ENTREVISTAS

VIAJE A LA AUSENCIA

ENTREVISTA A ALMUDENA SOLANA, ESCRITORA

Almudena  Solana, doctora en Periodismo, escritora, periodista y fundadora de Fabric Poetry  (proyecto de narrativa textil) presentó el pasado 18 de noviembre su quinta y última novela, Viaje a la ausencia, en la librería Alberti de Madrid.

Desde su inicio como novelista en el 2002, con su obra El currículo de Aurora Ortiz, hasta este noviembre de 2025, han pasado 23 años. A esta primera obra, traducida al inglés en el 2005 y adaptada al teatro en el Reino Unido, en el 2011, siguieron Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar en el 2007; en el 2009, La importancia de los peces fluorescentes y en el 2013  Efectos secundarios. A partir de esa fecha, silencio…hasta este noviembre de 2025, Almudena inicia un Viaje a la ausencia.

Carmen Azaustre: Hay un silencio muy grande, ¿por qué ese silencio Almudena?

Almudena Solana: Hay una ausencia. Han sido unos años en mi vida en los que han ocurrido muchas cosas. Me aparté con gran dolor de la ficción, pero no pude sino llevar adelante con rigor una investigación en la tesis doctoral. Me encerré durante buenos años en lo que fue el contenido de esta: analizar el diálogo en el marco de la cultura contemporánea, desde la revolución industrial hasta nuestros días. No tanto la conectividad, que de esto ya sabemos mucho y nunca han sido tan rápidas las comunicaciones, sino en algo mucho más pequeño, el diálogo y, para mí, más importante.

Si nos vamos de la mano de Montaigne y sus ensayos, el diálogo es lo que nos hace humanos. Yo creo que en estos momentos de crispación, haberme detenido durante años a pensar qué es lo que nos hace humanos, qué es lo que está interrumpiendo hoy el diálogo, cuáles son los grandes enemigos del diálogo, y por qué nos cuesta tanto acercarnos al otro cuando con el otro es cuando de verdad aprendemos… Aquello que nos decía Montaigne de saber estar en desacuerdo con el otro, saber aprender del otro, reconocer que algo no sabes, defender tu punto de vista… mientras ha crecido la crispación en todos estos años, yo estaba ahí dale que te pego, investigando, estudiando, o leyendo,… es un homenaje a las humanidades desde otro punto de vista, desde el rigor de la investigación, pero obviamente ese rigor a mí me impidió que en mi cerebro hubiera una doble vida de investigación y de ficción. Pasar de mentir con verosimilitud a una verdad radical me supuso mucho esfuerzo, más que un esfuerzo intelectual. Esa es una de las razones con las que respondo a este silencio.

La otra ha sido un cambio de país, es algo también bastante radical, aunque vengo mucho a España.

Esta ausencia, más la otra ausencia de la escritura, más la ausencia finalmente de mi padre es lo que ha conformado este viaje.

C.A.: Muchas ausencias, ¿no?

A.S.: Sí, todo ello ha conformado este viaje. Con este viaje en el fondo yo celebro la vuelta a la escritura también.

C.A.: El libro, tiene un título precioso: Viaje a la ausencia. Tiene dos partes, la primera es el agua y la segunda la tela. Y dentro del agua el primer capítulo comienza con un texto titulado Una pompa de jabón. Y una constatación “he perdido a mi padre y mi vida se ha vuelto redonda”. ¿Por qué dices que tu vida se ha vuelto redonda?

A.S.: Porque la infancia vuelve a uno. Es volver a aprender a vivir, es en el fondo volver a sentir que tienes que empezar a crecer de otra manera. Es como cuando en un puzle desaparecen unas piezas y hay que volver a recomponer todo, nos tenemos que recomponer, volver a buscar el sentido… es aprender a vivir de otra manera. Entonces la infancia vuelve a ti con mucha fuerza, la infancia vuelve a ti. Hay una cierta despedida de la infancia de uno, cuando se mueren los que nos han dado vida; en el fondo, estás diciendo adiós a quien no solo te ha dado la vida, sino a quien te ha visto crecer, a quien te habla de ti mismo, tú desde otros ojos. Pierdes ese referente, vas perdiendo esos referentes. Entonces la vida se vuelve redonda en el sentido en que tú quieres, desde una fragilidad como el jabón, quieres entender y volver a vivir suavemente, como un suavizante, todo lo que ha ocurrido en tu vida.

