LITERATURA

HARRY POTTER Y LA FANTASÍA

La primera generación de lectores de Harry Potter cumplirá pronto 40 años. Muchos tenían 12 cuando leyeron el primer libro de Rowling. Cada generación tiene unas lecturas propias con las que crece. Se adueña de ellas y vive en el mundo de personajes y lugares del libro que le atrapa. Cada uno podría decir qué lecturas le atraparon en la infancia y juventud y cómo funcionaba y funciona aún, el boca a boca, que es la mejor forma de que se difunda una obra. Ahora con la tecnología avanzada es fácil convertir un fenómeno en global.

No fue así con Harry Potter que nació en 1997 en una desconocida editorial porque las más importantes lo rechazaron. No cumplía los requisitos de la literatura infantil. Si bien es verdad que los hay, no puede olvidarse que la literatura es un Arte. Es el Arte de la palabra y la metáfora de la realidad. Transmite y maneja sentimientos y emociones universales. Por eso, las grandes obras sobreviven en el espacio y el tiempo y posibilitan diferentes lecturas en lugares diametralmente opuestos y en diferentes etapas de nuestra vida.

Harry Potter y su mundo

La primera novela de la serie Harry Potter se publicó en 1997 y la serie ha vendido más de 600 millones de ejemplares. Traducida a más de 65 idiomas que incluyen latín y griego clásico, es un innegable éxito de J.K. Rowling, que ella misma no esperaba. 

¿Qué había sucedido? En un difícil momento de su vida, J.K. Rowling se puso a escribir. Imagino que con la cabeza llena de imaginación y de lecturas de la gran literatura fantástica inglesa y otras que subyacen en su obra como la Odisea, la Biblia, las leyendas medievales y las novelas policiacas. Creó un mundo de imaginación, intriga y emoción en el que los lectores de 11 años, edad del aprendiz de mago, entraron con facilidad. Después cumplieron con Harry 12, 13… hasta 17 años. Y siguieron viviendo y soñando con los personajes.

Su obra se empezó a leer desde el desconocimiento absoluto de quién era la autora y las ventas se dispararon, creándose un gran fenómeno editorial y social.

¿Por qué? Simplificando puede decirse que se necesitaba imaginación en el panorama literario infantil. Salvando muchas y honrosas excepciones la literatura infantil de esos años, sobre todo la que se hacía leer en las escuelas era excesivamente didáctica. Construir una historia sin reparos, donde la vida y la muerte, el bien y el mal, el amor y el odio, la traición y la lealtad, estuvieran encarnadas en los personajes de ficción, fue un gran acierto.  Los niños buscaban, como los adultos, aventuras, evasión y amenidad y parece que lo encontraron. También aprendieron sin saberlo,  a conocer a través de la fantasía el mundo real y a identificar situaciones, sentimientos y emociones personales identificándose con las de los personajes.

Harry rompe esquemas de literatura infantil por extensión, por temática y por ausencia de ilustración.

Literatura fantástica

Desde la Edad Media los maestros de la literatura fantástica son los ingleses. J. K. Rowling desplegará sus propias lecturas desarrollando un mundo extraordinario que trabaja con las claves de esa larguísima tradición. Igualmente su obra contiene mitología clásica y elementos bíblicos, como en el resto de obras literarias, sean realistas o fantásticas.La temática de toda obra fantástica se basa en la abolición de los principios lógicos, por tanto, supone una transgresión y deformación espacio-temporal.Dominan los seres y las fuerzas metafísicas, la magia, la brujería, la metamorfosis y la zoología fantástica.

Géneros fantásticos

Relato maravilloso o cuento de hadas. Sucede en un mundo donde el encantamiento y la magia son normales. Produce asombro en el lector. Por ejemplo, La Cenicienta de Perrault o La Bella y la Bestia, cuya versión más difundida es la de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont.

