CINE

PAPAS DE CINE Y CINE DE PAPAS

A lo largo de la historia del cine, en películas de diversos géneros, encontramos papas entre sus personajes. Recordemos algunos ejemplos, como el papa Julio II, interpretado por Rex Harrison en El tormento y el éxtasis (C. Reed, 1965); el papa Inocencio III, encarnado por Alec Guiness en Hermano sol, hermana luna (F. Zeffirelli, 1972) o el papa Pío XII, representado por John Gielgud, en Escarlata y negro (J. London, 1983). Pero no solo encontramos personajes históricos, sino también papas de ficción, como el papa Cirilo I de la clásica película Las sandalias del pescador (Michael Anderson, 1968). Aquí el Papa es el protagonista absoluto del film, basado en una novela de Morris West, y tuvo un carácter profético en diversos aspectos.

El argumento se centra en el arzobispo ucraniano Kiril Lakota, interpretado por Anthony Quinn, prisionero en un campo de trabajo soviético en Siberia. Consigue ser liberado por el Primer Ministro de la URSS, que le conocía bien porque años atrás había sido su carcelero. Le dan permiso para hacer un viaje a Roma y allí el Papa le nombra cardenal. No mucho tiempo después, el Papa muere, y en el cónclave Kiril es elegido como sucesor de Pedro. El nuevo Papa, Cirilo, opta por un modelo de pontificado que rompe con muchas formalidades del antiguo régimen y se hace muy cercano a la gente.

Es ciertamente premonitoria porque habla de un Papa que viene de un país comunista del Este, como San Juan Pablo II, y que elimina muchos de los protocolos y formalidades de la Curia, como hizo el papa Francisco. Caigamos en la cuenta de que la película es de 1968, época de movimientos sociales y contestación callejera. Ha terminado el Concilio Vaticano II hace poco tiempo, y unos quieren cambios más rápidos, y otros los prefieren más lentos.

Si nos acercamos al presente nos encontramos con que últimamente se han estrenado en las salas de cine dos películas de ficción sobre Papas reales y otra sobre un Papa imaginario: Francisco, el padre Jorge (B. Docampo, 2015), Los dos Papas (F. Meirelles, 2019) y Cónclave (E. Berger, 2024). La primera es una producción hispano-argentina protagonizada por Darío Grandinetti y nos cuenta la vida de Jorge Bergoglio hasta ser elegido Papa. El guion se basa en la biografía Francisco, vida y revolución escrita por la vaticanista Elisabetta Piqué, del diario La Nación, de Buenos Aires. La cinta es amable, dibuja un retrato muy humano del personaje y nos ofrece una subtrama interesante protagonizada por Silvia Abascal.

Los dos Papas es una producción británica de Netflix, dirigida por un cineasta brasileño y escrita por un experto en biopics, el guionista neozelandés Anthony McCarten. El argumento imagina la supuesta relación entre el cardenal Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, y el papa Benedicto XVI en torno al año 2010.

Cuenta que Bergoglio (Jonathan Pryce) viaja a Roma para pedirle al Papa (Anthony Hopkins) que le acepte su petición de jubilación. Se hospeda en las dependencias personales de Benedicto XVI, lo que les lleva a convivir varios días, consecuencia de lo cual nacerá una profunda amistad entre ellos, y se revelarán mutuamente dolorosos secretos. El problema del film es que ofrece un retrato de Benedicto XVI muy poco ajustado a la realidad, y que el esquema ideológico de fondo en el guion es la cansina dialéctica entre conservadores y progresistas.

Con motivo del fallecimiento del papa Francisco se reestrenó la película Cónclave en el pasado mes de mayo. El argumento arranca con el imprevisto fallecimiento de un Papa imaginario. Se trata de un Papa que ha llevado a los católicos por caminos de modernización, pero que, por lo visto, perdió su fe en la Iglesia. Cuando empieza el cónclave los cardenales están divididos entre los que quieren volver al pasado, cuyo líder es el cardenal Tedesco (Sergio Castellito) y los que desean aceptar los cambios culturales y morales de nuestro tiempo, capitaneados por el cardenal Bellini (Stanley Tucci).

En la primera votación los favoritos son el africano Cardenal Adeyemi, que esconde un secreto inconfesable, y el cardenal Trambley, un hombre corrupto con ansia de poder. El gran árbitro del cónclave es el Decano, monseñor Thomas Lawrence (Ralph Fiennes), el verdadero protagonista del film, un cardenal íntegro que desea cumplir su función correcta e intachablemente pero, que vive una crisis espiritual. El film está muy bien hecho como thriller, pero ofrece una imagen muy deprimente de la Iglesia y cuenta con un desenlace demasiado fantasioso.

Pero no sólo el cine de ficción ha puesto su mirada en el papado, sino también el cine documental. Recordemos las producciones más recientes, empezando por un documental, ganador de dos premios Emmy, que investiga la figura de san Juan Pablo II: Liberando un Continente: Juan Pablo II y la revolución de la libertad (D. Naglieri, 2016).

