«Hay que educar y concienciar porque vamos hacia el precipicio a marchas forzadas»

La ecóloga catalana Anna Traveset acaba de recibir el premio Nacional de Investigación por sus trabajos sobre las interacciones ecológicas entre plantas y animales, sobre todo en las islas. “Representa un reconocimiento al esfuerzo, la calidad y el impacto del trabajo realizado. La investigación es un trabajo en equipo, y trabajar con uno bueno lo hace todo más fácil y enriquecedor”. Desde el Imedea en Mallorca alerta con pruebas de que hay que echar el freno. Pone el acento en la educación ambiental ya desde pequeños.

Lourdes Durán: Lo primero es felicitarla por el Premio Nacional de Investigación en Ciencias y Tecnologías de los Recursos Naturales que reconoce su labor en el complejo mundo de la biodiversidad, amenazada por el factor humano.

Anna Traveset: Me gustaría ser optimista, pero cuesta serlo. Con todo, opino que hay que seguir dando pequeños pasos, actuando localmente, y este premio es un estímulo para seguir avanzando. He tenido la fortuna de trabajar al lado de científicos muy buenos, de los que he aprendido mucho, y a la hora de formar mi propio equipo, he intentado ser selectiva y escoger a personas de las que tenía buenas referencias. Más allá del mérito personal, el premio también refuerza la visibilidad y credibilidad de la trayectoria científica, abre nuevas oportunidades y aporta impulso y confianza para afrontar futuros retos con mayor ambición.

L. D.: Usted ha contado que ya de niña sentía fascinación por los animales. Rodríguez de la Fuente fue inspirador…

A. T.: Sí, sí, y también mi padre y alguna profesora en el bachillerato. Ya de niña quería viajar y sentía una enorme curiosidad. Con perspectiva, pienso qué afortunada soy. He cumplido parte de mis sueños. Cuando estudié no pensaba en dedicarme a la investigación. Con las clases de Ecología del profesor Ramón Margalef en 4º supe que quería seguir en ese campo. Estudié mucho para sacar buenas notas. Hice la tesina con él y me dio cartas de recomendación que me abrieron las puertas a hacer el doctorado en Norteamérica con Jansen. Sí, he luchado mucho porque cinco años en los Estados Unidos no fue un camino de rosas. Viví en Costa Rica y fue duro, pero me hizo más fuerte. Estar con grandes maestros va bien, pero es duro. Son mis referentes. Y después también reconozco a los profesores y ecólogos que tuve en Doñana.

L. D.: Siempre he pensado que la Ecología es casi una militancia, porque desde ahí se dibuja el mapa del mundo.

A. T.: Cuando empecé a estudiar los temas medioambientales, yo estaba centrada en Costa Rica, en mi mundo, en la burbuja de la investigación, pero no era consciente de lo mal que estaba, claro que en los 80 no estábamos tan mal. Mi conciencia ambiental de ecologista, que no hay que confundir ecólogos con ecologistas, pero normalmente luchamos para defenderlo, pero no todos. Yo soy inquieta, bastante guerrera, luchadora. Comprendí que no podíamos quedarnos solo estudiando el medio ambiente, que debía llegar la información al público y a los políticos, si nos quedamos todos estudiando una isla es fantástico, es muy cómodo, pero no es suficiente. El Planeta es pequeñito y tenemos que defenderlo en todos. ¡Cuidado señores que esto se está agravando! Ahora, ya la mayoría de científicos que trabajan en estos temas se implican. La divulgación ahora ya es un requisito.

L. D.: ¿Les hacen caso los políticos?

A. T.: La verdad es que poco porque priman otros intereses. Es triste. Hablando con directores o equipos que trabajan en reservas naturales, les decimos que determinadas praxis no se deben hacer. Un caso concreto: los polinizadores en la isla de Cabrera, mientras trabajamos allí vinieron los de Ibanat (Institut Balear de la Naturaleza) a desbrozar, si cortan todas las flores enturbian el estudio que estábamos haciendo. Les dijimos que tenían que esperar a que las flores hubiesen florecido. Argumentaron que, había que limpiar los caminos para evitar riesgo de incendios, ¡claro que sí!, pero hay maneras de trabajar en los dos campos, trabajar la biodiversidad y conservar la naturaleza en parques naturales. Lo que falta es mucha educación ambiental.

