Dagoll Dagom es una compañía española, nacida en Barcelona, especializada en teatro musical. Y esta especialización en el género de la comedia musical es la que ha generado obras como Antaviana o Mar i Cel, de la mano de Joan Lluís Bozzo, Anna Rosa Cisquella y Miquel Periel. Hasta el verano de 2024.
La compañía tiene sus orígenes en el encuentro y empeño de unos estudiantes de la Universidad de Barcelona aficionados al teatro, que formaron inicialmente un grupo llamado NGTU (Nuevo Grupo de Teatro Universitario). En 1974, y ya con el nombre de Dagoll Dagom, estrenaron su primera obra, Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, inspirada en un poema de Rafael Alberti del mismo título. El primer director de la compañía fue el poeta y director de escena Joan Ollé. Y fue el que ideó el nombre que el grupo ha hecho célebre estos años.
Cuando Joan Ollé dejó el grupo se produjo una importante inflexión. El trío mágico: Bozzo, Cisquella y Periel decidieron seguir, asumir la dirección y producción y convertirse en profesionales.
Esta es la historia más o menos básica pero, para mí, todo empezó el 1 de mayo de 1979. Esa tarde, en el Teatro Martín del barrio de Malasaña de Madrid, si mal no recuerdo, disfruté de mi primera representación de Antaviana, de Dagoll Dagom. Repaso la crónica que entonces hice y que apareció en el número de junio de 1979 de esta revista, nº666. La obra se presenta así: Puesta en escena de Dagoll Dagom, sobre cuentos de Pere Calders. Traducción al castellano de Feliu Formosa. Música y canciones de Jaume Sisa. Escenografía de Isidre Prunés y Montse Amenós. Coreografía de Agustí Ros.
Mi memoria registra, aunque no he podido encontrar la fecha, que no es la primera obra que vi de este grupo. En la Sala Cadarso de Madrid ya habían presentado la rompedora y crítica No hablaré en clase, que les supuso ataques por parte de grupos reaccionarios; pero que también, desde el momento de su estreno, llamó con fuerza la atención y les supuso numerosos contratos de todo el estado español y animó a la compañía a convertirse en profesionales. Además, tras la obra sobre poemas de Alberti, en 1975 estrenaron Nocturn per a acordió, sobre poemas de Joan Salvat Papasseit, música de Ramón Muntaner y la colaboración de Lluís Llach. Pero Antaviana fue su primera incursión en el teatro musical que acabó siendo su característica y su triunfo. No me resisto a citar alguna de aquellas impresiones mías de 1979: “Como quien no quiere la cosa, casi jugando (y es así el juego del teatro total), se van haciendo con el espectador, sin brechas ni brusquedades, aflojando y tirando; haciendo descansar en breves cuentos-anécdotas aptos para reir, para pasar a relatos (…) aptos para pensar (…) para gozo, disfrute y complacencia de quien puede salir de ese juego pensando: ¡Hoy he visto algo bueno…, y bien hecho! (…) Gracias por este regalo fresco y saludable… a todos los que han hecho posible… este trozo de actividad a compartir, y han sabido convertir al (…) espectador (…) pasivo, en un auténtico espectador activo. Y el espectador activo es siempre un crítico; un crítico que, en este caso, se declara satisfecho.”
Sí, esta obra fue un primer deslumbramiento, completado, años después y en el mismo teatro, por La noche de San Juan, que recreaba la fiesta de esta noche mágica. Así conocí a esta compañía cuya trayectoria larga y cada vez más firme pude seguir pocos años después en Barcelona y en donde pude volver a ver la reposición de estas dos obras, en su lengua original.
Esta larga trayectoria merecería un estudio detallado y profundo, tal vez un libro o más; algo que no me siento llamada a hacer. Personalmente, ante estos 50 años de creación, me muevo entre la crónica y la experiencia y creo que me inclino por la experiencia personal de lo vivido y disfrutado asistiendo asiduamente a semejante y sólida creatividad. Sólida, concienciada, diversa, culta y festiva. Parece apropiado comenzar por la presentación de las tres personas que han sido el eje y motor de la compañía hasta su final.
