Tras numerosas exposiciones en museos como el Guggenheim de Nueva York, el Reina Sofía de Madrid, la Tate Gallery de Londres o la Bienal de Venecia, la Fundació Calalunya La Pedrera, trae por fin a Barcelona la primera monográfica del trabajo de la escultora y grabadora Cristina Iglesias, Premio Nacional de Artes Plásticas y una de las artistas españolas más internacionales de las últimas décadas. La muestra, comisariada por el productor de cine James Lingwood, se exhibirá en La Pedrera hasta el 25 de enero de 2026 y está conformada por más de una treintena de obras de muy diversas técnicas fechadas desde 2002 a la actualidad, una experiencia inmersiva que convierte los espacios sinuosos de Gaudí en un territorio de tránsito y contemplación.
Nacida en San Sebastián, en el seno de una familia con grandes inquietudes culturales, Cristina pertenece a una generación de artistas que, desde la década de 1980, transformó el concepto de escultura en el ámbito de las instalaciones. Escultora de vocación, se matriculó en Ciencias Químicas, pero su deseo de encontrar un lugar en el mundo del arte, la impulsó a abandonar la facultad y a trasladarse a Barcelona para estudiar dibujo y cerámica. Empezó trabajando con barro, pero un año más tarde, la necesidad de encontrar nuevos lenguajes la llevó a Londres para matricularse en la Chelsea School of Art en Londres, y posteriormente formarse en el Pratt Institute de Nueva York con una beca Fulbright.
Ella insiste en que esos estudios forman parte de ella y de su creación, un lenguaje escultórico fuertemente inspirado en su estancia en Londres y posteriormente en la escuela de Düsseldorf, donde descubrió una manera más inclusiva de entender el arte, uniendo disciplinas tan diversas como la arquitectura, la ingeniería o la literatura con elementos naturales e influencias específicas del lugar para el que han sido pensados.
Su intensa actividad expositiva durante la década de 1990 la hizo merecedora del Premio Nacional de Artes Plásticas (1999), un reconocimiento a la amplitud y coherencia de su obra, que apela a la esencia primordial de las construcciones arquitectónicas primigenias, la exaltación de los materiales y su extraordinaria conexión con la imaginación; esos lugares de la mente que delinean los umbrales entre lo intangible y lo real.
Tras el galardón, Cristina tardó siete años en exponer su primera obra pública en nuestro país: la puerta-escultura para la ampliación del Museo del Prado, encargada por el arquitecto Rafael Moneo, proyecto que simultaneó con la Deep Fountain en la plaza Leopold de Wael de Amberes. La escultora tiene previsto exponer en los próximos meses en Londres y, en el 2026, también lo hará en Nueva York. En la actualidad trabaja en obras destinadas al espacio público en Suecia, Dinamarca y Chicago. En 2027, se inaugurará una gran retrospectiva en París. Más que esculturas, Cristina crea lugares, o quizá esculturas que se visitan como lugares. A partir de un repertorio que combina formas ficticias y naturales, sus obras son instalaciones que evocan la memoria del paisaje y proponen al visitante, más que observar, adentrarse bajo los techos suspendidos, entre las celosías de inspiración árabe y las estructuras de bronce, cemento, cristal y agua, deambulando por caminos y pasadizos que filtran la luz ambiental y reverberan sus efectos lumínicos.
Lejos de plantear un recorrido cronológico, Pasajes se desarrolla como una deriva fluida y circular que sigue el movimiento y la curvas de la planta noble. Cada pieza genera una experiencia sensorial y conceptual distinta, en diálogo con la arquitectura orgánica de La Pedrera, un mundo de sensaciones que se amplifican gracias a la afinidad formal con Gaudí, otro creador obsesionado con la naturaleza como matriz estructural. El título no es casual: las obras actúan como umbrales, como fisuras entre lo natural y lo construido, entre el peso de la materia y la evocación del paisaje. “Mi trabajo parte de una exploración de la relación entre espacio, materialidad y percepción. Me interesa cómo las formas y los materiales pueden sugerir narrativas ocultas y generar nuevas formas de habitar y experimentar el entorno”.
En el patio del Passeig de Gràcia el rumor del agua recibe al público en una adaptación de Vers la Terre (2011), preludio del tono sensorial que se desplegará en la muestra con el Bosque Mineral (2025) una instalación de gran formato concebida para la planta noble del edificio que sumerge al visitante en un entorno profundamente evocador.
Más que una exposición al uso, Pasajes se despliega como una gran instalación unitaria, una única obra en la que la artista prolonga la experiencia sensorial en torno a los procesos geológicos y la memoria profunda del subsuelo, convirtiendo La Pedrera en un organismo vivo, un lugar donde arte, arquitectura y naturaleza confluyen para recordarnos que el verdadero espacio escultórico es, quizás, aquel que habitamos al recorrerlo.
“Es la experiencia de cada persona con sus carga psicológica la que define la obra. No puede haber lugar sin alguien que lo habite, que lo perciba, que lo transite.” Como actividad complementaria, el director de cine David Trueba ofrece una mirada íntima en Cristina Iglesias. De raíz y de sombras, un documental en el que entra en su estudio, asiste a la creación de algunas de sus obras más recientes y analiza su trayectoria.
El audiovisual, estrenado el 28 de octubre en el Auditorio de La Pedrera, documenta la preparación de la muestra e incluye reflexiones de la escultora, así como conversaciones entre Trueba y la escultora. En el mismo lugar, la artista también ofreció una conferencia el 15 de diciembre.
“La escultura puede transformar un lugar y ofrecer nuevas formas de interacción y reflexión para quienes lo transitan. Busco crear obras que dialoguen con su entorno y enriquezcan la experiencia del espectador.”
CRISTINA IGLESIAS. PASAJES
Fundació Calalunya La Pedrera. Del 9 de octubre de 2025 al 25 de enero de 2026
Horario: de lunes a domingo, de 10h a 19.30h (último acceso: 19h). Cerrado el 25 de diciembre.1 de enero, horario especial: de 11 h a 19.30 (último acceso: 19 h)
Precio: entrada general: 14 euros.
Más información en:
cultura@fcatalunyalapedrera.com
