MUJERES QUE HACEN DE INTERNET SU ARMA DE LIBERTAD
Internet se ha convertido en un campo de batalla en el que las mujeres luchan, día a día, por su libertad, su visibilidad y su igualdad en aquellos países en los que se les ha impuesto un velo y el silencio. Desde las redes sociales, miles de ellas alzan su voz para protestar, organizarse y reclamar los derechos que se les niegan. Internet es para ellas más que un medio: es un arma revolucionaria. Un espacio donde cada clic, cada historia y cada imagen compartida es un acto de valentía.
“Hola, mi nombre es Hasina. Nací como refugiada y mi vida entera está marcada por la huida y la lucha”. Así comienza el vídeo que desde su refugio en Pakistán me ha mandado Hasina Akbari, una joven afgana que tuvo que escapar de su país cuando los talibanes regresaron al poder en agosto de 2021. Hasina, que nació en el exilio porque también su madre tuvo que huir del terror del régimen integrista, en 1996, mira a cámara con unos ojos enormes que trasmiten emoción y firmeza. Le he pedido que cuente su historia y lo importante que para ella es internet para que su mensaje se escuche durante mi intervención en la conferencia internacional de Mujeres por la Paz, celebrada en octubre en Tirana. Su voz enmudece la sala. Habla de su sueño, desde niña, de estudiar dibujo, de ir a la Universidad. Un sueño casi realizado durante las dos décadas de presencia estadounidense en su país, lo que le permitió regresar y ser libre.
“Pero el día que los talibanes regresaron, todo colapsó de la noche a la mañana”, tiemblan sus palabras en la sala que la escucha con el alma en vilo. “Las mujeres afganas perdimos nuestra libertad, pero yo me negué a perder mi voz. Internet se convirtió en mi único espacio a salvo en el que poder hablar cuando el mundo quería silenciarme. Mis pinceles se convirtieron en la manera de contar las historias de las mujeres afganas: su dolor, su dignidad, su lucha por su libertad”. Eligió un nombre, Darya, para poder pintar porque era peligroso que usara el real y empezó a dar talleres online de arte terapéutico para las jóvenes afganas. Ya se han unido más de doscientas que a través de la pintura, resisten y gritan: todavía estamos aquí. “Internet nos ha dado la manera de existir cuando se nos niega nuestra existencia, atruena la voz de Hasina: mi arte es mi pretexto y mi pincel mi puerta a la libertad. Las mujeres afganas estamos silenciadas en casa, pero online proclamamos nuestra visibilidad. No somos víctimas. Somos luchadoras, soñadoras, creadoras. Mientras nuestras voces estén juntas ninguna oscuridad podrá alcanzarnos”. Calla el vídeo. Atruena el silencio entre las decenas de mujeres de todo el mundo reunidas en la conferencia. Y rompe un aplauso ensordecedor entre muchas lágrimas. Gracias al vídeo que me ha enviado vía WhatsApp, el mensaje de Hasina llegará a todos los rincones.
Al igual que Hasina, muchas otras mujeres utilizan las redes sociales y las plataformas online para expresar sus opiniones, organizar protestas (a menudo de forma anónima) y luchar por sus derechos en aquellos países en los que se les impone el silencio y se las oculta bajo un velo. Internet les permite saltarse los muros y contactar con organizaciones internacionales a las que dar a conocer su situación. También es el único espacio de contacto social o de apoyo emocional de muchas mujeres, así como su colegio donde los colegios les están vetados. En Afganistán, por ejemplo, desde el regreso de los talibanes, las niñas no pueden estudiar la educación secundaria y a las jóvenes se les han cerrado las puertas de la Universidad. Más del 78% de las mujeres afganas se ha quedado fuera del sistema educativo, del empleo y de cualquier otro tipo de formación.
“La educación es la llave que abre la puerta a la Libertad”, defiende Hamida Aman, una periodista afgana, emprendedora en el ámbito de los medios de comunicación y fundadora de Begun Organitation for Women, cuyo objetivo es defender, apoyar y capacitar a las mujeres afganas a través de radio, televisión y plataformas digitales educativas. Hamida vive entre París y Kabul. Desde la capital afgana emite Radio Begun, creada por Hamida seis meses antes de que llegasen los talibanes porque preveía lo que iba a ocurrir y que es la primera radio que difundió programas educativos cuando el fundamentalismo prohibió a las niñas de doce años estudiar. Desde Paris, emite, online, Begun TV, que también transmite todo el programa educativo afgano, más de ocho mil vídeos, en las dos lenguas oficiales del país, el Dari (persa afgano) y el Pastún, así como entrevistas, entretenimiento y espacios de apoyo psicológico a las mujeres afganas. “Muchas mujeres están con depresión por la falta de perspectiva para sus hijos y para ellas. Todas hablan de los mismos problemas: falta de sueño, pérdida de apetito, depresión, y suicidio, sobre todo entre las más jóvenes”, nos explica Hamida desde París. Internet y la televisión por satélite, imposible de controlar por las autoridades, se han convertido en la principal forma de resistencia para las mujeres que siguen en Afganistán. La mitad de los hogares afganos se conectan con Begun TV y la Radio llega a más de 600 mil. Gracias a su sistema de multi transmisores sortean los cortes a los que las somete el gobierno talibán.
