A mediados de marzo, un 14 de marzo de 2020, el Gobierno decretó en España el estado de alarma ante la situación de pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) unos días antes de esa decisión, el 11 del mismo mes.
Han pasado cinco años de este hecho que ha dejado hondas huellas en la población mundial, una población sometida al contagio de este virus, Covid-19, en sus más de 777 millones de personas, según la OMS, y el fallecimiento de más de siete millones, aunque expertos de dicha organización estiman que los fallecimientos relacionados con la pandemia ascienden a más de 15 millones en el informe que, a los cinco años, presenta en BBC NEWS MUNDO, Isabel Caro.
Cinco años son las palabras que continuamente repiten los titulares y pantallas de los medios con diversas apreciaciones sobre este hecho que ha conmovido al mundo. Han pasado cinco años y qué tenemos. Esta pregunta me hizo recordar la obra de teatro de Federico García Lorca Así que pasen cinco años. Leyenda del tiempo en tres actos y cinco cuadros, de 1931. Un “Misterio sobre el tiempo” que nos evoca otra fuerte realidad, el misterio del tiempo vivido entre el 2020 y este 2025 que nos lo recuerda. Tiempo que lo destruye todo “Sobre la misma columna/abrazados sueño y tiempo,/cruza el gemido del niño, la lengua rota del viejo”. Una obra donde nos salen al paso la identidad, la vida, la muerte, el paso del tiempo y los límites entre ficción, sueño y realidad.
Los acontecimientos vividos a lo largo de estos cinco años nos hacen volver la mirada a la propia experiencia, lugares, personas, fallecimiento de seres muy queridos, padres, hijos, amigas, todo se confunde en la niebla que nos envolvió a partir de ese 14 de marzo donde fuimos relegados al interior de nuestras viviendas para evitar los contagios y donde las dudas sobre la presencia del virus nos hacía limpiar todo hasta la saciedad para evitar el contagio, pero el contagio llegó pronto, quizá estaba aquí, cercano a nosotros, sin saberlo y los acontecimientos vividos en esos días como la celebración multitudinaria del día de la mujer en Madrid y muchas ciudades españolas fue el desencadenante de múltiples contagios. Los recuerdos acuden vivos a nuestra memoria sin el dolor lacerante que nos conmovía ante la realidad de unos ataúdes que poblaban en Madrid el Palacio de Hielo.
En el informe de la BBC, se afirma que en el mundo todavía se sienten los incontables y profundos impactos negativos de dicha pandemia, pero prefieren optar por los aprendizajes positivos “de aquel momento tan oscuro” y se señalan cuatro:
El primero, el valor de la ciencia y los avances de las vacunas, para dar con una vacuna efectiva que combatiera el virus SARS-Covid-2, hecho conseguido por las investigaciones de Pfizer (EE. UU.), BioNtech (Alemania) y Moderna (EE. UU.) aplicadas a millones de personas a nivel mundial, aunque investigaciones posteriores hayan demostrado la incidencia de alguna de estas vacunas en los fallecimientos sufridos por una parte de sus receptores, lo que originó también una reacción negativa a la vacunación. Estos hechos no empañaron la rápida y útil tarea de los científicos en mejorar y prevenir las consecuencias de esta enfermedad y así, en el 2023 se concedió el Premio Nóbel de Medicina a los padres de la vacuna ARNm contra el Covid-19, la húngara KaTalin Karikò y el estadounidense Drew Weissman.
El segundo, el nuevo despertar en la educación y, por tanto, el cambio que se produjo en contenidos, procedimientos y nuevas metodologías que ayudaron al cierre de la escuela como único espacio de aprendizaje.
El tercero, la recuperación y cambio de paradigma en el trabajo, siendo una de sus manifestaciones más importantes, el teletrabajo.
Y el cuarto, la importancia del cuidado de la salud mental, no solo para los que perdimos a nuestros familiares o personal sanitario que se enfrentaba diariamente a centenares de muertes sino también, a lo que produjeron las situaciones de confinamiento, incertidumbre y soledad que se tradujeron en un aumento de los trastornos depresivos o de ansiedad y comportamiento o manifestación suicida en la pandemia.
Han pasado cinco años y todavía resuena en nosotros el mensaje del papa Francisco, dirigido a las Naciones Unidas con ocasión de su 75 aniversario, el 25 de septiembre de 2020. En un momento en que el mundo vivía grandes trastornos, agravados por una crisis sanitaria mundial sin precedentes, provocadora de graves repercusiones económicas y sociales, él manifestaba que la pandemia del Covid-19 “ha llevado a la pérdida de muchas vidas” y aludía al cambio que provocaba, modificando nuestra forma de vida, cuestionando nuestros sistemas económicos, sanitarios y sociales, y tomando conciencia de nuestra fragilidad: “La pandemia nos llama a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección […]: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es”. consideraba que era un momento oportuno para “la conversión” y repensar “nuestra forma de vida” y “nuestros sistemas económicos y sociales”. Pasados cinco años, analicemos qué hemos hecho, quizá tengamos que volver a escuchar sus palabras: https://www.youtube.com/watch?v=jzetoNsAPhg