En la dirección de todos los espectáculos, y en la participación, también como actor, en Antaviana, La nit de Sant Joan y Glups, Joan Lluís Bozzo. Se inició muy pronto en el teatro, y comenzó a dirigir muy joven; posteriormente estudió Filología Catalana y en 1978 se incorpora a Dagoll Dagom. Un hombre culto que crea y colabora en dramaturgias, y en los guiones de las series televisivas que ha protagonizado la compañía. Durante unos años, actuó con el grupo universitario mientras estudia la carrera de Historia. En 1977, se incorpora a Dagoll Dagom como actriz y miembro del equipo de dirección Anna Rosa Cisquella. Pronto deja la actuación, para dedicarse a la dramaturgia, la coordinación artístico-técnica y la producción ejecutiva. Este último ha sido su cometido principal. Una mujer culta y de una efectividad casi apabullante.
Miquel Periel, es el tercer cerebro de este grupo y un ejemplo de arte y sensibilidad. Tras estudiar en el Instituto del Teatro y en el Conservatorio del Liceo, compagina su trabajo profesional con su labor como actor. Pero en 1977 deja su trabajo profesional y se incorpora a Dagoll Dagom. Actúa también en varios espectáculos. Forma parte del equipo de dirección y colabora en la elaboración de guiones y dramaturgia de todos los montajes de Dagoll Dagom.
Este es el equipo base y constante de un hecho teatral con un común denominador, el teatro musical. Fueron capaces de atraer a su proyecto a figuras de primera fila en todos los ámbitos: la interpretación, la música, la coreografía, la escenografía, la iluminación, el sonido, el vestuario…, pero también supieron descubrir valores y potencialidades emergentes. También en todos los campos como creadores, promotores, actores, bailarines, técnicos…, a los que supieron convertir en colaboradores y que hoy siguen presentes en los escenarios. Fueron atracción de valores y también de cantera.
Formaron una compañía entusiasta y entusiasmadora. Fueron referentes por calidad, eclecticismo y oportunidad de un teatro musical necesario y asequible. Un teatro musical que el público de todo tipo valoró y apoyó con verdadero deseo y fiel y creciente audiencia. Eran obras atractivas y apetecibles, no importaba que fueran de creación propia o una adaptación de un musical extranjero moderno o antiguo; eran ya, y sobre todo, “algo de Dagoll Dagom”.
Me gusta ver este grupo desde distintas vertientes. Si se le contempla linealmente, desde lo cronológico, adivinamos un grupo inicial de estudiantes empeñados en un juego creativo que saben que tendrá un final, como sus estudios, acompañados por el profesor y poeta Joan Ollé. Un grupo que disfruta creando y haciendo disfrutar con el ímpetu y el entusiasmo de la juventud y con un claro horizonte amateur. Y que, en un momento dado, se atrevió a plantearse continuar como profesionales en el mundo teatral. Fue un momento crucial, importante, aún reforzados por su juventud, pero madurando rápidamente. Sin abandonar la ilusión de este juego creativo, siguieron estudiando, experimentando, investigando durante todos estos años. Hasta el final.
Desde el punto de vista del público, una de sus mejores características fue la capacidad de sorprender. Tras las amables obras anteriores, toman como base de su nueva creación, Glups! las tiras cómicas del francés Gérard Lauzier. Fragmentos de miseria humana, que ni cesan ni cambian, en tono divertido y agridulce. Compensado esto último con la reposición inmediata de Antaviana, para un año después, montar la obra centenaria El Mikado, de W. S. Gilbert y A. Sullivan, que se había estrenado en 1885. Acababa de cumplir sus cien años de éxito y popularidad, y se convierte ahora en un desafío para esta compañía. Una obra muy conocida, más larga, en la que se pide a los actores y actrices que reciten, canten, bailen… Un argumento cómico, enrevesado y absurdo que debe hacerse creíble, y enormemente divertido. Y, a mi parecer, con un toque mediterráneo en toda su nipona y exótica atracción.
Y, un par de años después, llegó la obra que se ha convertido en bandera y referencia de Dagoll Dagom, Mar i Cel. Un espectáculo con todos los ingredientes para atraer: un autor querido y representado en esta tierra: Angel Guimerá; un comienzo controvertido y reivindicativo, que recordaba la nefasta e injusta expulsión de los moriscos; el hecho de la vengativa respuesta de muchos de ellos, convertidos en piratas saqueadores de las costas de las que fueron expulsados; una historia de amor que no pudo ser redentora sino trágica. Todo ello era suficiente motivo para una historia potente, pero… además la música y la escenografía. Y todas las expectativas se desbordaron. El barco que llenaba el escenario, que era la escena, su galopar sobre las olas…, la canción libre y gozosa de los piratas que no tardó en hacerse, como se dice ahora, viral. Todo ello, elevó el listón y atrajo la atención, aun de los más ajenos al teatro. Era el año 1988. Se repuso en 2004, 2014 y 2024.