Los pájaros pueden cantar en Kabul, pero a las mujeres hacerlo les puede costar la vida. Si hablar en público es un crimen moral, cantar es un atentado contra el islam. Su canto se percibe como una forma de autonomía, de libertad. Y se las calla. Pero su voz ha encontrado en internet una puerta para hacerse oír. La rapera afgana Sonita tenía 10 años cuando sus padres quisieron venderla en matrimonio. Entonces la huida de su familia a Irán para escapar del régimen talibán la salvó. En Irán, Sonita trabajó limpiando baños, mientras aprendía a leer y escribir por sí misma. Seis años después, sus padres volvieron a intentar venderla para conseguir 9.000 dólares que permitieran a su hermano comprar, a su vez, una novia. En protesta, Sonita compuso el rap Daughters For Sale (Hijas en venta) que se hizo viral en YouTube. Gracias a esa fama internacional consiguió escapar a Estados Unidos donde vive y estudia. Merece la pena ver su videoclip.
También dos hermanas afganas desafían con su canto, bajo el chador, la prohibición fundamentalista. Su valentía ha iniciado un movimiento, The Last Torch. El canto de las mujeres contra la imposición del silencio.
Las afganas envidian la situación de las mujeres en Irán. En esa República islámica, ellas pueden acceder a la Universidad, aunque después no les va a resultar fácil encontrar trabajo. Desde la vuelta a la mano dura del régimen, el control de sus vidas es cada vez más invasivo y rígido. Por llevar el pañuelo obligatorio de manera que se considere poco apropiada pueden ser detenidas y golpeadas. Es lo que le ocurrió en 2022 a la joven Mahsa Amini, fallecida tras la paliza que le propinó la policía de la moral. Su delito, un pañuelo flojo. Esa muerte incendió las protestas de las mujeres bajo el lema Mujer, Vida, Libertad, el grito de las kurdas durante las batallas. La protesta colapsó las redes sociales hasta el punto de que el persa llegó a ser el tercer idioma más usado en internet, algo extraordinario, considerando que está lejos de ser una de las lenguas más habladas del mundo. Los hashtags, nacidos y moldeados por y para el entorno online, fueron la seña de identidad de su activismo digital. Hashtags como #GirlsOfEnghelabStreet creado tras la fotografía de una joven, Vida Mohave, subida a una caja de distribución eléctrica, en la calle de la Revolución, en Teherán, con su pañuelo ondeando al viento o el hashtag #MyStealthyFreedom (mi libertad vigilada), de la periodista irano-estadounidense Masih Alinejad quien para proteger su vida tuvo que huir a Nueva York. Su desafío directo a la obligación del pañuelo nació de una fotografía: Masih corriendo en una calle de Londres, en primavera, con los árboles llenos de capullos. “En la fotografía se palpa que cada vez que corría en un país libre y sentía el viento en mi pelo recordaba cuando mi pelo era un rehén en manos del gobierno iraní”, no se cansa de contar Masih que pidió a las mujeres que compartieran con ella fotografías sin velo, en un instante de libertad clandestina. Fue bombardeada con imágenes de mujeres, la mayoría en Irán, sin velo. Sus páginas en Facebook e Instagram, tienen ya más de un millón de seguidores. “Es todo acerca de Libertad, de Dignidad, de la posibilidad de elegir”, afirma Masih.
Para el régimen iraní internet se ha convertido en una amenaza a la seguridad nacional. Páginas web y redes sociales se filtran y vigilan o bloquean. Incluso se cortó Internet durante una semana, pero el apagón no es solución ya que también afecta a los negocios. “Cuando las mujeres están en la primera línea, afirma Fatemeh Haghighatjoo, abogada iraní, defensora de los derechos humanos, los movimientos de masas tienen muchas más probabilidades de triunfar y de desembocar en democracias más igualitarias. Esa es una de las razones por las que las protestas actuales resultan tan amenazantes para el régimen iraní”.
“Internet es acceso al conocimiento, y el conocimiento es la puerta de nuestra Libertad”, defiende la abogada pakistaní Nigthat Dad, promotora de Digital Rights Foundation, cuyo objetivo es la lucha por los derechos digitales de las mujeres en Pakistán para conseguir su igualdad. En esta República islámica, tierra de la Premio Nobel de la Paz, Malala, la Constitución ampara el derecho de las mujeres a la educación, al trabajo, al voto, a la participación ciudadana y a la libertad de expresión, pero en la realidad pobreza y normas culturales limitan esos derechos. A Malala defender su derecho a la educación en un blog, cuando tenía doce años, casi le costó la vida en un atentado. Y apenas hace un año que las mujeres pakistaníes consiguieron internet en sus móviles, móviles a los que les tiene que autorizar el marido. “El acoso en internet a las mujeres por algo que han escrito es muy peligroso: a veces acaba en suicidio”, cuenta Nigthat. A ella el uso del móvil le costó que su marido la expulsara de casa con su hijo de seis meses.
Fue entonces cuando se planteó el porqué de esa situación. Por qué las mujeres no tenían los mismos derechos digitales a pesar de su Constitución. Por qué tenían que ser supervisadas por sus padres, hermanos, maridos y creó su Fundación.
Mujeres de todos los países del mundo se hacen oír gracias a internet. Entre otras, en Ucrania Zla Mavka utiliza Telegram como movimiento de resistencia en las zonas ocupadas; en Uganda Sandra Kwikiriza dirige HER para impulsar la alfabetización digital y capacitar a mujeres frente a la desinformación y en Argentina el hashtag #NiUnaMenos consiguió una movilización masiva contra los feminicidios.
Al alzar su voz online, las mujeres se vuelven imparables. No son víctimas, como las encasillamos muchas veces. Son supervivientes, luchadoras. A través de internet tejen su libertad: píxel a píxel, palabra a palabra, canción a canción.
