Hasta recientemente, el candidato demócrata en la campaña electoral estadounidense era Joe Biden. Pero cada vez ofrecía menos certeza acerca de su capacidad mental o física. Cada vez más parecía un viejo indefenso, aunque se sabe que detrás de esa apariencia de debilidad había también políticas demasiado radicales para algunos sectores. Como hemos visto en recientes elecciones en Francia o en Venezuela, las campañas parecen más orientadas a meter miedo ante la posibilidad de que gane una extrema, que a presentar una política de acción.
El otro no es simplemente un adversario ideológico, sino simplemente el coco. El coco hará que la gente se quede sin trabajo, las mujeres sin sus derechos, los inmigrantes en la miseria, en la cárcel o deportados y la incertidumbre más angustiosa… El coco, de un lado o del otro, es el terror que viene si no se vota por ellos (alternativamente, uno u otro bueno, uno u otro coco). Hay que votar por la moderación para evitar que venga el coco. Lo gracioso del caso es que a menudo los niños se dan cuenta de que el coco no es tan real y que la amenaza es una simple manipulación parental para llevarlos a la conducta que quieren. Y, si bien pueden existir razones convincentes para el temor ante uno u otro candidato, la realidad es que hay que mirar más allá de las apariencias, o de los mensajes selectivos.
¿Quiénes son los cocos en esta situación?
Con su estilo histriónico, y se pudiera decir que poco amable, Trump es un verdadero coco o casi el hombre del saco. Poco amable, burdo, populista, radical, con visos autoritarios, con problemas legales… Donald Trump es, antes que político, un empresario con mucho éxito, un multimillonario, una figura del espectáculo televisivo, dueño de edificios, hoteles y empresas. Nacido en Nueva York en 1946, fue presidente del país de 2017 a 2021. Su figura pudiera suscitar miedo e inseguridad y, sin embargo, durante su primer mandato como presidente, Estados Unidos no inició ni una sola guerra, aunque siguió apoyando un par de conflictos en los que ya estaba implicado; la economía mejoró (aunque al final del mandato la pandemia vino a frenar e incluso a dañar el proceso).
El tan temido botón nuclear con el que el loco de Corea del Norte o el loco de la colina washingtoniana podrían haber dado paso a un holocausto nuclear no llegó a pulsarse, ya que Trump siguió con Corea, así como con China, una política firme, aunque amistosa. Consiguió un tratado de paz con Israel y los Emiratos Árabes y mantuvo relaciones de détente con China.
Se declaró amigo de Israel y llegó incluso a trasladar la Embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén, por considerar la relevancia de esta ciudad para los israelitas. En el aspecto económico, en un principio la economía progresó y la bolsa subió, y la propiedad de casas familiares también ascendió. En la parte negativa, en gran parte como consecuencia de la crisis del COVID, la economía perdió 2.7 millones de trabajos, se destruyeron empresas y se frenó el comercio internacional. Aumentó la producción de armas y aumentó también, la inmigración irregular.
Uno de los puntos más importantes, y conflictivos, de la campaña electoral de Trump había sido la construcción de un muro a lo largo de la frontera, así como deportaciones masivas. Se trataba de frenar el flujo migratorio que, agravado por los problemas políticos en países centro americanos y caribeños y por el incremento del tráfico humano de pandillas violentas, se había disparado. El muro, o variaciones sobre el mismo, ya había sido iniciado en tiempos de Clinton, y Trump añadió unos 300 kilómetros más. La geografía se encarga gran parte del resto de los más de 3,000 kilómetros. Es cierto, también, que aumentó el número de deportaciones, así como, las leyes restrictivas puestas en vigor durante la pandemia que impidieron la entrada en Estados Unidos, que ahora se ha disparado provocando una crisis sin precedentes. Uno de los mayores temores que han desatado Trump y su candidato a la vicepresidencia, JD Vance, es la deportación masiva de un millón de inmigrantes irregulares.
Considerando que en el país podría haber más de 20 millones de inmigrantes indocumentados, un millón de deportaciones no parece un número tan elevado…; y es que en el informe sobre la declaración de Trump y Vance sobre las deportaciones no se ha incluido la palabra, delincuentes. Pero eso, siembra un gran terror entre toda persona indocumentada.
