Con el mundo entero mirando hacia Gaza, es muy posible que la guerra y, sobre todo el hambre, en Sudán, hayan pasado desapercibidas hasta ahora. Quizá también porque tal guerra parezca inútil e interminable. O quizá porque la guerra híbrida que se lucha mundialmente entre las potencias occidentales y las culturas haya de ser silenciosa para que la opinión pública no se levante airada.
Es muy posible también que poca gente asocie las referencias bíblicas al Reino de Kush con la actual Sudán. Kush era un reino de Nubia, lugar de riqueza y nobleza y pirámides, con una historia siempre entrecruzada con la de Egipto. Y también guerras, hambrunas, conflicto… Miles de años más tarde, el actual país de Sudán parece no haber tenido extensas interrupciones en sus conflictos. Se han sucedido guerras religiosas, étnicas y económicas, cambios de dominación por parte de diversos estados y sucesivas guerras civiles. Ya antes de la independencia del país, los sudaneses habían entrado en una guerra civil. Luego, después de 1956 en que obtuvo su independencia, Sudán ha sufrido primero diecisiete años de guerra durante la primera guerra civil, seguida de conflictos étnicos y religiosos, una segunda guerra civil (1983-2005), que terminó con la separación en dos naciones, y la actual guerra civil en la República de Sudán del Sur, que ya dura dos años y medio.
La segunda guerra civil había desplazado a más de cuatro millones de habitantes del sur. En el año 2011 se votó un referendo que buscaba terminar con los problemas étnicos y territoriales, y el país se separó en dos. Se esperaba que ambas partes se estabilizaran, pero en 2018, el régimen de Omar al-Bashir puso en marcha un plan de austeridad y privatizó algunos sectores de importaciones.
Como resultado, comenzó la agitación por parte del partido comunista, y la reacción de al-Bashir, que había estado en el poder por más de tres décadas pese a ser un gobierno supuestamente democrático, fue la represión de los líderes comunistas, el arresto de más de 800 personas y el cierre de medios de comunicación. En 2019 Amhed Awad Ibn Auf, que había sido ministro de defensa, encabezó un golpe militar que derrocó a al-Bashir. Las protestas continuaron hasta que Auf creó un gobierno de transición de dos años, después de los cuales se suponía que se celebrarían elecciones.
Abdallah Hamdock, que había sido ministro de economía, fue elegido presidente y prometió estabilizar el país con ayuda del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Pero en 2021, un fallido golpe de estado, seguido de otro, dio paso a un régimen militar, y de nuevo a un gobierno civil presidido por Hamdock, quien, después de numerosas protestas masivas y disturbios violentos, renunció a su cargo. Omar Hussein le sucedió, pero para marzo de 2022, más de mil personas, entre ellas 148 niños habían sido arrestadas. Había, además, denuncias por violación y por el asesinato de 87 personas, incluyendo a 11 niños.
Los autores del golpe de estado entraron en competición entre sí y crearon dos facciones: la de Hamdock (familiarmente llamado Hemedti) al frente de las RSF (fuerzas de respuesta rápida) y Burhan al frente de las temibles tropas SAF (Fuerzas Armadas de Sudán), que incluyen a facciones radicales islamistas. Ambos, apoyados por los distintos países de la zona se acusan mutuamente de limpieza étnica contra los pueblos no árabes, y de diversas atrocidades documentadas. Lo peor es que ambos dicen la verdad en esos casos.
El 15 de abril de 2023 el conflicto estalló en la presente guerra civil. Para el tercer día de guerra, habían muerto más de 400 personas y había cerca de 4.000 heridos. Para diciembre, más de 5.8 millones de personas habían sido desplazadas y otro millón y medio habían escapado del país como refugiados. Alrededor de 15.000 civiles habían sido asesinados.
Estados Unidos, la ONU y organizaciones humanitarias acusan a ambas partes de cometer crímenes de guerra sobre bases étnicas y religiosas. La matanza de civiles ha sido siempre previsible en Sudán. Pero ni las sanciones ni la crítica pueden detenerla, porque los culpables siempre salen impunes.
A lo largo de tantos conflictos y tantos años, los luchadores sudaneses se han dado cuenta de que no se enfrentarán a consecuencias por sus actos genocidas. Es así, de tal manera, que ahora incluso dan publicidad a sus actos. Han amenazado con eliminar comunidades enteras si se resisten. Hemedti y sus secuaces, por tanto, no se preocupan por las llamadas a dar cuentas que vienen de organismos internacionales o de la ONU. Han llegado a atacar a los trabajadores humanitarios y a asesinar a pacientes y enfermeros en hospitales. Y, con la formación de dos gobiernos rivales, es posible que Sudán se rompa en otras dos mitades, después de que Sudán del Sur se separara en 2011 llevándose consigo la explotación de la mayoría de los pozos de petróleo del país.
El ejército (SAF) controla la mayor parte del norte y este del país. Su mayor aliado es Egipto, por compartir frontera y las aguas del Nilo.
El arma del hambre
Además del claro genocidio con armas letales, hay otro genocidio en marcha en Sudán, incluso más letal. Es el uso del hambre como arma de guerra. Según los cálculos de organizaciones internacionales, más de 800.000 sudaneses sufren hambruna y otros ocho millones se enfrentan a una situación límite. Otros 22 millones lidian con una crisis alimentaria de nivel tres, lo que significa que necesitan ayuda urgente para no caer en la hambruna.
