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TENEMOS NUESTROS MÉTODOS, KISSINGER ENTRE CONTRADICCIONES, ÉXITOS Y DESASTRES

Mucho antes de que los memes fueran populares, se hizo viral en Estados Unidos un meme de Henry Kissinger, probablemente el político más influyente del siglo XX e incluso de parte del siglo XXI. Imitando su acento alemán, la voz profunda y gutural de Kissinger decía: “Bi have our bays” (“We have our ways”, tenemos nuestros métodos). Se refería, naturalmente, a las distintas maneras en que la política estadounidense ponía presión o en su lugar, ejercía violencia para asegurar bien el equilibrio internacional o los intereses americanos. El meme, en su humor y sencillez, parece resumir toda la carrera política de Kissinger. Tenemos nuestros métodos. Pero no es tan sencillo como eso. Fueron métodos tan complejos como la propia personalidad de su protagonista.

Nacido en Furth, Alemania, Kissinger fue Secretario de Estado durante los mandatos de Nixon y Ford. No influyó sólo en Estados Unidos, sino en prácticamente todo el mundo. Los métodos de Kissinger han sido objeto de infinidad de páginas de controversia. ¿Era Kissinger un político de primera clase o un ser frío, amoral e indiferente al sufrimiento humano con tal de conseguir sus objetivos? Posiblemente algo de las dos cosas. En lo personal, era tímido, pero con un enorme sentido del humor y se comunicaba cálidamente con los amigos. Para los más distantes, podría aparecer como frío y calculador. Lo indudable es que es la figura que mayor impacto ha tenido en la vida de prácticamente todos los países y continentes.

Fuerte e inflexible en muchas ocasiones, se reconoce universalmente su capacidad de negociación, particularmente en las relaciones entre Estados Unidos y China, o la política de detente con la Unión Soviética. Era un hombre complejo y de contradicciones. Superdotado intelectualmente y con una enorme confianza en sí mismo, podía a veces ser presa de tremendas inseguridades, en particular en sus relaciones con Nixon.

Comprometido con procesos de paz, no tenía dudas en aplicar la más terrible violencia cuando le parecía que los intereses de Estados Unidos y el equilibrio mundial así lo requerían. Decía: “El pragmatismo y el realismo en la política exterior lleva a preferir soluciones concretas; el rechazo del dogmatismo inclina a los políticos a posponer el compromiso hasta que tienen todos los hechos, pero para ese momento, la crisis se ha desarrollado o la oportunidad ha pasado ya, y es demasiado tarde. Por tanto, nuestra política se inclina a lidiar con los casos de emergencia”. Y, casi se podría decir que Kissinger comulgaba con el dicho de Goethe: “Prefiero la injusticia al desorden”.

Pero tal realismo y pragmatismo, para muchos críticos equivale a esquivar las cuestiones morales más difíciles, como los bombardeos de Camboya y Vietnam, la intervención de apoyo a regímenes dictatoriales en Argentina y Chile o en Indonesia, o las presiones en el Sáhara y Marruecos. Según Kissinger, la seguridad es prioritaria y la justicia requiere orden… aunque sea a costa de muchas vidas humanas. Y en la mente de muchos, sigue siendo un técnico del poder frío y sin miramientos. Asegurar la supervivencia de un país a veces parece no dejar espacio para la moralidad personal. Kissinger estaba a menudo en la cuerda floja entre los liberales que preferían ceder a negociar, y los conservadores, que pensaban que las negociaciones con China o la Unión Soviética eran lo mismo que rendirse al comunismo. Y nadie más lejos que Kissinger de rendirse al comunismo que combatió con todas sus fuerzas a través de negociaciones o de violencia bruta. Aseguraba, además, que la doctrina de la “responsabilidad de proteger”, que dice que el estado renuncia a su derecho soberano de no interferencia si deja de proteger a una población de atrocidades masivas, a la larga podría desestabilizar el sistema internacional. Pero también sabía que el sistema internacional está influenciado por otros factores y que la política internacional, la economía global, el medio ambiente y el cambio tecnológico, también influyen.

¿Tanto poder?

En Estados Unidos no puede ser presidente quien no haya nacido físicamente en Estados Unidos. Henry Kissinger, nacido en Bavaria, Alemania, de familia judía que escapó del nazismo, evidentemente no podía ser presidente. Pero sí que, como Secretario de Estado, podría tener casi tanta o más influencia que el Presidente de los Estados Unidos. A veces con sus superiores, y a veces a pesar de ellos, Kissinger persiguió un objetivo central: asegurar el equilibrio internacional salvaguardando los intereses estadounidenses e impidiendo el avance del comunismo. Pero también supo negociar con países comunistas, como China, con fines tanto políticos, como económicos. Los resultados fueron una mezcla de luces y sombras, éxitos y desastres.

Entre lo más aplaudido de su controvertida política, está el establecimiento de relaciones con China, la distensión con la Unión Soviética y las negociaciones con Israel y el Oriente Medio. Kissinger ganó el Premio Nobel de la Paz por las negociaciones de Paz con Le Duc Tho, el Vietnam del Norte. Pero no se llegó a una decisión final con “honor y paz” como había prometido Nixon en la campaña electoral de 1968. Le Duc Tho renunció al premio, mientras que Kissinger lo aceptó con una pretendida humildad.