También se han obviado las cifras de deportación en tiempos de Obama (2.7 millones) y el acercamiento del número de deportaciones de la Administración Biden al de Trump, en su anterior mandato. Las deportaciones masivas presentarían, además, una serie de desafíos logísticos y de movilización de recursos difíciles de resolver.
En cuanto a la defensa de la vida, frecuentemente Trump se había pronunciado a favor de la restricción de los términos y condiciones del aborto. Es cierto, que esto son cosas de las que habló mucho en la anterior campaña y que ahora, por parte republicana, no está muy en primera fila, creando una cierta inquietud entre los sectores pro-vida. En aquel momento, el contraste entre el católico Biden apoyando el aborto firmemente y todas las políticas de género y LGTBQ+ y el protestante Trump defendiendo la vida parecía una importante distinción. Eso probablemente no ha cambiado: solo que ahora es más una cuestión de batalla cultural que religiosa.
Un nuevo mandato de Trump, aseguran los más críticos, sería incluso más radical. Se dice que su campaña tiene una retórica más violenta y autoritaria y que da lugar a comparaciones con dictadores fascistas y con caudillos populistas. El recuerdo del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 hace saltar todas las alarmas. Se teme que, como amenazó-insinuó anteriormente, no apoyaría a la OTAN… es decir, exigiría que los aliados pagaran rigurosamente su parte en la defensa y que defendieran sus propios intereses por sí mismos. Eso pareciera que haría peligrar la continuada ayuda a Ucrania… pero siempre tendría que tener el respaldo del Congreso. En el conflicto de Oriente Medio, Trump estaría también decididamente a favor de Israel, lo cual lo enfrentaría con los diversos movimientos propalestinos presentes en el país.
JD Vance, el segundo de a bordo de los republicanos. En apariencia, JD Vance es un joven político conservador de ideas muy parecidas, o idénticas, a las de Trump. Su importancia para estas elecciones, que necesitan el voto de los estados rurales y del interior es que él mismo proviene del mundo rural, de Ohio, en el Medio Oeste, de una familia disfuncional y pobre. Es un hombre que se ha hecho a sí mismo, y ha triunfado a base de esfuerzo y duro trabajo. Es conocido por su libro Hillbilly Elegies (Elegía de un paleto), que fue un boom de ventas y que fue llevado a la pantalla por Netflix. Narra sus propias experiencias y su camino hacia el ejército e instituciones educativas de élite, como Yale. JD Vance es un hombre de familia, convertido al catolicismo, pero casado con una mujer hindú. Conoce el interior y conoce los estados costeros y elitistas del este del país. A JD Vance le reprochan desde el partido demócrata su falta de alegría, su aparente enojo, en contraste con la suavidad, ternura y alegría que parecen transmitir los dos cocos moderados, del partido demócrata: Kamala Harris, candidata a la presidencia, y Tim Walz, compañero de ticket como vicepresidente.
Nada pudiera parecer más diametralmente opuesto a Trump que Kamala Harris. Vicepresidenta en el mandato de Trump, Harris es una abogada californiana, de padre profesor universitario de Jamaica y madre médico de India. Fue fiscal general de California y se precia de ser hija de inmigrantes, aunque la suya no haya sido una emigración dramática y angustiosa. Sería la primera mujer y además, de color, en acceder a la posición con prácticamente la mayor influencia mundial. Kamala Harris se presenta como una candidata sonriente, alegre, sencilla y amiga de los más necesitados… Habiendo estudiado en Howard University (la Universidad históricamente negra) y participado con sus padres desde muy niña en manifestaciones y apoyo a la lucha por los derechos civiles, Harris trata de atraer las simpatías de la comunidad negra americana, aunque su experiencia como afroamericana en Estados Unidos posiblemente haya sido muy distinta a la de la mayoría de la población negra.
Kamala es fan de toda ideología LGTBQ+, transgénero, etc… Es, además, apasionada defensora del derecho al aborto, apoya a Planned Parenthood sin reservas y se manifiesta a favor de una legislación que permite el aborto hasta el momento del nacimiento y que incluso niega asistencia sanitaria a bebés que hayan sobrevivido a un aborto fallido. Lo irónico de su acercamiento a la población hispana y negra es que son justamente estas comunidades las más representadas en las cifras de embarazos; y es a ellas a las que se dirigen muchas campañas para promover el aborto.
