EN PORTADA

AMOR, MATRIMONIO Y CAMBIOS CULTURALES

La vida siempre es una historia de amor… o desamor” (R. Sternberg, 1999).

Los seres humanos, desde el nacimiento hasta la muerte, vamos construyendo relaciones y desempeñando tareas que nos hacen crecer y desarrollarnos, madurando a lo largo de nuestra vida.

Ortega y Gasset, en 1930 definió al ser humano, no como un ser biológico, sino como un ser biográfico. Somos el resultado de nuestras experiencias vitales y ellas (como circunstancia) forman parte de nuestro YO.

E. Erikson (2000) define las tareas propias de cada etapa de la vida y sitúa la intimidad como propia de la juventud y paso posterior a la construcción de la identidad específica de la etapa de la adolescencia. La unión, no difusión, de dos identidades en una construida por dos seres humanos en su paso a la edad adulta, constituye la intimidad cuya virtud, en el sentido psicológico, es el amor.

R. Sternberg en su libro El triángulo del amor (1989), en su llamada teoría triangular expone los tres componentes que, en mayor o menor medida, están presentes en los distintos tipos de la relación que llamamos amor. Estos tres componentes los denomina: intimidad, pasión y compromiso.

La intimidad es entendida como aquellos sentimientos dentro de una relación que promueven el acercamiento, el vínculo, la conexión y el autodescubrimiento mutuo. Implica el deseo de dar, recibir, compartir, etc.

La pasión es definida como un estado intenso de unión total con el otro, como expresión de deseos y necesidades, deseo sexual o romántico acompañado de excitación psicológica.

El compromiso implica la decisión de amar a otra persona y la decisión libre y el compromiso por mantener ese amor. Implica la decisión de mantener la relación, a pesar de los cambios, las dificultades, y cuidar el vínculo en los buenos y malos momentos.

Estos tres componentes están presentes, en mayor o menor medida en las diferentes relaciones de amor y cambian a lo largo de la relación, siendo la intimidad la más poderosa argamasa en la fortaleza de la relación a lo largo de la vida, en la línea de Erikson acerca de la virtud propia de la juventud adulta para construir unas relaciones maduras entre dos adultos. Una relación de amor conlleva un compromiso que se va gestando a lo largo de la misma y que implica el deseo de perdurabilidad y fidelidad.

Cambios culturales

Las relaciones de amor, a partir de los cambios originados desde finales de los años 60 y acentuados por la sociedad moderna, postmoderna y el triunfo de la llamada cultura WOKE y los consiguientes cambios en la concepción de la pareja y el matrimonio como manifestación del compromiso con el componente de perdurabilidad (el para siempre) han cambiado las concepciones del desarrollo de las relaciones de amor que desembocaban, con el paso de un tiempo más o menos largo, en el compromiso matrimonial.

A modo de síntesis, dada la complejidad del tema que abordamos en este apunte para la reflexión, uno de los hechos lo constituye el aumento espectacular de rupturas, en forma de separación o divorcio. Los datos apuntan a que algo más del 50% de matrimonios que acaba separándose, en España, algo más de un tercio, lo hace antes de los 20 años de casados y la quinta parte en los primeros 10 años.

Asimismo, estos datos señalan que la gran mayoría de los que se separan tienen entre 40 y 59 años, tendiendo en los últimos años a un aumento de la edad media con la aparición de los llamados divorcios grises, donde uno de los miembros de la pareja o ambos se encuentra en los sesenta años o más.

La pregunta es necesariamente qué elementos podrían ayudarnos a explicar las causas de este aumento tan llamativo en la sociedad española y occidental, en general, llegando a normativizar  la situación y sus implicaciones familiares, fundamentalmente en el caso de los hijos habidos, si los hay, en el matrimonio.