C.A.: Dices que es un viaje al mundo de las cosas pequeñas.

A.S.: Exacto, total. Siempre he defendido desde mi primera novela el valor inmenso de las cosas pequeñas que son sobre las que se aúpan las otras. No digamos ni siquiera las grandes. Las cosas pequeñas en la vida son las que dan sentido a cada amanecer. Yo así lo entiendo y el interés para mí en las personas también está en eso, en aquellas que valoran eso. Frente al mundo de la apariencia, del glamur, del brillo, del estrellato, siempre me ha gustado lo que hay detrás, en el otro lado, sobre lo que se sustenta cada acción, todo lo que hay detrás.

C.A.: Justamente, me ha llamado la atención, eso. Cómo haces de la vida cotidiana una poesía, una poesía que va de los entresijos de la comunicación, por ejemplo, cuando hablas de tu estancia en León, de esas cuerdas horizontales, de esas cuerdas verticales que de alguna manera están dialogando, tejiendo comunicación a través de todas esas acciones pequeñas.

A.S.: Me llama mucho la atención los objetos con los que convivimos cada día. Los objetos que además permanecen cuando nos vamos, ese camioncito pequeñito que le gustaba a mi padre, esa cosita que siempre… todo. Son como las miguitas que dejaba Pulgarcito para saber cuál era su camino de vuelta a casa, las cosas, los objetos con los que convivimos, de los que nos sabemos rodear, o ese amor que cada uno tenemos a unas cosas distintas… en mi caso, el lápiz, la goma. O el butacón perfecto para leer, cada uno tiene las cosas envueltas en la cotidianidad. Esto que tú dices siempre me lo decía el gran Jorge Edwards, escritor que ha presentado alguna de mis novelas, esto precisamente es lo que siempre más le llamaba la atención. Cómo lo cotidiano, lo mundano, aquello que pasa aparentemente desapercibido está presente en mi escritura. Sí, efectivamente, las cuerdas del patio donde se cuelga la ropa, la ropa bailando, la guitarra… en fin… es todo. Estamos rodeados de poesía todas las personas del mundo, lo que pasa es que hay que verla, hay que verla.

C.A.: Lo que pasa es que tú la descubres.

A.S.: Yo la busco y la encuentro. Y la encuentro y habla; hay mucha poesía en el día a día para todos, da igual donde estemos, da igual el nivel social, cultural, académico, da igual … otra cosa es el que uno lo sepa ver y valorar.

C.A.: Entre esas cosas pequeñas, aparece un pequeño pájaro de madera en el avión que te llevaba a un nuevo destino y nos cuentas cómo fue lo único que te llevaste de aquel reloj de cuco que te regaló tu padre …Te quedaste con el pajarito de madera, pero un pájaro que te ha cantado siempre desde su silencio…

A.S.: Es un pajarito de madera al que hice una foto en el avión a Los Ángeles, en septiembre de 2015, un pajarito que voló conmigo y que, al ser un reloj, un cuco además, es un pájaro sin sonido que ha marcado las horas de silencio y las horas de ausencia que nos vienen muy bien la verdad.

C.A.: Es que son muchos los elementos seleccionados por tu mirada en ese Viaje a la ausencia, que, a su vez, nos hacen preguntarnos por nuestra mirada ¿cómo miramos lo cercano? Porque, de alguna manera, cuando vamos con prisa lo negamos y, sin embargo, está ahí; tú nos enseñas a descubrirlo.

A.S.: En cursos o talleres de creación literaria, cuando me preguntan sobre la escritura y la gente quiere aprender a escribir, siempre les digo que la escritura está en los ojos. Y eso es difícil de aprender, porque vas a una clase de pintura y puedes tener mayor o menor pericia, te pueden enseñar una técnica en carboncillo u óleo, te pueden enseñar… hay mucha gente que cree que sabe escribir, porque en el colegio a todos nos enseñaron, pero, claro, es lo más difícil que hay, te puede llevar una vida entera el aprender, pero todo radica en la mirada, todo radica en los ojos, en que cuando todos están mirando en una dirección a lo mejor el que escribe está mirando en otra, en ese pobre que está ahí, o en eso que se ha caído al suelo y nadie repara en ello, … y eso es algo que también te enseñan en la facultad de Periodismo. Todo radica en la mirada, en ver cosas seguramente no importantes.