Se analiza su pontificado desde la perspectiva de su significado histórico y político, poniendo el foco en los gestos y palabras de un papa que, dentro del ejercicio de sus funciones ministeriales petrinas, era plenamente consciente de las consecuencias políticas de los mismos. La película nos lleva al primer viaje de san Juan Pablo II a Polonia, en plena Guerra Fría; un viaje cargado de mensajes y gestos que influyeron decisivamente en la caída del telón de acero y en el hundimiento del Socialismo Real y sus mentiras totalitarias.

La película cuenta con valiosas imágenes de archivo, así como con la intervención de diversos protagonistas o testigos directos de aquella época, como Richard Allen y Carl Anderson, colaboradores del Presidente Reagan, Zbigniew Brzezinski, consejero de Jimmy Carter, Hana Suchoka, ex Primera Ministra de Polonia o Valdus Adamkus, ex Presidente de Lituania.

También, sobre el sucesor de san Juan Pablo II, Benedicto XVI, se estrenó otro documental, Benedicto XVI. El Papa emérito (A. Garrigó, 2021), coincidiendo con su 94 cumpleaños. Es una película sencilla, de carácter muy divulgativo, que busca hacer un retrato sincero y luminoso del Papa que había renunciado a la sede de Pedro, pero cuya trayectoria personal fue decisiva para la Iglesia.

También en este documental encontramos testimonios muy interesantes, como el de su secretario personal, Georg Gänswein, o el del embajador uruguayo ante la Santa Sede Guzmán Carriquiry, así como los cardenales, Gerhard Müller, Julián Herranz o Antonio María Rouco Varela. Sin embargo, probablemente, son las imágenes de archivo las que más emocionan al espectador al ilustrar la intensa historia de Joseph Ratzinger.

Y en 2018 le llega el turno al papa Francisco con un documental del famoso cineasta alemán Wim Wenders: Francisco. Un hombre de palabra. El origen de esta producción está en 2014, cuando Wenders recibe una carta de Dario Viganò, el entonces Prefecto de la Secretaría para la Comunicación de la Santa Sede, el cual le propone hacer un documental sobre el recién elegido papa Francisco.

A Wenders se le daría total libertad creativa y se le ofrecería la oportunidad de contar con varias entrevistas exclusivas del nuevo Papa. El cineasta alemán aceptó y optó por tratar de hacer un dibujo positivo del Papa, pero también emocionante, en el que se trazaran las líneas vertebradoras de su pontificado. Con ese fin se organizaron cuatro sesiones de entrevistas, de dos horas de duración cada una, en distintas localizaciones. El papa Francisco mira directamente a cámara, en planos cortos, lo cual, en la práctica, es como si mirara directamente al espectador. La película incluía recreaciones de la vida de san Francisco de Asís, con el que se quería establecer una comparación. Sin duda, una producción de enorme dignidad.

Pero no es este el único documental sobre el papa Francisco. In viaggio. Viajando con el Papa Francisco (G. Rosi, 2022), que llegó a las pantallas españolas de la mano de la RAI tras su paso por el Festival de Venecia, está dirigida por un prestigioso director italoamericano, nacido en Etiopía, y que es el documentalista más galardonado en los festivales de Venecia, Berlín y Cannes. Su filmografía es conocida por haberse fijado siempre en los más desfavorecidos, como los refugiados de Lampedusa (Fuocoammare, 2016) o las víctimas de la guerra de Siria (Notturno, 2020).

Con esta trayectoria no es de extrañar que su excelente documental sobre el Papa se centrara en sus viajes, leídos desde la perspectiva de su compromiso con los más necesitados. Lo realmente curioso de esta producción es que carece de narrador o de voz en off. El documental no solo muestra algunos de los innumerables viajes del Papa, sino también las conversaciones con los periodistas en los aviones, las reuniones con líderes de otras confesiones o religiones, sus visitas a enfermos en los diversos lugares de sus viajes, su famosa videollamada a los astronautas de la Estación Internacional o sus intervenciones públicas durante el confinamiento.

Más polémico fue Amén: Francisco responde (J. Évole y M. Sánchez, 2023), un documental que no se estrenó en salas, sino directamente en la plataforma de Disney +. Se trataba casi de un experimento de laboratorio. Los directores grababan una conversación entre el Papa y diez jóvenes muy variopintos reunidos a las afueras de Roma: una chica del Camino Neocatecumenal, un joven ateo, un africano musulmán, una joven que se declaraba de sexualidad no binaria, una madre soltera de 22 años que se ganaba la vida haciendo sexo online, una cristiana que defendía el aborto, una evangélica inmigrante, una pakistaní, un joven que afirmaba haber sido abusado por un numerario del Opus Dei y una exmonja atea, que afirmaba haber encontrado el amor fuera de la Iglesia.

Tan variados eran los invitados como los temas, tales como el aborto, las relaciones sexuales, la masturbación, el papel de las mujeres en la Iglesia, la inmigración, o los abusos –tanto sexuales como de poder- dentro de la Iglesia. El montaje final que se emitió fue irregular y ambiguo en muchos aspectos. Aunque una producción como esta siempre es interesante, obviamente tampoco aportó nada nuevo a lo que es la doctrina de la Iglesia sobre esos temas.