La ampliación del curso de la vida por el aumento de la longevidad. En 2023, la cifra alcanza en las mujeres a 86,34 años y en los varones a 81,11, en nuestro país. Si comparamos con los años 70 del siglo pasado los datos se encontraban en 74,87 y 70,14, respectivamente para ambos sexos. Ello supone que la perspectiva sobre el propio curso de vida permite pensar en opciones de vida posibles y cambiantes unido a la mayor salud de los adultos mayores, una concepción más integral de la salud y el surgimiento de nuevas transiciones emergentes en el período de envejecimiento. La asimilación de la relevancia de una construcción de la identidad más allá de las opciones tomadas en la juventud, así como de la posibilidad de seguir construyendo proyectos individuales a lo largo de la vida como forma de desarrollo personal, incluyendo la relación de pareja, añaden elementos relevantes a la posibilidad de cambio a lo largo de toda la vida.

A pesar de que la edad para contraer matrimonio o cohabitación como alternativa de compromiso se ha retrasado considerablemente (33 y 35 años respectivamente   frente a los años 70 en que el 85% de los hombres y el 90% de las mujeres se casaban antes de los 30 años), la posibilidad de vivir dos relaciones a lo largo del curso de la vida se vislumbra como la más posible de las opciones frente al matrimonio de larga duración (a veces desde la adolescencia hasta la ancianidad) cuyas características y evolución de sus componentes (intimidad, pasión y compromiso) fueron estudiados por nosotros (García Mendiola y Serra) en la Tesis Doctoral de 2019: Las relaciones de amor en parejas de media y larga duración.

La generalización del uso de anticonceptivos para controlar la reproducción no deseada   a finales de los años 60 en el mundo occidental, fundamentalmente los anticonceptivos orales, permite y generaliza la separación entre sexualidad y reproducción. Esta generalización va aumentando hasta normalizarse no sólo dentro de las relaciones estables, matrimonio, sino también, entre los matrimonios católicos como forma de control de la reproducción y desarrollo de una paternidad responsable. La encíclica escrita por el Papa Pablo VI en 1968 sobre dicha realidad (Humanae Vitae) no llegó a contrarrestar la moral de una sociedad que, aunque católica y practicante, ya estaba dando muestra de una independencia de criterio más basado en la conciencia individual y, era acompañada por muchos sacerdotes postconciliares y menos tradicionales en la aplicación de la moral, la liturgia. Solo algunos grupos católicos ortodoxos y tradicionales asumieron el mensaje oficial de la Iglesia y constituyeron familias numerosas salvaguardadas de las influencias laicas y de apertura moral, en materia sexual dominante, en una sociedad que iba haciéndose de forma cada vez más visible, más laicista e independiente de las normas oficiales derivadas del Vaticano.

Entre otros muchos cambios que provocó este hecho biomédico en la sociedad dentro y fuera del matrimonio, se encuentra la separación entre intimidad, compromiso y pasión, generalizándose, normalizándose y ampliándose hasta nuestros días las relaciones sexuales prematrimoniales, las uniones esporádicas sin compromiso alguno y, la convivencia prematrimonial como formas alternativas al matrimonio tradicional.

Respecto a los ritos o ceremonias matrimoniales, en 2021, de las 148.588 bodas celebradas, sólo el 16,8% (unas 25.000) se celebraron con rito religioso católico, y como expresión de un Sacramento permanente e indisoluble es decir, para toda la vida (Religión Digital, 2025). A este descenso respecto al rito y celebración del sacramento hay que añadir el aumento de la relación entre parejas que contraen matrimonio civil. De  2013 a 2022 se ha producido un aumento de matrimonios civiles por año (unos 38.000) frente al descenso de los religiosos  (unos 15.000 por año) unido al número de parejas que cohabitan, no sólo como forma de convivencia previa al matrimonio, sino como forma alternativa permanente de relación, siendo esta última alternativa, la menos elegida en parejas jóvenes.

