OPINIÓN

TESTIGOS FRÁGILES DEL CAMBIO CLIMÁTICO

El pasado nueve de enero llegaba a la pantalla de mi ordenador El Correo de la Unesco con una noticia alarmante, Glaciares en peligro de extinción, describiéndolos como testigos frágiles del cambio climático e inmediatamente emergieron en mi memoria las terribles imágenes de las DANA vividas en estos últimos meses en muchos rincones del planeta y, en especial, en España en Levante y Andalucía.

La relación entre cambio climático y glaciares en extinción llamó poderosamente mi atención y me hizo sumergirme en las páginas de la revista para conocer la actualidad del tema. Es un hecho que los glaciares se derriten a un ritmo alarmante, que el volumen de agua que procede de ellos está alterando el ciclo hídrico y elevando el nivel del mar, lo que pone en peligro las zonas costeras. Por ello, las Naciones Unidas han proclamado el año 2025 como Año Internacional de la Conservación de los Glaciares para estudiar las consecuencias de su desaparición sobre la tierra, desaparición que solo se podrá detener si hay una reducción importante de las emisiones de gases de efecto invernadero. https://www.youtube.com/watch?v=GUnVEs4Jx6c&t=210s

Los científicos están alarmados, según Agnès Bardon, no solo por el deshielo, sino por la aceleración de este fenómeno. De los 1.400 glaciares suizos que existen hoy se han derretido más en los dos últimos años que entre 1960 y 1970, y la escasez de nevadas y altas temperaturas han reducido su volumen un 10% entre 2022 y 2023.

Pero no es este un fenómeno aislado, sino que se extiende a otras zonas del planeta como la Antártida y Groenlandia, donde la criosfera, conjunto de masas de hielo, nieve y suelo helado permanentemente o hielo marino, glaciares, casquetes polares, nieve estacional o hielo lacustre y fluvial, está amenazada.

Según datos de la UNESCO, entre el 78% y el 97% de los Andes tropicales podrían desaparecer y cita como ejemplo el último glaciar de Venezuela que es ya solo un recuerdo. E igualmente se nombran en Asia los glaciares de Tian-Shan y Pamir que han perdido el 30% de su volumen en los últimos 30 años y se alude a los últimos glaciares de África, especialmente en el Kilimanjaro, que habrán desaparecido en el 2050. Con melancolía solo podremos observar las cumbres nevadas de África a través del cine, en aquel inmortal film de Henry King, Las nieves del Kilimanjaro.

Este deshielo acelerado muestra la necesidad de intensificar nuestras acciones climáticas “para preservar los medios de subsistencia de las poblaciones y los ecosistemas” y atraer la atención de todos y en especial de los gobiernos de las naciones a tomar decisiones urgentes para frenar estos hechos y limitar el incremento de la temperatura del planeta a 1,5 tal como proclamaron los acuerdos contraídos en París en el 2015, por los Estados firmantes de este acuerdo.

Por ello, es un hecho alarmante la proclamación de que uno de los principales países del mundo, Estados Unidos, se vuelva a desvincular del Acuerdo de París, acuerdo al que se vinculó Biden en su mandato. Medida que, entre otras, busca el comienzo de una nueva edad de oro, en palabras del presidente Trump, para florecer y volver a ser respetado en todo el mundo.

Pero ¿es posible el crecimiento y florecimiento de un país de espaldas a una realidad tan fuerte como es el cambio climático que nos afecta o puede afectar a todos? ¿No es un hecho, producto del cambio climático, los incendios originados en California?

Todos podemos ser las víctimas de este cambio climático que nos está afectando, porque el agua procedente del deshielo también aumenta el riesgo de las inundaciones por desbordamiento de los lagos, glaciares y, este agua también contribuye a que suba el nivel del mar y erosione las costas y destruya medios de subsistencia de las comunidades del litoral.

Otra consecuencia importante del deshielo es la liberación de elementos patógenos atrapados en el hielo, virus, bacterias que han sido capaces de revivir tras haber permanecido periodos muy largos, hasta de 750.000 años, en glaciares o permafrost. Por lo que es muy importante tomar conciencia de la necesidad urgente de actuar y educar a las actuales y futuras generaciones en este real cambio climático.

Es un desafío que la UNESCO ha puesto en marcha con la Alianza para una educación verde que reúne a más de 80 Estados Miembros y a unas 1.300 organizaciones con el objetivo de proporcionar a los países las herramientas adecuadas que debe desempeñar la educación para luchar contra el cambio climático. Una educación que se extienda desde la primera infancia hasta la educación de adultos, velando porque todos los centros educativos logren la acreditación de escuela ecológica, incluidas las instituciones de formación de profesorado y de educación superior.

A este desafío estamos llamados todos.