OPINIÓN

SONRISAS Y PALABRAS QUE SANAN

En estos tiempos que vivimos, llenos de complejidad, incertidumbre y dolor, hay que apreciar con sorpresa y alegría las sonrisas y palabras que sanan, en espacios dominados por la enfermedad y el dolor como son los hospitales, grandes o pequeños de las ciudades. En sus pasillos, deambulan periódicamente personajes que no pertenecen a estos ámbitos, si no es para cubrir alguna emergencia.

Los pacientes que aguardan la recuperación de su dolor, a veces se encuentran, se han encontrado, con personajes que, al verlos en un primer instante, llenan su corazón de temor, porque piensan que alguna tragedia acaece en el hospital y van a desalojarlos de ese espacio seguro donde esperan su curación. La sonrisa amplia que cubre sus rostros les aleja toda preocupación… ¡Son los bomberos del parque de Madrid que acuden periódicamente a la planta de pediatría del hospital de San Rafael a romper el dolor y aislamiento de los niños –también adultos–que sufren las incidencias de enfermedades! Su casco y su uniforme los identifica y su diálogo chispeante pone sonrisas en los rostros de los enfermos. Ellos, como los tres Reyes Magos, también ofrecen presentes y se emocionan cuando descubren que su origen coincide con el de la enferma que los contempla agradecida y hasta con el barrio donde vivieron sus padres, –la Magdalena, en Jaén– antes de emigrar a esta gran ciudad de Madrid. Su emoción llena de alegría y vinculación a la enferma y al bombero. ¡Benditos bomberos voluntarios que rompen la monotonía y lentitud de un tiempo de dolor en el hospital!

Pero no solo son los bomberos de Madrid los voluntarios que sanan con sonrisas y palabras, al día siguiente de este encuentro, los pasillos y las puertas de la cuarta planta del hospital de San Rafael se abren a la música de una guitarra que hace cantar con conocidas melodías la voz quebrada que se impone al dolor. Son los miembros de la Fundación Diversión Solidaria que en su página web https://diversionsolidaria.org/ nos dice: “Entregamos diversión y emociones positivas a quienes más lo necesitan”. Si entramos en esta página, nos encontraremos con esos sujetos preferentes a los que llevan su alegría, niños, jóvenes, adultos, mayores. La riqueza de estos encuentros sana el dolor, pero, si seguimos avanzando en el tiempo, otro día son dos jóvenes estudiantes de bachillerato las que dedican su tarde del jueves a ofrecer su palabra llena de vida a paliar la soledad de la blanca pared de un hospital.

Tenemos que agradecer la conciencia viva de los jóvenes, de los adultos, de la risa, de la música que sale al encuentro de ese fino dolor que a veces llena el alma de tristeza.

Debemos conocer que hay muchas iniciativas de voluntariado que sanan con la sonrisa y la palabra la soledad lenta de los hospitales, y que esas actividades curan el cuerpo y el alma de los enfermos.

No estamos solos, quizá podamos prestar nuestro tiempo a irradiar risa, esperanza, música, juego, en estos ámbitos llenos de miedo y dolor.

¿Nos animamos a conocer y participar en estas acciones que salvan del dolor y el aburrimiento? ¡Es tan fuerte el dolor! como nos grita la poeta Ana Castro:

MI DOLOR

Los moratones y las cicatrices son sólo marcas.

Se ven. Se reconocen.

La gente es capaz de intuir

si aquello o lo otro.

Pero el dolor no,

el dolor es transparente-casi-invisible,

acaso una vibración en el rostro

o una súbita contracción del vientre.

Por eso hay que nombrarlo, decir MI DOLOR,

reivindicar su existencia como parte

de un compromiso con la salud pública,

porque a menudo ni siquiera

los diagnósticos médicos o el amor lo creen.

Por eso cada día cruzo las puertas del metro

y salgo al campo de batalla.

Encaro este pulso entre la normalidad con prisas y el dolor y yo.

Asisto a él como las mujeres acuden cada día a trabajar:

con uñas, con dientes.

Este mi compromiso político:

hacer que corra una suave brisa en los ojos,

que se vea lo que golpea dentro.

MI DOLOR es mi dolor y existe:

existe más que yo.