HAY OTROS ‘GUERNICAS’
Hacia los 90 años. El Guernica cuadro de Pablo Picasso, cumple 89 años. Generalmente, se suelen conmemorar los años redondos, por lo que el año que viene, 2027, el Guernica cumplirá sus noventa años. Ni el Guernica ni Pablo Picasso necesitan nuestras conmemoraciones por que solemos tenerlos vivos en la memoria. Y más a veces, como ahora, en que surge la cansina petición a favor de que el cuadro esté en la ciudad que le dio su nombre, en Guernica, municipio de Vizcaya, en la comunidad autónoma del País Vasco que, en 1937, en plena guerra civil española, sufrió un bombardeo por parte de aviones alemanes e italianos, aliados del bando sublevado contra el gobierno de la Segunda República. Sin quitar dramatismo al hecho, según investigaciones posteriores, no se exterminó a toda la población civil como se divulgó, aunque sí hubo unos doscientos fallecidos y muchos heridos. La ciudad quedó arrasada.
En 1937, Pablo Picasso tenía 55 años, era un artista consagrado y residía en París desde 1904. Por su afinidad con el gobierno republicano fue nombrado director del Museo del Prado en 1936, aunque nunca tomó posesión de su cargo.
De mayo a noviembre de 1937, en plena guerra civil española, tuvo lugar en París la Exposición internacional de las artes y de las técnicas aplicadas a la vida moderna donde lució la torre Eiffel y en el pabellón español, el Guernica, lienzo de lino y yuta de más de siete metros de largo por casi tres metros y medio de ancho, en blanco, negro y gris, pintado durante unas siete semanas a petición de Juan Negrín, presidente del gobierno republicano, que pensaba que el cuadro tendría “mayor impacto que una batalla ganada en el frente de los fascistas”.
El grito de un pueblo
La historia posterior del lienzo es conocida: estancia en el MOMA de Nueva York, en el Casón el Buen Retiro de Madrid y en el Museo Nacional de Arte Reina Sofía, también en Madrid. En esta última ubicación, cuenta con continuos admiradores, o mirones, que escuchan con más o menos interés la historia del cuadro y el simbolismo del toro, la mujer con el niño muerto, el caballo, la paloma, la bombilla y demás personajes del cuadro que han convertido al Guernica en icono universal contra la barbarie de la guerra, la brutalidad, la desolación, el dolor, el horror, la fragilidad…
José Luis Sert que fue el diseñador del pabellón español en la exposición de París dijo que “la gente desfilaba ante el Guernica en silencio, como si se diesen cuenta de que era una premonición de lo que después hizo la guerra mundial. Un grito de un pueblo que lucha por su libertad, por su dignidad y por sus derechos”. Quizás ahora también los visitantes piensen lo mismo, aunque es difícil permanecer mucho tiempo ante el cuadro, solicitado continuamente por grupos organizados, personas interesadas o la gran cantidad de obras pictóricas que también merecen atención.
Dumile Feni
Enfrente de la sala en donde se expone el Guernica (205.10), el Museo Reina Sofía ha dedicado otra, la 205.8, al pintor africano Dumile Feni comenzando con él un programa de exposiciones con el título La historia no se repite, donde se propone establecer un diálogo entre el Guernica de Picasso y el Guernica africano de Feni.
Dumile Feni nació en Worcester, Sudáfrica, en 1942 y murió en Nueva York en 1991. Dumile, aunque no tenía formación artística, como desde niño sentía predilección por el dibujo, a los 17 años se trasladó a Johannesburgo, donde vivía su tío, para ingresar como aprendiz en una fundición de escultura y cerámica en donde hacía vasijas con un destino comercial. Posteriormente se dedicó a la escultura en madera y arcilla. En Johannesburgo frecuentó las exposiciones de escultores y pintores africanos poco conocidos, o desconocidos, en Europa; también era un gran aficionado al jazz. Como podemos observar, era un gran artista a pesar de su falta de formación. Otro pintor sudafricano, Bill Ainslie, acogió a Feni y otros artistas en su estudio, la Fundación de Arte de Johannesburgo, continuamente vigilada por las fuerzas de seguridad del Estado ante la sospecha de que era un refugio antiapartheid.
A partir de 1960 habían llegado reproducciones del Guernica picassiano a Sudáfrica y a otros muchos rincones del mundo, así como se conocían las circunstancias y motivación de la pintura, y se discutía sobre la relación entre estética y política, arte y propaganda, autonomía del arte o instrumentalización de la imagen ante la opresión.
La estética del Guernica no se ve tan lejana de las expresiones artísticas africanas ni, por tanto, de la actividad de Dumile Feni que en 1967 titula African Guernica un dibujo monumental de casi tres metros cuadrados, ejecutado en carboncillo y lápiz sobre dos pliegos de papel de periódico iguales, pegados en horizontal, que se expone en la actualidad en el Museo Reina Sofía junto con otras seis obras. En ese mismo año fue expuesto en la Gallery 101 de Johannesburgo, uno de los pocos espacios en que podían exponer los artistas negros.
El Guernica africano
El Guernica africano es una denuncia de la violencia estatal y la opresión racial; plasma el aspecto grotesco de un mundo racista y violento mediante la representación de cráneos en cuerpos deformados, caras con muecas desagradables, junto a un niño barrigón que mama de una vaca que está a punto aplastarle con su pezuña, una figura con tres piernas, animales, etc. En la parte superior, una madre ataviada con un pañuelo en la cabeza sostiene entre sus brazos a un niño enorme en un detalle amable. Y en el centro del cuadro, como ajeno a todo, un predicador sentado a una mesa con un libro y un florero. En la sala, además del Guernica africano se exponen también por primera vez fuera de Sudáfrica otras obras: Mujer y niño, El aula (1965) y Decir que no (1967) todos realizados en carboncillo y lápiz sobre papel, sin ningún atisbo de color.
En 1968, Dumile Feni se exilió, primero en Londres y posteriormente en Nueva York, donde vivió precariamente. Durante su estancia en Londres pintó en papel, madera, tinta, lápiz, cera y plástico, un rollo de cincuenta y tres metros de largo titulado No conocerías a Dios ni, aunque te escupiera en un ojo plagado de criaturas fantásticas, animales, músicos, fetiches… en cuyos huecos aparecen textos y se repiten palabras como exilio, exilio, exilio. Por último, en 1987 hizo el retrato de Hector Pieterson, el niño de doce años muerto por los tiros de la policía en la revuelta de Soweto de 1976. Dumile Feni murió en Nueva York en 1991.
Tan cerca y tan lejos
Como hemos dicho, la sala en la que se expone la obra de Feni está enfrente del Guernica; a pesar de la proximidad, los artistas no están tan cerca. Quien quiera contemplar el Guernica de Picasso no tiene más remedio que dar la espalda al de Feni. Y eso es lo que ocurre: que pocos se dan la vuelta para ver los otros guernicas que ha habido y aún hoy existen por el mundo.
Y, mientras contemplamos lo pasado, no vemos las tragedias de Sudán, Cuba… o las de las guerras más conocidas, lo que no es obstáculo para agradecer a la comisaria Tamar Garb, catedrática de Historia del Arte del University College London, el habernos acercado a este gran artista de la modernidad africana, y al Museo Reina Sofía el programa de exposiciones La historia no se repite, que se presenta prometedora. La obra de Dumile Feni se podrá visitar hasta finales de septiembre de 2026.

