LITERATURA

LOS MACHADO, DESDE SEGOVIA CON AMOR

En Segovia, Antonio Machado vive una segunda plenitud. La primera fue en Soria, con el paisaje interior a una felicidad serena y honda, en 1907. Pero al morir Leonor, en 1912, le sobreviene una devastación de la que se sobrepone en Baeza, en cuyo cuartel de invierno se va recuperando mansamente de su herida interior, tras haber esperado ese otro milagro de la primavera que al final no ocurrió.

Cuando llega a Segovia, en noviembre de 1919, ha pasado el duelo por Leonor y ya es uno de los grandes de la poesía española: especialmente, tras Campos de Castilla. Siempre resultará sencillo reconocer la esencia del paso de Antonio por Segovia: hoy puede visitarse, con la emoción de una austera verdad, el cuarto de su pensión, por el que pagaría 3 pesetas y media al día. En Segovia, Antonio participa en la fundación de la Universidad Popular Segoviana, con la que se restaura el antiguo templo románico de San Quirce, para la instrucción gratuita de los segovianos. Antonio ha sido destinado a la Cátedra de Francés del Instituto General y Técnico, donde dará clases hasta 1932. Acude a la tertulia de San Gregorio, que se reúne todas las tardes en el alfar del ceramista Fernando Arranz, entre las ruinas de otro templo románico, con amigos como Blas Zambrano, el padre de María. La tertulia dura hasta 1927: el año de la famosa generación poética, pero también, el año en que Antonio Machado es elegido miembro de la Real Academia Española.

Nunca llegará a tomar posesión de su sillón. A Unamuno le escribe: “Es un honor al cual no aspiré nunca; casi me atreveré a decir que aspiré a no tenerlo nunca. Pero Dios da pañuelo a quien no tiene narices…“. Pues precisamente el pasado 29 de abril, de 2025, el año en que se cumple el 150 aniversario de su nacimiento, ese discurso de ingreso, que escribe y no llega a pronunciar, ha sido leído en la Academia por el actor José Sacristán, en la inauguración de la gran exposición, Los Machado. Retrato de familia, comisariada por Alfonso Guerra.

Segovia es aún más para Antonio: allí conocerá a Pilar de Valderrama, o Guiomar, su última musa, que ha ido allí buscando el recogimiento tras un drama familiar. Se hospeda en el Hotel Comercio, y allí se ven por primera vez, comenzando un idilio, por lo que sabemos, apasionado, pero demasiado espiritual, de lo que se ve, pero no se toca. Aunque Segovia, en realidad, es para Antonio Machado un puente hacia Madrid: cada fin de semana se reúne en el Café Varela con su querido hermano, Manuel Machado, y tienen una tertulia a la que acude con frecuencia, desde Salamanca, Miguel de Unamuno. También está con ellos José Machado, el hermano pintor, casi un lazarillo para Antonio.

Es tan feliz en este nuevo regreso a Madrid que suele perder el tren de regreso a Segovia los lunes, y hasta los martes. En Segovia vive Antonio Machado la proclamación de la Segunda República, y saca la bandera tricolor al balcón del ayuntamiento. Doce días más tarde, el 26 de abril, también su querido hermano Manuel Machado recita su Canto Rural a la República Española en el Ateneo de Madrid, con música de Oscar Esplá. Los hermanos pertenecen al linaje republicano del padre y del abuelo, pero el desencanto llegará pronto para Manuel, ante una República muy sovietizada.

Cuando se despide del diario La Libertad, en su último artículo, Manuel escribe: “El mundo se debate hoy, lejos de toda libertad, entre dos dictaduras: la capitalista y la colectivista, la burguesa y la proletaria, entre el fascismo y el comunismo. Ambas son igualmente enemigas de la individualidad (…). Ambas son para mí igualmente detestables”. Pero antes, en Segovia, Antonio Machado vive esa segunda plenitud con la proximidad de Madrid y la presencia redentora de los restos de San Juan de la Cruz en el Convento de los Carmelitas Descalzos. Esos años segovianos, aprovechando sus fines de semana luminosos en Madrid, Antonio escribe gran parte de su teatro con Manuel, como Juan de Mañara o La Lola se va a los puertos. Antes del desastre de la guerra, que separará física, pero no emocionalmente, a los dos hermanos Machado, Segovia será, para Antonio, la última etapa serena de su vida.

Me gusta hablar de Segovia en la vida de Antonio porque siempre he pensado que en Segovia Antonio Machado fue feliz. Sus otras ciudades han sido Sevilla, Madrid, Soria y Baeza. También París, en su juventud modernista con su querido hermano Manuel. Y Collioure, finalmente. La extraordinaria exposición Los Machado. Retrato de familia, se ha inaugurado en dos de ellas: primero, en la Sevilla de la infancia de los dos poetas, y actualmente en Madrid, en la Real Academia Española; y, entre medias, en Burgos, que no es una ciudad de Antonio, pero sí de Manuel Machado, que inicia desde allí, en febrero de 1939, aquel viaje prodigioso hasta Collioure, en cuanto conoce la noticia de su muerte.

El viaje lo narro en mi novela El querido hermano (Galaxia Gutenberg), publicada en 2023 y aún muy viva, en su quinta edición, gracias a ese otro viaje alucinante de los lectores, que han tenido a bien leer y recomendar esta historia de dos hermanos, poetas en el tiempo, y su enorme cariño sin trincheras.

Escribí El querido hermano, entre otras muchas razones, para reivindicar a Manuel Machado como hombre, como poeta y como hermano. Es lo que hace ahora esta exposición en la Real Academia Española, en Madrid, tras haber pasado por Sevilla y Burgos, en un recorrido que nos va recibiendo a través de las edades, y las ciudades, de Manuel y Antonio Machado, desde Sevilla hasta Collioure, con sus padres y abuelos, vibrando en los detalles, en los documentos y hasta en los dos bastones de los dos hermanos, antes de ser estelas en la mar. No es solamente una exposición, sino un retrato vivo de familia que emociona y también nos acoge con amor.