LITERATURA

QUIJOTES INFANTILES

En este artículo me van a permitir que hable de mi experiencia personal como lectora y como coleccionista de libros.

Mi madre era una apasionada lectora. Ella nos transmitió la afición por la lectura. A ella le debo haber viajado por infinitos mundos en incontables ocasiones. He soñado, reído, llorado, sufrido y gozado por las vidas de los personajes de los libros. Identificarse con ellos y resolver problemas y situaciones que unas veces son reflejo de los nuestros y otras sirven para descubrir mundos a los que nunca se accederá en la realidad, es una parte emocionante de la lectura. Esta es pasión, descubrimiento, evasión, sueños y realidades que se entremezclan, profundamente liberadoras. Todas las grandes obras tienen diferentes lecturas y eso incluye el acceso a ellas desde diferentes tramos de edad por medio de adaptaciones o ediciones abreviadas.

Ante la queja generalizada desde hace años, de que los alumnos no saben leer y escribir, el profesor de Lengua y Literatura Española suele pasar del sentido de culpabilidad al deseo de implicar a todo el Claustro en la enseñanza-aprendizaje del idioma, que al fin y al cabo es nuestro vehículo de comunicación. Se encuentra con serias reticencias que le encierran en un círculo agobiante. Por fin, decide en un ataque de idealismo, dar él solo la batalla en el aula, con el arma de su asignatura en ristre, preparado como Don Quijote, para arremeter contra el gigante de la tan traída y llevada ignorancia o analfabetismo funcional, intentando salvar a sus alumnos de un mal que aqueja a toda la sociedad.

Unas veces sale airoso y otras magullado y en el mejor de los casos, crecido ante los gigantes, dispuesto a hacer lectores para hacer pensadores. Ese ha sido, es y seguirá siendo el leitmotiv de mi tarea como docente y como investigadora. Como tantos compañeros de profesión me he empeñado en la tarea de hacer que mis alumnos amen la literatura, partiendo del convencimiento de que la lectura en general y la de los clásicos en particular, desarrolla el espíritu crítico y fortalece la inteligencia, repercutiendo en la configuración de una personalidad que ganará en confianza y libertad.

No es aventurado decir que el entusiasmo personal es el único realmente capaz de convertir en algo mágico el momento dedicado a la lectura. Virginia Woolf decía que “el único consejo que una persona puede darle a otra sobre la lectura es que no acepte consejos”, sin embargo, añade que “es preciso no dilapidar de manera ignorante y lastimosa nuestros poderes”, hoy diríamos energías, a lo que Harold Bloom añade que “mientras uno no llegue a ser plenamente uno mismo, recibir consejos puede serle útil y hasta esencial”, lo que sitúa a cualquier adulto empeñado en esta tarea, en el terreno que quiere conquistar.

Dificultad a la hora de elegir las lecturas

Todos somos conscientes de la dificultad que supone para los adolescentes leer clásicos del Siglo de Oro, en primer lugar, por el distanciamiento lingüístico y en segundo, por el mismo distanciamiento en el planteamiento de los temas, por más universales que sean.

Llegados a este punto hay que hacer dos tipos de selección, una de clásicos adaptados y otra de obras infantiles o juveniles propiamente dichas. En cualquier caso, no podrá hacer lectores más que un auténtico lector. Los jóvenes solo responden si ven que poseemos algo realmente mágico y fascinante, que queremos compartir. La cuestión de la lectura no debe abordarse desde el rigor académico. Se trata sencillamente de leer novelas y cuentos de aventuras, de amor y de misterio.

¿Dónde colocamos a Don Quijote?

Yo llevo casi 40 años coleccionando Quijotes infantiles movida por la curiosidad que despertó en mí el Quijote con el que mi madre iba al colegio y que me regaló en un momento dado, cuando andaba yo en estos dilemas de qué elegir y cómo, cuando todavía no había casi ninguna de las adaptaciones que hoy tenemos.

Mi madre era de la Generación de Delibes y Ana Mª Matute. Una gran lectora que tenía una espina clavada: la de haberle costado mucho leer esta obra, declarada cumbre de la literatura universal.

¿Por qué? Esta edición escolar de 1932 de F.D.T., posteriormente Edelvives (a la izquierda), era de uso generalizado en los colegios. Toda aquella generación en los años 30 iba al colegio todos los días cargada con El Quijote.  Libro de 350 páginas, de pequeño formato con letra pequeña e ilustraciones en blanco y negro.  Primera parte 32 capítulos, (frente a los 52 de la obra original), Segunda parte 22 (frente a 74).  Es evidente que es una edición abreviada, pero no adaptada.