Con motivo de la Guerra de Yom Kippur, con el ataque de Siria y Egipto a Israel, Kissinger actuó en contra de las órdenes de Nixon, que consideraba que no podía ponerse a favor de Israel y poner en peligro así la relación con la Unión Soviética. Kissinger envió ayuda a Israel desencadenando la crisis del petróleo de 1973, pero más tarde, por medio de una serie de negociaciones, y la creación del Plan de Desarrollo de Energías Alternativas, puso a su favor a la comunidad internacional, logró el fin del bloqueo del petróleo y negoció con Egipto para poner fin a la guerra. 

En el lado de las luces también, Kissinger negoció el acercamiento con China, no por razones políticas o ideológicas, sino más bien por razones económicas. Como había asegurado Nixon, lo que le interesaba a China, por encima de cualquier cosa, era la economía. Kissinger vio la gran oportunidad de una futura inversión para Estados Unidos; además, también determinó que su acercamiento con China, rival de la Unión Soviética, sería un muy eficiente mecanismo de presión.

Bajo la dirección de Kissinger, el Gobierno de Estados Unidos apoyó a Pakistán en la Guerra de liberación de Bangladés en 1971. Kissinger estaba particularmente preocupado acerca de la expansión soviética en Asia meridional, como resultado del Tratado de Amistad, recientemente firmado por la India y la URSS, por lo cual trató de demostrar a China (aliado de Pakistán y enemigo tanto de la India como de la Unión Soviética) el valor de una alianza táctica con Estados Unidos.

Kissinger fue, además, pionero en la política de distensión con la Unión Soviética, que buscaba una reducción de las tensiones entre las dos superpotencias. Como parte de esta estrategia, llevó a cabo el tratado SALT-I, de limitación de armas estratégicas, además de un tratado sobre misiles antibalísticos.

El día en que Franco dijo no a Kissinger

En su afán por impedir el avance del comunismo, durante la administración del presidente Ford, Kissinger trató de convencer a Franco para que abriera el paso de fuerzas militares americanas desde España a Portugal durante la Revolución de los Claveles en 1975. Pedro Fernández Barbadillo asegura en un artículo de 2023 en La Gaceta, que Franco dijo que “él era gallego y que de ninguna manera iba a intervenir en el país vecino. El propio pueblo portugués haría lo posible para que la situación evolucionase favorablemente”. Hasta el momento, a Kissinger no le habían interesado demasiado los asuntos del Sáhara Occidental, y a raíz de una conversación con Pedro Cortina, ministro español de Asuntos Exteriores surge el tema y Kissinger asegura que o les interesa en absoluto. Y sin embargo, durante 1975, Estados Unidos continúa la venta de armas a Marruecos. Para tranquilizar a los españoles, Kissinger les entrega información sobre el material vendido. En este tiempo, la posición estadounidense es ambigua y confusa.

Pero para octubre, Kissinger mantiene una conversación con el embajador marroquí en Washington, quien le asegura que España está permitiendo a Argelia armar al frente Polisario, y entonces Kissinger asegura a Marruecos que Estados Unidos trata de persuadir a españoles y marroquíes de alcanzar un acuerdo en el marco de las Naciones Unidas, mientras que Argel se indigna por la posibilidad de un acuerdo bilateral.

Kissinger trata de negociar entre los países amigos de USA, pero no impide la Marcha Verde, que cruza la frontera con el Sáhara el día 6 de noviembre. En realidad, no le interesaba el Sáhara en absoluto, y lo único que pretendía era mantener una buena relación con Marruecos y no disgustar excesivamente a España. Eso, y las ramificaciones económicas que podría tener.

La CIA estaba al corriente de la actividad militar marroquí. A pesar de la escalada bélica y el derramamiento de sangre, Kissinger quedó satisfecho con el desenlace final y la retirada de España. Pero tras tal retirada, Estados Unidos empezó a apoyar activamente a Marruecos con inteligencia y venta de armas. La guerra del Sáhara supuso una importante fuente de ingresos para los estadounidenses. Los efectos de todas estas acciones, a pesar de las supuestas buenas relaciones entre España y Marruecos, y entre España y Argelia, aun se notan y en la actualidad y  están teniendo consecuencias serias para España.

¿Sería la situación mundial actual distinta si Kissinger estuviera aquí hoy?

Posiblemente no. La historia reciente y el efecto Kissinger, aun tienen secuelas en la política mundial. Sin embargo, es posible quizá imaginar un escenario distinto en la presente guerra entre Ucrania y Rusia, y en la situación del Oriente Medio. Hoy día, Kissinger seguiría muy posiblemente caminos de presión (o violencia) para concluir el conflicto. Seguiría con sus métodos, sus “beys”… ¿Con qué resultados? Pues posiblemente con la contradictoria mezcla de siempre, con éxitos y estrepitosos fracasos o críticas. Entre lo pragmático y lo amoral.

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