Relato fantástico. Representa la experiencia de los límites. Presenta lo sobrenatural como ruptura de la coherencia universal. Los relatos fantásticos infantiles producen sorpresa, los de los adultos miedo y angustia. Tolkien con El Señor de los Anillos se convierte en la perfección de la fantasía literaria al que sigue su contemporáneo C.S. Lewis con Las crónicas de Narnia. El tercer escalón, en cuanto a facilidad lectora se refiere, es el de J.K. Rowling. Cuando salió Harry Potter, a los que habían leído El Señor de los Anillos no les gustó porque les parecía muy simple, es lógico. Sin embargo, leyeron por primera vez un libro quienes antes no lo habían hecho y pudieron escalar en la lectura hasta llegar a Tolkien. Está claro que la afición a la lectura supone un proceso personal que a veces es largo y lento.

Relato de ciencia-ficción.  Reúne elementos de los dos anteriores. Lo fantástico se produce por los avances científicos que provocan el miedo en sí, dado que el lector percibe que aquello puede llegar a convertirse en algo real. Lo inicia H.G.Wells con La guerra de los mundos y La máquina del Tiempo.

El nonsense. Relato incoherente que produce sorpresa. Su tono festivo y fantasioso lo aparta de la literatura del absurdo de los adultos, que puede resultar inquietante. El maestro fue Lewis Carrol con Alicia en el país de las maravillas.

Lo que sostiene a Harry Potter desde el punto de vista literario

La autora narra una historia perfectamente secuenciada, lo que hace que se mantenga la intriga y el lector se quede a cada paso con ganas de saber más, es algo propio de la novela policiaca de Agatha Christie, por ejemplo. Juega con elementos reconocibles, típicos de la literatura universal. Presenta los temas sin ambages: Lucha del Bien y el Mal, Amor y Odio, Familia, Compañerismo. Amistad y Enemistad, Competencia sana y desleal, Valor y Cobardía, Pereza y Esfuerzo, Respeto por las normas y tradiciones, Respeto a los adultos, Tolerancia, Lectura y Conocimiento, Búsqueda de la Verdad, Esclavitud y Libertad, Alegría y Tristeza, Felicidad y Desdicha, Vida y Muerte.

Cada personaje encarna un valor esencial y todos juntos buscan el origen de las cosas, luchan y toman decisiones para esconder o sacar a la luz la Verdad del mundo en el que viven, por tanto, de lo que sucede y les sucede. La fantasía tiene siempre su paralelismo con la realidad, si no, no se entendería lo que el autor dice. Hay quien califica la obra como simple y conflictiva por maniquea. Cualquiera que conozca la psicología infantil, podrá rebatir esto.

Los niños necesitan identificar las acciones y los hechos no sólo de los personajes literarios, sino de la realidad. Para ellos cada adulto es una cosa y no otra. Una vez un niño pequeño del colegio me preguntó por un pasillo: “Oye, oye, ¿tú eres mamá o profesora?  No había más posibilidades. Hagamos la prueba.

La ambivalencia del ser humano se aprende como todo lo demás, por oposición y en torno a la pre-adolescencia se choca con las propias contradicciones y las de los demás y se establecen las primeras dudas sobre uno mismo y su entorno más próximo. De ahí que la adolescencia sea una etapa difícil de llevar. Por eso son tan importantes los referentes para los niños. Así el lobo de Perrault se come a Caperucita y el lobo actual es su amigo. Craso error en la enseñanza aprendizaje. ¿Cómo se le explica entonces a un niño que no debe irse nunca con un desconocido? Las historias son más significativas que las charlas, aunque las tengamos. Necesitamos una historia para ejemplificar. El ser humano es un contador nato de historias. Es algo inherente a él. Cada uno ve una misma realidad de diferente manera y modifica el relato en la transmisión oral. Los niños cuentan historias como si fueran algo real.

Con la experiencia de Tolkien sobre su lectura infantil, comprendemos cómo un niño se sitúa ante los diferentes relatos seleccionando la información y adquiriendo sus preferencias narrativas. “No deseaba en absoluto tener los sueños ni las aventuras de Alicia y, cuando me las contaban, simplemente me divertía. Tampoco tenía ningunas ganas de buscar tesoros escondidos o de luchar contra piratas, por lo que La isla del tesoro me dejó bastante indiferente. En cambio, el país de Merlín y Arturo resultó más interesante que las dos historias anteriores, y la mejor de todas fue el cuento anónimo North of Sigurd of the Voelsungs, y el Príncipe de los dragones. Estas tierras eran atractivas en grado sumo. Yo nunca había imaginado que el dragón fuera de la misma especie que el caballo.