L. D.: Escribió un artículo recientemente del impacto medioambiental de la guerra. Leo: “En la guerra en Irán, en solo dos semanas, los ataques estadounidenses liberaron cinco millones de toneladas de CO2, más que las emisiones anuales de 84 países, mientras la destrucción de infraestructuras energéticas y militares libera tóxicos que causan enfermedades graves y generan lluvia ácida”.

A. T.: Se va a la tierra y al mar. Los misiles, bombas que van cayendo, todo esto va a revertir en nuestra salud. Los metales pesados, los compuestos que caen se quedan ahí y las corrientes marinas las trasladan. Todas las emisiones que provocan estas bombas y las enfermedades a nivel local serán más fuertes y van a llegar aquí.

L. D.: ¿Cómo puede afectar a Mallorca, tan cerca del escenario?

A. T.:  Pues en la contaminación del agua porque se va a encontrar en la pesca. No desaparecen, se quedan décadas. Con motivo de la investigación de la Dana de Valencia escuché a una química de Barcelona que mirando compuestos encontraron DDT y está prohibido desde los 70. Claro, y después nos extrañamos de que salgan tantas enfermedades raras. Cada vez hay más toxicidad en las aguas dulces, en el mar, en los ríos. Destruyen territorio, lo erosionan, las estructuras militares se comen territorio. El daño es tremendo, físico, peligra también la seguridad alimentaria local y de todos. Ucrania uno de los mayores productores de cereal de Europa. Es el efecto mariposa.

L. D. Difícil tener esperanza.

A. T. Intento ser optimista, pero soy realista y veo que vamos hacia el precipicio y a marchas forzadas. ¡Y mira que no costaría tanto hacer las cosas bien! Por esta falta de educación ambiental, en general, mucha gente hace las cosas mal porque no saben las consecuencias. Podrían asesorarse. Por ejemplo, la contaminación es tan grave, y estos políticos también se comerán estos microplásticos en esta comida carísima que están comiendo. Si hay un virus maligno, afecta a todos. Los contaminantes casi casi igual. En algunas cosas, se les escapan a los laboratorios.

L. D.: ¿Qué puede hacer la persona de a pie para no contaminar, para no dañar el ecosistema?

A. T.: Informarnos. Faltan programas, y concienciarnos. Ahora hay mucha información. Se sabe que si usa pesticidas en sus cultivos y jardines mata a los polinizadores que son importantes para la alimentación, la biodiversidad, por ejemplo. Es muy importante educar desde pequeños, en los colegios, lo intentamos hacer porque son los futuros tomadores de decisiones. ¡La degradación es tan rápida! No sé si llegamos a tiempo. Ahora estamos en la década de la restauración, de 2020 a 2030 y de los planes que había, restaurar el 30% son de aguas, restaurar 3l/30 de la Tierra no llegamos ni al 15%, un promedio bajísimo. Y 2030 está ya aquí. Me siento frustrada.

Deberíamos estar invirtiendo dinero en restaurar en ecosistemas, hay mucha gente que trabaja en esto, introducir especies que estaban antes. Se podrían tener hábitats menos degradados. Había programas de restauración, pero claro con las guerras todo se va para comprar armas. Hay que pensar en hacer cosas localmente. Si todos en nuestra parcela intentamos mejorar, hacer una comunidad más vivible, amable… Cada vez hay más países que están perdiendo democracia. Estremece y preocupa que un cuarenta por ciento de jóvenes en España no vean claro que la democracia nos lleve por buen camino. Incluso aumentan los terraplanistas, que no creen en el cambio climático. Hay que luchar frente a esto. Yo creo en las pequeñas luchas. Un ejemplo cercano: una isla pequeña como Dragonera se salvó por cuatro gatos que lucharon, y Cabrera también, con apoyo de Rodríguez de la Fuente. Y es un Parque Nacional. Recomiendo una serie de seis capítulos, Hope, del periodista Javier Peña. Son seis capítulos en seis lugares que se están haciendo por el Planeta. Por África. Me iba con esperanza a dormir. Por eso no soy pesimista.

L. D.: Ha trabajado en biodiversidad y ecosistemas insulares. ¿Son los laboratorios óptimos a pesar de ser territorios vulnerables?