Creo que ahora entendemos por qué, aunque es una generación que leía y escribía perfectamente, habían sentido que la obra era especialmente complicada; les había dado mucho trabajo desentrañarla. Permítanme la anécdota de que un día llegué a casa y ella me estaba esperando con una entrevista que le habían realizado a Delibes en el ABC, en la que desveló que el Quijote era una de las obras que más le había costado leer a lo largo de su vida. Estaba contentísima y se vio respaldada en su dificultad por quien era un escritor que despertaba su mayor admiración. “¿Lo ves, lo ves? A mí me pasaba lo mismo”. Fue una gran alegría, porque por fin se quitó aquella espinita.

Traigo aquí esto que confirma lo anteriormente dicho, si queremos despertar la afición por la lectura y la admiración y disfrute por determinados libros, hay que alejarlos del ámbito académico.

Adaptación de clásicos

En España hay poca tradición de adaptación de clásicos, no así en otros países europeos, donde esto es algo frecuente, por lo siguiente: se considera la literatura como Patrimonio que hay que transmitir y se da por hecho que cualquier niño francés debe saber quién es Víctor Hugo y desde luego Cossette y Jean Valjéan, Moliére y El enfermo imaginario, etc. Lo mismo ocurre en el Reino Unido con las obras de Shakespeare del que se han apropiado en EEUU.

Viendo la cantidad de material, ediciones infantiles, adaptaciones y biografías del autor en las librerías americanas, cualquier despistado puede pensar que Shakespeare era americano y no inglés. Francia y Reino Unido representan dos mundos orgullosos de sí mismos, de su idioma y de sus autores, que han sabido y saben exportar con toda naturalidad.

El Quijote infantil en el mundo

Ya en 1880 había una versión holandesa de Sancho en la ínsula Barataria, que hay que decir que es una de las aventuras preferidas de los niños y que no suele faltar en las ediciones infantiles. 

Es un libro de gran formato (32 cm), 39 páginas y 10 cromolitografías en color insuperables, con letra grande y espaciada. Tengamos en cuenta que la primera edición de el Quijote para niños y para el pueblo, en España, data de 1856 y otra del Ministerio de Instrucción Pública de 1870. Ambas tienen 500 páginas, letra pequeña y formato pequeño sin ilustraciones.

Hablando de la tradición de adaptaciones tenemos una edición de 1900, francesa, reducida y adaptada, con 24 acuarelas espectaculares, con gran formato (33 cm) y 127 páginas. La primera edición infantil publicada en EEUU en 1909 es adaptada en 30 capítulos con ilustraciones de Walter Crane, 11 láminas grabadas en madera en colores, título ilustrado y 19 ilustraciones en el texto. Está encuadernado en tela.  De 1929 es otra magnífica edición infantil francesa de 144 páginas, igualmente ilustrada a todo color por Henry Morin. Y, en 1930 otra edición adaptada en 160 páginas e ilustrada, en gran formato al igual que las anteriores.

Con estos ejemplos pretendo mostrar el interés por acercar una obra literaria universal a los lectores más jóvenes en países con larga tradición de adaptación. Se conoce según esto el nivel cultural de un país, así como su nivel económico, puesto que estos libros son ediciones costosas.

En la misma época, en nuestro país, las ediciones infantiles son de Calleja, de 1901, con letra pequeña, 789 páginas y pocas ilustraciones en blanco y negro. Quede claro que los editores españoles se abrían paso en el mercado editorial lo mejor que podían. De 1916 hay una edición de casi 300 páginas sin ilustraciones, para escolares, de Logroño, otra de los sucesores de Hernando de 1926 también para niños, pero de 600 páginas.

Y con esta dinámica de ediciones, pasando por la mostrada del 32 y otras similares, llegamos a 1943, fecha en que Julián Permantín escribe Garbancito de la Mancha,  pequeño héroe que, inspirado en Don Quijote, pretende conquistar el mundo haciendo el bien. Al igual que Don Quijote, Garbancito es un empedernido lector que visita habitualmente a un hidalgo que le presta los libros de su biblioteca, iniciándole así en el mundo de las letras y más tarde, en el de las armas. Este cuento dio origen al primer largometraje de dibujos animados realizado en Europa. Se realizó en Barcelona en 1945; fue una película dirigida por Arturo Moreno. Esta obra tiene valor como recreación infantil del personaje de Cervantes.

