literarios, históricos…) y conductas.

Quizá lo más llamativo de estos cambios (expuestos más arriba) sea las contradicciones que entrañan cada uno de ellos, ofreciendo una imagen social de desconcierto y falta de certezas que afectan a la educación, a la familia, y a la sociedad en general. Profundizar en ellos es un reto y una tarea imprescindible para todos.

b) La tecnología: Los cambios tecnológicos que ha experimentado nuestro modo de vivir, de informarnos, de relacionarnos, de trabajar, de tratar enfermedades, son tan importantes que se consideran más que un cambio histórico, una revolución en nuestro desarrollo personal en todas las etapas.

Desde la aparición y uso masivo de los ordenadores hasta el impacto de la Inteligencia Artificial (IA), existe un largo camino de una evolución vertiginosa, que merecerían, por sí mismos, una reflexión aparte y exclusiva en otro contexto. Es importante señalar, que esta revolución tecnológica ha afectado a todas las edades y a todos los ámbitos de la vida: educación, familia, trabajo, relaciones, etc. El uso de pantallas de móvil (smartphone), ordenadores, soportes digitales, han cambiado nuestra forma de informarnos, de comunicarnos y de establecer y fomentar relaciones. Nuestro modo de leer un texto, un periódico, una novela… se ha mostrado como un elemento de cambio en el aprendizaje y en el acceso a la cultura.

Como señala Ferrés en 2020 en su libro Educar en una cultura del espectáculo es necesario sintonizar entre generaciones no sólo en el dial sino en el tipo de frecuencia, utilizando una metáfora radiofónica, y ese dial y esa frecuencia vienen marcados por los medios tecnológicos que han cambiado nuestras vidas. En el envejecimiento, el conocimiento y uso de las nuevas tecnologías se ha convertido en una herramienta imprescindible en las relaciones entre iguales e intergeneracionales, así como en el acceso a los servicios de salud, cívicos y culturales.

c) El globalismo: frente a la globalización, este concepto hace referencia a patrones subyacentes de significado más allá de lo meramente internacional. Si bien la globalización nos acerca con diferentes estructuras y procesos a diferentes contextos geográficos, éste concepto es visto más como una ideología cuya representación social metafórica tendría su máxima expresión en la llamada Agenda 2030. Dicha agenda marca una dirección de toda la humanidad hacia metas económicas compartidas, el desarrollo social y la protección medioambiental a partir de sus 17 objetivos. Aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas, dirige de una forma integral y global hacia metas comunes en todo el planeta. La plasmación de dichos objetivos a través de los medios de comunicación y los núcleos de poder ha influido en una cosmovisión que afecta al desarrollo personal en todas las edades.

d) El laicismo/espiritualidad

Uno de los cambios históricos importantes, si miramos al siglo XX, es el progresivo aumento del laicismo al mismo tiempo que un aumento de la espiritualidad frente a la religiosidad, presente mayoritariamente en la sociedad occidental a mediados del pasado siglo. El laicismo se entiende como una doctrina que defiende la independencia del hombre de la sociedad y, más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o confesión religiosa. Nuestra sociedad democrática se define por tanto, como laica, lo cual deja las creencias y la práctica religiosa en el plano individual. Lo que se constata es que en nuestro contexto español la dimensión individual ha dejado de ser predominante hasta convertirse en minoritaria. La trasmisión de dicha dimensión en las familias y en la educación no pública, así como la trasmisión de imágenes, prácticas, cosmovisión, ritos e incluso ordenación de los tiempos anuales a partir de celebraciones religiosas (Navidad, Semana Santa…) han quedado obsoletas y se han redefinido desde parámetros laicos, vacacionales e incluso esotéricos.

Sin embargo, llama la atención el aumento de la dimensión de la espiritualidad entendida con la sensación de paz, el propósito y sentido de la vida y el trascendentalismo, la unión cósmica con los otros, ha aumentado en el siglo XXI de una manera exponencial. Este aumento se manifiesta fundamentalmente en los adultos y en los mayores, mostrándose un auge de prácticas derivadas de la psicología, o de las neurociencias en general (meditación, yoga, reflexión, autoconocimiento…). Sin embargo, también se constata la pérdida de relación con una dimensión transcendente de la vida, creencia en el más allá y con la conexión posible aunque no necesaria con la creencia en una salvación o en una figura y un mensaje concreto (propio de las religiones monoteístas).