La sociedad postmoderna y las relaciones de amor al final del siglo XX y en el siglo XXI han sido analizadas magistralmente por la socióloga Eva Illouz en su primer libro Por qué duele el amor  de 2018 y en su bibliografía posterior, haciendo hincapié en la visión del  amor y las relaciones de pareja como si se tratara de objeto de consumo y basado en la elección de pareja y en el mantenimiento de las relaciones de amor en imágenes cinematográficas y publicitarias, de tal modo que el romanticismo y las imágenes sobre parejas felices del cine y de la publicidad y el consumo, trasmiten  de forma subliminal la idea de que la felicidad es el núcleo del amor y su ausencia, o la no convergencia con dichas imágenes románticas, es la razón (emocional, paradójicamente) para romper y acabar  con las relaciones a lo largo de la vida.

La implantación de la ideología WOKE y sus repercusiones en la percepción del amor en el siglo XXI. (Este apartado constituiría por sí mismo una revisión de la literatura exhaustiva y superaría estas reflexiones).

Con el pasado del verbo despertar en inglés y asimilándolo a concienciarse especialmente frente al racismo y ampliándose progresivamente a las minorías, especialmente en razón del sexo/género y la orientación sexual (LGTBI), se aplica una forma de ideología, asimilable a progresista de izquierdas, que traspasa los medios de comunicación y los medios audiovisuales en los últimos diez años, cambiando y normalizando una serie de estereotipos, un lenguaje inclusivo y que, con un afán revisionista del pasado y del presente en todos los ámbitos da lugar a la llamada política de cancelación que  afecta a todos los campos científicos, históricos, literarios…y de la vida cotidiana.

Lo que nos interesa aquí, y con el peligro de simplificar, es cómo esta ideología ha impregnado los mensajes a través de los medios audiovisuales más utilizados en estos años, las llamadas plataformas en  streaming que son consumidas por millones de usuarios de todas las edades y que han desplazado a la televisión como factor de influencia y opinión.

Es a través de los guiones, los protagonistas, el lenguaje empleado  por estos y los estereotipos utilizados, no de forma ingenua,  por los que  se trasmiten valores alternativos a los tradicionales en las figuras de los varones heterosexuales,  la inclusión de protagonistas con orientación homosexual, las diferentes formas de matrimonio y tipos de familia y la normalización, de nuevo, de pautas de comportamiento sexual desligadas de los componentes de intimidad  previos,  así como la ausencia de cualquier tipo de compromiso, ausencia ligada a la desvalorización de la fidelidad  como manifestación de la voluntad de seguir unidos a lo largo del tiempo.

Esta ideología es trasmitida, de forma subliminal, a través de las series para adultos y de las películas, a veces actualizaciones de cuentos clásicos, para los consumidores niños/as de dichos contenidos.

Para esta trasmisión de ideología se utilizan, y no se repara en recursos, pues se trata de grandes multinacionales muy poderosas y conectadas económicamente entre sí, tanto el dibujo como el lenguaje, las conductas cotidianas…y los guiones de calidad que son la base de los contenidos más consumidos. A partir de estos cuatro elementos de cambio que afectan a las relaciones de amor, la visión del matrimonio, los enlaces perdidos entre amor y matrimonio, la escisión entre los distintos componentes del amor biográfico, el cambio en la perdurabilidad de las relaciones de pareja  unido al aumento del laicismo como forma de vida en Europa y en la sociedad occidental, que afecta a los modelos de conducta, formas de vida, decisiones vitales y a la familia como proyecto y eje vertebrador  lo largo de la vida.

El cambio que nos presenta esa perspectiva afecta no sólo a los no creyentes sino a los que, desde un planteamiento personal con fuerte  fundamentación religiosa en sus vidas, se han visto como influencias históricas ineludibles  de una sociedad en cambio profundo, impelidos a nuevas formas matrimoniales y familiares.

Ello debe llevarnos a una reflexión sobre parámetros de revisión profunda acerca de la biografía del amor y a su desarrollo a lo largo de un ciclo vital cada vez más amplio temporalmente y en el que los cambios biográficos constituyen la norma más que la excepción y que afectan a estructuras familiares y al desarrollo personal de sus integrantes como seres biográficos.

El discernimiento ante decisiones individuales a lo largo del tiempo en relación con la construcción del amor  se convierte en un eje imprescindible e ineludible a la luz de un desarrollo integral de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.