Desde muy pronto la compañía tuvo el favor del público, después de esta obra, y como se dice popularmente, se quedó con el público, que pasó de la expectativa de no saber qué esperar a esperarlo todo y de todo tipo. En los años siguientes la memoria va recorriendo las obras de creación propia. Por ejemplo, en 1992, Flor de nit. Sobre textos de Manuel Vázquez Montalbán y música de Albert Guinovart, se sitúa en el primer tercio del siglo XX, en un ambiente de cabaret del Paralelo. Se trata de una historia de amor en un clima de tensión creciente social, política y sindical. Poe, en 2002, con el autor Edgar Allan Poe, maestro del suspense y el escalofrío, en el fondo. Con texto de Joan Lluís Bozzo y música de Oscar Roig, provocando belleza a través del miedo, sumergiéndose en la especial y fascinante percepción de Poe ante la muerte.
Aloma en 2008. Sobre la novela de Mercè Rodoreda y algunos de sus poemas, y con música de Alfonso de Vilallonga. En el marco del centenario del nacimiento de esta autora, aparece el homenaje de este musical sobre una historia de amor adolescente, lleno de ilusión y de desesperanza, pero que hace madurar. L’alegría que passa, su última producción, en 2023. Otra vez sobre una obra de un autor de la tierra, Santiago Rusiñol, que es nostalgia y homenaje a ese teatro popular y ambulante. Con música de Andreu Gallén.
No contentos con eso han enriquecido nuestro imaginario trayendo a casa obras del teatro musical que se han hecho famosas en el mundo. Las han traducido, adaptado y ofrecido con gran calidad. Por ejemplo: El Mikado y Els Pirates de Gilbert y Sullivan, esta última traducción y versión libre de The Pirates of Penzance; La Perritxola, opereta de Ofenbach; Boscos endins (Dentro de los bosques) sobre la obra de Stephen Sondheim.
No se han ceñido, tampoco, a los escenarios catalanes. Ya, desde el comienzo y con sus primeras obras se presentaron en Madrid. En los años siguientes y con varios montajes visitaron diversos teatros de España y Europa. Por citar sólo su obra más emblemática, Mar i Cel (Mar y Cielo) se pudo ver en Barcelona, Madrid, Bilbao, Zaragoza, Valencia, Mallorca, Alemania…
No se puede dejar de recordar tampoco, su actividad en televisión, con no menos de cinco series, en TV3, la televisión autonómica. En ella, espectadores no asiduos al teatro, han conocido a este grupo y han disfrutado con su picante ironía y su sátira sobre la actualidad en Europa y España. Con el sano y saludable ejercicio de enseñar al espectador a reírse de sí mismo. También colaboraron en la producción de obras teatrales, como El curiós incident del gos a mitjanit (El curioso incidente del perro a medianoche), con el Teatre Lliure o La tendresa (La ternura), con T de Teatre.
Y, sobre todo, y repito, no olvidemos que el verdadero eje creador, impulsor y motivador ha sido este sólido trío formado por el enorme e incansable empuje organizador de Anna Rosa Cisquella, la profunda y vasta sabiduría de Joan Lluís Bozzo y la asombrosa creatividad y sensibilidad de Miquel Periel.
A veces, de obra a obra o reposición, en momentos de espera de la próxima temporada, con el regusto de la última obra (o reposición) y con la impaciencia de la incógnita (que a veces se hacía esperar) de la nueva creación, asomaban también las preguntas: ¿con qué se lanzarán ahora? o ¿a qué se atreverán? Porque, en verdad, crearon una necesidad, alumbraron un público asiduo y deseoso de más teatro musical, bien hecho. Nos infectaron.
Esto último se hizo palpable el pasado 30 de abril de 2025, cuando en el Teatro Gayarre de Pamplona, en la última Edición de los Premios Max, la 28º, Dagoll Dagom recibió el Premio Aplauso del Público por su última obra, estrenada en 2023, L’alegria que passa. Aunque su despedida definitiva y gloriosa fue en 2024 con la tercera reposición de su gran obra: Mar i Cel.
Y como postdata y testimonio de que sigue en el recuerdo, el 23 de junio de 2025, la TV3, ofreció como verbena de la fiesta de san Juan, un recorrido de sus obras. Hay una frase que afirma que nadie muere del todo mientras alguien recuerde su nombre.