La tarea de la gerotrascendencia (L. Tornstam, 2010), propia de los últimos años de envejecimiento –ancianidad– puede verse impulsada por este aumento de la espiritualidad.

e) Conciencia ecológica: si bien forma parte de uno de los retos propuestos por la agenda 2030, este objetivo se ha incardinado de forma irreversible en el pensamiento dominante incluyendo la educación, los mensajes de los medios de comunicación, la política e incluso el mensaje de la iglesia católica con su encíclica Laudato Si, en el año 2015. El cuidado de la naturaleza, el respeto por el planeta que habitamos, los riesgos de desconocer las consecuencias a largo plazo de conductas cotidianas e incluso la aparición de movimientos con mayor o menor poder de influencia, suponen un cambio histórico que impregna el discurso dominante en nuestra sociedad occidental. Si bien es aceptado por la mayoría como una señal de progreso para el futuro que se construye inevitablemente desde el presente, este cambio de mirada posee un poder que es asumido por los sujetos en cualquiera de sus etapas evolutivas  de forma acrítica pero que queda más en el ideario aceptado que en las conductas cotidianas. Quizás es una de las áreas en que se produce una mayor incoherencia entre pensamiento, actitudes y acción.

Las consecuencias para la tarea de generatividad y su fortaleza, el cuidado, desde esta perspectiva de cambio, amplía el cuidado de las personas a la naturaleza, incorporándolo como legado a las nuevas generaciones, propio de la tarea de generatividad.

f) Cambios en la familia: en conexión con los cambios históricos comentados hasta el momento, a veces causa y a veces consecuencia, los cambios experimentados por la familia suponen un reto para el desarrollo personal en todas las etapas de la vida. Quizá el cambio más evidente se produce en el propio discurso al tener que contemplar el plural al hablar de familias más que de familia. El aumento de separaciones matrimoniales a lo largo del curso de la vida familiar, cuando las parejas son padres/madres, ha dado lugar a núcleos familiares nuevos (familias monoparentales, con hijos de matrimonios distintos, ensambladas, que no son los propios padres biológicos o adoptivos, la convivencia de parejas homosexuales en núcleos familiares estables…) que no son una anécdota en el siglo XXI sino una realidad que tiende a alcanzar, en su conjunto, al número de familias tradicionales y de larga duración.

Las consecuencias en el desarrollo personal de los hijos, principalmente, y de los adultos que han tenido que adaptarse a rutinas insospechadas, que deben afrontar retos nuevos en su desarrollo individual, la distribución de los tiempos, más allá de la conciliación laboral/familiar, entre otras cosas, deberán ser estudiadas con rigor científico y disminuyendo, en lo posible, la carga ideológica de la investigación.

Creemos que negar, como en muchos ámbitos se viene haciendo con demasiada frecuencia, que este drástico cambio histórico no posee influencia alguna para el desarrollo de todos los implicados y en el sistema familiar como tal, es fruto de la ignorancia  y la falta de  rigurosidad científica. Si bien sería faltar a la verdad sostener que no existe investigación al respecto desde la psicología, sociología o psicopatología hay que señalar que las investigaciones resultan muy parciales, reduccionistas y contaminadas, más que en otras áreas de la ciencia, por la ideología de los investigadores, así como faltan estudios de seguimiento, a largo plazo, longitudinales, sobre las consecuencias en el desarrollo.

Otros factores, como la incorporación de pleno derecho de las mujeres casadas y madres al mundo laboral, la influencia del consumismo en las familias como forma de ocio familiar, la presencia de espacios tecnológicos  como, ordenador, televisión, móvil… cada vez más parcializados con las consecuencias en la comunicación familiar, son algunos de los cambios que deben ser estudiados con detalle y que merecen una reflexión más allá de este trabajo de síntesis.

g) Cambios en la educación: en un artículo de 2012 publicado por nosotros sobre Cambios que afectan a la educación: desarrollo y cambios generacionales, en la revista Debates, abordábamos ya esta cuestión en profundidad y en este caso intentaremos sintetizar las principales cuestiones, por su vigencia, 10 años más tarde.

