OPINIÓN

¿FELIZ NAVIDAD?

En la mañana del 18 de diciembre, subí a un vagón de metro en busca de la Plaza Mayor para comprar una pandereta que acompañara los villancicos de un niño frente al nacimiento que con todo cariño le había preparado su abuela. El metro llegó pronto y no muy lleno, por lo que tuve la oportunidad de sentarme y frente a mí contemplé la figura de un hombre mayor, alto y delgado, con el pelo canoso que le costaba mantener sus ojos abiertos. Su ropa delataba necesidad y su cuerpo mostraba cansancio y abandono y me pregunté por su Navidad, por su soledad, por su vida.

Al llegar a la parada de Gran Vía aquel hombre despertó bruscamente de su sueño y antes de que el tren arrancara salió a los andenes y se perdió en la muchedumbre que los poblaba. ¿Feliz Navidad? Sí, porque celebramos la fiesta del amor inconmensurable, inabarcable, de Dios a cada persona, a todos, pero sobre todo a los que necesitan ser reconocidos, amados, nombrados, abrazados, y mirados con amor. Nuestra mirada puede hacer florecer azucenas en la arena del desierto.

Es la palabra de Dios, hecha carne, hecha hombre, la que nos da las razones y argumentos para celebrar la Navidad. Es Jesús la razón de nuestra esperanza, a pesar de la violencia, de las guerras, de los desastres que nos atropellan. Es su vida la que nos enseña gestos, palabras, miradas.

El evangelista Juan lo narra así en el inicio de su evangelio: En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. (Jn 1, 1-5)

Y el evangelista nos sigue diciendo que hubo un testigo, un hombre enviado por Dios, que nació para “dar testimonio de la luz”, porque “No era él la luz”, sino testigo de la luz, y ese hombre fue Juan el Bautista. Y una luz verdadera es la que se encarnó y la que alumbra, nos alumbra a todo hombre y toda mujer. “El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo”. Jn 1,9. Pero también narra que los suyos no lo recibieron, que vino a su casa y no la tuvo, que hizo el mundo y el mundo no lo conoció. Aunque también afirma que a cuantos lo recibieron- lo reciben- les dio- les da- el poder de ser hijos de Dios. Porque “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” Jn 1,14.

Es ese Verbo, esa palabra de Dios la que ilumina las tinieblas del mundo. Él nació en la noche más oscura, fue peregrino, sin casa y sin hogar, pero su luz despertó las conciencias dormidas.

¿Podremos también nosotros ser testigos de su luz? Por ello, podremos cantar y decir ¡Feliz Navidad! Porque la luz recibida nos hace ser donantes de la luz y esa luz tiene que atravesar nuestras manos, nuestra piel, nuestros ojos para mirar y devolver al otro la dignidad que le podemos negar.

Así podremos cantar https://www.youtube.com/watch?v=deWJ_7YVmeg

Oh, luz de Dios, estrella azul,

que tiemblas/ en la altura.

Brille tu luz en el portal,

do el Sol de Amor oculto está.

¡Oh, Luz de Dios, estrella azul,

que tiemblas/ en la altura.

¡Oh resplandor, oh claridad,

que irradia de la cuna!

Del Niño Dios que, con amor,

paz en la tierra derramó.

¡Oh resplandor, oh claridad,

que irradia de la cuna!

Que ese sol de amor ilumine la soledad y oscuridad del mundo en cualquier vagón de metro en esta Nochebuena del 2024.