ENTREVISTA A MARISOL PÉREZ GUEVARA, POETA
La plaza de las Comendadoras es una plaza recoleta, cerrada y sin tráfico, como sacada de un pueblo medieval en pleno Madrid. Son las 12 y suena la campana del convento. Mari Sol comenta: “Es la hora del Ángelus. Vamos a leer el poema 12 m. de su libro Inesperada luz (Editorial Monte Carmelo, 2025) que estamos comentando:
“Al abrir una ventana a mediodía
tres tañidos inundan de infinito unos instantes
Por obra…
hágase…
se hizo…
Después, cerramos la ventana y seguimos nuestra marcha,
sorprendidos aún por el Misterio
que habita
entre
nosotros”.
Mari Sol Pérez Guevara es una poeta madrileña, afincada en Bruselas, donde trabajó durante más de 20 años en la Comisión Europea. Está casada y tiene dos hijas. Nacida en una familia profundamente cristiana, desde niña le ha gustado escribir, y ha cultivado especialmente el gusto por la poesía donde vierte su experiencia de oración y de encuentro con Dios.
Critica: ¿De dónde viene este fondo tan fuerte de fe?
Mari Sol Pérez: Empieza por la familia, claro. Haber nacido en una familia creyente es un gran regalo. Mi colegio era de la Fundación Hogar del Empleado, cuya misión era llevar la educación a los barrios de Madrid que estaban creciendo. En mi caso era El Batán. No era un colegio religioso, pero tenía una base cristiana. Años después comprendí como esta educación me ayudó a desarrollar un espíritu crítico, de discernimiento. Siempre estuve muy implicada en grupos juveniles de varias parroquias, llevadas por Franciscanos, Oblatos de María Inmaculada y Redentoristas. También estudié en Comillas, donde recibí cursos de introducción a la Teología. Desde hace tres años estudio en la Facultad de Teología protestante de Bruselas y en la Universidad de Lovaina. Me interesa sobre todo el estudio de la Biblia.
C: Ese poema que hemos leído parece un resumen de todos los demás. Un momento muy concreto, muy breve, con una imagen como flash… ¿Está hecho así, de momentos casi fugaces? ¿Cómo se genera?
M. S. P.: No, no es nada momentáneo. Escribo desde los 15 años. En mis tiempos universitarios participaba en tertulias poéticas en los cafés de Madrid. Incluso en recitales. Durante mi carrera profesional, compaginada con voluntariado en la Iglesia y el cuidado de mi familia, dejé de escribir. Reconecté con la escritura poética durante una semana de Ejercicios Espirituales en el 2015. Mis poemas pueden parecer puntuales, pero hablan de un presente continuo. Como describe el poeta benedictino Gilles Baudry, se sitúan en el “presente interior”. Muchos de los poemas surgen de la relectura de la contemplación de un texto evangélico siguiendo los consejos de Ignacio de Loyola: composición de lugar o imaginar el lugar utilizando todos los sentidos, imaginar los personajes del texto como si los viera, oír qué dicen, mirar qué hacen y sobre todo, sentir con los sentidos interiores lo que sienten. En general, es más fácil escribir durante tiempos de retiro, cuando las olas de lo cotidiano se han ido calmando y se perciben corrientes más profundas.
También la pandemia fue un tiempo propicio para la poesía. Como estábamos privados de Eucaristía, decidimos con un amigo Misionero Oblato de María Inmaculada celebrar la Eucaristía online. Nos reuníamos cada domingo via Zoom: él en Venezuela, otra amiga en Gerona, y su hermana en Madrid, y yo en Bruselas. Tomábamos el tiempo para compartir en comunidad lo que nos decía el Evangelio. El confinamiento dejaba el tiempo y la calma para poder reelaborar lo compartido en poema. De hecho, el origen de todos mis poemas es rumiar la Palabra de Dios. O Su Silencio. Los poemas de Inesperada luz están ordenados según el año litúrgico.
C: ¿Hay repeticiones de pasajes o momentos?
M. S. P.: Cada poema se refiere a un único pasaje. Claro que hay pasajes que he meditado varias veces y esto da capas sucesivas de profundidad al poema. La Palabra de Dios es inagotable y su hondura crece cuando la frecuentamos.
C: Todos los poemas hablan de la Encarnación, del misterio de Cristo. ¿Cómo reciben esto tus amigos que no son cristianos?