Los datos que nos llevaban a reflexionar acerca de los llamados años escolares propiamente (de 6 a 16 años), básicamente eran tres:

  La ineficacia del aprendizaje (escasos y bajos resultados, comparada con la cantidad de recursos pedagógicos en los últimos 30 años).

El llamado malestar de los docentes, cara oscura de la luna lo llamaba, cada vez más profundo y más amplio, más global y más preocupante, hasta llegar a patologías en la salud mental como el burnout.

Los cambios familiares y sus repercusiones en la educación formal, asumiendo los resultados cada vez más evidentes respecto a la relevancia de la familia como factor mediador entre los esfuerzos realizados en el contexto educativo y los resultados escolares.

Los cambios históricos señalados más arriba  que afectan al alumno/a, a los docentes como adultos y profesionales, se ven modulados por los cambios en el contexto escolar y que, en palabras de Carlos Calvo, autor de la obra imprescindible Del mapa escolar al territorio educativo (2008) y del documental La educación prohibida (2012) con millones de visionados en la red, se señale que “la crisis de la escuela radica en que ésta se ha convertido en una simuladora  de la realidad educacional“ y llegue a proponer la “desescolarización  de la escuela”, para lo cual propone una serie de cambios  imprescindibles que pueden resumirse en dar un valor eutópico a la educación, entendida como  hacer posibles, probables y reales la trasformación de los procesos educativos. La reflexión de este autor, filósofo chileno, propone como cambio educativo, ante los cambios históricos y los resultados de aprendizaje, transformar los procesos educativos.

Tomemos como ejemplo de esta propuesta dos frases de dos personajes ilustres: “Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela“ (G. García Márquez). “Nunca permití que la escuela interfiriera en mi educación” (Mark Twain).

h) Aumento de la longevidad: el incremento paulatino y progresivo de la esperanza de vida en los siglos XX y XXI, supone un cambio histórico que no sólo afecta a los mayores, que vivirán más tiempo, sino a todas las generaciones. Es decir, es un cambio de repercusiones intergeneracionales. Temas como las relaciones padres e hijos adultos, abuelos y nietos, autocuidado y cuidados, aumento de población más mayor viva con enfermedades neurodegenerativas, vivienda, repercusiones económicas, pensiones, suponen un reto para nuestro tiempo con repercusiones en el ámbito del desarrollo personal.

Para las generaciones mayores implica mantener un proyecto de vida que le dé significado a corto, pero también a largo plazo, porque el plazo es cada vez más largo. La vida no se termina con la jubilación, sino que el período de vida probable es cada vez más largo y el proyecto de vida se hace necesario, aunque pueda ser interrumpido con más probabilidades que en otras etapas de la vida. El autocuidado se convierte en un acto de generosidad, no sólo consigo mismo sino con las generaciones que nos siguen y que participarán con mayores posibilidades de nuestros cuidados ante la mayor vulnerabilidad.

i) Derechos sobre la vida (principio y fin): el cambio experimentado por la legislación de los últimos 50 años y acrecentado en los años del siglo XXI acerca de los derechos sobre la vida humana en cuanto a las posibilidades de reproducción asistida (principio) y en relación a la eutanasia, el derecho a un final digno cuando ya la vida deja de ser humana, en un sentido amplio de condiciones cognitivas, emocionales y de relación, es uno de los cambios históricos más relevantes.

El aumento de casos de reproducción asistida, cuando no es posible a partir de una unión biológica natural fruto de la unión de hombres y mujeres ha hecho que muchas parejas hayan podido cumplir su deseo de ser padres con éxito. Al mismo tiempo, el derecho a planificar la paternidad/maternidad con la interrupción de embarazos (aborto) en tiempos y plazos determinados por la ley, por tanto de una forma legal, uniéndolo a la categoría de derecho de las mujeres, convive con el aumento de la reproducción asistida por medios cada vez más avanzados tecnológicamente y más sofisticados.

