OPINIÓN

EUROPA Y SU IDENTIDAD

Numerosos medios de comunicación entre el 6 y el 15 de mayo han traído a sus páginas la preocupación por la defensa y cuidado del proyecto europeo, una realidad que se ve amenazada en sus diversos aspectos como manifiestan los siguientes titulares: El capital ético de Europa, Dentro y fuera de Europa, A Europa hay que reinventarla constantemente, Concentración en Barcelona en defensa de la Unión Europea, Concentración en Madrid en defensa del proyecto europeo…, El odio tiene mejor prensa que la bondad, Las fuerzas ultras asedian el espíritu del proyecto europeo, etc. Asedio, defensa, protección, recreación…algo pasa en esta Europa que nace bajo el concepto de Unión Europea a los cinco años de la Segunda Guerra Mundial y cuyo motor de despegue fue la acción de los llamados Padres de Europa y, en especial del entonces ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Robert Shuman, quien redactó la llamada Declaración Shuman, el 9 de mayo de 1950, y que representó el nacimiento de esta Europa unida y renacida de las cenizas de la Segunda Guerra mundial. Unión que, “el Gobierno francés propone que se someta el conjunto de la producción franco-alemana de carbón y de acero a una Alta Autoridad común, en una organización abierta a los demás países de Europa” porque “la puesta en común de las producciones de carbón y de acero garantizará inmediatamente la creación de bases comunes de desarrollo económico, primera etapa de la federación europea, y cambiará el destino de esas regiones, que durante tanto tiempo se han dedicado a la fabricación de armas, de las que ellas mismas han sido las primeras víctimas”.

Expone la declaración que esta producción común de Francia y Alemania evitará toda guerra entre ellas y será la puerta que abra a otros países este interés común “que sentará los cimientos reales de su unificación económica”, ofreciendo esa producción a todo el mundo sin distinción ni exclusión “para contribuir al aumento del nivel de vida y al progreso de las obras de paz”. Pero, más aún, para que una Europa con mayores medios pueda proseguir lo que llaman una de sus tareas esenciales: el desarrollo del continente africano.

Ante esta declaración, nos podemos preguntar si, efectivamente, a los 75 años de esta declaración, Europa ha contribuido a su desarrollo y si, en este momento de la historia, los mares que la circundan son puertas de acogida o cementerios de personas y sueños no logrados. El tema de las migraciones, su legislación y acogida, es tema pendiente y urgente que en este aniversario nos interpela. Porque como dice la Declaración, “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho.” https://multimedia.europarl.europa.eu/es/video/schuman-declaration_B001-0100

Una palabra, solidaridad, que forma parte de ese capital ético, formulado por Adela Cortina en un interesante artículo de El País del pasado 7 de mayo, en el que proclama cómo la conciencia de Europa es el resultado no solo de una unión económica potente, sino también y sobre todo de una cultura de valores comunes. Y así señala el camino de la ética cívica que crea cohesión entre la ciudadanía, manifestando los valores que se comparten, tales como “la aspiración a la libertad, a la igualdad, al diálogo como fuente de resolución de conflictos, al respeto activo hacia aquellos que piensan de modo diferente, a la confianza en una ciencia situada al servicio de la humanidad y al respeto a la naturaleza”. Valores universales que reclaman la creación de Estados de derecho, según el contrato social “pero también el suelo nutricio de la alianza entre todas las personas que obligan a los Estados a practicar la hospitalidad universal”.

Y es este capital ético el que también reclama Antonio Muñoz Molina en su artículo Dentro y fuera de Europa: Europa no tiene otra legitimidad que su consistencia ética. Trump, Orbán, Netanyaju, Putin, pueden envolver la corrupción y el autoritarismo en oleadas de banderas, en el fomento de los peores instintos humanos. Europa […]solo se sostiene en sus principios: libertad, igualdad, equidad, imperio de la ley […] porque si se cumplen de verdad están mejorando la vida de la inmensa mayoría […] y alentando además la libre búsqueda de esa plenitud que solo es posible cuando no se vive a merced de la necesidad y del miedo”.

Efectivamente necesitamos en este momento esos esfuerzos creadores a los que aludía la Declaración Schuman y a los que sumamos la necesidad de paz, justicia y verdad en las palabras que León XIV dirigía al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede: “No se pueden construir relaciones verdaderamente pacíficas, incluso dentro de la comunidad internacional, sin verdad. Allí donde las palabras asumen connotaciones ambiguas y ambivalentes, y el mundo virtual, con su percepción distorsionada de la realidad, prevalece sin control; es difícil construir relaciones auténticas, porque decaen las premisas objetivas y reales de la comunicación”.

El 75 aniversario de la Unión Europea nos obliga a reflexionar sobre los valores que la hacen realidad y agradecer el esfuerzo de los que lucharon por ella.