La ONU ha condenado la relación entre conflicto armado y hambruna, que priva a civiles de alimentos como método de guerra. En Sudán, los sucesivos regímenes han recurrido a campañas de hambruna, descaradamente reconocidas. Un alto cargo militar sudanés lo afirmó con orgullo: “Estamos matando de hambre a los rebeldes”. Pero no son los soldados quienes sufren, sino los civiles. Se eliminan los civiles de la tierra y así, las fuerzas contrarias no tienen más remedio que rendirse o morir de hambre también.
¿Cuál es la importancia internacional de esta guerra?
Muy a menudo, las guerras en África son silenciadas a nivel internacional, pero, como se dijo durante la segunda guerra civil sudanesa, son importantes, porque Sudán, por ejemplo, representa un microcosmos de África: el avance del mundo islámico y la imposición de la sharía, el difícil equilibrio de los países árabes y las alianzas con países occidentales, el rápido avance del control de China en infraestructuras, comercio y explotación de minerales.
Las dos partes contendientes piensan que pueden ganar, no por sí mismas, sino por conseguir cada una ayuda internacional. Los Emiratos Árabes apoya a los paramilitares de Hemedti (RSF), mientras que Egipto, Catar, Arabia Saudí y Turquía están armando a SAF de Burhan, incluyendo a sus brigadas islamistas.
Este enfrentamiento es de una tremenda importancia, no ya para Sudán, sino para el resto del mundo en la presente fragilidad de relaciones y tensión entre Israel y grupos terroristas islamistas. El enfrentamiento supera, pues, las fronteras sudanesas para implicar a todo el mundo occidental.
¿La posibilidad de paz?
A Estados Unidos, por razones evidentes, el equilibrio mundial y su alianza con Israel, le interesa la paz en Sudán. El secretario de Estado, Marco Rubio propuso un esfuerzo para un alto el fuego y la entrega de ayuda humanitaria. Es posible que los estados de Oriente Medio que han estado apoyando a cada una de las facciones, a vista de los horrores y crímenes evidentes, estuvieran inclinados a aceptar un tratado de paz y forzar a los contendientes a respetarlo. Pero se necesitaría un mayor esfuerzo por parte de la Casa Blanca, que se resiste a implicarse en más conflictos. Recientemente, tanto Trump como Rubio, manifestaron su voluntad de terminar con esta guerra absurda y sin fin. El tratado tendría que implicar necesariamente una transición a un régimen civil monitorizado por las naciones.
Los investigadores de la Corte de Investigación Criminal Internacional están todavía investigando en Sudán. Se enfocan, sobre todo, en la matanza de los guerrilleros de RSF en 2023 de un grupo étnico no árabe del occidente de Sudán, que acabó con la vida de, entre 10.000 y 15.000 personas, y desplazó a los supervivientes. Pero hasta la fecha, no se han presentado cargos contra Hemedti, sus lugartenientes, o los solados de SAF, también responsables de innumerables abusos.
Estados Unidos ha puesto sanciones de viaje a Hemedti, pero hasta la fecha, no han tenido un impacto de consideración. Rubio entiende la fórmula que su predecesor había evitado al crear el Quad, un diálogo entre Estados Unidos, Egipto, Arabia Saudí y Emiratos Árabes, poniendo un enviado especial de Donald Trump, Massad Boulos, a cargo de los detalles.
El modelo que propone podría funcionar: llama a un alto el fuego, acceso de las ayudas humanitarias, y conversaciones políticas para la creación de un gobierno civil. Pero las oportunidades desperdiciadas por la administración Biden han hecho este trabajo de Rubio más difícil. Las atrocidades y los crímenes de ambas partes llaman a las dos facciones a luchar con más determinación en lugar de a la conversación.
La facción islámica de SAF, apoyada por Catar y Turquía, bloqueó las conversaciones de Quad en Washington a finales de octubre. Burhan había estado de acuerdo con el modelo de Quad con su aliado más cercano, Egipto. Pero el grupo de Burhan, a diferencia del de Hemedti, está muy fraccionado, y los islamistas votaron en contra en el último momento.
Aunque en un principio la propuesta de alto el fuego parecía interesar a las facciones en conflicto, ninguno de los dos lados la ha aceptado formalmente. No parecía haber objeciones al plan de Estados Unidos, pero el ejército sudanés había respondido con “precondiciones” que parecen inaceptables.
El ejército sudanés se había opuesto inicialmente a la inclusión de los Emiratos Árabes a los que acusa de armar a Hemedti y había dicho que solamente aceptaría la tregua si las fuerzas de RSF se retiran de zonas civiles. Por su parte, la Unión de Estados Árabes asegura que el futuro de Sudán no debería estar dictado por la Hermandad Musulmana o grupos relacionados que tienen influencia en el ejército. Boulos, el negociador por Estados Unidos dijo que, si Estados Unidos declara la Hermandad Musulmana como grupo terrorista, habría que examinar a grupos afiliados en toda la región…
Las posibilidades de que algunos países aceptaran eso parecen bastante limitadas.
De momento, parece que no hay salida probable a la vista. Se suceden las informaciones sobre matanzas de niños en guarderías, y sobre persecuciones y violencia. Para colmo, muchos han muerto en inundaciones. Un titular de CNN se pregunta si el mundo reaccionará a un posible (o real ya) genocidio. Pero para encontrar ese titular, hay que hacer una búsqueda de Google. No salta a las primeras páginas. ¿Resultará, todo de nuevo, en otra división del país, quedando ahora en tres estados distintos? ¿O en una total aniquilación?