A. T.: Claro, las islas son pequeños continentes. Aquí a las islas no llegan, hay una biota disarmónica, no llegan una proporción igual de todas las especies que hay en el continente más cercano. Llegan los que pueden volar, los que pueden nadar y ya no te digo en islas oceánicas que tienen que nadar muchos kilómetros. Hay una biodiversidad mucho más simplificada y menos redundante, creo que si desaparece una especie que tiene una función no hay ninguna otra -o menos que en el continente-   que la pueda reemplazar. Son más vulnerables por eso, porque hay menos especies y las redes tróficas son más simples. Los científicos sí entendemos cómo funciona una isla, podemos extrapolarlo a cómo funciona un sistema.

¿Qué pasa cuando llega una especie de fuera, va a interactuar con la especie o con más, o se va a especializar? Ver patrones en las islas es más fácil que en los continentes. Son laboratorios naturales. Ver y conocer mecanismos, de qué depende su grado de aislamiento, si es mayor o menor o tienen más microhábitats. ¿Son tan vulnerables? ¿Por qué? Una de las grandes perturbaciones que ocurren en las islas son las invasiones biológicas de los grandes motores de cambio global, que no es lo mismo que cambio climático. Este es solo un tipo de cambio, hay otros como la contaminación, las invasiones biológicas, traslaciones de especies de un sitio a otro del Planeta, es un problema que se agrava en las islas, sobre todo en las oceánicas que son puntos adonde llegan muchos patógenos, y, al ser estas redes más simples, su llegada tiene un impacto mayor.

La biota nativa es menos resistente a estas especies que llegan de fuera. Las especies que viven en islas, como han evolucionado en lugares aislados, tienen menos defensas. En las islas encontramos especies únicas, aves que han perdido capacidad de volar, murciélagos en Nueva Zelanda que caminan por el suelo. También están en riesgo porque se han introducido ratas.

En Eivissa, por ejemplo, la culebra causa estragos en la población de las sargantanas. En Mallorca y en Menorca ya han desaparecido. Formentera será la siguiente, y ya hemos visto que las serpientes ahora pueden nadar. Antes los islotes se salvaban, ahora ya no. Avisamos a los políticos con el problema de los invasores como la entrada de los olivos ornamentales que han plantado en Eivissa. Avisamos a la conselleria de Medio ambiente que había que hacer cuarentenas, pero ahora ya es tarde. Ahora con dinero público, y es mucha la inversión, tienen que hacer grandes campañas para erradicar culebras. Esto pasa por no haber hecho prevención. Los políticos son responsables de no hacer caso cuando se les ha advertido, y es porque no les interesa. Piensan en su legislatura, hablo en general. Es muy frustrante.

L. D.: Estamos ya en el inicio de la temporada estival. Ya hay alarmas. ¿Se debería poner límite al turismo porque contamina?

A. T.: ¡Claro, y más en las islas porque hay limitación de agua! Aquí no pueden venir todos lo que quieren. Colapso. Yo frenaría la entrada de aviones, barcos, cruceros, como han hecho en Venecia. Y empezaría en abril. Claro que del turismo se beneficia mucha gente, pero hay que ser racional.

L. D.: ¿Cuál es su línea de investigación actual?

A.T.: Trabajo en dos. El funcionamiento de las islas, en seis archipiélagos del mundo: Ártico, Tierra de Fuego, zona templada de Canarias y Baleares y, en zona Ecuatorial, en Galápagos y en Seychelles. Hemos hecho campañas de campo. Trabajamos en islas casi prístinas, poco perturbadas, islotes pequeños. Las comparamos con islas cercanas. La idea es entender cómo funcionan y cómo de vulnerables son a la introducción de especies como gatos, conejos, insectos y plantas, entre otros. Lo hacemos a través de la teoría de redes, cuáles son las especies clave que hay que conservar y cuáles son las funciones que son claves. Hongos, depredadores, muchos tipos de interacciones a la vez. Y luego vemos que en islas poco perturbadas funcionan bien. Lo que pretendemos es decirles a los gestores cuáles son las especies que deben funcionar.

La otra línea es la de polinizadores. Vamos a hacer restauración de polinizadores en estos campos. Necesitaremos más energías renovables, pero compatibles con el mantenimiento de campos, jardines de polinizadores en los pasillos, hoteles de insectos.