Otros Quijotes infantiles del mundo

Edición infantil de Polonia, adaptada para niños en 21 capítulos con ilustraciones en blanco y negro, de 1946. Tiene el mérito de realizarse nada más acabar la II Guerra Mundial. El papel es muy malo, pero muestra el interés por nuestro clásico universal.

Entre 1950 y 1951 se hace una adaptación en viñetas con texto de Arbó e ilustraciones de Íñigo que es un primer y acertado paso en este camino de adaptaciones.  Es una edición manejable y atractiva, en 4 volúmenes.

En 1952 la editorial Edelvives reproduce la edición escolar de 1932, cambiando el formato solamente, es un poco más grande que la del 32 y también aumenta la letra; mantiene la explicación inicial de capítulo y actividades finales de cada uno de ellos.

Por fin en los años 60 surge la colección de libros de la Editorial Aguilar El Globo de Colores, que adapta muchos clásicos y que en 1965 publica Don Quijote en casa de los duques, adaptado por Ángel Lázaro y con ilustraciones de Rafael Munoa a dos tintas. Igualmente, de moda está en los años 60 la famosa Colección Historias, que publica los clásicos de la literatura universal. Adapta Don Quijote en 255 páginas Duch Carbonell, publicándose por primera vez con ilustraciones de José Munté Muntané, en 1961.   ¡Por fin los niños teníamos clásicos a nuestra medida!

Hubo igualmente otras ediciones adaptadas en estos años como la de Dalmau Carles, que narra solo Sancho en la ínsula Barataria y la de la editorial Juventud adaptada por Toledano con ilustraciones de Correas (48 pp.) y gran formato de 1964.  Las adaptaciones que empiezan a hacerse en esta década de los 60 se convertirán en costumbre en décadas sucesivas. Es importante señalar que en todas ellas se mantiene intacto el inicio de la obra cervantina: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”, ya que forma parte de nuestro patrimonio cultural y que mantienen intacto las ediciones extranjeras. Cambiar el inicio de obras significativas hace irreconocible la obra.

De los años 70 destaca la edición de la editorial Sopena en 1972 con texto adaptado de Mauro Armiño y llamativos y coloridos dibujos de Pérez Fabo y en los 80 cabe destacar la de Edaf, adaptada por Joaquín Aguirre Bellver e ilustrada por Perellón, que me parece magnífica, está en dos volúmenes.  Seguimos con los Quijotes del mundo y llegamos a la década de los 90 en Italia, con una edición para los más pequeños, de 47 páginas en una colección de adaptación de los grandes clásicos universales. Se presenta a Don Quijote como una figura que nace de la fantasía y de la experiencia de vida de Cervantes, que ha inspirado a músicos, pintores, escultores y cineastas que lo han hecho famoso en todo el mundo.

Tiene al final unas breves actividades escolares. De 2003 es este magnífico álbum ilustrado, adaptado por Maria Aggelidou e ilustrado por Sbatlín, Atenas: Ed. Papadopoylos en Grecia, en 67 páginas y gran formato.

En China 2007 encontramos una adaptación para jóvenes de Ren Aoshuang, con ilustraciones en dos tintas. Otra adaptación en chino para niños,  es la de Zhao Xia con lustraciones de Liu Zhenjun y Wang Ruimei.

En 2008 en Japón Nobuaki Ushizima hace una adaptación con ilustraciones de José Segrelles para estudiantes de Secundaria, tiene 380 pp.

Y otra adaptación para Primaria es la de Hiroshi Kusaka, con ilustracionbes de Koji Suzuki. En ambos países asiáticos, estos Quijotes adaptados forman parte del currículo escolar.

Y el curso pasado tuve la suerte de que me regalaran una publicación de Argel de 2016 en francés y árabe para escolares, en la que participaron los propios alumnos, con sus ilustraciones.

Según todo lo que hemos visto, puede deducirse que es general la preocupación de las diferentes administraciones y editoriales por el fomento de la lectura de los clásicos, en este caso de El Quijote, dentro y fuera de nuestras fronteras. 

Esta preocupación se extiende hasta hoy y muestra de ello es que la Real Academia ha hecho una edición de divulgación, dado que la mayoría de los españoles nunca ha leído esta obra. Es una edición para uso escolar hecha por Pérez Reverte, yo quitaría lo de uso escolar y diría que como la de Andrés Trapiello, es para todos los públicos.  Antes ya había hecho algo importante Florencio Sevilla en su edición de Castalia, editando una edición íntegra con tres itinerarios de lectura, para facilitar el acceso a la obra.

Es de agradecer el esfuerzo de unos y otros por acercar esta obra a todos. Con tantas posibilidades no perdamos la oportunidad de acercarnos a Cervantes.