OPINIÓN

FENOMENOLOGÍA DE LA FRAGILIDAD

Es el título del discurso de Álvaro Pombo García de los Ríos en la ceremonia de entrega del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2024. Un discurso que, como él mismo expresa, lo escribió hace unos años ”por si acaso me caía del cielo este maravilloso premio, que me ha caído del cielo, porque me parece que expresa toda una fenomenología de la fragilidad hispana y de la fragilidad del mundo y de la fragilidad mía también”. Una fragilidad que experimenta y que le lleva a que su discurso sea leído por su amigo y académico de la RAE, como él, Mario Crespo.

Significativa elección la de la fragilidad, pero una fragilidad no rompible, sino inquebrantable y para ello toma las palabras del autor que da nombre a ese bien merecido premio en las palabras de don Quijote, Sancho Panza o el personaje creado en el Licenciado Vidriera en su fragilidad inquebrantable del hombre convertido en vidrio. Y con su invocación ¡Dios bendiga a Cervantes! propone repetirla para que “Dios y el propio Cervantes nos bendigan en las múltiples fragilidades y tarumbancias de nuestro descabalado siglo XX y XXI”. Y así nombra a la fragilidad como nuestra compañera de camino y aunque a veces la queramos ignorar ella aparece como enfermedad, soledad, injusticia, inseguridad, falta de convicciones, etc. Es “la fragilidad del ser humano ante las más diversas instituciones que parece que no le amparan a uno, en una sociedad cada vez más ininteligible”. Y refleja cómo la situación de este licenciado Vidriera pudo expresar también la realidad del propio Cervantes en los últimos años de su vida y lo califica de hombre profundo y pobre “al decir de Ortega y Gasset y avanza que para alcanzar la grandeza en España, para superar la fragilidad, “Tengamos todos que llegar a la profundidad y a la pobreza” y ahí se desharán los encantamientos, y ahí se romperá el cristal, pero ahí se hará fuerte lo frágil “Y los héroes seguirán recorriendo el imperio de su palabra incesante”. Esa será su grandeza.

Tenemos que agradecer mucho a estos creadores de palabra que nos ofrecen sabias enseñanzas que llegan hasta la verdad de nuestra realidad. Ser profundos y pobres para experimentar que esa fragilidad, aunque se rompa el hilo de la vida, puede ser la fortaleza que en el río de la historia nos devuelva las palabras soñadas que nos ayudaron a crecer y que ayudarán a vivir a las jóvenes generaciones. Y en este río de palabras, en el 2025, celebramos el centenario del nacimiento de dos mujeres apasionadas por ellas desde su infancia, son Ana Mª Matute y Carmen Martín Gaite que han construido una narrativa personal y singular en sus historias y que nos han hecho percibir la realidad en inesperados y sorprendentes relatos. También Ana Mª Matute, como Álvaro Pombo en su discurso sobre la fragilidad, decía en la entrega del Premio Cervantes en el 2010:” Deseo hacerles partícipes de mi agradecimiento: este premio lo considero como el reconocimiento, ya que no a un mérito, al menos a la voluntad y amor que me han llevado a entregar toda mi vida a esta dedicación. Así que esta anciana que no sabe escribir discursos sólo desea hacerles partícipes de su emoción, de su alegría y de su felicidad,  ¿por qué tenemos tanto miedo de esa palabra?, a todos cuantos han hecho posible este sueño, sueño que me acompaña desde la infancia. Desde aquel día en que oí por vez primera la mágica frase: Érase una vez… y conmovió toda mi pequeña vida.”

Ella con sus relatos ha conmovido también nuestras vidas y, respecto a Carmen Martín Gaite quiero reseñar mi particular relación con ella a través de un libro de cuentos Historias de Hans Andersen, de la editorial Araluce, heredado de mi madre, que en los días de mi infancia, en los meses de invierno, me acercaron a la Reina de las Nieves, Claus el Grande, Pulgarcilla, La caja de yesca o Los zapatitos rojos. De todos ellos, el que más me impactó fue el primero, el de la Reina de las Nieves en los personajes de Kay y Gerda. Porque Kay sufrió el impacto de un trozo del espejo que unos diablos habían construido para que los que se miraran en él solo vieran las cosas malas y se olvidaran de las buenas, el espejo se rompió y sus partículas inundaron la tierra y los ojos y corazones de muchos niños “y si le entraba hasta el corazón, ¡ah! Entonces aquel corazón se secaba, enfriándose más cada día, hasta convertirse en un pedazo de hielo”. Gerda, su gran amiga, al calor de su cariño, deshará el encantamiento que trajeron unos diablos al mundo para instalar en él la maldad. Años más tarde, una novela sobre los estantes de una librería en 1994, llamó mi atención La Reina de las Nieves. Su autora, Carmen Martín Gaite sobre la trama del cuento de Andersen creó un bonito relato.

En nuestro homenaje a estas dos escritoras, Crítica ha querido reproducir un cuento de A.M. Matute publicado en 1962, bajo una anterior cabecera, y la preciosa entrevista hecha a C. Martín Gaite por Marisol Izquierdo en 1979 tras la concesión del Premio Nacional de Literatura.

La fragilidad nos dejó sin ellas pero sus palabras permanecen con nosotros y, repitiendo las palabras de Pombo: “estas heroínas seguirán recorriendo el imperio de su palabra incesante”.