El dragón llevaba grabada la marca registrada del país de las hadas, y procediera de donde procediera, sería siempre de otro mundo… Me gustaban los dragones con toda mi alma, aunque, por supuesto, no quería encontrármelos en las cercanías de mi casa poniendo en peligro mi mundo relativamente seguro”.  (Citado por Bruno Betthelheim en Psicoanálisis de los cuentos de Hadas en el capítulo Temor a la fantasía). Responde a un ensayo de Tolkien sobre los cuentos de hadas Árbol y Hoja, cuya edición inglesa es Tree and leaf, publicada en 1964 con ilustraciones de Pauline Baynes, que contiene dos trabajos del autor publicados en 1945 (Leaf by Niggel) y 1947 (On Fairy-Stories).

Buenos y malos en literatura infantil

Hacer que un lobo sea bueno es obviar que existen depredadores en el reino animal y que no van a cambiar. También hay depredadores humanos.  Ahora parece que existe un especial empeño en que todos seamos buenos, lo cual es bonito pero irreal. Para crear un mundo mejor hay que reconocer que el Mal existe y aprender a distinguirlo claramente del Bien. El malo en literatura es fundamental, sin el malvado no hay historia literaria posible. ¿Por qué negar esa realidad? ¿Nos hace más felices o comprensivos? Sinceramente, yo creo que no. Bruno Betthelheim en su Psicoanálisis de los cuentos de hadas estudia detenidamente el papel de dichos cuentos en la educación infantil. Constata que niños que viven situaciones difíciles, salen adelante en muchas ocasiones a base de soñar con el éxito de sus personajes favoritos.  Estos triunfan tras haber superado una serie de pruebas. Como consecuencia, los niños entienden que sus dificultades encontrarán recompensa en algún momento. Según Bettelheim estas fantasías generan esperanza y no frustración, como se podría creer.

Elementos narrativos

El espacio en el que se desarrollan las aventuras (castillos y mazmorras, estación, biblioteca, comedor, jardín, bosque, campos de juego, escaleras) y los tiempos mágicos están vinculados. Basta con traspasar una tapia o una chimenea o la puerta de un jardín para trasladarse de la realidad a la fantasía y viceversa. Los objetos sombrero, varita mágica, caldero, capa, espejos, álbum de fotos, libros, escobas), son abundantes y caracterizadores. Los personajes son igualmente simbólicos.

Harry tiene sus antecedentes en Ulises, David frente a Goliat, el Redentor, El rey Arturo, Oliver Twist y Frodo, Ron en Watson y Sancho, Hermione en Wendy y Pepito Grillo, Dumbledore en Merlín, Gandalf y el León Aslan al que también se identifica con el Salvador y así sucesivamente. Lord Voldemort es el ángel caído, los dementores los demonios. La señorita Mcgonagall Minerva, Mary Poppins o el hada madrina, Hagrid el gigante bonachón. No podría desarrollar toda la simbología en un solo artículo.

Todos y cada uno de los elementos están perfectamente entrelazados y descritos y funcionan en la narración. No falta ni sobra nada. Es algo importante en una obra literaria. La coherencia de elementos en una obra tan extensa es fundamental.

Leer para saber

Para saber cómo es el mundo en que vivimos y cómo funciona. Para saber quiénes y cómo somos. Para descubrir mundos nuevos, lo mismo lugares y épocas que sentimientos y emociones. Leer es en definitiva saber.

La obra de Rowling no sólo no está vacía, sino que está llena de contenido. Hay defensores y detractores como en todo. A mí solo me preocupa un poco que las películas sustituyan a la lectura del libro que siempre las supera. Julio Verne decía: “El hombre a fuerza de soñar, porque está insatisfecho, inventa, crea y lucha por cambiar el mundo.” Y Paul Éluard: “Me obstino en mezclar las ficciones con las realidades temibles para hacer estas realidades menos temibles, para dominarlas”.