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A DIOS LE PIDO…

El  domingo 17 de diciembre, en el WiZink madrileño, una gran muchedumbre de gente se agolpaba para cantar con un músico colombiano,  Juanes, A Dios le pido. Esta canción, la primera del concierto, hizo vibrar a miles de personas que se agolpaban  para bailar, oír y cantar con él su petición a Dios por la luz, por la vida de sus padres, por la permanencia de un amor, por sus hijos, por el cese de la violencia por “un segundo más de vida para darte y mi corazón entero entregarte” porque “si me muero sea de amor y si me enamoro sea de vos… todos los días a Dios le pido…”.

También nosotros queremos hacer nuestra esta petición a Dios de amor en este mes de diciembre en el que se conmemora su venida y en el que tantas mujeres y hombres lo necesitan. Y es en este mes de diciembre cuando se recuerda y se reitera la petición de  derechos humanos para tantos colectivos a los que se les están vedados. Y es aquí cuando seguiremos haciendo nuestra esta petición de Juanes a Dios de luz, de amor, de acogida, de abrir los ojos y la mirada al mundo que nos rodea. Un mundo que sufre ruptura, pobreza, hambre, soledad, violencia, muerte, carencia de ternura.

Surge con fuerza, en este diciembre, la Campaña de Navidad de Cáritas que nos invita a ser parte de la solución contra la pobreza, a  movilizar la solidaridad económica del máximo número de personas para que se adhieran al compromiso de construir oportunidades para las personas más vulnerables. A ser  agente de escucha, acogida, acompañamiento y alivio de las personas y familias en riesgo de exclusión, a proteger su dignidad y a garantizar su acceso a los derechos humanos.

Está presente en la memoria el informe FOESSA de 2017 en el que se analiza la desprotección social y las estrategias familiares y donde se profundiza en cómo la crisis se lleva la capacidad de resistir de muchas familias en España y aparecen nuevas pobrezas o nuevos riesgos sociales.

Manuel Bretón Herrero en la presentación del estudio analiza cómo siendo el empleo la mejor herramienta para acabar con la pobreza y la exclusión social, aloja en su interior una gran debilidad tanto cuantitativa como cualitativa que  lo está convirtiendo en una estrategia cada vez más relacionada con el sobrevivir y menos con el bienestar.

“Sabemos, además, que la pobreza y exclusión social se crea y reproduce con un gran peso de los factores estructurales. Sin embargo, el discurso dominante pone la carga de la prueba en el individuo. No solo eres víctima, sino que eres responsable. Sin negar los factores individuales, que existen y son reales, desde la Fundación FOESSA, nos gustaría reflexionar conjuntamente con los actores sociales y grupos políticos en nuevos modelos, nuevas iniciativas que llamen la atención sobre los componentes estructurales del desarrollo social. El esfuerzo personal es necesario, cómo no, pero si no se dan las condiciones adecuadas en el entorno social, la igualdad de oportunidades continuará siendo un proyecto en retroceso”. (1)

Bretón concluye la presentación de este estudio diciendo que ahora que es un hecho la recuperación de los parámetros macroeconómicos seamos capaces de pensar en iniciativas reales duraderas y sostenibles para aquellos que todavía no tienen lo necesario para vivir, para los que tienen un empleo precario y para los que no tienen cubiertas sus necesidades básicas. El reto para todos es reducir la enorme desigualdad.

Por ello, la iniciativa de Cáritas, Sé parte de la solución contra la pobreza nos implica a todos y a cada uno a combatirla y a prestar una atención especial al colectivo de jóvenes que aparece como uno de los sectores más castigados en materia de empleo. Una noticia de El País de 18 de diciembre, señala, en la sección de economía, como los jóvenes son los peor parados y los que han sido golpeados con más fuerza por la crisis, porque sobre ellos han recaído sus peores consecuencias Y otro informe en esta misma dirección, sobre jóvenes titulados, señala que el 58% de los becarios en prácticas no recibe remuneración económica, según un análisis efectuado por la Comisión Europea, porque en España, a diferencia de otros países de nuestro entorno, la ley establecida en 2013 no obliga a las empresas a pagar un sueldo o compensación económica al contratar a un becario.  Este hecho no ha provocado que disminuya la figura del becario, sino todo lo contrario. El número de becarios que trabajan bajo un convenio entre universidad y empresa ha pasado de 20.000 en 2013 a 70.000 en 2015 (un 350% más), según el Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

Horarios abusivos, responsabilidades o tareas que poco o nada tienen que ver con la finalidad formativa de los contratos en prácticas… Estas son algunas de las quejas más comunes de los becarios. Y es que, como recoge la radiografía publicada por la Comisión Europea, siete de cada diez becarios reconocen que, en muchas ocasiones, su carga de trabajo es equivalente a la de los trabajadores con contrato laboral.

¿No serán también estas las nuevas pobrezas que aparecen en nuestra sociedad?

 

BIBLIOGRAFÍA

1. Bretón Herrero, Manuel El proceso de naturalización de la pobreza y la exclusión social en Informe Foessa: 2017 Análisis y perspectivas. Desprotección social y estrategias familiares. Madrid, Cáritas Española, 2017 pp. 1-2.

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