ENTREVISTA A ANA MELERO ZAERA
ANA Melero Zaera está en racha. Este año ha recibido el premio Transdermal Delivery Kydonieus Foundation Award por su trayectoria en el campo de la administración transdérmica de fármacos. La farmacéutica se ha formado en la Universidad de Valencia y en la del Sarre. Dirige el Grupo de optimización de la biodisponibilidad de fármacos (DRUGBIOP), en el que ha desarrollado diversos proyectos de investigación. La startup Medicsen la ha fichado para un proyecto conjunto.
LOURDES DURÁN: ¿Qué cometido tiene el DRUGBIOP?
ANA MELERO: Nuestro grupo trata de mejorar la biodisponibilidad de fármacos tanto nuevos como ya existentes. La biodisponibilidad es un concepto farmacéutico que define la capacidad de un fármaco de llegar a la sangre administrado por cualquier vía. Por ejemplo, un comprimido que se deshace en el estómago donde es absorbido y, a través del intestino llega a la sangre. Otro ejemplo sería un parche colocado en la piel. El fármaco actúa en el lugar de dolor donde se necesita, pero también llega a todas partes. Nosotros buscamos que se concentre en el lugar donde debe actuar, no que se desperdigue por el resto del cuerpo. Buscamos optimizar tratamientos con efectos secundarios muy graves.
L.D.: ¿Por ejemplo?
A.M.: Ahora tenemos un proyecto para hacer unos sistemas con un medicamento anticáncer, con efectos secundarios graves. Se han estudiado las características del tumor que son diferentes al resto del cuerpo. Se ha visto que un estímulo muy potente en algunos tumores es la hipoxia, eso ocurre porque las células trabajan a mucha velocidad y consumen mucho oxígeno en el tejido, quedando menos que en el resto del cuerpo. Hemos desarrollado un paquete que cuando detecta ese estímulo, se abre y libera el fármaco.
En otro proyecto trabajamos en el diseño de nanopartículas biomiméticas, basadas en el recubrimiento con membranas celulares para mejorar la administración y actividad de los fármacos en el tratamiento de enfermedades inflamatorias de la piel (dermatitis, psoriasis), el diseño de microagujas para acceder a capas profundas de la piel de forma mínimamente invasiva, en el diseño de formulaciones para mejorar la cicatrización de heridas utilizando vesículas extracelulares y en la administración transdérmica de fármacos mediante sonoforesis.
L.D.: ¿Tiene que ver con el premio de la Controlled Release Society (CRS), otorgado en Estados Unidos?
A.M.: Me lo han dado en el campo de la administración de fármacos a través de la piel, que es una barrera que no deja que pase bien al torrente sanguíneo. Nosotros estudiamos estrategias para conseguir que aumente la absorción por piel y alcance a la zona donde trabajamos a través de nanotecnología y microagujas que perforan la piel pero sin alcanzar al tejido nervioso. A raíz de estas investigaciones, me han dado un proyecto de una startup Medicsen, que busca administrar fármacos a través de la piel aplicando ultrasonidos en un dispositivo portátil.
L.D.: ¿Ultrasonidos?
A.M.: Es un aparato físico que aplica corrientes sonoras. Generas una onda sónica que desestabiliza la barrera de la piel y favorece que pase el fármaco. Se conoce desde hace tiempo. Se usa mucho en fisioterapia. Lo que se busca aquí es que este dispositivo portátil permita que se absorba la dosis necesaria de fármaco.
L.D.: ¿Por qué eligió Farmacia? Suele ser por tradición familiar. Y ¿por qué lo ven como un gran negocio?
A.M.: Creo que no nos hemos vendido muy bien los farmacéuticos. No es mi caso. Mis padres son abogados. Mi abuela sí quería serlo pero en su tiempo con una postguerra era casi imposible para una mujer estudiar en otra ciudad. A mí me gustaban las ciencias, y Farmacia es multidisciplinar. Entré en Medicina pero se me hacía demasiado sangre, vísceras. Farmacia me gustaba más por el tema de laboratorio. Con los años decidí que quería investigar, y debo decir que no me ha ido mal. Cierto es que muchas veces me han dicho que no a proyectos, pero nunca he estado parada.
L.D.: En España se ha invertido en estudios superiores, en formar a una gran parte de la población en las universidades, pero después se ven abocadas a irse fuera.
A.M.: Creo que se está avanzando poco a poco. Hay empresas que están absorbiendo a egresados. Poco a poco se está valorando más el tener el doctorado. Pero creo que tendríamos que mejorar la relación con la industria. Debería apoyarse más la oferta de puestos más específicos. Ahora hay más tejido empresarial biotecnológico. Tú haces investigación básica pero lo que marca la diferencia es llegar al paciente. Muy pocas cosas de las que hacemos le llegan. El mayor limitante es el económico, pero sobre todo es la falta de conocimiento del mundo empresarial. Me dicen, podrías montar una empresa, pero no tengo ni idea de eso. Nos tendrían que apoyar y formar en emprendimiento. ¿Cómo voy a comprar un anticuerpo? Si diez microlitros pueden valer 1.000 euros. ¡Claro, mientras todo sea tan caro es prácticamente imposible que monte una empresa!
L.D.: Me ha sonado a ciencia ficción eso de “voy a comprar un anticuerpo”, ¡Cómo quien se va a comprar un caramelo!
A.M.: (Risas) Los anticuerpos los compramos para hacer estudios. Pues es un reactivo. Estos medicamentos cuestan mucho dinero diseñar y fabricar. Son muy caros. Está ese hueco en el mercado.
L.D.: ¿Nos automedicamos mucho en España?
