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VAMOS TIRANDO

La cuesta de enero es algo más que el tirón económico que se siente después de las navidades. En realidad, y sobre todo últimamente cuando vemos la situación tan precaria (o desastrosa del mundo) tal cuesta parece ser más bien un modo de vida permanente… Decimos cosas como: “Vamos tirando”, “día a día”, o “Carpe diem”. ¿Cómo estás? Ahí, tirando… Vamos tirando parece ser algo entre valiente y desesperado. Supone enfrentarse a la vida, pero de una manera que suena resignada. Ir tirando simplemente suena un poco pobre. Una visión de la vida algo chata. ¿Se ve algo detrás del día a día, o del carpe diem? ¿O es lograr pasar el día la meta de todo? En algunos lugares de Hispanoamérica, lo que se dice es “en la lucha”. En la lucha, aunque parezca tener el mismo sentido, es algo más esperanzador que tirando… Tiene un objetivo (es de desear) que vaya más allá de la supervivencia. Se trata de alcanzar una victoria sobre las fuerzas contra las que se lucha.

El sociólogo americano Christopher Lasch escribió ya hace años un famoso libro titulado La cultura narcisista… Una secuela posterior, pero dentro de las mismas líneas, es su obra The Minimal Self (El yo mínimo). El subtítulo es Supervivencia psíquica en tiempos turbulentos. El yo mínimo es un ser que vive en modo de supervivencia es decir, tirando. Para Lasch, el superviviente toma las malas noticias por hechos, y ya tiene esperanza ante un mundo de catástrofes. Pero sigue viviendo, porque ha perfeccionado el arte de la supervivencia. Pero en ese sobrevivir, la persona está (sugiere Lasch) justificada en su encerramiento en sí misma, en su preocupación por sí misma. Es una forma de narcisismo, pero casi aceptable. Está un paso más allá del victimismo. Asegura el autor que la experiencia de victimización puede aumentar la capacidad de resistencia, pero también la puede destruir al convencer al sujeto de que es inútil luchar más. La víctima ya está aplastada por los acontecimientos. El superviviente sigue simplemente tirando. Para Lasch, el análisis no constituye tanto una crítica cuanto una descripción. Eso equivaldría a un narcisismo que mezcla el victimismo y la necesidad de autoprotección. Pero Lasch llega a calificarlo como una “espiritualidad de supervivencia”. Lasch no es creyente, pero intenta dar un salto a la transcendencia al mismo tiempo que casi la niega.

Por otro lado, escuchamos la machacona y sentimental canción de Caixa Bank que insiste en perseguir la utopía, incluso sabiendo que la utopía, por definición, es irrealizable e inalcanzable por muy noble que sea su objeto. “Y si la utopía estuviera en el horizonte… y si siempre se alejara, ¿para qué serviría entonces la utopía?…” El caso es que, por definición,  la utopía siempre está en el horizonte, y siempre se aleja… Es su naturaleza. El horizonte siempre está más allá, porque en realidad es una ilusión óptica y no un lugar físico alcanzable… Los de la Caixa, al contrario que Christopher Lasch, piensan que merece la pena seguir luchando “para juntos, tú y yo no dejar nunca de caminar…”.  Suena noble y elevado. Hasta podría convencer. Caminar juntos en solidaridad siempre apela a una ética muy elevada. Y apela, como tantas cosas en nuestro mundo, al sentimiento más que a la racionalidad.

El problema es que tanto el superviviente como el caminante de la utopía no ofrecen una perspectiva de transcendencia. Sobrevivir simplemente parece algo desesperado. Caminar, ¿hacia dónde? ¿Qué es lo que se espera alcanzar? Porque caminar sin cesar sabiendo que no se va a llegar a la utopía es casi tan irracional como sobrevivir por sobrevivir sufriendo y penando. Sin un por qué, sin una esperanza real de vida, parece algo absurdo. Lasch considera la crítica más altruista (como sospecho lo hacen los de la Caixa) hablando del sentido de sacrificio. Cita para esto a Lewis Mumford, sociólogo y humanista, que se opone al sentido de mera supervivencia diciendo que tal sentido no imagina “un futuro que se extiende más allá de la vida personal del individuo”. Pero Lasch aduce que la vida se puede arriesgar y sacrificar si hay una esperanza de salvar a otros… No sería ese el caso en momentos en que no se ve solución alguna. ¿Por qué sacrificarse? ¿Y por qué caminar? 

Lasch le preguntaría a la Caixa qué sentido tiene la solidaridad cuando todo parece estar derrumbándose. La Caixa le preguntaría a Lasch qué sentido puede tener ir simplemente tirando o sobreviviendo. En ambos casos, una mirada de transcendencia, de fe, sería la crítica de ambas posiciones. Ir tirando, seguir en la lucha, perseguir la utopía, para quien tiene fe tiene el sentido de que al otro lado está febrero y el anuncio de la primavera, que al otro lado está la victoria, que al otro lado está la tierra prometida, la salvación alcanzada por Cristo.

“Y después de este destierro, muéstranos a Jesús”, dice una antiquísima oración cristiana a la Virgen. Si no hubiera eso, ir tirando no tendría ningún sentido. Sin esperanza, la persona está más que justificada en su redomado narcisismo. El ser mínimo. ¡Qué pena!