C.A.: No, pero es muy importante porque es lo que nos rodea.

A.S.: Seguramente no importante para darles esa alfombra roja que nadie les da.

C.A.: Otro aspecto de tu obra que me ha gustado mucho es la música.

A.S.: Muy importante, muy importante.

C.A.: Y te voy a hacer una pregunta: ¿esa sala de música a la que tú acudías de pequeña ha influido en tu novela? Porque nombras músicas muy diversas, como las de Francis Cabrel, Dani Daniel, Quiero bailar contigo al son del vals de las mariposas, Los Tres Sudamericanos…

A.S.: Sí… todas las canciones que mi padre ….

C.A.: Pulpa de Tamarindo, junto a Mozart, Joaquín Rodrigo, Nino Bravo… La música acompaña, la música, en su cadencia, le da armonía al tejido que tú haces con las palabras.

A.S.: Sí… me encanta que lo veas porque la música, es verdad, que lleva su propio fluir en las páginas. Lo dejo bien claro al principio Quiero bailar contigo el vals de las mariposas, la canción favorita de mi padre. Ahí arranca el baile de toda la música que viene detrás. Todos hemos sido educados en la música, hemos ido mis hermanos y yo al Conservatorio, todos tenemos una formación en música clásica, en los instrumentos. Es algo que yo he continuado luego con mis hijos.

Creo que el lenguaje de la música es el lenguaje más universal y en esta defensa que estamos haciendo de lenguajes territoriales creo que debemos abrir un poco el oído a esa música, ese lenguaje tan universal que tiene ese poder de cómo ver y hacernos recordar secuencias y momentos del pasado. Tiene un poder muy evocador la música sin duda. Y en Viaje a la ausencia me ha servido para dejarme llevar por este baile, a través de sus páginas, en canciones fundamentales en nuestra vida familiar, en Navidad, en las diversas casas y paisajes donde hemos vivido. La música es una herramienta que siempre nos ha acompañado, y luego hemos sido muy cantarines en el coche, en fin…

C.A.: A mí es que me ha gustado mucho, porque creo que le pone un contrapunto al texto … Junto a la música, hay algo que también me ha llamado la atención, en la segunda parte de tu novela, La tela, en uno de tus últimos capítulos, hablas de que está escrita a cuatro manos. ¿por qué?

A.S.: Está escrita a cuatro manos porque… yo me quede con las ganas cuando mi padre estaba con poca fuerza de decirle: “Papá quieres que yo inicie y tú sigues? …  y no, no fue posible. Considero que la he escrito a cuatro manos, porque la literatura te permite dar vida a quien no está, la ausencia en realidad para mí es eso, mantener con vida a quien no está. La ausencia para mí no es lo contrario a la presencia, la ausencia es hacer presente. Cuando eres consciente de la ausencia estás dando cuerpo a quien no está, es traerle contigo de la mano, traerle de la mano y está contigo.

C.A.: Me llama la atención una cosa que escribes que no se me había ocurrido pensar, y es que dices “no es que yo me olvide de él, es que él no se olvide de mí”.

A.S.: Sí, me daba un poco de vergüenza decir esto porque es que es muy animista.  Por eso luego lo justifico, yo sigo siendo esa niña que sigue creyendo que la luna te persigue, que la luna camina contigo.

C.A.: Almudena, he encontrado una correspondencia muy grande entre tu Viaje a la ausencia y el El currículum de Aurora Ortiz primera y última novela. Las separan 23 años. Pero están caracterizadas por la pena que la ausencia ha provocado

A.S.: Y es una muerte, y otra muerte. Una muerte imaginada.

C.A.: La coincidencia me ha impresionado. Una muerte imaginada y una muerte real, pero una muerte llena de esperanza. La pena tiene otra cara como tú expresas en tu Viaje a la ausencia que es la alegría.

A.S.: Sí. Ese ha sido el empeño, encontrar alegría en la pena es posible. Porque no tenemos más que echar la vista atrás y ver todos aquellos huecos del pasado, aquellas cosas aparentemente no recordadas, cosas que ocurrieron y que no les prestaste atención y que echas la vista atrás y realmente son motivo de regocijo.

