El capricho, el interés de los poderosos, o los nacionalismos (más bien regionalismos) o fundamentalismos causan a menudo rupturas en territorios históricamente unidos. Pakistán e India son ejemplo de esto. Bajo el dominio inglés, eran un solo país. Al conceder la independencia en 1947, Gran Bretaña decidió la partición en dos países: Pakistán (de mayoría islámica) e India (de mayoría hindú). Quizá se pensaba que era la manera de evitar luchas civiles y religiosas. Pero ahora podríamos estar ante lo que sería la cuarta guerra en menos de un siglo entre India y Pakistán.
Ambos países reivindican su control sobre Cachemira y, a los pocos meses de la independencia, ya se dio la primera guerra. En 1999 rebeldes paquistaníes se apoderaron de puestos militares en la región india de Kargil. Las tropas indias respondieron con un conflicto que duró diez semanas y cesó después de la intervención de Estados Unidos. En 2008, un grupo de asaltantes del grupo paramilitar Lashkar-e-Taiba realizó un ataque terrorista en Bombay, matando a 166 personas. En 2019, un coche bomba suicida mató a 40 soldados militares en Cachemira. India respondió bombardeando objetivos paquistaníes. Durante décadas, diversos grupos militantes que, o bien reclaman la independencia para Cachemira, o bien quieren que la región sea parte de Pakistán, han luchado contra la India, con un costo de decenas de miles de vidas por ambos lados. India asegura que esos grupos están apoyados por Pakistán, pero Islamabad lo niega. Pero ahora es más peligrosa que antes. En 1972 hubo un nuevo conflicto que terminó con la separación de Bangladesh, que hasta entonces había sido parte de Pakistán.
¿Y ahora por qué?
Un sangriento atentado que acabó con la vida de 26 turistas en Cachemira ha sido el detonante de un nuevo conflicto. Unos pistoleros abrieron fuego sobre turistas en el destino de montaña de Pahalgam, un distrito de Cachemira controlado por India. 25 de los 26 turistas asesinados en el ataque del 22 de abril eran ciudadanos indios. La Resistencia Cachemira, conocida como Frente de Resistencia reivindicó la responsabilidad del ataque. Pero no se ha podido verificar la autoría. La banda está clasificada como organización terrorista afiliada al grupo islámico Lashkar-e-Tayyiba, responsable de los ataques de 2008 en Bombay.
India acusó a Pakistán, suspendió los acuerdos y su participación en un importantísimo tratado de aguas, que estaba vigente desde 1960. El sistema del Río Indus apoya a millones de hogares en Pakistán y el norte de India y el tratado gobierna cómo se comparte. Pakistán asegura que cualquier intento de recanalizar el agua que pertenece a Pakistán se puede considerar como acto de guerra. Pakistán suspendió el comercio con India, cerró el espacio aéreo y expulsó a los diplomáticos indios presentes en el país. El gobierno de Islamabad asegura que el acuerdo del agua es de vital importancia nacional, ya que es esencial para la agricultura y la energía en un país de 240 millones de habitantes. El rompimiento del acuerdo de aguas podría llevar a la suspensión del tratado de paz.
Diversas incursiones indias y respuestas de Pakistán en recientes semanas hicieron sonar las sirenas de alarma con enorme fuerza. A Pakistán se le complicó aún más la situación con la posición de Afganistán, cuyo gobierno talibán se puso claramente en contra del país a raíz del atentado en Cachemira. Antiguamente amigos, los dos países están ahora directamente enfrentados. Por otro lado, ni a Estados Unidos ni a China les puede interesar una guerra en el área y de momento, se logró la tregua. Pero la situación todavía es muy frágil.
Y ahora, más amenaza destructiva
El asunto de Cachemira es una mezcla de factores de nacionalismo religioso, gobierno autoritario y agravios políticos sin resolver. El gobierno de Modi asegura haber restaurado la normalidad a Cachemira después de los conflictos de 2019. Pero la ideología domina aún en las políticas de gobierno de Cachemira. El partido nacionalista hindú de Modi deseaba eliminar el estatus especial del único estado de india de mayoría musulmana, someter a Cachemira al control de Nueva Delhi y borrar los rasgos distintivos de la identidad cachemira. Las autoridades han impuesto un control total sobre la información, han debilitado el gobierno local y han creado un ambiente donde se reprime la disensión. Con todo esto, ha resultado en un sentido de asedio. El apoyo local al gobierno indio se ha debilitado o casi desaparecido, lo que hace muy difícil a los servicios de inteligencia reunir el tipo de información que podría haber prevenido el reciente ataque, y posibles futuros conflictos.