A.M.: La Ley del medicamento anterior ya recogía la necesidad de hacer un uso racional de los medicamentos porque no solo es un problema médico sino de gasto sanitario. Aquí falta conciencia social. Hay medicamentos muy seguros, que puedes comprar sin receta, a dosis bajas, pero los medicamentos pueden tener muchos efectos secundarios muy graves y hay que manejarlos con cuidado. España, Europa, tienen una regulación muy estricta, y está muy controlada. Yo he visto en otros países que te abren las cajas cortando el blíster y te lo venden por unidad. Que eso es peor.
L.D.: En el tema de la salud mental se habla de un exceso de medicalización de los pacientes: antidepresivos, ansiolíticos… ¿La industria se aprovecha?
A.M.: Depende un poco. El precio viene marcado por la legislación y al final se están haciendo medicamentos muy baratos como los genéricos. Cada vez se abaratan más los costes. A veces tengo la impresión de que hay pacientes que si el médico no les receta no se quieren ir de la consulta. No sé dónde está el problema en estas patologías concretas. Los antidepresivos ayudan mucho a los pacientes, pero debemos abordar el problema desde otros niveles, identificar la causa para poder poner fin a lo que lo desencadena.
L.D.: ¿Cuánto hay de alquimista en usted?
A.M.: ¡Uy mucho…! Es una formación que al final entra en ti, en tu forma de ser. Más que la alquimia es el hecho de investigar: me sorprendo siempre preguntándome: ¿cuál es la causa de esto? Con mi hija jugamos a mezclar cosas, hacemos cremas, mezclamos colores. El punto lúdico.
L.D.: También está en temas de nutrición.
A.M.: Bueno la carrera es Ciencia de Farmacia y de los Alimentos. Cuando empecé mi tesis me planteé el tema de los alimentos. Al final no, me dediqué a las tecnologías de entregas. Es una asignatura que aprendí estando con un Eramus en Alemania. Allí es muy diferente la docencia, con muchas horas prácticas en fábrica piloto. Me parecía interesante y por eso decidí continuar. Por ello no me decanté por la nutrición. Pero sí estoy colaborando con profesores del departamento y codirigiendo una tesis porque hay muchas moléculas que se extraen de alimentos que son antiinflamatorios y antioxidantes y estamos utilizándolas para ver si tienen esos efectos antiinflamatorios y diseñar nuevas terapias. Es por la línea del tratamiento local de la inflamación cutánea que te comentaba antes.
L.D.: ¿Qué son tecnologías de entregas?
A.M.: Son las vesículas, las microagujas, porque son aspectos o diseños tecnológicos para conseguir que el fármaco llegue donde queremos que llegue.
L.D.: ¿Debería aplicarse la ética a la hora de dispensar los remedios?
A.M.: Es un tema muy amplio. A mí me preocupa que la medicación cada vez es más complicada, más costosa. Y con un sistema de salud como el que tenemos a veces se plantea el reto de cómo se va a sufragar el pago de este tipo de terapias tan caras. Un compañero mío pone el ejemplo de la pierna biónica, que a lo mejor vale 200.000 ó 300.000 mil euros, pues claro que es fantástica, pero al final ¿se la vamos a poner a todas las personas que han perdido una pierna, o sólo a las que van a poder pagarla? Ahí vamos a tener el gran problema ético del futuro.
L.D.: ¿Su descubrimiento se va a aplicar en la pública?
A.M.: Estamos en temas que son estudios preclínicos. Como lo hemos publicado no lo podemos patentar. Sin una patente es más complicado explotar una tecnología. Sí que estamos intentando patentar lo de la hipoxia. Vamos la idea ya existe. Lo que no está patentado es el sistema, cómo lo vamos a hacer. Al tener patente nadie te lo puede copiar. Si una empresa tuviera interés en explotarlo, pues tiene que estar protegido. Hay ideas que no llegan al mercado, pero sí sientan las bases para otros medicamentos.
L.D.: ¿Qué lugar ocupa la mujer en el mundo farmacéutico?
A.M.: Siempre ha sido una carrera de chicas, sí es cierto que ha habido más catedráticos, pero está cambiando. Hay departamentos que casi todo son profesoras y muchas catedráticas. Tenemos una decana, aquí en la Universidad de Valencia.
L.D.: Las farmacias y parafarmacias proliferan. ¿Se debe a un auge de las medicinas alternativas, el regreso a los remedios caseros, el retorno al uso de hierbas?
A.M.: A ver, la farmacia que viene de plantas es la tradicional, previa a la química de síntesis, que es el boom de los años 70. Hasta ese momento casi todos los fármacos que se usaban venían de plantas, el farmacéutico lo que hacía era preparar esa planta para que estuviera lo suficientemente concentrado y lograr un efecto que valiera la pena. Te tomas una infusión de manzanilla y es antiinflamatoria pero no tanto como un concentrado de manzanilla. La gente se piensa que un medicamento es algo muy agresivo, pero hay muchos cuyos principios activos se extraen de una planta. Lo que se ha hecho es optimizarlo para que el efecto sea mejor. A lo mejor te has de tomar tres litros de manzanilla para conseguir el mejor efecto.
L.D.: ¿Todo está en la dosis?
A.M.: ¡Claro todo!, pero también depende para qué se toma o qué. Creo que hay un error de concepción. La gente dice: pues me tomo la plantita… ¡pero la cicuta también es una planta! (risas) Además que los medicamentos llevan un control muy riguroso.
L.D.: ¿Y la homeopatía?
A.M.: ¡Uf, eso es un jardín! No soy capaz de explicarme con el conocimiento científico que tengo por qué funciona. Hay gente a quien le funciona y no le hace daño. Bienvenido es. Pero yo no recomendaría homeopatía a un paciente mío.