Una vida bien vivida como la que ha podido tener mi padre, una vida como se reconocía en el funeral, es un motivo ya de por sí de alegra. Él estaba alegre hasta el momento final, él estaba alegre ante su muerte y esa es la maravilla también de un creyente. El ver que la vida continua, y yo muy sutilmente en Viaje a la ausencia he transmitido esa luz espiritual a través del fuego, la queimada fue una imagen que pusimos cuando él murió, ese querer convocar a todos los que estén en un restaurante…

C.A.: Luego hay otra cosa que me ha gustado mucho y que te dijo tu padre que tú recoges: Almudena lleva la alegría a todas partes, donde vayas. Yo creo que realmente eso se trasluce en tu novela. La alegría, la pena, una pena luminosa…

A.S.: Sí. A lo mejor yo he cumplido eso con esta novela, he intentado llevar la alegría incluso con esto. Mi padre siempre nos decía cosas así, muy solemnes, cuando hacía alguna queimada, era el maestro de la queimada, esta frase nos la dijo cuando nos fuimos a vivir a Los Angeles y decía “lleva la alegría donde vayas” y siempre “vuelve, y vuelve, vuelve”.

Yo creo que la alegría es el acto de generosidad más grande que hay. En este 2025 en el que estamos, estar alegre no significa ser superficial, no sé, yo creo que hay palabras que tienen engaño: la calma está infravalorada, está muy valorada la prisa, … Hay que volver a poner las cosas en su sitio. Esto es lo que intento cuando escribo, el volver a que no nos engañemos, no hay nada más rápido y frenético que la calma, nada más profundo y provechoso y eficaz que la calma. Bien entendida. Pero la calma se identifica con la parsimonia, con la pereza, pero no debemos dejar que esto sea así, no debemos consentir que la contaminen con términos que nada tienen que ver con ella. Lo mismo pienso con la alegría, la alegría la han relacionado o puede también relacionarse con la cursilería, con la ñoñería, con la superficialidad, con la tontería, con el happy happy.

No, la alegría creo que es una forma muy exigente de estar en la vida, el humor inteligente, la alegría, el saber que cada día es un regalo y que estamos aquí de paso y que aquellos con los que nos encontramos debemos compartir lo que tenemos. Somos todos unos grandes desconocedores de lo que nos espera, todos estamos compartiendo la incertidumbre, pero esta incertidumbre debe hacernos sentir cercanos, el optimismo es algo que no está siendo bien entendido si no se le incorpora esta dosis de sinceridad y de autoexigencia y de alegría.

C.A.: Almudena, no te queremos quitar más tiempo, pero creo que este Viaje a la ausencia se convierte en un viaje a una nueva manera de presencia.

A.S.: Sí, después de tantos años de silencio este viaje, como se ve al final, es una forma también de decir: “Yo he vuelto, he vuelto de mi ausencia”. Lo digo así tal cual en ese último correo que escribo “papá, he vuelto”. He vuelto a la escritura. No hay ni un solo día en todos estos años en el que yo haya dejado de ser escritora, no hay ni un solo día en el que haya dejado de escribir, aunque no lo hiciera materialmente, sino alimentando lo que veo, lo que me llama la atención, aprendiendo, agrandando mi mirada que es un poco por lo que necesitaba, creativamente hablando, estar un poco alejada, ver nuestro propio país desde fuera. Agrandar la mirada y con esa visión más global o redonda seguir reflexionando en alto, porque, en el fondo, escribo para aprender, para compartir dudas y encontrarme con mis lectores a los que respeto muchísimo porque valoro mucho el tiempo de su lectura.

C.A.: Pues contigo seguiremos aprendiendo de esa mirada continua que nos va descubriendo tantos ángulos de la realidad y tanto de nosotros mismos.

A.S.: Y fíjate, para terminar, no quiero dejar de nombrar mi paso por el colegio, esa exigencia a través de la Institución Teresiana, desde parvulitos, cuando yo no callaba, no callaba… era muy pequeñita, siempre fabulaba, contaba historias, y a las niñas las alborotaba … iba creciendo y las profesoras se encontraban con mi madre y decían “la cambio como un peón de ajedrez, pero donde la cambie lo revoluciona todo y a todos” … ese afán de comunicar… en esa educación, yo he aprendido la importancia de lo que luego he transmitido a mis hijos que también han continuado con esa educación, la autoevaluación. La autoevaluación es más importante que las notas, la satisfacción de uno con exigencia, el saber mirar al otro, aprender del otro y la honestidad del rigor, la responsabilidad del rigor te abre las puertas de todo lo demás.