El primer ministro indio Narendra Modi ha jurado perseguir a los atacantes de Pahalgam “hasta el fin del mundo”. Y eso, evidentemente, resulta muy preocupante. Para empezar, la marina india lanzó pruebas de misiles como demostración de fuerza. Además, ha cerrado la frontera y limitado incluso más los visados de ciudadanos paquistaníes. También ha expulsado a consultores militares de la Comisión Paquistaní en Nueva Deli. En un artículo publicado en 2023, Mike Pompeo, que fuera Secretario de Estado en la Administración de Bush, reveló que la India y Pakistán estuvieron muy cerca de un conflicto nuclear en 2019, hasta que la intervención de Estados Unidos bajó el nivel de crisis. Durante su última campaña de elección, Modi repitió muchos temas nucleares para demostrar la fuerza de lo que sería su gobierno. Pero ahora Modi se enfrenta a la presión de demostrar tal fuerza respondiendo a cada nuevo ataque. Y el enfoque de su gobierno está en castigar a Pakistán, en lugar de en crear una estrategia a largo plazo que permita un camino hacia una paz duradera.
Y ahora la situación de Cachemira es más volátil que nunca debido a las políticas duras de Modi que han incrementado los resentimientos en la región con mayoría musulmana, y principalmente con el vecino Afganistán. Es muy probable que India inicie ataques con misiles sobre objetivos militares, o incluso alguna incursión por tierra. Tales acciones demostrarían fuerza, pero no llegarían a una guerra abierta. Pero también, tales acciones podrían llevar a una escalada, provocando revanchas por parte de Pakistán, e incluso situando a ambos países ante el posible uso de armas nucleares. Los dos países han ido edificando sus ejércitos y arsenales nucleares a lo largo de los años, desde 1974 en que India hizo su primera prueba nuclear. Desde entonces, por los dos lados se han ido acumulando armas nucleares, sistemas de misiles, y toda clase de armamento moderno.
A pesar del reciente viaje de JD Vance a India, principalmente para hacer acuerdos comerciales y de aranceles, la administración Trump (de momento) no parece muy interesada en India, y Estados Unidos no tiene fuerzas cerca de Afganistán. En el momento de tensión actual, con las presiones de la opinión pública en los dos países, Pakistán podría responder con fuerza a cualquier golpe por parte de India. Con el creciente compromiso de China en la región, la situación en Cachemira amenaza con escalar peligrosamente. Por un lado, Pakistán está en este momento sumido en una grave crisis económica y política. El ejército no goza de popularidad y el líder político está encarcelado.
El ejército podría responder a cualquier acción india con fuerza para demostrar su capacidad y restaurar su credibilidad. Además, a pesar de su crisis, Pakistán tiene un fuerte arsenal nuclear y goza del apoyo de China, que tiene sus propios intereses en Cachemira. El pasillo económico China-Pakistán pasa por la parte de Cachemira administrada por Pakistán. Pekín se opuso fuertemente al intento de India de terminar el status especial de Cachemira en 2019 y reclamó sus propios intereses territoriales ahí. Lo que añade peligro a esta situación es que, si bien en el pasado Estados Unidos había jugado un papel crucial en las crisis de Asia del Sur, ahora la atención está centrada en otras crisis. La retirada de las fuerzas de la OTAN de Afganistán, y el enfrentamiento de Afganistán con Pakistán ha disminuido la importancia de Pakistán para los Estados Unidos. Sin embargo, esta situación también es peligrosa para China y para Estados Unido, de hecho, para todo el mundo. Una escalada en la carrera nuclear podría tener un efecto terrible en los conflictos de Ucrania (con el apoyo de Europa y Estados Unidos) y Rusia (con el apoyo de China), y de Israel (con el apoyo de Estados Unidos) y Gaza (con el apoyo de los estados musulmanes, y sobre todo Irán).
Pero la aparentemente falta de presión internacional hace la situación actual terriblemente volátil. Los riesgos son ahora mayores que nunca, con posibles consecuencias calamitosas para Asia y para el resto del mundo. Ahora que parece haber habido una presión para el alto el fuego, la amenaza parece un poco menor, pero aún pendiente de un equilibrio inestable.
El escenario más peligroso es que una respuesta militar de India provoque una contraofensiva paquistaní, poniendo en marcha una cadena difícil de controlar. Con ambos países en alta tensión y con un sentimiento nacionalista exacerbado, el riesgo de un fallo de cálculo o una escalada accidental es mayor de lo que parece. En el peor de los casos, una guerra que pudiera llegar al uso de armas nucleares, amenazaría con una destrucción catastrófica de todo el Sur de Asia. Los estados con armamento nuclear no pueden depender de la suerte para entrar en un conflicto potencialmente calamitoso.
¿Un signo de lo que es posible?
La calle Devon de Chicago no marca fronteras. Es un prodigio de convivencia. A lo largo de la calle se pueden ver establecimientos, bibliotecas, restaurantes y centros religiosos, primero judíos, a continuación árabes: y luego, paquistaníes e indios, frecuentemente incluso mezclados, con una gestión mixta hindú-paquistaní. Hasta aquí no ha llegado ni el capricho ni la conveniencia, de marcar claras fronteras entre distintas manzanas de la misma calle. Y, aunque hay muchas instituciones religiosas de diverso signo, tampoco parecen tener cabida los fundamentalismos nacionalistas o religiosos. Claro que todos esos grupos no tienen un poder político específico, aparte de su capacidad de voto, ni autogobierno dentro de Estados Unidos. Los unen simplemente intereses económicos y de turismo. Con todo, podría ser todo un símbolo de lo que pudiera ser un mundo ideal. Pero parece más bien una mera utopía.