Ambas realidades, aunque aparentemente contradictorias, tienen una raíz común de cambio histórico: el derecho individual de planificar en un sentido o en otro un deseo, la construcción de un proyecto asimismo individual. Ese es el cambio histórico que nos importa por sus repercusiones en el desarrollo personal. La cuestión es enormemente compleja y supera el espacio de reflexión en el que nos encontramos, sin embargo, es un elemento que no se puede soslayar como punto de inflexión en el desarrollo personal. Por otra parte, toda la discusión, basada en criterios biomédicos y bioéticos, acerca de cómo actuar con la vida al final de la misma, adelantando o esperando la transición del morir cuando las circunstancias se valoren como desesperadas e inútiles, ayudando a hacer el tránsito de forma programada, pone en cuestión los grandes avances acerca de los cuidados paliativos y la eficacia de fármacos que disminuyen y alivian el sufrimiento en las últimas etapas de la vida.

La reflexión sobre la autonomía legislativa y el cambio progresivo, que impregna como lluvia fina, de modos de pensar acerca del control sobre la vida en sus comienzos y en su final, requieren una reflexión profunda para la psicología del desarrollo humano.

LAS TAREAS DEL DESARROLLO HUMANO EN LA VIDA

Todos los cambios descritos hasta aquí requieren, a nuestro juicio, una mirada desde las tareas hacia la madurez desde la psicología del desarrollo, y estas tareas han sido abordadas de forma magistral por el psicólogo alemán Erik Erikson (1902-1994) con su Ciclo de la vida completado (publicado en 2000 de forma póstuma), como resumen de su teoría. Creemos que esa mirada puede poner el foco sobre los cambios descritos y ayudarnos a entender sus posibles consecuencias. En todo caso, la cuestión de hacia dónde nos llevan dichos cambios queda abierta a la investigación longitudinal de seguimiento a través del tiempo y desde un marco de estudio sistémico desde el que es posible integrar dialécticamente, cómo unos cambios macro pueden influir y verse influidos por cambios en los diferentes sistemas que explican el desarrollo (microsistemas, mesosistemas, exosistemas y cronosistemas) desde la lúcida perspectiva del psicólogo ruso (1917-2005) Uri Bronfenbrenner  en su Teoría sobre la ecología del desarrollo humano, publicada ya en los años 70, quien defiende que cuando cambia un sistema, todos los demás se ven modificados, de ahí la importancia de los cambios históricos sobre el desarrollo humano.

CONCLUSIÓN (ABIERTA)

Según E. Erikson, el desarrollo socioemocional transcurre por ocho etapas, a las que al final de su vida añadirá una novena, basado en los siguientes principios:

– Cada etapa se caracteriza por un conflicto psicosocial (crisis como encrucijada) que se resuelve de forma acumulativa.

La resolución de un conflicto (propio de la etapa) es crítica, si bien puede resolverse en etapas posteriores. Por tanto, no defiende una visión determinista e irreversible del desarrollo.

La resolución positiva da lugar a una virtud o fortaleza para avanzar en el desarrollo, mientras que la resolución negativa o no resolución conlleva una debilidad.

Este camino hacia la madurez psicológica transcurre a través de las siguientes etapas que, por exceder de los límites del presente artículo, pueden ser revisadas por el lector/a en su breve e imprescindible obra última El ciclo de vida completado del año 2000.

Estas etapas son descritas como:

Confianza vs. Desconfianza (0-2 años)

Autonomía vs. Vergüenza (2-4 años)

Iniciativa vs. Culpa (4-6 años)

Laboriosidad/Competencia vs. Inferioridad (6 -12 años)

Identidad vs. Difusión de rol (12-18 años)

Intimidad vs. Aislamiento (18-40 años)

Generatividad vs. Estancamiento (40-60 años)

Integridad vs Desesperación (60 a 80 años).

(*)Gerotranscendencia vs. Estancamiento materialista (80 años en adelante: ancianidad).

(*)Añadida en los últimos años de su vida como reflexión acerca de su propia existencia y desarrollada por el sociólogo Tornstam (2010).

La interacción de las características de cada una de las etapas y la repercusión de los cambios históricos revisados en esta reflexión nos puede dar luz acerca de cómo algunos de los cambios históricos descritos más arriba pueden influir en su desarrollo y resolución (positiva o negativa).

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