M. S. P.: Es una pregunta interesante. Toda persona con sensibilidad, creyente o no, se deja tocar por la belleza. Otra cosa es que los poemas resuenen en la persona de manera espiritual. Para esto ayuda conocer los textos bíblicos y tener experiencia de oración. A mis amigos no creyentes les aconsejo que lean los poemas como conversaciones de una persona enamorada. Participo en un grupo interreligioso de mujeres, creado tras los atentados de Bruselas del 2017. Nuestro objetivo es encontrarnos, conocernos, escucharnos para comprendernos, enriquecernos de nuestras diferencias y celebrar todo lo que compartimos. Cuando les envié el poema La acogida de Abraham se conmovieron. La figura de Abrahán es fundacional en las tres religiones monoteístas.
En el poema, Abrahán exclama:
Ya he recorrido las sombras y arrugas de mi alma
y desde ahí te reconozco
completamente otro y
sin embargo
nada de tu completamente humano me es ajeno.
En esa comunión en humanidad reconozco la presencia de Dios. Dios está presente allí donde las personas construyen lazos, crean belleza o luchan por la justicia. Porque Dios Trinidad es relación, Dios es belleza, Dios es misericordia. El poema termina así:
Sentémonos el uno junto al otro
y entrelacemos
nuestras
manos
en el lugar sagrado del encuentro.
C: Los poemas tienen mucha belleza estética. Pero son mucho más que la estética
M. S. P.: La estética es sólo un medio para reflejar pálidamente algo de la vida espiritual.
C: En el último capítulo de Inesperada luz los poemas no tienen título, sólo una referencia bíblica, en general del Evangelio según San Juan.
M. S. P.: Sí. Esta parte surge de una manera de orar contemplativa, en los pasos de Franz Jalics SJ y John Main OSB.
C: Pero esto ya es algo más místico… Sé que no te gusta la palabra mística, pero ese sentido de abandono, ese Cristo interior, que santa Teresa llamaría matrimonio espiritual en las séptimas moradas, se parece a lo que expresas.
M. S. P.: Prefiero utilizar la palabra poesía espiritual para referirme a mi poesía. La palabra poesía mística es mejor reservarla para nuestros grandes maestros espirituales: san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús y san Ignacio de Loyola.
C: En tus poemas hay una es una relación muy personal: Dios y tú.
M. S. P.: Sí, pera la relación con Dios es a la vez personal y en comunidad. El último verso del libro es:
Del Tú-en-mí
al
Tú-en-todos.
Además, cuando leemos los poemas en voz alta con otras personas, esa experiencia de comunidad puede casi tocarse.
C: Claro, surge de estar con otros, pero lo escribes cuando estás sola con Dios.
M. S. P.: Una de las grandes alegrías de escribir poesía es que lo escrito hace vibrar las cuerdas del corazón de otras personas, tal vez han tenido una experiencia espiritual similar y mis metáforas dan una voz a esa experiencia. Recibo con mucho agradecimiento esa comunión que se produce cuando un poema conmueve lo íntimo en otra persona. Incluso el gran teólogo del s. XX Karl Rahner reconocía que la poesía tiene esa capacidad de evocar el Misterio de Dios de la cual la Teología carece.
C: En su composición formal, los poemas parecen muy sencillos, de vocabulario e imagen. Pero ocultan mucha más complejidad…
M. S. P.: Sí. He elegido el verso libre, sin rima ni métrica. Pero tienen una musicalidad muy trabajada, construida con los instrumentos que tenemos los poetas: repeticiones, metáforas, campos semánticos y referencias a grandes poetas, como san Juan de la Cruz, Claudio Rodríguez y Vicente Aleixandre. Para entrar en los poemas, ayuda tener sensibilidad bíblica. Para que la metáfora quietud de zarza cobre su sentido es necesario que el pasaje de Moisés y la zarza ardiente esté en la memoria del lector.
C: ¿Por qué el título: Inesperada luz?
M. S. P.: La expresión aparece en dos poemas que se refieren a dos grandes misterios de nuestra fe: la Encarnación y la Resurrección. Inesperada luz se refiere al encuentro con el Señor.
Antes de decidirme por este título, busqué en Google y nadie antes había utilizado estas dos palabras en este orden. Sorprendente, ¿verdad?
C: ¿Cuál es el sentido de la portada?
M. S. P.: Es la Transfiguración. Es también un momento de inesperada luz Mi amigo jesuita Xavier Dijon creó este relieve en papier maché y me lo propuso como portada. Lo acepté encantada, porque Xavier es un gran artista, muy querido en Bélgica.
C: Belleza y espiritualidad están bastante relacionadas con otra obra tuya… Espiritualidad y burnout – guía para prevenir, superar y acompañar el burnout. (Editorial PPC, 2025). ¿De qué va este libro?
