LA POLARIZACIÓN HA VENIDO

La polarización ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Disculpen la licencia primaveral becqueriana, porque sí lo sabemos, y también lo sufrimos, demasiado bien: ha sido un empeño demorado y atento, concienzudo y a prueba de cualquier matiz, para reubicar nuestro temperamento político afectivo. Esta eliminación de tonos grises puede que no esté tanto en la vida como en el espectáculo de los representantes que en la vida nos hacen percibir su eco melancólico. Se han eliminado los matices, esas notas menudas y acertadas que son el pie de página vital de cualquier narración.

ATOCHA, MONUMENTO DE VIDA

No ha habido ni una vez que haya pasado por ese monumento de piedra en el abrazo sin pensar que estan vivos. Es imposible, o a mí me ha resultado imposible creer que ese bloque de roca en Antón Martín, emergiendo con fuerza de irrupción granítica, es sólo un monumento inspirado en el cuadro famoso de Juan Genovés, El abrazo, ese mismo lienzo que representó la Transición y había sido pintado y concebido pensando en la amnistía. Amnistía, libertad.

LA CONQUISTA DEL PÁRAMO

Nuestro páramo ha muerto. ¡Viva el páramo! Desde esta analogía entre la sombra hundida del monarca despedido en la muerte y la nueva figura que surgirá entre salvas, con su corona en ciernes sobre el trono, podemos contemplar el viaje de tendencia más potente y sorpresivo de nuestra penúltima literatura.

LA ÚLTIMA PALABRA DE PATXI ANDIÓN

Patxi Andión murió con la miel en los labios de su yacimiento mineral. Lo mirabas en el escenario y parecía de roca, de cuarzo y feldespato. Patxi era un granito de carne y de tejidos, Patxi era una voz que siempre parecía a punto de romperse y nos rompía por dentro. Lo que supuso para la generación que amó, sufrió, gozó y envejeció con sus letras pudo verse el pasado 25 de noviembre, en su último concierto.

REGRESAR A ‘EL PADRINO’

Regresar a El Padrino es una religión. Una latitud del alma y la tensión de existir, una cofradía del espíritu que se resiste a darnos un último mensaje, una última escritura de la vida y la pérdida. Porque El Padrino siempre te interpela, y alcanza una lectura diferente en virtud de tu edad y de tu situación, de tu estado de calma o de zozobra.

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