¿Se trata de eliminar o limitar estas poblaciones?
Aunque Harris está casada con un judío, desde que estalló la crisis en Oriente Medio, se ha mostrado alternativamente a favor de Israel o de Palestina… quizá en ocasiones, más crítica con el régimen de Netanyahu que con Hamas y en otros momentos, denunciando el terrorismo, pero lamentando las muertes en Gaza.
Aunque ahora durante la campaña, Harris aparece como la salvadora de la democracia frente al autócrata Trump, en su periodo en la Administración no ha sido muy visible y se ganó una reputación de ineficacia. Nombrada como zar de la frontera, tardó más de seis meses en visitar la zona, y ni siquiera fue a los lugares más conflictivos, como la frontera de El Paso, o Brownsville en Texas, o la de California con Tijuana. Mientras tanto, la crisis migratoria escaló dramáticamente, saturando las infraestructuras de ciudades como Nueva York o Chicago, y agravando la polarización del país a favor o en contra de la inmigración irregular (incluyendo a inmigrantes presentes en el país por muchas décadas, que a menudo resienten el trato de favor concedido a los nuevos inmigrantes).
A pesar de que antes de la renuncia forzada de Biden, Harris parecía tener muy pocas posibilidades, ahora tiene a su favor el apoyo de pesos pesados dentro del partido demócrata como son los Clinton y los Obama.
Harris se ha parecido a Trump en la elección de un candidato del Medio Oeste del país, de zona rural, con el fin de atraer a los estados bisagra y a grandes extensiones que a menudo son olvidadas por atender a las élites intelectuales y económicas de las dos costas. Pero ahí acaba el parecido. Tim Walz es como lo contrario al candidato republicano: sonriente, bonachón, profesor de instituto, es gobernador de Minnesota. Tiene una apariencia alegre y bondadosa, goza de cierta popularidad dentro de su estado, y ha promocionado la educación pública apoyando la gratuidad en los colegios universitarios comunitarios y pronunciándose a favor del perdón de las deudas de universitarios. Acusa a su oponente, Vance, de haber estudiado en universidades elitistas, y Vance rebate diciendo que es un hombre que ha surgido de un medio pobre y se ha hecho a sí mismo con esfuerzo. Vance, por su parte, acusa a Walz de inflar su record militar, ya que dejó el ejército justo poco antes de que su unidad fuera enviada a Afganistán. Vance tampoco fue combatiente de primera línea, pero sí se enfrentó a más peligro al ser reportero de guerra.
En cuanto a las políticas más progresivas, Walz está en el extremo izquierdo y representa fielmente toda la ideología woke promovida por Harris: derecho al aborto, control de armas, políticas ecologistas, legalización de la marijuana, y más presión impositiva sobre la clase media.
Una elección muy difícil
Se rumorea que Trump está ya preparando una impugnación en caso de que las elecciones no se decanten a su favor. No sería raro, dada la experiencia de fraude, manipulación y aferramiento al poder que ha vivido el mundo en años recientes y en recientes elecciones (de diversos signos) tanto en América como en Europa. Todo político (casi por definición), miente. Y muchos políticos (si no todos), entran en un cierto grado de corrupción más grande, cuanto más grande es el poder que se ejerce. Está por verse el desenlace final.
Lo seguro es que las elecciones presidenciales de 2024 van a resultar bastante angustiosas y complicadas para muchos. Entre los dos extremos (alegre o gritón, como algunos medios están tratando de pintar la campaña) la decantación lógica sería por la alegría… pero se da la circunstancia de que en medio de esos dos extremos se debaten, muy seriamente, temas de vida y muerte, de futuro de familias, de seguridad, de identidad nacional y de religión. Para muchos, la opción no está nada clara, y quizá se sientan tentados a la abstención. Cada uno tendrá que lidiar con sus temores a diversos cocos, reales o no, disfrazados o no pero, al final, será una cuestión de conciencia más que de tradición política.