M. S. P.: El libro responde a preguntas como ¿Qué es el burnout? ¿Cómo reconocer los síntomas a tiempo? ¿Cómo la espiritualidad, y en concreto la espiritualidad cristiana, puede ayudar a prevenir, superar y a acompañar la situación de burnout? ¿Cómo cuidar la vida espiritual cuando el cuerpo y la mente están completamente exhaustos?
C: ¿Y qué es el burnout?
M. S. P.: El burnout es un síndrome, esto es, un conjunto de síntomas físicos, psicológicos y mentales. Es necesario un diagnóstico médico para no confundirlo con la depresión. En el burnout, el burnie (persona en situación de burnout) no ha perdido el deseo de hacer cosas, pero carece de la energía para hacerlas. Las personas entregadas, que se dan sin contar, pueden estar en riesgo de burnout.
C: Pero ese darse es muy cristiano… ¿Cómo responderías a san Pablo y su famoso: “Yo me desgastaré…?
M. S. P.: Sí, yo me he preguntado si darse hasta el agotamiento, estar siempre disponibles, decir siempre que sí a todos los servicios que nos piden… ¿son actitudes verdaderamente cristianas? Pienso que hay que poner a san Pablo en su contexto y agradecer su fervor misionero. Sin él, la Iglesia no se habría extendido a los gentiles que somos nosotros. El libro es una llamada al darse con discernimiento y con autoconocimiento de nuestras propias capacidades y límites. Intentar saltarnos nuestros propios límites es como renegar de nuestra condición de creaturas, es ponernos en la postura de todopoderosos. Recuerda a la actitud de Adán y Eva en el relato del Génesis, recuerda al pecado original. Sólo Dios es Todopoderoso.
C: ¿Cómo ayudar a un amigo, familiar o compañero de comunidad en burnout?
M. S. P.: En Espiritualidad y burnout – guía para prevenir, acompañar y superar el burnout, reflexiono sobre estas cuestiones desde mi experiencia de haber atravesado y superado un burnout. Propongo 15 pistas o consejos espirituales, ejercicios de autoconocimiento y de autocuidado, propuestas para la oración adaptadas a los diferentes estados del burnie y textos para alimentar la creatividad. Una de las pistas más importantes es el apreciar, cultivar y celebrar la belleza, en la naturaleza, el arte, la poesía, la música…
Pascal Ide, psicólogo y sacerdote francés, describe el burnout como la enfermedad del darse. Como he expresado anteriormente, para mí es la enfermedad del darse sin discernimiento, sin aceptar sus propios límites. Las causas del burnout son multifactoriales, algunas dependen de la actitud y psicología de la persona, otras de la organización donde trabaja o del contexto social hiperconectado y competitivo en el que vivimos. El burnie no es responsable de su estado, pero sí tiene la responsabilidad de reconocer su estado y desde ahí, iniciar una travesía que le llevará sin duda a un mejor conocimiento de sí mismo y a una redefinición de sus opciones de vida.
C: ¿Qué base de espiritualidad tiene este tratamiento del burnout?
M. S. P.: El burnout es una fractura en la biografía de la persona que lo sufre. En esa herida también está la oportunidad de crecer en la vida espiritual, es decir, de avanzar hacia una liberación sucesiva de las imágenes que nos hemos ido haciendo de Dios y de nosotros mismos y hacia un encuentro más auténtico con Él.
El tratar de salvar a todos, el darse sin medida puede ser la tentación de tomar el lugar de Dios. Ignacio de Loyola en las reglas del discernimiento explica cómo a una persona avanzada en la vida espiritual, el enemigo de la natura humana no la va a tentar no por sus defectos, sino por sus virtudes, para hacerla caer. A una persona que tiene una tendencia a escuchar, a ayudar, al activismo social, el enemigo de la natura humana va a animarla a sobreactuar, a emplearse más allá de sus límites hasta caer. Es lo en la espiritualidad ignaciana se denomina el mal bajo apariencia de bien.
C: ¿Es solamente para cristianos, o alcanzas más allá?
M. S. P.: Escribo desde mi experiencia de vida y de fe en la tradición cristiana, pero con la intención de que estas páginas puedan llegar no sólo a cristianos más o menos practicantes, sino también a toda persona en búsqueda de sentido y de espiritualidad.
C: Y el activismo social, por conciencia social o por catolicismo, ¿cómo puede ser eso ser un arma en el límite entre la salvación eterna y el trabajo por la justicia?
M. S. P.:Esto es materia para otro libro (risas).
